Crítica: Una joven prometedora

Emerald Fennell es la encargada del guion y la dirección  de “Una joven prometedora”. Hay películas  que se hacen para actrices o actores a la medida y otras, hay otras en las que la actriz principal aguanta todo el peso de la película. Este último caso es “Una joven prometedora”.

En “Una joven prometedora”, nos acoge una música de talentoso culto y unas lágrimas que delatan la escondida humanidad de una chica parapetada en una persona que no es o que es, casi a medias. Emerald Fennell describe el largo y tortuoso camino  de una mujer concienciada, perfecta, sentimental y con el corazón herido; la directora entiende a su principal personaje como instrumento para dar a conocer mejor la historia de las mujeres. La acompaña en este viaje, Carey Mulligan, la protagonista, Cassie, así se llama y nada en su vida es lo que parece. Cassie cree que algo del pasado debe mejorar en el presente.

Inteligente y humana, la precavida Emerald Fennell no dudó en ligar en su catálogo, poesía , queja y dantismo, segura de que se le aplicaría un buen calificativo a esta hipnótica parábola de venganza. Arrastrando del pasado todo el film. Con toda la coherencia narrativa en pos de una demostración de sentimientos, una fuerza interior no es algo que pase inadvertido.

“Una joven prometedora” nos deleita con Carey Mulligan aprovechando todos sus registros más dramáticos para, -amparada en su descarnado discurso poblado de demonios tan lejanos como compresibles-, aparecer demasiado fuerte para quienes comulguen con dogmas, para los malos y los buenos.

Arrolladora y obsesiva es esta cruzada cinematográfica, donde sus principios sustituyen a todo lo demás, donde los sentimientos guardados tienen mayor importancia que una fuerte escena de acción. Una película portadora de semilla reivindicativa, de esperanza y  reconciliación. Y todo sin olvidar que “Una joven prometedora” es una película destinada a provocar controversia, revitalizar el músculo de la defensa y una aparatosa introspección para conjugar la doctrina de la creación, siempre un tremendo acto de destrucción.

El famoso compositor Anthony B. Willis pone música a esta gran película. La fotografía es del ya conocido y querido Benjamin Kracun.

En el reparto: Carey Mulligan con el paisaje, los colores las escenas y la luz interpretativa. Bo Burnham, Alison Brie, Connie Britton, Jennifer Coolidge, Adam Brody, Laverne Cox, Clancy Brown, Angela Zhou, Christopher Mintz-Plasse, Alfred Molina, Molly Shannon, Sam Richardson, Steve Monroe y Casey Adams, todos con muy buena construcción de personajes.

Lo consigue.

Véanla.

Crítica: Cowboys y Aliens

Cartel“Cowboys y Aliens” refleja cómo Jon Favreau (Iron Man) se complica para encontrar un significado distinto, coronado de volumen, en su nuevo trabajo. Esta intrépida película es un experimento que difiere de los modelos convencionales del western, desatinada mezcla aderezada con abundantes toques de violencia. Crítica de la película “Cowboys y Aliens”.

La trama se desarrolla en el viejo oeste, en el año 1873, en un pueblo llamado Absolución, en Arizona. Se abre dándonos a conocer a un hombre Jake Lonergan (Daniel Craig) que se despierta en medio del desierto, fracturado y con una pulsera enorme en su muñeca, intenta arrancársela pero es imposible, no hay forma de lograr desprenderse de ella. No recuerda quién es, ni el origen y el misterio de haber acabado en este lugar y en estas circunstancias, de repente tres hombres se acercan a él y lo amenazan. Este forastero al final consigue, o le dejan, llegar a Absolución -y como no puede ser de otra forma en una película del oeste- no es bien recibido, -normal-. Le sirve de mucho la ayuda del sacerdote (Clancy Brown). Absolución, es el típico pueblo en que no falta de nada, hay un sheriff (Keith Carradine), dos chicas; Alice y Ella Swenson (Abigail Spencer y Olivia Wilde), también tenemos al empresario del salón Doc (Sam Rockwell) y a un cacique, dueño de un magnifico rancho, el coronel Woodrow (Harrison Ford) y su hijo Percy (Paul Dano). Tenemos caballos, pistolas, vaqueros y apaches, en fin que de nada falta, en cuanto a un western se refiere, pero además tenemos aliens absorbentes, a los que les gusta demasiado un preciado mineral. No sabemos cómo puede acabar esta ensalada, pero da mucha pista el hecho de que siempre, o casi siempre, los bichitos extraterrestres acaban siendo algo torpes.

“Cowboys y Aliens” de Jon Favreau, nos regala una premisa argumental netamente inverosímil, por tanto partimos de la base de no tomar en serio lo que se nos muestra. Lo técnico quizás sea lo más destacable de la película, aunque para nada deslumbre. Teniendo en cuenta que está producida por Steven Spielberg, debemos ajustar la película desde los efectos especiales pues tiene momentos verdaderamente conseguidos, tampoco hay que desmerecer el vestuario y la ambientación. La banda sonora de Harry Gregson-Willians, excesiva, en su acompañamiento.

Hay en “Cowboys y Aliens” trabas disipadas y radas sin fondear. Una pena, que con tres guionistas que tiene esta película, haya tanto hueco que tapar y los incidentes a veces se vuelvan demasiado desiguales e improvisados. Desde luego estamos en presencia de un film sin más pretensiones que el entretenimiento.

Concluyendo. Es evidente que “Cowboys y Aliens” nos pregunta de forma simpática si nos gusta el cine palomitero.