Crítica: La isla mínima

La isla mínimaLa nueva película de Alberto Rodríguez es una obra bastante sólida donde se percibe que su autor se ha podido mover a gusto en la construcción de un guion bien inspirado. Además, una película perfecta necesita algo que le proporcione cimientos y esqueleto y no me estoy refiriendo solo a seguir esa enseña que es el guión, tan preciso riguroso y específico, quiero decir que el todo de un buen director consiste en plasmar realidad en todos los detalles con el esmero de un artesano, y el joven cineasta español lo hace en “La isla mínima”.

Alberto Rodríguez, junto a Rafael Cobos, construye esta sórdida historia no desde el punto de vista psicológico o social, sino policial a través de dos personajes paralelos. Dos policías, Juan (Javier Gutiérrez) y Pedro (Raúl Arévalo), dos hombres ideológicamente opuestos y con vidas totalmente dispares, son enviados a un pueblo entre Huelva y Sevilla, en plena marisma del Guadalquivir, para investigar la desaparición de las hijas de un vecino del pueblo, Rodrigo (Antonio de la Torre). El pueblo andaluz muestra un tríptico de soledades, frustraciones y prejuicios no propios del año 1980 que es cuando se desarrolla la historia y entre todos los problemas que esto les puede ocasionar, los agentes deberán descubrir al asesino.
La estructura sombría es su mayor virtud. Aunque atesora varias virtudes, aparte de la austeridad del terreno, el aroma a relato añejo y el hecho de usar un registro tan natural y accesible a la hora de hablar de grandes temas como, en este caso, es el asesinato de mujeres jóvenes.

Desde el primer plano se distingue el empuje de Alberto Rodríguez,  que consigue que esta película sea mucho más madura que sus antecesoras. Sin dejar de ser fiel a sí mismo, el director español más policial, se ha decantado esta vez por un nuevo elemento, el agua, y ha logrado con ello su mejor película, trágica e intrigante a la vez que serena.Imagen de La isla mínima“La isla mínima” es un punto y aparte en la filmografía del prolífico director, al que le hacía falta precisamente eso, el agua, para nadar con fuerza hacia la cumbre.

“La isla mínima” es una buena película, una obra bien hecha dentro de un momento muy rico, – creativamente hablando-, del cine español, por lo cual destacar es un privilegio.

El reparto es fuerte, las actuaciones extraordinarias: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Jesús Carroza, Manolo Solo, Cecilia Villanueva, Salvador Reina, Juan Carlos Villanueva. Sus mesuradas interpretaciones entre las que destaco a Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, demuestran gracias a su espléndida profesionalidad y rigor, que interpretar debe ser antes que nada un acto de respeto hacia uno mismo. La música de Julio de la Rosa se ajusta fielmente al estable ritmo en que se mueve, con una fotografía a prueba de juicios minuciosos a cargo de Álex Catalán.

La resolución se nos entrega en una bandeja invisible, para que pensemos en ello, para que afrontemos nuestro papel en situaciones semejantes de la vida real.

Crítica: El hombre más buscado

El hombre más buscadoEn esta película de tramas conspiratorias Anton Corbijn explora en algunas de las intrigas más elevadas que pueden encontrarse no solo en libros y películas de todos los tiempos sino también en el centro de lo más cotidiano de nuestra sociedad. El resultado es honestidad y autenticidad. Crítica de la película “El hombre más buscado”.

El sugestivo punto de partida de este film policial podría ser de cualquier escritor del género, lo bueno es que está basado en la novela homónima de John le Carré.

Un joven ruso, Issa Karpov (Grigoriy Dobrygin), sin papeles, consigue llegar al gran puerto de mercancías y tráfico de extranjeros de Hamburgo. Con intención de empezar una nueva vida, en principio se declara musulmán y viene cansado y hambriento, presenta signos de haber sido torturado cuando contacta con una abogada Martha Sullivan (Robin Wright) defensora de derechos civiles, para que le ayude a regularizar su situación y evitar la deportación. Los servicios de inteligencia, dedicados a la lucha antiterrorista, quieren darle caza cada cual a su manera. Tanto alemanes como americanos están convencidos de que han localizado a un importante terrorista islamista. Günter Bachman (Philip Seymor Hoffmam) con gran experiencia sobre terrorismo, la CIA y la policía alemana han echado el ojo al ilegal. La abogada y el banquero Tommy Brue (Willem Dafoe) son los únicos que conocen la verdadera identidad del joven que se dispone a retirar una enorme suma de dinero.

Una memorable versión actualizada manejada con la precisión de una partida de ajedrez que se jugase con un rey invisible. El film no solo entretiene sino que además atrapa.
Una de las formas para acercarnos y diferenciar a unos directores de otros, – sin que suponga desacreditar a ninguno de ellos-, consiste en fijarse en cuál es su mecanismo explícito preferido o esencial. Tenemos cineastas de personajes, de ambientes, de planos y secuencias, de diálogos y de imágenes inteligentes como es el caso de Anton Corbijn. Con grandes trabajos bien realizados en el mundo visual, su universo estético es poco conocido en su carrera como cineasta, ya que solo una de las dos películas que ha realizado hasta hoy llegó al gran público: El Americano.

Imagen de El hombre más buscadoSin grandes aspavientos temáticos ni mayor inventiva de la esperada en una obra de estas características, Anton Corbijn sabe darle originalidad mediante la orquestación de una atmosfera más oscura y turbia de lo habitual y un tono genérico nada previsible que le dan al film ese toque diferencial. Si algo se percibe en su cine que lo diferencia de otros, es que ha sido y es un magnifico fotógrafo y un excelente supervisor de imágenes. En todas las secuencias de “El hombre más buscado”, para mí, su mejor película, logra mantener la tensión y la atención allá donde predomina más el juego verbal que la acción, consiguiendo un resultado muy satisfactorio.

Hay muchas cosas en esta película con voluntad de discurso, hay reflexión desde la segunda secuencia con la declaración del personaje que interpreta Grigoriy Dobrygin, de dolor, de pérdida, de secretos, de exilios, de futuros malogrados…pero es de agradecer que la película hable de las cosas grandes que nos ocultan.

“El hombre más buscado” es una película más que aceptable, apoyada principalmente en tres aspectos. El primero: el trabajo de los actores, un magnífico Philip Seymour Hoffman. Solo un buen actor, curtido en la profesión, podía mantener la atención de las dos horas de una película a base de diálogo y haciéndolo creíble, – ésta es última película la que acababa de terminar de rodar cuándo le sorprendió la muerte- . Además, un sobrio y excelente Willem Dafoe y una muy acertada Rachel McAdams. Su segundo pilar es la bellísima y delicada fotografía de Benoît Delhomme, magnífica en toda la película y muy particular, y el tercero , la música de Herbert Grönemeyer, sin olvidar al resto del reparto que lo trabajan extraordinariamente: Robin Wright, Daniel Brühl, Martin Wuttke, Nina Hoss, Rainer Bock, Mehdi Dehbi, Homayoun Ershadi, Neil Malik Abdullah, Vicky Krieps, Kostja Ullmann, Franz Hartwig, Vedat Erincin y Derya Alabora.

Elegancia y sobriedad pueden ser los dos adjetivos que definan a la perfección a este realizador.