Crítica: Pobres criaturas

Cuando en 2023 llegó “Pobres Criaturas” a las pantallas, costó muy poco reconocer en ella a una de las películas más visionarias en ciencia ficción de ese año. También era muy fácil pronosticar que su creador, el cineasta griego Yorgos Lanthimos tendría entre manos una gran historia. Junto a él, trabaja el guion el australiano Tony McNamara, director de cine, guionista, productor y dramaturgo, sobre la novela del escritor y poeta británico Alasdair Gray. Para nosotros, esta película es un fenómeno de fantasía y ciencia ficción y, como tal, ha capturado el espejo de su propia metáfora, se ha convertido en una película compleja en la que puedes vivir, sentir y enamorarte, por supuesto, desde la mirada de una mujer fanática del cine.

Bella (Emma Stone) es una joven revivida por el doctor en ciencia Godwin Baxter (Willem Dafoe). Bella nace con una misión, servir a los deseos de su creador y mostrar su grandeza como científico. Bella tiene la mente de una niña que descubre y experimenta. Así es que su comportamiento y su mirada sobre la vida son libres. La lógica de una niña que pregunta, cuestiona y arrasa costumbres y desigualdades adultas. Pero cuando pasa el tiempo se hace mayor…

Una de las virtudes de “Pobres Criaturas” reside en hacer posible un cine oscuro y realista en un duro mundo teñido de fábula.

La inutilidad y el horror agarran del cuello al espectador, sometiéndole a distintas reflexiones, preguntándose, como nunca en otro filme, por la locura de un frente confundido, no para arrojar luz precisamente, sino para trasmitir correctamente su total pesadilla, lo incompresible.  “Pobres Criaturas” es la búsqueda incesante y, de alguna manera insensata, que lleva a una mujer en un intento de encontrarse a sí misma. Lo que plantea abiertamente es el propio amor apegado a su realidad: igualdad y liberación.

Se me ocurren dos formas de aproximarme a esta rara película: por un lado, me divierte su reivindicación y, por otro, me excita la cantidad de dificultad en sus tramas, el nivel de perfección en sus dioses y sus monstruos.

Emma Stone, fenomenal, su mejor interpretación, innegable simpatía. Me gusta como lo hacen todos, sus papeles excelentemente bien interpretados: Mark Ruffalo, Willem Dafoe, Ramy Youssef, Christopher Abbott, Kathryn Hunter, Jerrod Carmichael, Hanna Schygulla, Margaret Quaely, Vicki Pepperdine,Tom Stourton , Wayne Brett y Carminho.

Me parece la mejor película del director griego Yorgos Lanthimos.

“Pobres Criaturas”, compleja, y emocionalmente densa. Véanla.

Crítica: Te estoy amando locamente

Alejandro Marín es el director de “Te estoy amando locamente”. Marín consigue plantearnos de entrada una idea central, auténtico motivo cautivador lo suficientemente poderoso para justifique el esfuerzo de tejer una verdadera telaraña dramática a su alrededor. Me parece una película llena de ironía, atractiva y con encanto, pero, sobre todo, es una denuncia justa y obligatoria. Una cinta divertida, interesante y que contiene un mensaje muy necesario. Con guion de Carmen Garrido Vacas y el propio Alejandro Marín, el esperado nuevo trabajo del director funciona mágicamente bien.

Vemos la Sevilla de 1977, Miguel (Omar Banana), de origen humilde, estudia y su madre Reme (Ana Wagener) quiere que su niño llegue a la universidad, sueña con ello, para que sea abogado. Pero Miguel es un chico tímido y tiene problemas de descubrimiento sobre sí mismo. Pronto empezará por descubrir su propia identidad. La Reme tiene mucha ternura por su niño y lleva muy leída la cartilla equivocada. El inmenso amor por su hijo nos agarra del cuello y nos somete a varias reflexiones de lo general a lo más íntimo. En los momentos previos a un hecho que forma parte de nuestra historia cuando, el 25 de junio de 1978, con motivo de la primera manifestación por la libertad sexual en Andalucía, el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria dejó su firma en las paredes del edificio de los juzgados de Sevilla.

Alejandro Marín está detrás de cada decisión pequeña o grande que repercute en lo que se proyecta, raras veces en una película se encuentra tanta armonía entre fondo y forma. El contenido moral, ideológico, que explora; y el mundo, sin ambages, sin programas, sin enarbolar ninguna bandera, el director todo lo muestra como pasó, sufriendo y haciendo sufrir.

“Te estoy amando locamente” es también una película divertida que trasmite con propiedad el latir de un montón de corazones en ese corazón de la ciudad que los acoge, las pinceladas de personajes, sus cosas, sus miedos y la auténtica libertad de expresión. Consigue conectar con la autenticidad de un cine de la gente en el que los actores y actrices son aún más cercanos.

En el reparto, todos fenomenales, contando una historia colectiva, sensibles, felices y anónimos. Ana Wagener, Omar Banana, Alba Flores, Lola Buzón, Alex de la Croix, Carmen Orellana y otros más colaboran en este auténtico grito de cine social.

La música es de Nino Casal, compositor y pianista gallego. Buenísimo.

Y en la dirección de fotografía, el madrileño Andreu Ortoll, dando personalidad a cada imagen.

Es un testigo y un definitivo reflote de vivencias. En los últimos premios Goya tuvo cinco nominaciones, aunque solo se quedó con un “cabezón” a la mejor canción.

Cuando la vean, hablamos …

Crítica: Los que se quedan

El responsable de “Los que se quedan” es Alexander Payne, director de cine y guionista estadounidense. La historia cuenta con guion del gran escritor y productor estadounidense David Hemingson y la estupenda interpretación del actor americano Paul Giamatti.

Paul Giamatti, es Paul Huham, un profesor que trabaja en un colegio privado. Son chicos mayores los que allí estudian y el profe tiene pequeños problemas con ellos. Cuando llegan las vacaciones, todo va a peor, el docente debe quedarse para asistir a los alumnos que permanecerán en el centro durante ese periodo. Huham se las ingenia para abordar la situación desde su perspectiva, la cara más espinosa de un profesor atendiendo a un alumno. Junto a él, asistirá como espectadora a este viaje de conocimiento, la buena cocinera Mary (Da’Vine Joy Randolph), que arrastra una gran tristeza tras la muerte de su hijo en Vietnam. El profesor la ayuda a recuperarse con su buen hacer y su trato de compañero solidario.

Paul Giamatti nos gana el corazón. Sus solitarios paseos le dejaron de servir y se convierten en escenarios maravillosos. Si tomamos “Los que se quedan” como un cuento, se pude entender la inocencia y sencillez de su trama; si lo tomamos como una historia que ocurre, nos encantan sus lecciones y sus enseñanzas; y si nos apetece recordarla de las dos formas hay que sufrir sus imposibles y aprender, aprender muy bien de todo su mensaje. La sabiduría es un camino muy difícil, se deben de superar muchas pruebas.

En la película, ni sobra ni se dilata ningún plano, no se pierde en profundidades imprecisas: da más de lo prometido, gracias a los giros de guion y a los maravillosos diálogos, que beben del gran David Hemingson y de unos actores que vuelan alto, destacando la sobriedad extrema de Paul Giamatti. Absoluta pieza de orfebrería sentimental.

Más que una película, “Los que se quedan” es un estado de ánimo. Alexander Payne vuelve con su grandeza y hace una mixtura de riqueza espiritual. Una miniatura cargada de verdad, confeccionada desde una portentosa capacidad de observación, una obra vital, divertida, cómplice y testimonial. Conmovedora y cargada de detalle.

“Los que se quedan” es una realidad triste, llena de prótesis de emoción, una película que queda en el fondo de nuestra memoria para perdurar por todo el tiempo.

En la música, Mark Orton, excelente. En la fotografía, a lo largo del largo camino Eigil Bryld, muy buena. En el reparto, destacan Paul Giamatti, Da’Vine Joy Randolph, Dominic Sessa, -con una gran interpretación-, Brady Hepner, Carrie Preston, Ian Dolley, Jim Kaplan, Michael Provost, Andrew Garman y Naheen García.

Para mí, la mejor película de Alexander Payne, es una historia que nos arropa. Véanla

Crítica: La sociedad de la nieve

Al director y, en esta ocasión, guionista de cine español J. A. Bayona, en esta nueva película le importan mucho los sentimientos y la verdad. Todo su saber se vuelca en “La sociedad de la nieve”, basada en el libro homónimo del escritor Pablo Vierci y en el documental homónimo de Gonzalo Arijón, que relata el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea a uruguaya en la cordillera de Los Andes, en 1972.​ Bayona nos vuelve a brindar una dirección increíble, que impresiona. Los supervivientes se enfrentan a una constante de gravedad, a situaciones en las que se ven obligados a depender unos de otros para poder sobrevivir en aquel infierno de soledad.

J. A. Bayona exprime su escritura y la hace transparente, prescindiendo del más mínimo adorno y entregándonos  la mayor condensación de sentido. Lección de moral y homenaje a la vida, como un recordatorio y un ejemplo de cómo solemos vivirla, teniendo la certeza de haber estado en el propio infierno. “La sociedad de la nieve” es inmensa, se desliza por los puntos flacos y las hogueras de la soledad en un brío narrativo mientras su sequedad dramática hace de sus citas una historia especial, aún más violenta que lo más violento.

Tristeza, culpa, terror, hielo y cielo, esto es lo que meditamos en esta película servida en bandeja de plata, sostenido por un paisaje de Los Andes, todo nieve y montaña. Sin querer hacer otra cosa que mostrar la convivencia de las personas fundiéndose con el paisaje sin dulcificarlo, solo fragmentos de vida y esperanza. La vida y su ausencia y unos métodos para sobrevivir a lo invisible, de eso la nueva película de Bayona. No hay nada más que lo que podemos ver y oír, y todo aquello que nos estremece.

Esta película es verdaderamente una obra maestra. Me emocionó, me dio esperanza y me mantuvo al borde de mi asiento durante todo el recorrido, acompañada por la magnífica actuación de todos y cada uno de los actores. Felicitaciones al equipo de producción, arte y al resto, es mucho trabajo el necesario para ofrecer un resultado así.

La música, espléndida, corre a cargo del compositor estadounidense Michael Giacchino.

“La sociedad de la nieve” es el resoplido moral de Bayona y ha conseguido lo que quería: crear un pozo sin fondo en lo más profundo de las conciencias, un vacío infinito. La dramatización de estos bocados de realidad es tan impecable como simplemente emocionante.

En el reparto: Enzo Vogincic, Matías Recalt, Agustín Pardella, Tomas Wolf, Esteban Kukuriczka, Francisco Romero, Rafael Federman, Felipe González Otaño, Agustín Della Corte, Valentino Alonso, Simón Hempe, Fernando Contigiani, Benjamín Segura, Luciano Chatton, Agustín Berruti, Juan Caruso, Rocco Posca, Andy Pruss y Esteban Bigliardi todos juntan un obra complicadamente bien construida, tensa y climática con muchos puñados de escenas que ponen los pelos de punta, pensando que no hay más allá de lo que se ve y se oye , solo les quedaba sonido , viento y agua. Acaban dejando un enorme pozo de amargura.

“La sociedad de la nieve” consigue transmitir sensaciones físicas. Todo se conjura para que respiremos un aire frio, muy frio. Véanla.