Crítica: Los juegos del hambre

CartelGary Ross es el director y coguionista, junto a Billy Ray y  Suzanne Collins, del nuevo éxito de cartelera, idea obtenida del libro del mismo título de Suzanne Collins. Crítica de la película “Los juegos del hambre”.

Estrenada el pasado día 20 llega con el aval de su primer fin de semana en Estados Unidos donde se recaudaron más de 150 millones de dólares, plantándose como el mejor estreno  y una de las películas más vistas en su primer fin de semana, ahora supera los 400 millones de dólares, tras estar cinco semanas seguidas siendo líder en taquilla.

La productora brinda esta sinopsis de la obra: Lo que en el pasado fueron los Estados Unidos, ahora es una nación llamada Panem, un fastuoso Capitolio ejerce un control riguroso sobre los doce distritos que lo rodean y que están aislados entre sí. Cada distrito se ve obligado a enviar anualmente un chico y una chica entre los doce y los dieciocho años para que participen en los “Juegos del Hambre”, que son transmitidos en directo por la televisión. Se trata de una lucha a muerte, en la que sólo puede haber un superviviente. Katniss Everdeen ( Jennifer Lawrence), una joven de dieciséis años, decide sustituir a su hermana en los juegos; pero para ella, que ya ha visto la muerte de cerca, la lucha por la supervivencia es su segunda naturaleza.

Este extraño cruce entre “Crepúsculo” y “El gran marciano” que ha obtenido tantos millones de dólares, tiene una repercusión a todas luces desproporcionada si se tiene en cuenta el carácter de su trama y de su enfoque, he oído a alguien que la interpretaba como una metáfora de esta era de crisis, dicen que es un ensalzamiento a la figura de la mujer,  un thrillers futurista… y hay quien se atreve a decir que es de lo mejor que hay en cartelera en este momento…

“Los juegos del hambre” pude verla ayer tarde, en una sala de Madrid donde no había más de quince personas. La película se inicia de forma espectacular, emprende correcta y la vemos crecer y formar historia pero sólo en ese momento puntual  e  incluso interesante: en el instante en que la trama se encamina hacia el corazón del relato, se convierte en una decepción  inesperada, sus elementos suspenden aun con su brillo. Después,  giros  absurdos y extravagantes eliminan toda promesa de cine atrayente.

“Los juegos del hambre” tiene una longitud que no concuerda ciertamente con su frialdad narrativa, demasiados minutos añadidos que van haciendo perder progresivamente el interés.

En cuanto a los personajes que se retratan en la historia, es justo decir que alguno puede caerte bien y te ayuda a complementar a los demás, pero la verdad, en mí, Gary Ross no ha sabido granjearse la simpatía.

Además de Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Elizabeth Banks, Stanley Tucci, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, Donald Sutherland y  Toby Jone.

Me gusta la banda sonora de Tom Stern.

Crítica: Blancanieves (Mirror Mirror)

CartelAgradable versión, coraje narrativo y constantes ocurrencias cómicas. Crítica de la película “Blancanieves (Mirror Mirror)”.

En un frío invierno de un reino encantando, hace muchísimos años, una joven llamada Blancanieves salió de la buhardilla donde habitaba con dirección al bosque, no tenía que ir muy lejos sabia el sitio donde se dirigía y lo que iba a ser de ella, con el corazón desfallecido y el cuerpo agitado por el temblor se adentró en la nieve, a su lado, Brighton, un súbdito del castillo. Blancanieves no era una chica del pueblo, su padre había sido el rey de las tierras, las lejanas y también de las cercanas. En los territorios de ese fantástico monarca no existía la tristeza, los habitantes eran muy felices, siempre estaban cantando y bailando, comiendo y bebiendo, claro, la casa real repartía toda su riqueza con los pueblos que le pertenecían y así cualquier pueblo canta y baila, pero resulta que el soberano era viudo con una niña pequeña –Blancanieves- y, por supuesto, necesitaba una mujer para que… cuidara del castillo. Se casó con la madrastra que por entonces era la más guapa de los contornos, también se lo tenía muy creído la mujer. No tenemos conocimiento de si fueron felices, el pobre hombre rico, el señor de los pobres, desaparece y el reino queda en manos de la malvada. Ya podemos imaginar cómo funcionaba aquello. Así, la chiquilla creció muy bonita, al tiempo que la belleza de la señora madrastra se estaba marchitando. La madrastra miraba a la niña y se sentía mortalmente aniquilada. Ocupando su mente en las más tremendas maldades y las más bestiales patrañas que pueda construir la imaginación, hace lo que hace… El cuento ya lo sabemos, ¿no?

“Blancanieves (Mirror Mirror)” es la nueva película de Tarsem Singh Dhandwar. Conocido como Tarsem, en su fértil carrera cinematográfica ha dirigido “La celda” (2000), “The Fall: el sueño de alejandria” (2006) e “Immortals” (2011). Aquí trabaja según el guion de Melisa Wallack y Jason Keller sobre el cuento de los hermanos Grimm. Lily Collins es Blancanieves, Julia Roberts es la madrastra, el rey es Sean Bean, Armie Hammer es el príncipe, Michael Lerner el barón y Nathan Lane es el pobrecillo Brighton. Jordan Prentice, Mark Povinelli, Joe Guoffo, Danny Woodburu, Sebastián Saraceno, Ronal Lee Clark y Martin Klebba son, los siete enanitos.

La película refleja la enorme fascinación de su director por la vistosidad, toda su paleta visual es una galería de coloridos diseños. Las imágenes bailan en escenarios sugestivos y reducidos que inevitablemente transbordan al espectador a una evocación teatral, acción que se halla explícitamente ligada a ese ideal que ya nos dejara Tarsem en anteriores películas. El núcleo de la producción es el humor, todo lo que mueve “Blancanieves (Mirror Mirror)” está trabado para comprometer la sonrisa, esta película es una parodia respetuosa, versión en tono jocoso, que se extiende por los atajos y sigilos de una historia casi nueva, pero siempre ceñida a las reglas del clásico.

Tiene este trabajo del director indio, la magia imperecedera del cine de fantasía que él sabe enriquecer con mirada burlesca. La recomiendo para niños, adolescentes y mayores, y en especial para los puristas seguidores de Tarsem, no está “Blancanieves (Mirror Mirror)” a la altura de “The Fall: El sueño de Alejandría” ni mucho menos, tampoco se pretende, esta gozada de película no tiene otra pretensión que hacer que lo pasemos bien durante hora y media.

Aún tengo en la cabeza el sonido de “Believe”…

Este año 2012 disfrutaremos de dos nuevas versiones de Blancanieves, la primera que veamos será la del director Rupert Sanders, “Blancanieves y la leyenda del cazador”, cuyo estreno está previsto el día 1 de junio.

De momento en las salas, “Blancanieves (Mirror Mirror)”. Vayan a verla, después hablamos.

Crítica: Grupo 7

CartelEl director de “Siete Vírgenes”, Alberto Rodríguez, acaba de estrenar su última obra, “Grupo 7”, compartiendo guion y argumento con el prestigioso guionista Rafael Cobos, la música la pone Julio de la Rosa y la fotografía corre a cargo del inconfundible Alex Catalán.

Antes de abordar la crítica de la película “Grupo 7”, me detengo en su argumento. La cinta nos narra el problema que se puede encontrar un acontecimiento como es una exposición universal en una ciudad como Sevilla. Estamos a finales de los 80, principio de los 90 y, en principio, el jefe de la policía (Carlos Olalla) decide que hay que limpiar Sevilla del tráfico de droga, pues éste es el mayor peligro para la estabilidad de la Expo 92 y por ende para la buena imagen y el bienestar de toda la ciudad. Sus planes de destrucción de los elementos dedicados al narcotráfico son para el “Grupo 7”, creado para la ocasión:  Rafael (Antonio de la Torre), un policía diligente, categórico, altivo y un pelín traumatizado; Ángel (Mario Casas), que aspira con ilusión a ser inspector de policía, es el más joven, tiene un niño y está casado con una guapa mujer; Elena (Inma Cuesta); Miguel (José Manuel Poga), un policía simpático, dicharachero y bastante moderado, también casado y padre de un chaval; y, Mateo (Joaquín Núñez), el menos definido en cuanto al perfil que nos muestra, pero igualmente presente y válido. Los cuatro agentes aceptan las órdenes pero indudablemente ellos tienen sus propias capacidades policiales, por eso y  dada su reputación, a las gentes a la sombra de este fallido sistema, en este caso, los traficantes de las barriadas marginales, no les gusta nada su labor. Entre policías, delincuentes y gentes de mal vivir, se encuentran otros dos personajes “La Caoba” (Estefanía de los Santos) y un yonqui, Joaquín (Julián Villagrán).

El nuevo trabajo de Alberto Rodríguez es un drama policiaco, una película emocional a mitad de camino entre la acción y el suspense. Su idea es captar la atención del espectador, consiguiendo colocar ingredientes visuales y mezclarlos con la trama, componentes ochenteros magistralmente logrados, que muestran todo, -acicalados con un adecuado sentido del humor-, como para que el espectador absorba la historia suavemente. Este aspecto, sin embargo, es el punto más débil a señalar, pues si bien es importante el sentido visual de la recreación, en la pantalla no hay piedad para nosotros y desde los primeros minutos no hace falta ningún tipo de magia para que sigamos lo acontecido sumergidos en un ambiente amenazador. La regla empleada por el director es bien sencilla, centrar el filme en barrios marginales y sacar el sentido enigmático y ruin de los ambientes de la drogadicción y el comercio de la droga, logrando a la vez cierta aproximación a las técnicas ilegales, muchas veces empleadas por nuestras autoridades para conseguir lo que se proponen.

En “Grupo7” las interpretaciones de Antonio de la Torre, Mario Casas, José Manuel Poga, Joaquín Núñez, apoyados Carlos Olalla en su contradictorio papel, son buenas, especialmente arropados por otros no menos eficaces secundarios, por ejemplo Julián Villagrán está enorme, por supuesto destaco a José Manuel Poga y al gran Antonio de la Torre.

Sólo decir que me parece una más que aceptable película, que acredita la altura de su realizador, plasmando con grafía formal, el eco y el reflejo de una sociedad bajo el árbol de un periodo y un espacio, precisamente elige Sevilla, su ciudad… mucho de realidad tiene “Grupo 7”.

La espero en los próximos Premios Goya.

Crítica: Los idus de marzo

CartelMás formal que “Ella es el partido”, no tan entera co­­mo “Buenas noches bue­na suerte” y menos acida e incómoda que “Confesiones de una mente peligrosa”. George Clooney escoge en su nueva película “Los idus de marzo” a un político americano como símbolo para esbozar el retrato desolador de los engaños gubernativos y los tejemanejes que ocultan aquellos que siempre nos enseñan su cara más amable, escondiendo bajo su alfombra hipócrita la suciedad que generan.
Excepcionalmente bien narrada, inteligente, bien escrita y bien interpretada, la trama nos pone de un lado a un joven idealista Stephen Seyers (Ryan Gosling) que empieza a trabajar como jefe de prensa. Del otro, a un prometedor candidato, el gobernador de Pennsylvania, Mike Morris (George Clooney), que se presenta a las elecciones primarias del partido demócrata, juntos trabajan en los oscurecidos caminos de una combatida campaña electoral, los regenta, el experto en cometidos de electas: Philip Seymour Hoffman (Paul Zara). La campaña es muy dura y el rival es el senador Pullman (Michael Mantel), un hombre hábil que está respaldado por el astuto Tom Duffy (Paul Giamatti). Durante la cruzada se tendrá la oportunidad de comprobar hasta qué extremos se puede llegar con tal de alcanzar el éxito político.
Es “Los idus de marzo” una sobria historia de zancadillas, de ansia de poder, de purgatorio por llegar a la cima. Una película con tintes dramáticos, que adopta una forma convencional de estructura de thriller. El enfrentamiento entre los personajes principales tiene un lado activo y brutal, que parece estar inexorablemente predeterminado, así como el pulso del triángulo actoral, tanto en la historia como en la interpretación.
A lo largo de la amplia filmografía de George Clooney, sea como productor, guionista, actor o director, están ligados a él personajes complejos en tramas sencillas, a los que hace avanzar con discreción y de forma sutil e indirecta, mientras va trazando un complejo cuadro de relación por medio de la pequeña provisión de detalles mostrados con gran puntualidad. Así sucede, por ejemplo, en el paralelismo que se establece entre la chica del inicio con la bandeja de copas en la mano, distante por completo del postrero desenlace.
“Los idus de marzo” sirve de ejemplo para demostrar que no son necesarias esas grandes producciones, casi siempre arriesgadas y a menudo insatisfactorias. Clooney realiza un film de compromiso, sin soluciones y sin mostrar nada nuevo, pero fiel a sus valores, con mano firme pone de cara al mundo lo que se cuece en unas primarias americanas, conjeturado con diálogos acertados y frases definitivas. La fuerza de esta película arrastra precisamente esa tendencia de películas que pueden disfrutarse desde varios niveles, pues deja al espectador autonomía para que saque a la luz los significados que hay tras su atrayente fachada.
 “Los idus de marzo” está basada en la obra teatral “Farragut North”, escrita por Beau Willimon después de trabajar en 2004 en una campaña en los Estados Unidos.