Crítica: María Solinha

María Solinha” es el rescate biográfico para el público de esta mujer, de la pluma de Esther F. Carrodeguas, Ermel Morales e Ignacio Vilar, pasado al cine bajo la dirección del propio cineasta Ignacio Vilar. Película sabia, conmovedora y fidedigna, con una gran capacidad de mover a la reflexión.

La película recrea una representación teatral para contar la historia de María Solinha, una mujer de familia adinerada, nacida en Cangas de Morrazo, a finales del siglo XVI. Se casó con un gallego rico, un hombre de negocios, que debido a las invasiones turcas que por entonces eran muy habituales, murió asesinado, así como su hermano. Debido a estos continuos saqueos y asesinatos, Galicia quedó muy debilitada económicamente. Fueron tiempos de escasez y en la burguesía no estaban acostumbrados ni querían estarlo. A esto se une que el sistema perpetuaba a las mujeres en una situación de discriminación, vulnerabilidad e inseguridad, la Inquisición se encargaba de dejar claro qué ocurría con aquélla que no siguiese las pautas o tuviese algo que otros deseaban. María Solinha fue una de las víctimas.

Dos mujeres forman parte de esta película en los papeles principales: Laura Míguez y Grial Montes. Dos mujeres que a su vez también representan en la pantalla a dos mujeres de nuestro tiempo; sin embargo, en estos años en los que creemos que casi todo está conseguido, tienen serias dificultades: invisibilización, coacciones y presiones de hombres y mujeres del entorno, las acompañan.

Ignacio Vilar nos hace con su película interesarnos por todas las vidas que en ellas se mueven. La riqueza y multiplicidad de elementos es principal. Desde el primer instante, se advierte que el director trabaja para defender a las mujeres, siendo conocedor de toda su problemática, en esta época que vivimos y en el siglo XVII. El caudal de la película, su complejidad de incidentes y personajes secundarios antiguos, se intercalan con la breve historia actual contada con verdadero arte; amando la tierra que pisa, sus aguas y sus mujeres, que son siempre el fondo de la misma, todo enriquecido por una fresca brisa marina, paisajes de cielo, mar y bosque en una conjunción de verdes azules y grises; una gran ayuda para historias vistas y sentidas en Galicia.

El director nos plantea una película con la mujer como centro, fácil de comprender para el espectador, elegante y reflexiva. Todo sobre un telón de fondo histórico y apasionante. Limpia y generosa con la viva fuerza de un acta.

En “María Solinha”, la actriz Grial Montes defiende un personaje muy bien delineado; una muchacha joven y guapa y casi religiosa, relativamente marginada en su propio hogar, obligada a vivir de forma convencional, de cuyas andanzas saldrá perjudicada. La actriz aprovecha las características del rol y su evolución en la historia para hacer una creación realmente compleja y memorable, al tiempo que su personaje aprovecha de su talento para mostrar su capacidad como mujer. Laura Míguez también pone todo su talento al servicio de la historia. Ambas muy bien apoyadas por el director Ignacio Vilar, basando gran parte de su atractivo en la utilización del tema del conflicto de las brujas y la Santa Inquisición. Quiero que no quede ningún interprete sin reseñar su buena actuación, todos desde Santi Prego, Mabel Rivera, Antonio Durán, Mela Casal, Alfonso Agra, Melania Cruz, Sheyla Fariña y todos los que falta en la lista hacen un trabajo digno de admirar. Sin olvidar que uno de los logros de la película es su fotografía, de la coruñesa Lucía C. Panla, directora de fotografía, poseedora de grandes premios por su trabajo. Música compuesta por el gran multiinstrumentista Abraham Cupeiro.

La continua presencia del conflicto y el sesgo feminista conjuran una nueva disposición ante el espectador. María Solinha, una de las grandes olvidadas.

Crítica: Cartas a Roxane

Con guion y dirección del cineasta, autor teatral y productor Alexis Michalik, “Cartas a Roxane” muestra un magnífico sentido de la elipsis y sobrada capacidad para captar la moral de la época y el entorno.

París, 1897. La narración empieza con unos versos, escenas frescas y naturales contextualizadas en un universo: el teatro y el logro de la comedia, ese tesoro anhelado y, también, el amor, con un encadenado de escenas bañadas en comicidad. En primer lugar, conocemos a Edmond Rostand (Tomas Soliveres), un poeta joven, excelente. Pero nada de lo que ha publicado hasta ahora ha tenido éxito alguno. Está pasando una mala racha, ha perdido la confianza en sí mismo, y es en ese momento cuando se encuentra con la gran actriz Sarah Bernhardt (Clementine Celarie), que le pondrá en contacto con el actor y dramaturgo Constant Coquelin (Oliver Gourmet). Constant le hace un encargo que se debería estrenar en tres semanas. Las inseguridades asaltan a Edmond, lo único que tiene claro es que la obra se llamará “Cyrano de Bergerac”.

Raras veces en una película de este estilo encontramos tanta armonía entre el fondo y la forma. Su desarrollo cinematográfico no es menos armónico. Una elaboración pausada y sedosa en el tratamiento de la palabra. En lo visual, y aquí no hay tampoco la menor duda, aquilata la frontera de lo perfecto sin llegar a empalagar. “Cartas a Roxane” es una película de época, de una gran trascendencia literaria. Su historia es la historia que escribió el poeta y dramaturgo Edmond Rostand, de amores cruzados, de drama austero y de risa profunda, tal y como fue y es el dulce arte del teatro.

Una película con un gran personaje protagónico, una comedia que se bifurca en senderos narrativos diversos a los que accedemos en todo el tramo del recorrido que es enriquecedoramente extenso. La trama central que configura esta película ofrece un homenaje a la novela de finales del siglo XIX y principios del XX, pero también a las tendencias del teatro de la época; combina la cimentación dramática con la complejidad del verso y el humor. Naturalmente, en “Cartas a Roxane”, todo sale de la trama central, que pone reflexiones sobre el espectador: fijémonos en el dueño del café, este personaje abre puertas a mundos inteligentes a los que tan solo se nos permite asomar para dejar después libre nuestra imaginación. Asimismo hay momentos en que impone un juego literario experimental y puedes encontrarte con Antón Chéjov de forma casual en la esquina de una escena. En fin, me ha gustado mucho esta película.

En cuanto al reparto, los actores y actrices defienden con maestría cada detalle de sus personajes. Thomas Solivéres, extraordinario como un escritor sin confianza en sí mismo, tímido, afanoso, pero a la vez colmado de las virtudes que demanda, magnífico, y Dominique Pinon, Olivier Gourmet, Guillaume Bouchède, Alexis Michalik, Simon Abkarian, Blandine Bellavoir, Mathilde Seigner, Antoine Duléry, Clémentine Célarié, Alice de Lencquesaing, Jean-Michel Martial, Dominique Besnehard, Bernard Blancan, Lionel Abelanski, Nicolas Briançon, Tom Leeb, Benjamin Bellecour, Marc Andreoni, Marc Citti, Igor Gotesman, Hélène Babu, Fayçal Safi, Michel Derville, Vincent Joncquez, Arnaud Dupont, Adrien Cauchetier y Sophie de Furst, todos componen un plantel que me produce gran admiración. La música es del compositor de bandas sonoras , Romain Trouillet. La fotografía del gran director de fotografía italiano Giovanni Fiore Coltellacci.

Cartas a Roxane” es una película para ver en familia, con un desenlace obvio y estimulante. Perfecta. Véanla.