Crítica: El exótico Hotel Marigold

Cartel“El exótico hotel Marigold”, una comedia dramática, estructurada en torno a un viaje de mayores y el análisis de sus problemáticas, es la obra agridulce del director inglés John Madden. Vagamente inspirada en el libro de la escritora inglesa Deborah Moggach, Madden se sintió atraído por los materiales que componen la historia, pues en ellos se expresa uno de los temas más actuales.

En un día de primavera y en distintos lugares de Inglaterra, se inicia supuestamente esta historia, los personajes son: Evelyn (Judi Dench), Douglas (Bill Nighy), Muriel (Maggie Smith), Graham (Tom Wilkinson), Madge (Celia Imrie), Norman (Ronald Pickup) y Jean (Penelope Wilton), todos, son personas mayores: jubilados. Bajo el brillante resplandor de un anuncio de viajes, que proyecta un maravilloso hotel en la India para personas con su perfil, ninguno de los siete ancianos tiene que hacer esfuerzos para ilusionarse y sacar el pasaje. Mientras que unos tienen un motivo para viajar, los demás por otra cualquier causa también ven atractivo el destino elegido, no se conocen, el primer encuentro lo tienen en el aeropuerto. Enseguida hablan del maravilloso sitio al que se dirigen, de “El exótico hotel Marigold” y de cosas intranscendentes, incómodos por el crepúsculo de su lejana primavera, llevando en sus corazones ráfagas de recuerdos perdidos en la penumbra de un claustro no tolerable. Después, ya en la exótica ciudad de Bangalore, encuentran lo que sin esperarlo, quizás, es seguro el camino de la ilusión. Hace que todo parezca de diferente color: las tonalidades de la India, sus matices calurosos y armónicos, su ambiente, su olor, su espacio de luz y las atractivas figuras en movimiento con su estruendosa algarabía, músicas que acariciaran sus oídos y cantos que percibe el espíritu… notas sueltas que el viento lleva y trae.

“El exótico hotel Marigold” es una película de trama apenas esbozada, no hay nada que desenmarañar, no existe una cábala compleja, sólo es una historia de personajes con relaciones normales, siempre en torno a la reflexión que rige la idea de su guionista Ol Parker, y su director, John Madden. No predica rescates, ningún tipo de favor, ni sutilezas que la envuelvan, sólo explora en los dilemas de la tercera edad. Una colección de trabas presentadas desde el humor, la inteligencia y la esperanza, que sin decirnos nada nuevo, ofrece un espectáculo cinematográfico ingenioso y sofisticado. La película abandona el peligro de dramatizar situaciones, haciendo habituales las chispas de humor negro, al tiempo que maneja el entramado emocional y te hace evocar sentimientos gracias a los excelentes diálogos.

A pesar de que, como dije anteriormente, no hay nada extraordinario en “El exótico hotel Marigold”, ya que su sencilla historia es totalmente previsible desde el principio, la película es de una sutileza exquisita, capaz de crear un vínculo genuino de paralelismo con el espectador. El entramado de “El exótico hotel Marigold” permite al director dejar a sus actores que exploren en las distintas relaciones personales y las  cuestiones sobre cada identidad, gracias al amplio margen concedido para la improvisación, John Madden deja que las relaciones se vayan desarrollando de forma pausada y con deliberada claridad, sintetizando en las rutinas de la vida de los personajes más que en las transcendentales aventuras que tienen lugar dentro y fuera del “El exótico hotel Marigold”.

Concentra esta película el brillo que dan sus actores: ese gran plantel de actores ingleses que es todo un hallazgo y un acierto; aún así, para mí, la más digna interpretación es la de Judi Dench que luce con una mente vertiginosa y una verbal vivacidad. Destaco también la característica eficacia en el uso del color de Ben Davis, haciendo una fiesta visual de los pasajes hindúes, y de la música, a cargo de Thomas Newman, que se distribuye sutilmente, haciendo un retrato de la ciudad suficientemente suculento para ser saboreado.

Crítica: La deuda

CartelAdentrarse en el intuitivo cine de oscarizado director John Madden es siempre interesante. “La deuda”, lejos de ser una obra maestra, nos propone ver a tres personas que se enfrentan con sus propios fantasmas personales, teniendo que tomar una decisión sumamente moral. Debo decir antes de seguir que “La deuda” es un remake de “The Debte”, una película del 2007, del director israelí, Assaf Bernstein. Un film atrevido, que se va estructurando conforme avanza. Retrato oscuro de un momento de nuestra realidad contemporánea.

La historia comienza en 1997 con la presentación de un libro sobre tres agentes secretos del Mossad: Rachel (Helen Mirren), Stephan (Tom Wilkinson) y su compañero David (Ciarán Hinds). El libro lo ha escrito la hija de Rachel y en él encumbra los hechos e incidentes del trío de espías en una valerosa operación realizada por encargo de su país para hacer justicia por los muchos crímenes cometidos contra su gente. los oficiales, a lo largo de los años, han sido muy considerados por Israel por aquella famosa y secreta misión; cuando en 1964 localizaron al criminal de guerra nazi , Dieter Vogel (Jesper Christensen), “El cirujano de Birkenau” que, en esos momentos, ejercía impunemente como ginecólogo en Berlín. Rachel (Jessica Chastain) y sus compañeros, Stephan( Marton Csokas) y David (Sam Worthington), entonces muy jóvenes, tuvieron que superar pruebas muy difíciles, arriesgaron mucho y pagaron muy caro el hecho de cumplir la misión.

Esta película capta la esencia resuelta y relevante de John Madden. Una se olvida a los tres minutos de que el metraje que está viendo es una ficción. Puede que en mi caso crea ver metáforas donde posiblemente no las haya y una concepción de rigidez me recorra a bandazos durante los 114 minutos. John Madden sincroniza su experiencia cinematográfica con su ya diestro proceso de montaje. “La deuda”, rodada en Tel Aviv, Berlín y Ucrania, contiene una trama con reminiscencias del holocausto nazi y ficción, muestra dosis de realismo, pues alude a una historia que la realización dramatiza a lo largo de flashback intermitentes. Así pues, importante película de un director que siempre absorbe y que en esta ocasión se olvida de sus mensajes tradicionales y se ajusta a una época y un pueblo: el judío, centrando su mirada desde el punto de vista de un ciudadano israelí, Assaf Bernstein.

Las interpretaciones son aceptables, cumpliendo claramente con las exigencias argumentadas, aunque a Tom Wilkinson y a Ciarán Hinds se les percibe algo desafortunados en su forma de trasmitir. Sam Worthington compone perfectamente su personaje. Jessica Chastain demuestra tener una interesante fuerza artística sacando adelante admirablemente su papel. Helen Mirren también aporta su experiencia, dejándonos una actuación templada a la vez que explícita. Del mismo modo, son validas aunque sin tanta relevancia las interpretaciones de Marton Csokas y Jesper Christensen.

“La deuda” es una inquietud, una maniobra inexistente, pero también es una mirada al pasado para que no se apague la flama, a la vez que un recordatorio de indignación y frustración, acompañado del sentimiento de impotencia que el tiempo siempre regala. Algunos espectadores harán preguntas, otros quedarán reflexionando, la mayoría no podrá dar respuesta alguna, y nadie… quedará indiferente.