Crítica: El Niño

El NiñoEl director de cine Daniel Monzón, con guión propio y de Jorge Guerricaechevarría vuelve a enriquecernos con su nuevo trabajo que reproduce un retrato casi documental de algo existente, hace de espejo de lo que ocurre en la zona fronteriza del sur de España. Crítica de la película “El Niño”.

Guapo, atlético y parco de palabras. Trabaja en un taller de mecánica de barcos pero apenas le alcanza para lo que él supone que necesita. A pesar de su físico bravucón, es muy tímido. No es un galán ni un héroe, sino un personaje hermético, le llaman El Niño ( Jesús Castro). Su amigo, El Compi (Jesús Carroza), es quien le hace iniciarse en el mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. En el mismo lugar donde Jesús (Luis Tosar) y Eva (Bárbara Lennie) son agentes de Policía antidroga que llevan años tratando de demostrar que la ruta del hachís es ahora uno de los principales coladeros de la cocaína en Europa. Riesgo, adrenalina y dinero al alcance de cualquier descabezado capaz de atravesar esa distancia en una lancha cargada de hachís. Los destinos de estos personajes a ambos lados de la ley terminan por cruzarse para descubrir el enfrentamiento de sus respectivos mundos.

La historia es tan real que puede observarse desde fuera como un hecho traumático y un error de nuestra historia. Puede comprenderse desde adentro, como el absurdo de un tiempo en que por dinero se destrozan familias enteras sin que nada justifique el sacrificio y puede considerarse como un enorme rechazo por todo el daño que hace a nuestra sociedad.

Imagen de El NiñoPor lo demás, “El Niño” tiene todo lo que se le puede y debe pedir a una buena película. Monzón trabaja de manera más que eficiente con la cámara, con los actores y con el tiempo. Las localizaciones son buenísimas, las persecuciones, y lo más significativo: consigue crear tensión. La música de Roque Baños envuelve la imagen, y la fotografía Carles Gusi colabora con su virtuosismo a que cada minuto sea de cine intenso. Toda la película trascurre sin giros inverosímiles manteniendo siempre en vilo al espectador. En conjunto, es una cinta que a pesar de algunas cosas con las que no estoy de acuerdo, se encumbra con grandes logros.

Una película que sirve además de plataforma de lanzamiento del joven Jesús Castro, que carece en su debut como protagonista de la experiencia que quizá requiera un papel de estas características. Me puse a pensar en un momento del metraje e imaginé en el personaje de El Niño a Luis Tosar, hubiese sido otra película totalmente distinta, podría haber sido otro Malamadre..., al margen de que como policía es un placer disfrutar de su interpretación.

En cuanto al resto de personajes, por encima de todos, el desparpajo interpretativo de Jesús Carroza que contribuye de forma encantadora a dar vida a muchos momentos procurándole su toque personal, tan bien ubicado que inevitablemente las risas se hacen dueñas de la sala en algunos momentos.

Felicidades a los productores, sacan el mayor partido a una película que da justo casi lo que se esperaba… Yo esperaba más.

 

 

Celda 211

Daniel Monzón en su cuarta película hace que nos “agarremos a la butaca desde los primeros minutos”, parafraseando sus palabras en una entrevista de hace tiempo.

“Celda 211” es una buenísima película, basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, con guión de Jorge Guerricoechevarria y del propio Monzón.

Juan, interpretado por Alberto Ammann, es un funcionario de prisiones que se acerca a la cárcel para tomar contacto con los compañeros, un día antes de empezar en su nuevo empleo. La casualidad hace que sea víctima de un accidente en el momento en el que se cuaja un motín en la prisión. Sus compañeros, nerviosos, deciden apresuradamente ocultarlo en una celda que permanece vacía, “la celda 211”. Y aquí empieza toda la trama.

Tenemos entre manos un conflicto carcelario, donde cada individuo tiene sus motivos personales para rebelarse pero, a su vez, se dejan llevar por un líder: Malamadre, al que da vida Luis Tosar. Este actor, con un gran lenguaje corporal y verbal, dentro de un entorno cerrado, frío y estrecho, nos introduce de lleno en el sórdido mundo de la cárcel.

El largometraje ha sido rodado dentro de una prisión, con lo que se genera una atmósfera totalmente claustrofóbica, mientras que la historia va discurriendo, en su línea narrativa, llena de diálogos bien compuestos donde el guión tiene el poder de encadenar emoción. Gustan  mucho algunos pasajes verdaderamente crudos que la película nos muestra, con picos certeros que te turban, dentro del contexto político.

“Celda 211” tiene todos los méritos necesarios para hacer pasar un buen rato a todo el mundo. Entre sus logros, escenas violentas que contrastan con otras narradas en tono lírico, dentro de un ambiente opresivo e iracundo donde nada sale según lo previsto.

Una historia inteligente, con despejados giros de cámara, efectiva en todo su discurso, eficiente en sus conceptos, encarada hábilmente a denunciar el ejercicio caprichoso y represivo del poder frente a las reivindicaciones de estos seres humanos con escasa representación social.

La celda 211 se convierte en símbolo y muestra de lo trágico que es pasar al otro lado de la reja y Monzón nos lo cuenta con unos intérpretes soberbios que llevan perfectamente el peso de la película.

En definitiva, recomiendo el film para que todos podamos ver este gran desarrollo de formas y detalles bien conseguidos, disfrutar de la dificilísima actuación de Antonio Resines, vibrar con la sobresaliente interpretación de Ammann y Tosar, deleitarnos con todo el conjunto de actores y, sobre todo, porque con películas como ésta el cine se hace más grande, y completando la  lista de aciertos, la música, de su fiel compositor Roque Bolaños que ha trabajado con Monzón en todas sus películas y da con sus partituras el punto justo a cada escena.

Sólo me queda elogiar, una vez más, al señor Monzón. Esperamos ilusionados la quinta.