Crítica: Calvary

CalvaryTan animosa como una comedia negra y tan torturada como un drama, sin dejar de ser rigurosamente ficción, este film de John Michael McDonagh es tan testamentario como cualquier película basada en hechos reales. Critica de la película “Calvary”.

Un día el padre James Lavelle (Brendan Gleeson ) está confesando a sus feligreses y uno de ellos le hace una revelación muy especial, es algo que sucedía hace mucho tiempo , esta persona está llena de odio y le asegura que va a matarlo. Le da una semana para que se prepare a morir. El cura se mentaliza y sigue con su vida normal, ha reconocido la identidad de su posible asesino, pero no está dispuesto a perder los nervios, para lo que sí está preparado es para conseguir un mundo mejor para todos. Le apena comprobar la cantidad de problemas que encierra la gente de su parroquia, le entristece y le preocupa.

Así se abre “Calvary”  en un día a día, de una semana clave en una vida. Un calvario personal. No es un drama histórico de colores cálidos, ni una comedia brumosa. Con “Calvary”, el director de cine inglés John Michael McDonagh, hermano mayor del dramaturgo y director de cine Martin McDonagh, ha filmado su segunda película y lo ha hecho en la tierra de sus antepasados, Irlanda, entroncando un gran conflicto de la verdad humana. La película refleja el principio de cine de Ken Loach en varios momentos, si bien sobresale su crítica social y su oficio de narrador y manejo de cámara escudriña la realidad para ofrecernos una mirada dura y sombría. McDonagh logra el milagro del costumbrismo irlandés mirando a los excesos, el pesimismo y la deshumanización. No hacen falta más que gestos paisajes y palabras para definir las reglas del juego. Sin tópicos añadidos, la película resulta un ejercicio de tibia contención emotiva y el establecimiento de una meta con catalizador positivo. El envoltorio también destaca, no hechiza ni hipnotiza, su poesía visual y sonora, -con fotografía de Larry Smith, con cierto ruralismo idílico, y música de Patrick Cassidy-, que adornan el metraje, lo hacen sin precipicios de interés argumental ni fallecimiento en su ritmo, resaltando el tiempo y el azar, la grandeza de lo que creemos pequeño

Imagen de CalvaryEn este calvario de calma sostenida, que es “Calvary” la interpretación de Brendan Gleeson protagonista también de la anterior película de McDonaghEl Irlandes” , le lleva a meterse en la piel de un educado y pacífico religioso.  Gleeson con una actuación repleta de pasión poder y convicción hace un ejercicio fascinante no solo de expresión, sino de psicología difícil de interpretar, dándole al personaje esa carga anímica interior, haciéndolo además un luchador, íntegro, profesional e independiente, lleno de dudas pero firme. El actor hace este sobresaliente trabajo sin renunciar a dejar espacio para el resto del elenco: Kelly Reilly, Chris O’Dowd, Aidan Gillen, Domhnall Gleeson, David Wilmot, Dylan Moran, Marie-Josée Croze, Killian Scott, Isaach De Bankolé, M. Emmet Walsh, Pat Shortt, Gary Lydon, Orla O’Rourke, Owen Sharpe, David McSavage, Michael Og Lane, Mark O’Halloran, Declan Conlon y Anabel Sweeney, todos consiguen calar en los sentimientos , sumando su compromiso a una historia que tiene los elementos más que adecuados para conseguir acongojar al espectador.

Una historia de lucha insólita, incisiva, perturbadora. Un film sobre la vida y lo difícil que es, a veces, apenas acercarse a ella, y McDonagh se ha puesto unas gafas especiales para mostrarla.

Crítica: Nueva vida en Nueva York

Cartel de Nueva vida en Nueva YorkNo teman los que no vieron las anteriores, Cedric Klapisch no hace una secuela con esta cinta, su mente privilegiada, incesante dínamo de ideas en el paisaje yermo de la comedia, planifica con exactitud y nos sorprende con una nueva película, completando así su trilogía iniciada en 2002 con “Una Casa de Locos” y continuada con “Las Muñecas Rusas”. Crítica de la película “Nueva vida en Nueva York”.

Mucho tiempo después de su curso de Erasmus en España, Xavier (Romain Duris) está casado con Wendy (Kelly Reilly) y tiene un niño y una niña, pero aun así sigue encontrando la vida muy complicada. Cuando su mujer se traslada a Nueva York por razones de trabajo con los niños, él es incapaz de soportar la situación, aunque parecía en un principio que todo sería más fácil, las cosas que antes eran importantes ahora parecen no tener ningún sentido por lo que decide trasladarse para estar junto a ellos. En la gran manzana se encontrará con amigas conocidas…

Con guión del propio Cedric Klapisch, tiene un punto de partida con posibilidades para el melodrama romántico. “Nueva vida en Nueva York” goza de un arranque interesante y curioso que invita a hilvanar una historia desde las distintas formas de entender las relaciones, la vivacidad de la convivencia con la paternidad y la asunción del presente soportando como natural esa cosa tan tremenda para algunos como es el cumplir 30, o 40 años. La historia se desgrana entre toques de humor, choque de culturas, situaciones conmovedoras, circunstancias confusas, romanticismo palpitante, anhelos de lo que se fue y ya no puede ser y deseos de acomodación en un mundo nuevo y variable que se nos pone encima.

Esta postal turística por Manhattan, con gran presencia del barrio Chinatown, resulta mucho más encantadora que anteriores trabajos del realizador y más inspirada. Termina en una mezcla de todo un poco, que se va amasando y sube como la masa del buen pan. Imagen de Nueva vida en Nueva YokLos momentos cómicos que se crean son muchos y variados y nos ratifica la brillantez en la dirección de actores de Klapisch y supone un nuevo paso en su forma de involucrar a los personajes y en la creación de personajes femeninos como factor dominante en la escena. La bordea una sencillez bastante exigua y algunas soluciones al relato algo atípicas, pero básicamente es una película que tiene que ver mucho con nuestra vida cotidiana, todo mostrado con ingenio y mucho humor y desde luego ahí no se atasca ni un segundo, convirtiéndose en una comedia deliciosa. Giros de cámara continuos, ritmo dinámico, bonitas estampas de Nueva York, ácidos comentarios sobre la relación y el amor, simpáticos enredos, diálogos hilarantes y los homenajes a la mujer que siempre están presentes en las películas de este director.

Su fotografía, de Natasha Braier, notable. La música ha sido nominada a los Premios César, compuesta por Christophe Minck. Buenas actuaciones. Dirección como siempre impecable, al igual que el instinto para elegir a los actores y actrices y encajarlos en los diferentes roles, me han gustado mucho todas las interpretaciones, todos muy acertados y enormemente alejados de la vulgaridad: Romain Duris, Audrey Tautou, Cécile De France, Kelly Reilly, Sandrine Holt, Flore Bonaventura, Jochen Hägele, Benoît Jacquot, Pablo Mugnier-Jacob, Margaux Mansart, Amin Djakliou, Clara Abbasi, Li Jun Li, Sharrieff Pugh, Peter McRobbie,Jason Kravits, Byron Jennings, Peter Hermann, Martine Demaret y Adrian Martinez.

No es imprescindible haber visto las dos entregas anteriores, se puede entender todo desde este visionado.

Una de las películas divertidas del año. Que cada cual saque su conclusión.