– Mejores efectos especiales: Balada triste de trompeta.
– Goya de honor: Mario Camus.
Por si no lo visteis ayer, éste es el (tan esperado) discurso del hasta ahora director de la Academia, Álex de la Iglesia. (Si prefieres leerlo, aquí lo encontrarás íntegro )
El solvente artesano de historias, M. Night Shyamalan, juega a desplegar un catálogo de sus propias referencias en “La trampa del mal”, la crítica de hoy viernes que con guion de Brian Nelson y dirección de John Erick Dowdle, utiliza un relato de Shyamalan. Se distingue por sus habituales lecciones apocalípticas y su arrebatadora mística emocional, con este largometraje aterrador, que deja sin argumentos a aquellos que le atacan basándose en que la identificación de su estilo no llega a los parámetros exigidos por él mismo. Esta nueva historia de Shyamalan es la primera parte de una trilogía llamada Crónicas de la noche.
Mi propósito al escribir este análisis es hacer una reflexión sobre el tema que nos pone sobre la mesa “La trampa del mal”. Un día como todos, te levantas, desayunas y sales a trabajar, o a cualquiera de los quehaceres que habitualmente hay que realizar fuera de casa, te subes en el metro o autobús y contigo decenas de personas, a la mayoría no las has visto antes, el lugar donde te diriges es la oficina, la consulta del médico o el gimnasio, da igual, el caso es que cuando llegas a tu destino para acceder a ello, necesitas coger el ascensor, otro medio donde se comparte un espacio limitado con gente desconocida. Eso es lo que le ocurre a: Old Woman (Jenny O’hara), Vicen McCormick (Geoffrey Ared), Ben Larson (Brokeem Woodbine), Sarat Alcaravea (Bojana Novakovic, Al límite) y Tony Janekowski (Logan Marshall-Green), los cinco personajes principales de “La trampa del mal”.
“La trampa del mal”, que tiene su propia página web, es una película que se mueve entre el género de terror y el puro thriller, con escenas dispuestas entre ellos, establece una auténtica barrera diferencial. Es toda la película una ilustración de los vacíos intentos de los cinco personajes, por salir de su jaula, momento donde lo paranoide se apodera y torna la difusa realidad, y la incapacidad de los de fuera para sacarlos del maldito ascensor. Curiosamente, o tal vez porque todo oscurece cuando ocurre algo fuerte, te quedas como que no sientes lo que te están vendiendo, no te saca ninguna piedad por eso terrible que te cuentan. “La trampa del mal”, al ser una película de este tipo, tiene la posibilidad de avivar una serie de posibilidades infinitas, da una respuesta convincente pero pierde indefinidamente por su escalonado fundamento argumental y su pesado recorrido fantástico. En esta película, en mi opinión, coexisten demasiadas propuestas y se le da una mínima importancia a lo definido, a medida que avanza la proyección, el espectador expectante espera el desenlace, pero la resolución que se nos da no es del todo convincente; inconcluso se diluye el clímax en una obra que quizá funcionase de maravilla con diferente final. Por encima de todo esto, que sólo interesa a los que rebuscamos en los detalles de cada obra que vemos, hay una colosal tensión argumental y gran respeto a las criterios elementales del libreto Shyamalan del que podéis ver una entrevista aquí.
La próxima vez que suba en un ascensor seguro que escudriñaré en las caras de los que lo comparten conmigo para averiguar a cuál de ellos les viene mejor ser el malo de mi película, o quizá no lo haga, pero seguro que de la historia de Shyamalan sí que me voy a acordar.
Comienzo la crítica de “Primos”, adulando al director de cine español Daniel Sánchez Arévalo, por sacar un producto totalmente distinto en cuanto a diseño y forma a sus antecesoras obras “Azul oscuro casi negro” (2006) y “Gordos” (2009). Me parece muy apropiado que los cineastas españoles nos muestren todos sus recursos.
Teniendo en cuenta que, en esta ocasión, el arquetipo es una historia desenfada, el humor, habita, agarra y llena las diversas temáticas que propone.
Sin lugar a dudas la película trata de retratar circunstancias en la vida de unos “Primos”, tres, que nos sacan con suficiencia la carcajada, el primo Diego (Quim Gutiérrez), el primo Julián (Raúl Arévalo) y el primo José Miguel (Adrián Lastra). A Diego, lo ha plantado su novia en el momento mismo de la boda; él, con sus primos en la iglesia, con un tremendo bajón, desea que le trague la tierra, pero Julián tratando de ayudar, le convence para viajar los tres juntos a Comillas, un bello pueblo de Cantabria, donde de pequeños pasaban las vacaciones juntos. Allí se encuentran con Martina (Inma Cuesta), una guapa chica amiga de los tres, y que ahora es madre de un niño, Dani (Marcos Ruiz); también en el pueblo están el Bichi (Antonio de la Torre) el dueño del antiguo videoclub, y su hija Clara (Clara Lago). El pueblo está en fiestas, y entre los festejos y el paradisíaco entorno, viven situaciones emocionales, tiernas, irresistibles y alguno de ellos disfrutará en exceso e irremediablemente del agua del mar.
Sánchez Arévalo presenta en “Primos” distintas alternativas cómicas, así desde el primer momento hasta el último, se van soltando las situaciones para generar la jocosidad idónea, pero en el fondo desde la forma burlesca de contarlo se vislumbra una mirada a los claroscuros de las relaciones actuales, toca sin que el espectador lo perciba, el tema de de la superprotección, la identidad, el desamor, la superación, y propone y lanza un divertido mensaje en contra de la soledad.
Me gustaría cerrar mi opinión sobre la película “Primos”, hablando de los actores, tres de ellos asiduos en las películas de este director, Arévalo, Gutiérrez y de la Torre. Raúl Arévalo representa un tipo divertidísimo realizando un papel casi protagónico con una enorme habilidad. Quim Gutiérrez, en su papel de protagonista sumido en la tristeza de los desamores, confiere a su personaje la ingenuidad y la indecisión necesarias para mostrarse entrañable. Antonio de la Torre es tremendo en la escena, el personaje y el oficio que representa es totalmente decadente, ni su oficio, ni su vida, funcionan. (Me encanta su deformación profesional, me identifico). Genial. Adrián Lastra está superlativo como el más desamparado y débil de todos los primos, llevando con gracia su carácter hipocondríaco. Inma Cuesta nos deja siempre sin palabras ante su serena belleza, sabe posar y resulta expresiva y sensual ante la cámara, su camino está siendo bien abonado. Marcos Ruiz, otro de los niños que nos sorprende en el cine. Clara Lago, Alicia Rubio, Nuria Gago, correctas con un papel más limitado.
“Primos”, de Daniel Sánchez Arévalo, puede ser considerada con certeza como una comedia muy divertida, para mí, su lenguaje crudo y rudo, desentona por reiterativo pasando a ser casi obsceno, por lo demás debo decir que he reído con ganas porque es divertidísima.
Esta crítica la dedico a “El demonio bajo la piel”, nueva película de Michael Winterbottom, director de cine británico, polémico por su perspectiva examinadora de la condición humana, de ese modo necesario de traspasar las realidades en un retrato de real objetividad, cineasta preocupado por la sociedad donde nos desenvolvemos.
De manera incansable va inflando historias sacadas de la literatura, para traspasarlas a las pantallas de todo el mundo. El argumento de la adaptación cinematográfica de “The Killer inside Me”, “El demonio bajo la piel” en su traducción, presenta a un hombre que a pesar de su enfoque en apariencia favorable, tiene una autoimagen más bien negativa, aunque no deteriorada en exceso, hasta el punto de querer ahondar en la procedencia de sus dificultades; para él cualquier intento de observación y recuerdo es introducirse en un túnel de ansiedad destructiva, ve cosas que le duele ver, pasando a su realidad interior que no entiende de razones lógicas. Su nombre es Lou Ford (Casey Affleck), hijo del doctor Ford, su único hijo biológico. Es policía en Central City, trabaja en la oficina del sheriff. Lou nació aquí, en esta parte de Texas, vive cómodo en este apartado lugar. Estamos en medio de los años cincuenta, una década de recuperación económica grandes cambios sociales y principio de revolución cultural, pero en este pequeño sitio todo es ajeno. Para Lou hoy es como otro día cualquiera, la tarde penetra por sus sentidos tamizada y realzada, se siente bien francamente, su vista recorre las calles desde su coche pasando rectas como cuchillos afilados, al llegar a la oficina, su jefe le asigna la misión de ir a comunicar a una prostituta Joyse Lakeland (Jessica Alba, Machete) que debe reducir su jornada de trabajo, a Lou no le gusta su cometido, un fogonazo de contrariedad lo ofusca revelándole su pozo interior, piensa y piensa en el pobre control de sus impulsos. Las cualidades de esa mujer que va a conocer le plantean un desafío, Lou parece pedir que no le conquiste la chica, él quiere dominar; ése es otro elemento de su personalidad.
Desde su misma raíz, antes de dejarnos cautivar por algunos de los verigüetos de la historia que componen “El demonio bajo la piel”, la carta de presentación, la factura visual y la catadura del film ya nos deja cautivados. Esta historia que hoy nos ocupa, fue escrita en el año 1952 por Jim Thompson, escritor y guionista estadounidense de novelas policiacas, uno de los principales escritores de la novela negra. En 1976, Burt Kennedy la llevó al cine con el titulo “Un asesino dentro de mí”, obteniendo el beneplácito de público y crítica, ahora en 2011 Michael Winterbottom, se atreve a tomar la dirección de una obra que confecciona, perfila y concluye. Este director, en 1994 realizó, su primera película “Besos de mariposa”, a partir de ese momento se lanza a dirigir toda una serie de filmes y series, la mayoría, de calado social, no con muy alto presupuesto. Entre ellos se encuentra “Jude”, “Bienvenido a Sarajevo”, “ Un corazón invencible”, “Camino a Guantánamo”, “En este mundo” y “Código 46”; también rueda en 2009, “La doctrina del Shock”, documental sacado del libro de Naomi Klein que con agudeza de lince, nos habla sobre el libre mercado y el triunfo democrático del capitalismo. Muy premiada y totalmente recomendable.
Winterbottom, trabajador incansable de trayectoria espectacular, en esta ocasión, hace de “El demonio bajo la piel” un ardid para recuperar monstruos antiguos. Al proponer la conducta como producto analizable está claro que en “El demonio bajo la piel”, dos fuerzas combaten a lo largo de su nervio, la cordura y la sin razón, ambos acaban enfrentados en una conjeturada maraña: el infierno de una mente cuando ésta se rinde a los espectros del pasado.
Bastan unos segundos para contagiarnos con la actuación de Casey Affleck, su frialdad de expresión, su tranquilidad paseando al personaje, su fingida sonrisa; el conjunto de su trabajo hace un todo escalofriante. Jessica Alba, excepcional para mí, su gran actuación. El resto del elenco va cumpliendo aceptablemente sus responsabilidades: Tom Bower, Elia Koteas (Shutter Island, Déjame entrar, Two lovers), Ned Beatty, Simon Baker, Bill Pullman, Lian Aiken y Kate Hudson.
La música de Melisa Parmenter puntualmente encajada, en fin, una película que recomiendo. A mí, me ha gustado mucho, pero cuidado, tiene escenas muy fuertes.
Se me olvidaba, la ambientación, la fotografía y la recreación de los cincuenta, perfecta.
Cuéntame…