Crítica: Magical Girl

Magical Girl“Magical Girl” es un thriller con un sobrio y solemne proceder en la desesperanza, un adverso combate concluyente de una guerra fantasma, un deseo imprescindible que se alimenta de un alentador presente y una conmovedora razón. Su director, Carlos Vermut, nos ofrece una potente y efusiva entrada y salida de los infiernos que se matiza y adorna en un recorrido emotivo y perplejo. Con una implicación emocional enorme e inquietantes matices de una solución necesaria y un tanto esquiva, “Maginal Girl” nos enfrenta a una confrontación dura y extenuante.
Con una buena narración y lentitud, desde el comienzo te asalta la carga dramática de la historia. Poco a poco te va atrapando y sin apenas darte cuenta te sitúa como un voyeur sin derecho a enjuiciar lo moral o ejemplarizante de lo que estás viviendo.
La dirección por parte de un desconocido para mí Carlos Vermut es realmente acertada y descriptiva, tanto a nivel técnico, – sus simetrías, planos cortos y en la mayoría planos medios-, como en la manera de dejar fluir la trama a través de la simbología, la fábula y la moral. Lo que se nos narra sale de un acertado guión elaborado por él mismo, un texto dramático a veces, irónico y cómico otras menos, trabado de giros, sobre el que se sustenta la película y en el que intérpretes perfectamente elegidos dan vida a los personajes, con diálogos cargados de autenticidad.

Es este Mundo, Demonio y Carne, un recital acreedor de cualquier galardón, una milagro del cine independiente español al que le viene muy bien la buena elaboración en pantalla, que da comienzo con un profesor, Damián (José Sacristán), en un colegio y un desacuerdo con los alumnos para pasar a continuación a otro profesor, Luis (Luis Bermejo), un profesor de literatura en paro, que trata de hacer realidad un deseo escondido de su hija Alicia (Lucía Pollán), una niña de 12 años, que padece leucemia. Alicia desea tener el vestido original de la serie japonesa de dibujos animados «Mágical Girl Yukiko». El elevado precio del vestido llevará a Luis a poner en marcha una insólita y oscura cadena de chantajes. En estas circunstancias, conoce a Bárbara (Bárbara Lennie), una atractiva joven que sufre trastornos mentales.

Imagen de Magical Girl“Magical Girl”, encuadrada dentro de la cultura cinematográfica española actual y de su objetivo de público medio, es una reflexión sobre sentimientos universales bajo la solemne y caustica mirada de Carlos Vermut. Una película que se sitúa en un punto medio entre la excelencia y la austeridad mejor entendida, y probablemente ésa sea su baza más diferenciada. Vermut viene a sumarse a una larga lista de directores jóvenes que llaman nuestra atención no precisamente poniendo el acento en la realidad del país pero sí pasando el dedo por la denuncia de lo que ocurre, buscando el retrato más oscuro de los habitantes de una gran ciudad que podría ser cualquier ciudad de España.

Los actores, un acierto. Desde Luis Bermejo, pasando por una muy correcta y convincente Bárbara Lennie, que me sorprendió, hasta Israel Elejalde. Sin olvidarnos de José Sacristán que siempre da gusto verlo, un actor con un gran carisma, justo y excelente hasta la escena final. En resumen, todos llevan muy bien el peso de la cinta y ponen de manifiesto lo acertado del casting pues el conjunto resulta eficaz gracias a sus mesuradas interpretaciones y la fuerza de algunos de los duelos interpretativos. Destacamos la fotografía de Santiago Racaj, que aporta su grano de arena a la apuesta solvente que es “Magical Girl”.

 

 

Crítica: El Niño

El NiñoEl director de cine Daniel Monzón, con guión propio y de Jorge Guerricaechevarría vuelve a enriquecernos con su nuevo trabajo que reproduce un retrato casi documental de algo existente, hace de espejo de lo que ocurre en la zona fronteriza del sur de España. Crítica de la película “El Niño”.

Guapo, atlético y parco de palabras. Trabaja en un taller de mecánica de barcos pero apenas le alcanza para lo que él supone que necesita. A pesar de su físico bravucón, es muy tímido. No es un galán ni un héroe, sino un personaje hermético, le llaman El Niño ( Jesús Castro). Su amigo, El Compi (Jesús Carroza), es quien le hace iniciarse en el mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. En el mismo lugar donde Jesús (Luis Tosar) y Eva (Bárbara Lennie) son agentes de Policía antidroga que llevan años tratando de demostrar que la ruta del hachís es ahora uno de los principales coladeros de la cocaína en Europa. Riesgo, adrenalina y dinero al alcance de cualquier descabezado capaz de atravesar esa distancia en una lancha cargada de hachís. Los destinos de estos personajes a ambos lados de la ley terminan por cruzarse para descubrir el enfrentamiento de sus respectivos mundos.

La historia es tan real que puede observarse desde fuera como un hecho traumático y un error de nuestra historia. Puede comprenderse desde adentro, como el absurdo de un tiempo en que por dinero se destrozan familias enteras sin que nada justifique el sacrificio y puede considerarse como un enorme rechazo por todo el daño que hace a nuestra sociedad.

Imagen de El NiñoPor lo demás, “El Niño” tiene todo lo que se le puede y debe pedir a una buena película. Monzón trabaja de manera más que eficiente con la cámara, con los actores y con el tiempo. Las localizaciones son buenísimas, las persecuciones, y lo más significativo: consigue crear tensión. La música de Roque Baños envuelve la imagen, y la fotografía Carles Gusi colabora con su virtuosismo a que cada minuto sea de cine intenso. Toda la película trascurre sin giros inverosímiles manteniendo siempre en vilo al espectador. En conjunto, es una cinta que a pesar de algunas cosas con las que no estoy de acuerdo, se encumbra con grandes logros.

Una película que sirve además de plataforma de lanzamiento del joven Jesús Castro, que carece en su debut como protagonista de la experiencia que quizá requiera un papel de estas características. Me puse a pensar en un momento del metraje e imaginé en el personaje de El Niño a Luis Tosar, hubiese sido otra película totalmente distinta, podría haber sido otro Malamadre..., al margen de que como policía es un placer disfrutar de su interpretación.

En cuanto al resto de personajes, por encima de todos, el desparpajo interpretativo de Jesús Carroza que contribuye de forma encantadora a dar vida a muchos momentos procurándole su toque personal, tan bien ubicado que inevitablemente las risas se hacen dueñas de la sala en algunos momentos.

Felicidades a los productores, sacan el mayor partido a una película que da justo casi lo que se esperaba… Yo esperaba más.

 

 

Crítica: Miel de naranjas

CartelEs una ficción apoyada en hechos reales: la represión, el abuso y la muerte, en la década de los 50. Imanol Uribe, con guion de Remedios Crespo, muestra aspectos concretos del franquismo y la izquierda clandestina. Crítica de la película “Miel de naranja”.

Enrique (Iban Garate) está haciendo el servicio militar, con pocas ganas y mucho trabajo, el joven está a las órdenes de un militar de alto grado que además es juez, don Eusebio (Karra Elejalde). Este soldado hace trabajo de chófer y de escribiente. Estamos en la capital de Andalucía. Enrique conoce a Carmen (Blanca Suárez) se enamora de ella y ella de él. El chico desea ilusionadamente estudiar magisterio pero su superior manifiesta unas intenciones bien distintas y exige que es mejor que se quede en el juzgado de la ciudad. El chico no puede forzar su voluntad y acepta. Su madre, María (Ángela Molina) permanece en un centro psiquiátrico, loca de dolor por la muerte de dos de sus hijos y su marido en la pasada guerra, Enrique sensibilizándose cada día más por las injusticias represivas que presencia piensa que para cambiar el rumbo de las cosas, algunos tienen que actuar.

“Miel de naranja” se centra principalmente en la vida de un muchacho, en cuya mente, poco a poco, van germinando la duda, la reflexión, el desconcierto y en el momento en que este personaje es capaz de pensar: la vida no es esto.

Toda la película hasta llegar a esta comprobación desalentada y lógica, se construye como una reflexión de aquel tiempo maldito, sobre sus justificaciones circunstanciales y sobre su problemática reprobación. Uribe ha tenido el valor de aproximarse, desde una perspectiva simulada, al problema capital de la posguerra española y ha tenido la honestidad de hacerlo sin prejuicios ni mitificaciones, con una técnica narrativa segura y sobria, más interesado en dejar el documento para la posteridad que en construir una película técnicamente perfecta. Y ahí está el testimonio, en este friso impresionante de personajes arrastrados a los infiernos por conservar el poder y la ambición. Mucho de lo que vemos en esta película recordará al espectador de manera inmediata otros hechos parecidos en los que otras películas han sido basadas, no importa, la profusión en este caso es bienhechora, esto es fondo histórico, producto de un estudio minucioso y también consecuencia de un contacto directo con los retratados, con los damnificados, con los idealistas.

“Miel de naranja” pone luz y chasquido en el pensamiento, más allá de la ambientación que es perfecta, de la fotografía acertadísima y de las interpretaciones (entre los actores también se cuentan Eduard Fernández, Ramón Ibarra, Nora Navas y Bárbara Lennie). De lo importante y lo trivial. De los imponderables que convierten en simetría un sinsentido. Tantas muertes escondidas lo confirman. La gente insatisfecha, la enfermedad, el hambre y todo aquello que debiera de haber levantado de su sillón al dictador. Pero, además, si acaso no lo he dicho “Miel de naranja” es una buena película, tensa, lúcida y contrastada, que nos presenta el lado más humano y el más brutal de la persona.