Crítica: Balada triste de trompeta

CartelSentada sobre docto innovador, la película al análisis de hoy, “Balada triste de trompeta”, parece atrapar sueños, sueños de la razón y la sinrazón, engendrando monstruos,  y no describo así el manejo de Alex de la Iglesia, sino a los personajes desdeñosos y extravagantes que ven la luz en el seno de la más transgresora de las películas de este director, quizás un auto homenaje a su estilo cinematográfico. De la Iglesia es un elemento clave dentro del mosaico del cine en España, conjugando la instauración con la fidelidad, “Balada triste de trompeta”, objeto de esta crítica, es su nueva obra dramática en tono de comedia.

Con aire vesánico empieza su recorrido, cuando una multitud de soldados entran en un circo en plena función, la  instalación  está repleta de gente feliz viendo el espectáculo; a partir de la incursión, la realidad de sus vidas, cambia, entre todas, y como ejemplo, las que nos muestran son las gentes del circo, y más concretamente, las de los payasos, que no son aquellos, son sus herederos de profesión y confesión. El payaso triste (Carlos Areces) es un hombre temeroso, retraído, que llena el vacío de su vida arrastrando recuerdos de la infancia; el otro, el payaso listo (Antonio de la Torre) violento e intransigente, con la posesión de la verdad y la razón por encima de todos los que le rodean, los dos hombres tienen una misma inquietud y el mismo desatino; la trapecista(Carolina Bang), esa hermosa mujer que a los dos cautiva.

Hay una cosa en la película que está patente, -sobre todo por su buen inicio-, adentrándonos en el recorrido llegamos a un sórdido escenario que opera escarbando en la basura de los sentimientos, introduciéndonos por el ojo de una cerradura en hechos cuyo simbolismo nos descubre los miedos, los secretos, los deseos ocultos y pesadillas paranoides de una perspectiva con atributos más que obvios. Y Álex de la Iglesia lo hace arriesgando, como si fuera una función de servicio público, buscando la profundidad de su discurso, ahondando en situaciones dramáticas, mezclando los jugosos y violentos mensajes y el ritmo histérico, con el humanismo conciliador que es intrínseco a esta película hasta límites insospechados, su grotesca fachada no es sino una muestra de igualdad entre los dos personajes, y por ende, entre todo lo que representan.

La ilimitada imaginación  de este director y sus consecuencias  imprescindibles, hacen  a “Balada triste de trompeta” la película más irreverente y expresionista de su tendencia que hayamos visto últimamente, obra en perpetuo estado de excentricidad, historia violenta de raíz y de visión pues todo su recorrido muestra la atrocidad  y el descarno como regla del juego, al inicio de la crítica hablaba de algo patente en la película, y eso es, su intención, su voluntad de extirpar el quiste social, Álex de la Iglesia se ha convertido en una gran figura del cine más arriesgado de nuestro país, un perfeccionista de lo imperfecto.

Buen trabajo interpretativo de Carlos Areces, tensionando al máximo su interpretación y dándole credibilidad a su personaje; Antonio de la Torre se rodea de una  auténtica demostración de convicción para interpretar a ese bravucón hombre; Carolina Bang, faro de la narración, se suma a la hora de acumular aspectos positivos en el reparto. Además de ellos, Santiago Segura, Sancho Gracia (Entrelobos), Alejandro Tejeiras, Juana Cordero y muchos más que juntos completan un conjunto interpretativo acertado, la música de Roque Bolaños atinada, y la fotografía de Kiko de la Rica, brillante.

“Balada triste de trompeta” es una película difícil de recomendar, puede que guste mucho y puede que no guste nada, a mí me ha convencido por su estética, por su mensaje y por muchos otros aspectos.

Si queréis saber algo más, aquí podréis ver la presentación de la película.

Crítica: Entrelobos

CartelMi crítica de hoy lunes es para una nueva y preciosa película que ha irrumpido en las salas de nuestros cines, “Entrelobos”, dirigida por el director cordobés Gerardo Olivares, del que recordamos varias obras que dejaron un rastro inolvidable en nosotros: “14 Kilómetros”, “Una nube en Bhopal”  y “La gran final”, todas dueñas de un formidable puñado de premios. Olivares escribe el guion fundamentando su argumento en la vida real de Marcos Rodríguez Pantoja nacido en Cardeña, provincia de Córdoba. Un hombre que siendo niño, cuando tenía siete años, fue vendido por su padre a cambio de cinco cabras al señorito de la finca donde se cobijaban; este poderoso rico (José Manuel Soto) se lo mandó a uno de sus cabreros (Sancho Gracia) para cuidar el rebaño, con él aprendió a cuidar de los animales, a buscar comida , a cazar de formas distintas, y a curar heridas de forma natural en un perdido valle de Sierra Morena, lugar que hoy forma parte del parque natural de la sierra Montoro Cardeña. Al poco tiempo el cabrero muere y Marcos (Manuel Camacho, de niño, y Juan José Ballesta , en la juventud) se quedó sólo, y completamente aislado en medio de un paraíso rodeado de toda una fauna solidaria.

Gerardo Olivares seduce con el guion por su grandeza de mensaje sin entrar en la substancia política que entonces sitiaba a Andalucía,  pero además lo narra de  forma tan poética, sosegada y placentera, con una lírica cinematográfica tan atrapante que hace de “Entrelobos” un bello manjar para el espectador. En “Entrelobos” no hay nada efímero, todo está consolidado ya desde la idea hombre-naturaleza, el creador de “Las rutas de las Córdobas” nos introduce de lleno en la vida del personaje, la apasionante a la vez que desgraciada niñez de Marcos, al tiempo que brinda un documento inédito y fascinante de lectura universal, analizando desde un punto de vista pedagógico, divulgativo y palpable el hábitat deslumbrante de Sierra Morena. Olivares nos ofrece desde la palma de su mano como ubre inmensa, las cuatro estaciones que visitan el fulgente macizo. Si a ello le ponemos una pulcra y calculadamente efectiva fotografía del maestro Óscar Duran, el toque de filmación de animales de Joaquín Rodríguez Cacha, que se ensalza con la envolvente y hechicera música del director Klaus Badelt, y a la vez un grupo de excelentes actores que trabajan sus personajes como si fueran aquellos que lo vivieron, entonces tenemos como resultado “Entrelobos”, una película que no puede decaer, que siempre estará fresca para disfrutarla.

Manuel Camacho, Juan José Ballesta (Bruc, el Desafío), Carlos Bardem, Luisa Martin, Sancho Gracia Balada triste de trompeta), Antonio Dechet, Rodolfo Sancho, Eduardo Gómez Manzano, y algunos más, todos consiguen una obra terapéuticamente recomendable.

Yo, he contemplado días inmensos y noches estrelladas en aquella querida sierra a la que siempre arropa el mismo abrigo verde en sus dispares tonalidades, llueva, haga sol o esté nevando, esa sierra es en sí misma una exposición explícita de la naturaleza agradecida. He sido muy afortunada de escuchar en la noche los aullidos de los lobos con mis tíos de Venta del Charco en la finca “La Onza”. En aquellos meses de vacaciones, una niña feliz que descubría cada día con mis primos lo nuevo que el monte nos daba, recuerdo aquello con la mayor de las devociones, ahora visito con regularidad la zona, sobre todo Cardeña. Precisamente allí pude conocer por estas fechas, el año pasado, a Juan José Ballesta, en los días de pleno rodaje (guardo las fotos con gran cariño),  además de Marcos Rodríguez Pantoja y Gerardo Olivares.

“Entrelobos” es un regalo para los sentidos.

Gerardo Olivares triunfa de nuevo con su cine palpitante.