Crítica: Nunca me abandones

Cartel“Nunca me abandones”, película que desgrano en mi crítica de hoy, es la adaptación de una novela del escritor japonés con residencia en Londres, Kazuo Ishiguro,  está dirigida por Mark Romanek, que ya tuvo la intuición especial de mostrarnos la soledad del hombre como metáfora en “Retratos de una obsesión”, a cuyo personaje principal dio vida tan magníficamente Robin Williams. En la nueva historia que dirige Romanek nos muestra, una humana fábula firmada con identidad, enmarcando sus microficciones en un delicioso relato íntimo, un tríptico afectivo y angustiado.

El argumento nos encierra en una brutal anormalidad, ésta es la trama: Para Kathy, (Carey Mulligan),   Tommy (Andrew Garfield)  y Ruth (Keira Knightley) los años pasaron difusos, carentes de satisfacción, rígidos en el trato y en los convencimientos. Viviendo su dura y solapada quimera pasan su infancia en Hailsham, un internado inglés, aparentemente superior, con estrictas normas para regir el comportamiento de los alumnos, este distinguido colegio está regentado por una amable y fría, profesora, la señorita Emily  (Charlotte Rampling) que imparte su credo con la más distante sensibilidad. El día que llega una profesora nueva, la señorita Lucy (Sally Hawkins) los chicos descubren algo imposible de creer, en esa reflexión llegarán a ser mayores, mientras tanto vivirán intensamente lo cruel de la amistad, de los celos y la desesperanza

Mark Romanek en “Nunca me abandones”, pone en imágenes una historia incómoda y absorbente, con un recorrido preñado de incertidumbres, hermosa, inquietante, intensa, la peripecia vital de unos jóvenes, que en lo más tierno de su existencia rompen el hechizo, de lo primordial que al ser humano nos da fuerza, el futuro.

Analizando este film ni siquiera un estricto juicio de valor, debiera objetar su acabado, la fotografía de Adam Kimmel, lo seductor de su desarrollo, su diseño estético, la perfecta distribución de cámaras, el magnífico retrato de personajes, la música de Rachel Portman, la sobriedad de los espacios cerrados, la tristeza de los espacios abiertos, la fuerza del relato que sin giros narrativos y gracias a ello, nos mantiene dentro de sus pozos emotivos,  y evidentemente los actores que en “Nunca me abandones” poseen  una crecidísima solidez y carisma. Los tres principales intérpretes encantan con su actuación, subrayando a Carey Mulligan, formidable su interpretación. Al reparto se suma, Domhnall Gleeson.

“Nunca me abandones”, debido a los valores que promueve su fondo y  aun mostrando el aspecto fatalista de la historia, seduce y convence, además de por otros motivos, porque el guion ha sido desplegado con dulzura, mostrando esa alegoría de la vida humana y buscando la reflexión

Destaco una hermosa escena, la de dos personas que creyendo en su amor y pensando que eso les hace fuertes, corren y corren perpetuos en su dicha y su seguridad, ansían salir del infierno que los mantiene atascados y los debilita, ellos, necesitan generar un  futuro largo y esclarecedor.

Salimos del cine mi compañero y yo, callados, como si no quisiéramos romper el hechizo, o quizás  no teníamos palabras que rompieran el hielo que nos hiciera apearnos de esa magia.

Flor del desierto

La directora americana Sherry Hormann nos trae una película con la que saca a la pantalla a una mujer digna de admirar.

Es la vida de Waris Dirie, que por culpa de una tradición absurda y retrograda pasa de ser una niña feliz a ser una marioneta de su destino. A los cinco años le practican la ablación y ya para siempre tendrá esa sombra que condiciona su existencia. Como puede sale de aquellas tierras tan queridas y tan mal gobernadas de Somalia, sin tiempo de llantos ni para acordes solemnes, el cielo de allí arriba está demasiado distante y ella necesita guiar sus pasos y sus pensamientos, crear sueños, descubrir las virtudes del ser humano que seguramente existen. A los trece años con una absoluta falta de medios se agarra a la esperanza y mira al mundo con esa mirada suya rebosante e infinita, son muchas trabas las que el futuro le tiene reservadas pero es una superviviente y después de muchas dificultades logra tener una vida de calidad humana. Dirie se convertirá en una gran modelo, escritora, embajadora de la ONU  y en un ejemplo para muchas otras pero la imagen que siempre llevará en su corazón será la de su infancia antes de que “aquello” ocurriera cuando aún era feliz.

La película es de difícil análisis y valoración, por un lado el fuerte contenido de fondo con que nos encontramos: un crudo documento sobre cómo la protagonista es víctima de una tradición injusta y que además las mujeres asumen porque es la garantía de su virginidad y el salvoconducto para que el hombre la respete y la ame; por el otro, la relajación de la directora ante una historia tan relevante  que sería  ideal para sensibilizarnos con una puesta en escena mas impactante. Sólo tiene puntuales destellos de inteligencia cinematográfica para una película que podía haber sido de gran formato. Aunque  los tramos inicial y final tienen diez minutos de meritoria intensidad y algún vestigio de talento, el resto del metraje desfallece sin remedio, pues no tiene más pretensiones que mostrar la realidad para que la analicemos reflexivamente, con lo cual hace perder mucha parte de su credibilidad cinematográfica.

La actuación de Liya Kebede, brillante, dando vida a una mujer dentro de un laberinto en un mundo de tinieblas, que sueña con una realidad preñada de libertad. No se puede decir lo mismo de Sally Hawkins que sobreactúa irritantemente como ya lo hizo en “Happy: un cuento sobre la felicidad”, haciéndose incomoda y desconcertante.

En cualquier caso, lo mejor es el auténtico interés humano y social de la historia, una realidad que debe convivir con todas las personas aunque no seamos conscientes de ello, aquí hay una denuncia expuesta con la que debemos ser solidarios. Un llamamiento a los derechos humanos, desde el discurso de una mujer que gracias a la posición social adquirida tiene su pulpito para la llamada. Gracias a los escritos y discursos de Waris Dirie catorce países africanos prohibieron la ablación en el año 2007, sin embargo otros muchos gobiernos no se hacen solidarios aunque saben las graves consecuencias de esta atrocidad.

Según la ONU todos los días seis mil niñas la sufren.

Waris Dirie ha sido embajadora de la  ONU en África,  siempre  a favor de los derechos de las mujeres y los niños.  Publicó un libro con la historia de su vida del cual Sherry Hormann ha sacado el guión  para este film. Ha  publicado varias novelas sobre la mujer africana. Es ponente en numerosas conferencias y coloquios, siempre defendiendo la libertad y la dignidad de las mujeres en África y en contra de la mutilación genital femenina.

La mujer que hace la ablación en la película es realmente la que durante cuarenta años la practicó a miles de niñas, lleva tres años concienciada y ahora se niega a hacerlo.

Esta película ganó el premio T C M  del público en el pasado Festival de San Sebastian.

De vuelta en Madrid. Cantabria y Asturias perfectas. Lo que no conocía: a la altura de cómo lo había imaginado y más. Nunca anteriormente estuve en Santander. Ahora estoy enamorada de esa bella ciudad. He conocido lugares divinos. También he convivido con buenas gentes, personas divertidas, abiertas, encantadoras, muy afines a mis costumbres y aficiones.

Desde aquí  esta noche, miro por la ventana y con claridad casi tangible, veo, a mis compañeros de viaje, los sevillanos, con su simpatía sin igual, a los magníficos villarealences enormemente agradables, a las cordobesas, a la parejita de jovencitos, encantadores todos. Unos días que repetiremos.

Y ahora sigamos comentando cine…