Crítica: Cartas a Roxane

Con guion y dirección del cineasta, autor teatral y productor Alexis Michalik, “Cartas a Roxane” muestra un magnífico sentido de la elipsis y sobrada capacidad para captar la moral de la época y el entorno.

París, 1897. La narración empieza con unos versos, escenas frescas y naturales contextualizadas en un universo: el teatro y el logro de la comedia, ese tesoro anhelado y, también, el amor, con un encadenado de escenas bañadas en comicidad. En primer lugar, conocemos a Edmond Rostand (Tomas Soliveres), un poeta joven, excelente. Pero nada de lo que ha publicado hasta ahora ha tenido éxito alguno. Está pasando una mala racha, ha perdido la confianza en sí mismo, y es en ese momento cuando se encuentra con la gran actriz Sarah Bernhardt (Clementine Celarie), que le pondrá en contacto con el actor y dramaturgo Constant Coquelin (Oliver Gourmet). Constant le hace un encargo que se debería estrenar en tres semanas. Las inseguridades asaltan a Edmond, lo único que tiene claro es que la obra se llamará “Cyrano de Bergerac”.

Raras veces en una película de este estilo encontramos tanta armonía entre el fondo y la forma. Su desarrollo cinematográfico no es menos armónico. Una elaboración pausada y sedosa en el tratamiento de la palabra. En lo visual, y aquí no hay tampoco la menor duda, aquilata la frontera de lo perfecto sin llegar a empalagar. “Cartas a Roxane” es una película de época, de una gran trascendencia literaria. Su historia es la historia que escribió el poeta y dramaturgo Edmond Rostand, de amores cruzados, de drama austero y de risa profunda, tal y como fue y es el dulce arte del teatro.

Una película con un gran personaje protagónico, una comedia que se bifurca en senderos narrativos diversos a los que accedemos en todo el tramo del recorrido que es enriquecedoramente extenso. La trama central que configura esta película ofrece un homenaje a la novela de finales del siglo XIX y principios del XX, pero también a las tendencias del teatro de la época; combina la cimentación dramática con la complejidad del verso y el humor. Naturalmente, en “Cartas a Roxane”, todo sale de la trama central, que pone reflexiones sobre el espectador: fijémonos en el dueño del café, este personaje abre puertas a mundos inteligentes a los que tan solo se nos permite asomar para dejar después libre nuestra imaginación. Asimismo hay momentos en que impone un juego literario experimental y puedes encontrarte con Antón Chéjov de forma casual en la esquina de una escena. En fin, me ha gustado mucho esta película.

En cuanto al reparto, los actores y actrices defienden con maestría cada detalle de sus personajes. Thomas Solivéres, extraordinario como un escritor sin confianza en sí mismo, tímido, afanoso, pero a la vez colmado de las virtudes que demanda, magnífico, y Dominique Pinon, Olivier Gourmet, Guillaume Bouchède, Alexis Michalik, Simon Abkarian, Blandine Bellavoir, Mathilde Seigner, Antoine Duléry, Clémentine Célarié, Alice de Lencquesaing, Jean-Michel Martial, Dominique Besnehard, Bernard Blancan, Lionel Abelanski, Nicolas Briançon, Tom Leeb, Benjamin Bellecour, Marc Andreoni, Marc Citti, Igor Gotesman, Hélène Babu, Fayçal Safi, Michel Derville, Vincent Joncquez, Arnaud Dupont, Adrien Cauchetier y Sophie de Furst, todos componen un plantel que me produce gran admiración. La música es del compositor de bandas sonoras , Romain Trouillet. La fotografía del gran director de fotografía italiano Giovanni Fiore Coltellacci.

Cartas a Roxane” es una película para ver en familia, con un desenlace obvio y estimulante. Perfecta. Véanla.

Crítica: Basada en hechos reales

Roman Polanski, el director de “El escritor” en 2010, “Un dios salvaje” en 2011 y tantas películas superiores en anteriores fechas presenta ahora “Basada en hechos reales”. No es tan solo una película basada en la novela de la escritora francesa Delphine de Vigan con la que tanto triunfo recogió su autora, sino un film de intriga superior donde consigue trascender sus propios márgenes expresivos. Incluso los poco amigos del género que siempre los hubo y los habrá se sentirán arrastrados y captados por su atormentada maquinación. El guion lo escribieron el gran cineasta francés Olivier Assayas y el mismo Polanski.

La película comienza en una tienda de libros donde una escritora, Delphine (Emmanuelle Seigner), está firmando y dedicando el último de sus libros. Lleva desde las ocho de la mañana recibiendo a sus admiradoras y está completamente agotada. Quiere dejarlo para el día siguiente, no puede más. En ese momento se acerca una joven y guapa mujer completamente desconocida para Delphine y le pide, por favor, que la atienda a ella que es su más grande seguidora; Delphine no le presta atención porque no le quedan fuerzas. Es una novelista de éxito, que ahora anda preocupada ante la idea de tener que comenzar a escribir una nueva novela y, lo que es el azar, precisamente este día ha llegado a su vida Elle (Eva Green), una chica encantadora, que comprende a Delphine mejor que nadie y que pronto se convierte en su confidente.

A partir de la asumida presteza con los elementos cinematográficos de Polanski, la cámara se vuelca en miradas, espacio, luz, convirtiéndolo todo en un laberinto de imágenes que luchan por aferrar una realidad inasequible. Todo cuanto tenemos es una y otra mujer fijadas en la retina que el cineasta escruta con una habilidad superior a los trazados por las letras, tan aparentemente real como minuciosamente calculada.

“Basada en hechos reales” se puede entender como el regreso de un director de cine que siempre estuvo, y sigue estando, con su signo en el lado diabólico de la mente de sus personajes, transformándolo bajo su inteligente mirada en algo tremendamente intenso para el público: la mediocre vida de un mundo que produce monstruos de destrucción. Un alucinante viaje por la capacidad del ser humano para tener paciencia y sobrevivir, aunque detrás haya  conspiración y destrucción.

En todo momento las fotografía del polaco director Pawel Edelman hace que el nerviosismo escale consiguiendo una experiencia extrema cada ver de mayor permeabilidad. La música y su dimensión intimista se cuela entre la ambientación sórdida y tensa, consciente de algunas limitaciones Alexandre Desplat la compensa con inesperados golpes de efecto. La actriz Emmanuelle Seigner, esposa de Roman Polanski, heredera de una gran tradición de cine y focos, se mueve por la película como lo que es, una consagrada actriz en un buen momento. Eva Green, que en esta película no es precisamente el alumbramiento de la complacencia, hace un buen papel. Vincent Pérez, Damien Bonnard, Camille Chamoux, Josée Dayan, Noémie Lvovsky, Dominique Pinon, Brigitte Roüan y Alexia Séféroglou, todos dan fuerza una película que no destaca entre las mejores de Polanski pero se disfruta mucho.

Hay que verla.