Crítica: Felices 140

F140_CARTEL_FLAT_AF.inddGracia Querejeta es una cineasta cercana y habitual para los amantes del cine español, tanto en la pantalla grande como en series para televisión, documentales o en cortos. Lo último que se ha proyectado de ella y hemos podido disfrutar fue en el mes de marzo pasado, en el Festival de Cortos de Rivas, su película de 25 minutos de duración “Cordelias” que obtuvo un gran éxito en este certamen. En su nueva obra para la gran pantalla de nuevo crea un marco incomparable para que se produzca y reproduzca la comedia y su giro argumental. Crítica de la película “Felices 140

Con guión de Santos Mercero y Gracia Querejeta, música Federico Jusid y fotografía Juan Carlos Gómez, “Felices 140” es la historia de un grupo de amigos, entre ellos Elia (Maribel Verdú) que cumple 40 años y, para celebrarlo, reúne en una lujosa casa rural a todo el grupo de personas a las que aprecia, pues tiene que decirles algo muy importante. A partir de contarles su secreto todo comienza a tomar tintes que no eran los esperados.

La película da comienzo como comedia, sin sorpresas ni originalidad, esto, que a veces parece tan poco, en este caso, alcanza una floreciente y sorpresiva superación. En veinte minutos quedan perfilados los personajes y preparados para atrapar nuestra atención. “Felices 140”, con pericia, un buen trazo y una proximidad atinada, es sorprendente por momentos e intrigante en muchos otros. El modo de introducirnos en el revoltijo de pensamientos de los personajes, los primeros planos de la actriz principal realizados de una manera estética y cinematográficamente perfecta, la narrativa y el collage sentimental y de suspense logra una comedia negra envuelta en tal naturalidad y espontaneidad que consigue captar el interés del espectador y mantenerle expectante hasta el final del metraje. Imagen de Felices 140Una película, cargada de detalles de actualidad, confeccionada a partir de una admirable capacidad de observación generacional, trágica, cómplice y testimonial sin pretenderlo.

Ceñida por un reparto de actores y actrices españoles sensacional, no duda en darnos todos los elementos necesarios al abrigo de ese fascinante paisaje interpretativo que siempre propicia su directora: Maribel Verdú, Antonio de La Torre, Eduard Fernández, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O´Dogherty, Ginés García Millán, Paula Cancio y Marcos Ruiz, todos y cada uno interpretando su papel para estar magníficos, pero quisiera resaltar a dos de ellos. Una resulta más que evidente, es Maribel Verdú, que con su enorme sabiduría se disemina entre el resto de miembros del grupo. Otra es Paula Cancio, aunque en esta película trabaje el papel menos destacado, es lo mejor que he visto de ella.

Obra vital en la carrera de su directora, otra postal más de cine para la colección de Gracia Querejeta.

Recomiendo no ver el trailer, queda demasiado expuesto el contenido de la trama y hace perder el interés por la intriga.

Crítica: El Niño

El NiñoEl director de cine Daniel Monzón, con guión propio y de Jorge Guerricaechevarría vuelve a enriquecernos con su nuevo trabajo que reproduce un retrato casi documental de algo existente, hace de espejo de lo que ocurre en la zona fronteriza del sur de España. Crítica de la película “El Niño”.

Guapo, atlético y parco de palabras. Trabaja en un taller de mecánica de barcos pero apenas le alcanza para lo que él supone que necesita. A pesar de su físico bravucón, es muy tímido. No es un galán ni un héroe, sino un personaje hermético, le llaman El Niño ( Jesús Castro). Su amigo, El Compi (Jesús Carroza), es quien le hace iniciarse en el mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. En el mismo lugar donde Jesús (Luis Tosar) y Eva (Bárbara Lennie) son agentes de Policía antidroga que llevan años tratando de demostrar que la ruta del hachís es ahora uno de los principales coladeros de la cocaína en Europa. Riesgo, adrenalina y dinero al alcance de cualquier descabezado capaz de atravesar esa distancia en una lancha cargada de hachís. Los destinos de estos personajes a ambos lados de la ley terminan por cruzarse para descubrir el enfrentamiento de sus respectivos mundos.

La historia es tan real que puede observarse desde fuera como un hecho traumático y un error de nuestra historia. Puede comprenderse desde adentro, como el absurdo de un tiempo en que por dinero se destrozan familias enteras sin que nada justifique el sacrificio y puede considerarse como un enorme rechazo por todo el daño que hace a nuestra sociedad.

Imagen de El NiñoPor lo demás, “El Niño” tiene todo lo que se le puede y debe pedir a una buena película. Monzón trabaja de manera más que eficiente con la cámara, con los actores y con el tiempo. Las localizaciones son buenísimas, las persecuciones, y lo más significativo: consigue crear tensión. La música de Roque Baños envuelve la imagen, y la fotografía Carles Gusi colabora con su virtuosismo a que cada minuto sea de cine intenso. Toda la película trascurre sin giros inverosímiles manteniendo siempre en vilo al espectador. En conjunto, es una cinta que a pesar de algunas cosas con las que no estoy de acuerdo, se encumbra con grandes logros.

Una película que sirve además de plataforma de lanzamiento del joven Jesús Castro, que carece en su debut como protagonista de la experiencia que quizá requiera un papel de estas características. Me puse a pensar en un momento del metraje e imaginé en el personaje de El Niño a Luis Tosar, hubiese sido otra película totalmente distinta, podría haber sido otro Malamadre..., al margen de que como policía es un placer disfrutar de su interpretación.

En cuanto al resto de personajes, por encima de todos, el desparpajo interpretativo de Jesús Carroza que contribuye de forma encantadora a dar vida a muchos momentos procurándole su toque personal, tan bien ubicado que inevitablemente las risas se hacen dueñas de la sala en algunos momentos.

Felicidades a los productores, sacan el mayor partido a una película que da justo casi lo que se esperaba… Yo esperaba más.

 

 

Crítica: Miel de naranjas

CartelEs una ficción apoyada en hechos reales: la represión, el abuso y la muerte, en la década de los 50. Imanol Uribe, con guion de Remedios Crespo, muestra aspectos concretos del franquismo y la izquierda clandestina. Crítica de la película “Miel de naranja”.

Enrique (Iban Garate) está haciendo el servicio militar, con pocas ganas y mucho trabajo, el joven está a las órdenes de un militar de alto grado que además es juez, don Eusebio (Karra Elejalde). Este soldado hace trabajo de chófer y de escribiente. Estamos en la capital de Andalucía. Enrique conoce a Carmen (Blanca Suárez) se enamora de ella y ella de él. El chico desea ilusionadamente estudiar magisterio pero su superior manifiesta unas intenciones bien distintas y exige que es mejor que se quede en el juzgado de la ciudad. El chico no puede forzar su voluntad y acepta. Su madre, María (Ángela Molina) permanece en un centro psiquiátrico, loca de dolor por la muerte de dos de sus hijos y su marido en la pasada guerra, Enrique sensibilizándose cada día más por las injusticias represivas que presencia piensa que para cambiar el rumbo de las cosas, algunos tienen que actuar.

“Miel de naranja” se centra principalmente en la vida de un muchacho, en cuya mente, poco a poco, van germinando la duda, la reflexión, el desconcierto y en el momento en que este personaje es capaz de pensar: la vida no es esto.

Toda la película hasta llegar a esta comprobación desalentada y lógica, se construye como una reflexión de aquel tiempo maldito, sobre sus justificaciones circunstanciales y sobre su problemática reprobación. Uribe ha tenido el valor de aproximarse, desde una perspectiva simulada, al problema capital de la posguerra española y ha tenido la honestidad de hacerlo sin prejuicios ni mitificaciones, con una técnica narrativa segura y sobria, más interesado en dejar el documento para la posteridad que en construir una película técnicamente perfecta. Y ahí está el testimonio, en este friso impresionante de personajes arrastrados a los infiernos por conservar el poder y la ambición. Mucho de lo que vemos en esta película recordará al espectador de manera inmediata otros hechos parecidos en los que otras películas han sido basadas, no importa, la profusión en este caso es bienhechora, esto es fondo histórico, producto de un estudio minucioso y también consecuencia de un contacto directo con los retratados, con los damnificados, con los idealistas.

“Miel de naranja” pone luz y chasquido en el pensamiento, más allá de la ambientación que es perfecta, de la fotografía acertadísima y de las interpretaciones (entre los actores también se cuentan Eduard Fernández, Ramón Ibarra, Nora Navas y Bárbara Lennie). De lo importante y lo trivial. De los imponderables que convierten en simetría un sinsentido. Tantas muertes escondidas lo confirman. La gente insatisfecha, la enfermedad, el hambre y todo aquello que debiera de haber levantado de su sillón al dictador. Pero, además, si acaso no lo he dicho “Miel de naranja” es una buena película, tensa, lúcida y contrastada, que nos presenta el lado más humano y el más brutal de la persona.

Crítica: Pan negro

Cartel“Pan negro” es una película ambientada a principios de los años cuarenta; su propósito, exponer los problemas de la posguerra, su marco es Cataluña y su centro un pueblo pequeño, en el que el tiempo se ha obstaculizado desde hace cuatro años por la cruel dictadura. La cinta de Agustí Villaronga nos describe la vida de una familia: Farriol (Roger Casamajor) y su esposa Florencia (Nora Navas), tienen un hijo de once años, Andreu (Francesc Colomer). La Guerra Civil terminó hace pocos años y todavía se arrastran las consecuencias de esa cosa terrible. Están deseosos de una vida nueva, libre de los terrores de la contienda. Estamos en el año 1944,  Farriol  que sigue fiel a sus ideales, es perseguido y acosado por las fuerzas de orden del pueblo, decide marcharse a Francia y así salvar la vida y poder alcanzar una anhelada paz, se despide de su esposa y de su hijo, al que manda a vivir a casa de su madre en una masía propiedad de los señores Manubens. En realidad toda la familia trabaja desde que terminó la guerra para estos señores, por culpa y como consecuencia de esto, los acontecimientos se precipitarán en contra de estos pobres perdedores de una guerra que no buscaron. La familia entera vivirá intensamente las crueldades de lo inhumano del ser humano, todos se verán abocados a enfrentarse con fantasmas del pasado, a intrigas silenciadas, a verdades ocultas, pero sobre todo lo padecerá Andreu este niño que será el testigo mudo de todo acto, patraña, escándalo y escarnio que irremediablemente se desarrollará delante de sus ojos, pues de forma paralela la trama llevará a este personaje, a una disyuntiva que le dejará  posada  en el lugar del corazón una dura piedra.

Agustí Villaronga hace una película correcta, con encuadres precisos, ambientación cuidada, localizaciones perfectas, la realización resulta impecable, narra una historia algo confusa, sustraída de un guion escrito por él mismo, basándose en la novela de Emili Teixidor. Muestra ambientes cerrados, escogidos adecuadamente con una sobriedad obligada a lo que el patrón exige,  enorme precisión en el ritmo narrativo, insensiblemente nos adentra,  no sólo en la denuncia de una exaltación sólo achacable al menos a gran parte de los vencedores, sino también en un  sistema en forma de dique y de la ruina de la persona como tal. Poco a poco nos regala metáforas: pájaros, alas, libertad, ideales, nos muestra lo que a veces es necesario que  inventemos, aquí me recuerda algo al “El  laberinto del fauno”, pero también hay algún instante que pienso en “La lengua de las mariposas”, y como no, en su película del año 2000 “El mar”, que también transita sobre este mismo tema. Pero “Pan negro” tiene el distintivo y la naturaleza particular de una novedosa nueva obra. “Pan negro” muestra un tema que aunque recurrente en el cine español, no resta interés ni conmoción al espectador.

Francesc Colomer, Marina Comas, Nora Navas, Roger Casamajor, Laia Marull (La herencia Valdemar), Eduard Fernández , Sergi López y Mercé Aránega, todos los miembros del reparto al unísono, actúan como si estuvieran encima del escenario de un gran teatro haciendo con sus personajes al espectador partícipe de su sufrimiento y sus miedos. Con esta película, en el pasado Festival de San Sebastián Nora Navas consiguió el premio a la mejor actriz. La música la pone con delicadeza José Manuel Pagán y el trabajo fotográfico con sus tonos muy ajustados corre a cargo de Antonio Riestra. Hace mucho tiempo que esperábamos una nueva película de Villaronga. Con cada nuevo trabajo nos demuestra su expresividad y su riqueza creando atmósferas que trasmiten pasión y veracidad.

Aunque pueda ser necesario enterrar historias, cerrar heridas, yo doy la bienvenida a todo lo que sea recordar a nuestros antepasados, no debemos de olvidar lo que es parte de nuestro pasado cercano, es posible que haya espectadores que vean en esta película un drama costumbrista, pero para otros muchos son recuerdos de cosas vividas o vivencias contadas por los mayores, todos sabemos de casos que ocurrieron en cientos de pueblos de España, en el mío, por un motivo u otro, en todas las familias había un drama que contar en aquellos años. Pasaron tantas cosas que se escapan a la razón…