Crítica: El poder del perro

Con guion y dirección de la directora neozelandesa Jane Campion, basado en la novela El poder del perro del autor estadounidense Thomas Savage, nos llega la película del mismo nombre. Jane Campion, a partir de unas excelentes porciones literarias, establece para el cine un juego de relaciones tan acertadas como curiosas. Un reto a la memoria del cine.

Estamos en Montana, en 1925. Los acaudalados hermanos Phil (Benedict Cumberbatch) y George Burbank (Jesse Plemons) van con su ganado y sus formas de acá para allá, ellos son las dos caras de la misma moneda. Phil es impetuoso y cruel, mientras George es impasible y amable. Juntos son copropietarios de un enorme rancho donde tienen reses. Cuando George se casa con una viuda del pueblo, Rose (Kirsten Dunst), Phil comienza a despreciar a su nueva cuñada, que se instala en el rancho junto a su hijo, el joven Peter (Kodi Smit-McPhee). Su estabilidad, ya de por si mala, se romperá del todo en este desierto de tierra.

Un rancho, mucho ganado, un matrimonio, dos hermanos completamente distintos, un chaval joven e intérpretes con mucho talento, el nuevo largometraje de Jane Campion, imparte lecciones magistrales sobre la vida y sobre la superación, pero contiene metáforas mayores y muy de actualidad. En esta película hay que atender irónicamente a su título para comprender en toda su dimensión la grandeza del film. Vista como si una fábula fuera, la película se toma su tiempo para contar la historia y lo hace de forma fenomenal, dejando ver a las claras sus intenciones, su mirada y su inteligencia.

En “El poder del perro”, de forma preclara surge toda una historia, pero también surge la moral y el enigma. Y golpea como puño en el pecho recordándonos que podemos estar viendo y más, pensando, en la oscuridad, aunque lo concibamos como lección de hondo humanismo. Para mí es uno de las mejores películas de este año, si no la mejor. De una cineasta que cuenta sus títulos como obras casi siempre duraderas. Es una directora repleta de afán y profesión para configurar un perfecto retrato de claroscuros.

La música es del joven compositor inglés Jonny Greenwood y la fotografía la australiana directora de foto Ari Wegner.

El reparto surge como una medida eficaz y entrañable que viaja por cada fotograma con oficio, elegancia y sensibilidad : Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee, Thomasin McKenzie, Frances Conroy, Keith Carradine, Geneviève Lemon, Peter Carroll, Adam Beach, Karl Willetts, Yvette Parsons, Tatum Warren-Ngata, Maeson Stone Skuggedal, Ramontay McConnell, Daniel Cleary, Ella Hope-Higginson, Ken Radley, Sean Keenan, George Mason, David Dennis, Cohen Holloway, Eddie Campbell, Alice Englert, Bryony Skillington, Jacque Drew, Richard Falkner, Alice May Connolly, Stephen Lovatt, Stephen Bain, Edith Poor, Vadim Ledogorov, Julie Forsyth, Alison Bruce e Ian Harcourt.

Creo que entre las películas que más me gustaron siempre están las de la Jane Campion, se me vienen a la cabeza muchos de buenos trabajos pero recuerdo con mucho cariño, tal vez por cercana “Bright Star”, una película tierna y sentimental del año 2009.

Crítica: En un lugar sin ley

Cartel de En un lugar sin leySeguro que no tenemos el corazón tan escarchado como para no ponerle un notable a un largometraje tan generoso y perceptivo, el logro indiscutible de un joven director de cine, David Lowery. Crítica de la película “En un lugar sin ley”.

Lowery, desde la dirección y el guion, nos muestra la historia de dos jóvenes: Bob (Casey Affleck) y Ruth (Rooney Mara), una joven pareja de fugitivos en los años 70, enamorados y atrevidamente felices que subsiste gracias a los delitos que realizan, ajenos a los riesgos de vivir al margen de la ley. Un día Ruth mata fortuitamente a uno de los policías que los están persiguiendo. Bob asume la culpa, es arrestado y encarcelado y cuatro años después, incapaz de soportar por más tiempo la separación de su mujer, escapa de prisión y fugitivo atraviesa Texas para reunirse con su esposa y con la hija que nunca llegó a conocer.

En el film de Lowery se pueden ver referencias a grandes films del género, a pesar de las similitudes que se pueden ver, “En un lugar sin ley” cuenta con originalidad y sorpresa, no es solo un filme que sirve como referencia de otros sino que es una magnífica película y un aporte excepcional a un género que cada vez está más en decadencia. No aburre en ningún momento, no pierde su buen ritmo narrativo y desarrollando la historia con lógica y armonía, haciéndola emocionante de principio a fin destilando un sabor a clásico western.

“En un lugar sin ley” no tiene entre sus principales virtudes y atractivos el punto de partida, o incluso intenciones y objetivos. Más película liberadora que revulsiva, destacan los toques propios del cineasta como serían la escritura en la narración, el tostado visual, el modo de presentar los conflictos interiores de los personajes y la lucha exterior, o la presteza del ritmo y sus incesantes entonaciones que Lowery sazona con una serie de añadidos que dan nuevos aires: mayor extroversión, decoración setentera, banda sonora notoria de Daniel Hart y, en términos generales, un afán importante de trabajo bien hecho.

Imagen de Un lugar sin leyEs pues, en términos generales, una obra que combina un metraje serio con la desmesurada y soberbia interpretación de Rooney Mara, Casey Affleck, Ben Foster, Nate Parker, Keith Carradine, Charles Baker, Heather Kafka, Frank Mosley, Rami Malek. Todos entregados a unos diálogos vibrantes con elementos suficientes de acción y coherencia.

 “En un lugar sin ley” ha conseguido estar entre las 10 películas independientes más importantes, según el National Board of Review (NBR), le otorgó a Bradford Young el Premio a Mejor Fotografía en el Festival de Sundance y en los Premios Gotham fue nominada a Mejor película.

Para lograr una buena escritura cinematográfica es necesaria una buena lectura crítica del propio creador y estar convencido para convencer. David Lowery, en su primer trabajo en la pantalla grande convence de que sabe hacerlo. Promete mucho el cineasta de ojos exclusivos.

“En un lugar sin ley”, véanla.

Crítica: Cowboys y Aliens

Cartel“Cowboys y Aliens” refleja cómo Jon Favreau (Iron Man) se complica para encontrar un significado distinto, coronado de volumen, en su nuevo trabajo. Esta intrépida película es un experimento que difiere de los modelos convencionales del western, desatinada mezcla aderezada con abundantes toques de violencia. Crítica de la película “Cowboys y Aliens”.

La trama se desarrolla en el viejo oeste, en el año 1873, en un pueblo llamado Absolución, en Arizona. Se abre dándonos a conocer a un hombre Jake Lonergan (Daniel Craig) que se despierta en medio del desierto, fracturado y con una pulsera enorme en su muñeca, intenta arrancársela pero es imposible, no hay forma de lograr desprenderse de ella. No recuerda quién es, ni el origen y el misterio de haber acabado en este lugar y en estas circunstancias, de repente tres hombres se acercan a él y lo amenazan. Este forastero al final consigue, o le dejan, llegar a Absolución -y como no puede ser de otra forma en una película del oeste- no es bien recibido, -normal-. Le sirve de mucho la ayuda del sacerdote (Clancy Brown). Absolución, es el típico pueblo en que no falta de nada, hay un sheriff (Keith Carradine), dos chicas; Alice y Ella Swenson (Abigail Spencer y Olivia Wilde), también tenemos al empresario del salón Doc (Sam Rockwell) y a un cacique, dueño de un magnifico rancho, el coronel Woodrow (Harrison Ford) y su hijo Percy (Paul Dano). Tenemos caballos, pistolas, vaqueros y apaches, en fin que de nada falta, en cuanto a un western se refiere, pero además tenemos aliens absorbentes, a los que les gusta demasiado un preciado mineral. No sabemos cómo puede acabar esta ensalada, pero da mucha pista el hecho de que siempre, o casi siempre, los bichitos extraterrestres acaban siendo algo torpes.

“Cowboys y Aliens” de Jon Favreau, nos regala una premisa argumental netamente inverosímil, por tanto partimos de la base de no tomar en serio lo que se nos muestra. Lo técnico quizás sea lo más destacable de la película, aunque para nada deslumbre. Teniendo en cuenta que está producida por Steven Spielberg, debemos ajustar la película desde los efectos especiales pues tiene momentos verdaderamente conseguidos, tampoco hay que desmerecer el vestuario y la ambientación. La banda sonora de Harry Gregson-Willians, excesiva, en su acompañamiento.

Hay en “Cowboys y Aliens” trabas disipadas y radas sin fondear. Una pena, que con tres guionistas que tiene esta película, haya tanto hueco que tapar y los incidentes a veces se vuelvan demasiado desiguales e improvisados. Desde luego estamos en presencia de un film sin más pretensiones que el entretenimiento.

Concluyendo. Es evidente que “Cowboys y Aliens” nos pregunta de forma simpática si nos gusta el cine palomitero.


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