Celda 211

Daniel Monzón en su cuarta película hace que nos “agarremos a la butaca desde los primeros minutos”, parafraseando sus palabras en una entrevista de hace tiempo.

“Celda 211” es una buenísima película, basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, con guión de Jorge Guerricoechevarria y del propio Monzón.

Juan, interpretado por Alberto Ammann, es un funcionario de prisiones que se acerca a la cárcel para tomar contacto con los compañeros, un día antes de empezar en su nuevo empleo. La casualidad hace que sea víctima de un accidente en el momento en el que se cuaja un motín en la prisión. Sus compañeros, nerviosos, deciden apresuradamente ocultarlo en una celda que permanece vacía, “la celda 211”. Y aquí empieza toda la trama.

Tenemos entre manos un conflicto carcelario, donde cada individuo tiene sus motivos personales para rebelarse pero, a su vez, se dejan llevar por un líder: Malamadre, al que da vida Luis Tosar. Este actor, con un gran lenguaje corporal y verbal, dentro de un entorno cerrado, frío y estrecho, nos introduce de lleno en el sórdido mundo de la cárcel.

El largometraje ha sido rodado dentro de una prisión, con lo que se genera una atmósfera totalmente claustrofóbica, mientras que la historia va discurriendo, en su línea narrativa, llena de diálogos bien compuestos donde el guión tiene el poder de encadenar emoción. Gustan  mucho algunos pasajes verdaderamente crudos que la película nos muestra, con picos certeros que te turban, dentro del contexto político.

“Celda 211” tiene todos los méritos necesarios para hacer pasar un buen rato a todo el mundo. Entre sus logros, escenas violentas que contrastan con otras narradas en tono lírico, dentro de un ambiente opresivo e iracundo donde nada sale según lo previsto.

Una historia inteligente, con despejados giros de cámara, efectiva en todo su discurso, eficiente en sus conceptos, encarada hábilmente a denunciar el ejercicio caprichoso y represivo del poder frente a las reivindicaciones de estos seres humanos con escasa representación social.

La celda 211 se convierte en símbolo y muestra de lo trágico que es pasar al otro lado de la reja y Monzón nos lo cuenta con unos intérpretes soberbios que llevan perfectamente el peso de la película.

En definitiva, recomiendo el film para que todos podamos ver este gran desarrollo de formas y detalles bien conseguidos, disfrutar de la dificilísima actuación de Antonio Resines, vibrar con la sobresaliente interpretación de Ammann y Tosar, deleitarnos con todo el conjunto de actores y, sobre todo, porque con películas como ésta el cine se hace más grande, y completando la  lista de aciertos, la música, de su fiel compositor Roque Bolaños que ha trabajado con Monzón en todas sus películas y da con sus partituras el punto justo a cada escena.

Sólo me queda elogiar, una vez más, al señor Monzón. Esperamos ilusionados la quinta.