Crítica: El niño de la bicicleta

CartelA los ojos de un espectador exigente, el rasgo más notable de la película puede ser la forma en que se trabajan los elementos propios del realismo cotidiano, pero en general y mirándola desde el peso de sus distintas facetas, esta obra netamente artística agradará por cada uno de sus estudiados detalles. Crítica de la película “El niño de la bicicleta”.

Narra la peripecia vital de un chico de once años Cyril Catoul (Thomas Doret) que vive en un colegio para niños abandonados y que en una mañana de caluroso verano, valiéndose de tretas estudiadas, se escapa. Su padre no responde al teléfono, no viene a verle, no da señales de vida. Cyril no puede dar crédito a la idea de que su padre le haya abandonado. Con el corazón desfallecido y el cuerpo agitado por un temblor nervioso llega a la que fue su casa, pero se encuentra que allí no vive nadie. En aquel momento a Cyril Catoul le hubiera gustado tener a alguien en quien refugiarse pero no hay nadie a su alrededor que le dé consuelo. Desesperado y temiendo que sus cuidadores le encuentren, se tropieza con Samantha (Cécile De France) una mujer joven y cariñosa de profesión peluquera, que hará que la vida del pequeño tome un camino diferente, aunque juntos pasarán por demasiadas contrariedades.

 “El niño de la bicicleta” es una película tierna, que narra de forma tranquila los problemas y valores de la vida. Es un trabajo realizado por los hermanos Dardenne, del que también son guionistas. Una historia entrañable, con una gran lección de filosofía.

Ofrece desde un reducido espacio, todo el dolor y el desarraigo, a la vez que la más auténtica expresión humana. Como siempre, Pierre y Luc Dardenne dibujan diferentes contrastes entre los personajes y no nos deja de sorprender la perfección de “El niño de la bicicleta” en los pequeños detalles del entorno habitual, la poesía que encierran muchos momentos en las cosas más sencillas, en las menos destacadas; es tan liviana, tan sutil que casi pasa desapercibida y ciertamente es el corazón de la narración.

Muy bien por Thomas Doret, metido en la piel de Cyril Catoul, gran trabajo de Cécile De France, como Samantha, la cariñosa protectora de chico, el dúo aporta una enorme cuota de solidaridad, amor incondicional y compañerismo. La música tiene momentos realmente gloriosos, los compases de Emperador de Beethoven adornan maravillosamente el drama.

Perfecta desde la intención y con fuerza desde la convicción.

Evocadora, un poso de cine agradecido.

 

Crítica: La ruta irlandesa

CartelEl impacto sicológico de la guerra. Crítica de la película “La ruta irlandesa”.

La seguridad en el director y la comprometida realización de esta película, una obra esperada por su entidad, en la fértil carrera del cineasta inglés, es lo que atrae, además de la coherencia controvertida, el buen hacer cinematográfico de Ken Loach y su guionista talismán, Paul Laberty.

Drama ambientado en Liverpool, Inglaterra, naciendo la trama de donde brota su título, “La ruta irlandesa”, la carretera que va del aeropuerto de Bagdad a la zona verde internacional en Iraq , hasta allí viajaron dos amigos Frankie (John Bishop) y Fergus (Mark Womack) a trabajar como mercenarios. Frankie muere misteriosamente por lo que su amigo Fergus se traslada a Liverpool para el funeral y se encuentra que la empresa que les contrató sólo quiere olvidarse del hecho, restándole toda la importancia política que pueda tener. Abusando del poder engañan a la familia, pero Fergus está convencido de que la empresa miente y sin miedo ni meta, se pone a investigar de forma obsesiva. La esposa de Frankie, Rachel (Andrea Lowe) le ayudará en la medida que pueda.

Dentro del canon kenlochiano, “La ruta irlandesa” tiene una excepción, pues no sólo permite que el espectador elucubre sobre lo que sucede hasta el final de la misma sino que, además, nos concede la facilidad de pensar qué habrías hecho tú ante esa situación. No es una historia que se perciba como ficción, es una historia de las muchas sucedidas a lo largo de la guerras que los gobiernos nos obligan a sufrir, hechos de los que cada día estamos acostumbrados a ver en los informativos de la televisión.

“La ruta irlandesa”, narrada mediante flashbacks a partir de los protagonistas, no deja escapar ni la mas mínima oportunidad de hacer ondear bien alto la denuncia de las malas artes de las empresas americanas en Iraq desde los primeros minutos de la película hasta los minutos finales, cuando todo se apacigua y a la vez se torna más crudo y trágico.

La maestría de Loach a la hora de diseñar complejas historias de problemas sociales, en la que los personajes se ven sometidos a tensiones y lazos sentimentales, el soberbio sentido de la responsabilidad que inserta a Frankie, su tremenda desintegración moral, su diligencia por llevar su narración al límite, la puesta en escena, en la que no parpadea ni una falla y su moderación narrativa, ocupan un lugar preponderante en esta obra.

“La ruta irlandesa” es diferente (pero no tanto), al resto de la filmografía de Ken Loach, y digo que no es muy distinta porque la visión de su forma queda patente en el mensaje, por lo que hay quien le reclama que no se centra tanto en la guerra de Iraq como en el drama que vive Fergus, y desde luego que el énfasis como siempre está en las penas de sus personajes pero, amigos, desde donde la miremos “La ruta irlandesa” es en un claro estandarte contra la guerra.

Crítica: Habemus papam

CartelMi comentario de cine de hoy lo dedico al actor, productor, guionista y director italiano Nanni Moretti y a su nuevo trabajo: Crítica de la película “Habemus papam”.

Aunque el polifacético Nanni Moretti ya demostró su talento en el año 1976 con “Soy autosuficiente”, una comedia contestataria y utópica, y en el año 1978 fuese nominado a la Palma de Oro por “Ecce bombo”, su consagración como representante del nuevo cine italiano vendría en el 1981 de la mano de su película “Sueños dorados”, la historia de un exitoso director de cine imitador, dominador y ególatra; con ella fue premiado en el Festival de cine de Venecia con el premio especial del jurado, se adentra más tarde en la profunda «Bianca», en 1984, y a partir de ahí toma fuerza y emprende una fecunda carrera cinematográfica brindando al mundo su punto de vista, salpicado de humor e ironía. Son dignas de recordar: “La misa ha terminado”, “Querido diario(Caro diario)”, “Abril”, “Vaselina roja”, “Caiman” y tantas más que nos sorprendieron de forma admirable.

Por su picado amenizado de muchas de las obsesiones humanas, por la madurez con que están trazados sus personajes, por su sentido autobiográfico y su egocentrismo habitual se dice que Nanni Moretti es Woody Allen a la italiana. Este director, y casi siempre actor de sus películas, llena la escena de socarronería inmoralidad y afecto, cuestionando realidades e implicando la política y la religión, que claramente se respira en todas sus obras, Moretti pasa por cada una de ellas trazando autopistas sin hallar para su lucha el sendero deseado.

Imagen de la películaAdoptando un sentido realista para adentrarse en el maremágnum de personajes con que al principio se enfrenta “Habemus Papam”, Nanni Moretti sabe apurar al máximo el misterio que puede extraer de sus elementos básicos, inyectando a continuación su característica picardía y estableciendo así el propio contraste. La historia comienza tras la muerte de un papa. Obispos y cardenales de todo el mundo se reúnen en la Capilla Sixtina para elegir a su sucesor, a continuación determinadas votaciones inútiles, que se anuncian con la salida de fumata negra, y al final la fumata blanca indica que «Habemus papam». Los creyentes se han agrupado en la Plaza de San Pedro esperando con aclamación y entusiasmo que el nuevo padre santo se asome al gran balcón de la plaza, todos esperan con inquietud, pero el nuevo papa no parece estar en situación de soportar el peso de tal compromiso.

El tema que implícitamente se señala constituye una experiencia audiovisual rica y provocativa, además de proporcionar una cómica pauta con innegables reminiscencias de lo que quisimos y no logramos alcanzar, tal como la seductora proyección que presenta el personaje de Michel Piccoli, retratando el enfrentamiento del hombre que no puede empujar a los demás sino que muy al contrario él necesita ser empujado. Michel Piccoli hace de su personaje un elemento fundamental y Nanni Moretti, como siempre, convierte la película en él mismo y sus reivindicaciones.

«Habemus papam» no es una crítica a la iglesia, es puramente otra parodia pulcra de Nanni Moretti, ávido representante y figura destacada de la cultura y el cine italiano.

Crítica: Melancolía

CartelEn cualquiera de las obras de Lars Von Trier parece que hayan aparecido las hadas para inspirarle. De nuevo la visión incomparable y personalísima del director danés alumbra con luz propia, en esta ocasión nos arrastra a una meditación filosófica, un conmovedor y violento drama de sentimientos. Crítica de la película “Melancolía”.

Es evidente que “Melancolía” nos da muestra del profundo trabajo de Von Trier para entretejer varios temas dentro de un contexto, argumentos que van apareciendo después de diez minutos de imágenes documentales, esto es más o menos la sinopsis: Justine (Kirsten Dunst) y Michael (Alexander Skarsgard) se han casado y la celebración de su boda la hacen con toda su familia y amigos, con una lujosa fiesta en casa de su hermana Clarie (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado Juan (Kiefer Sutherland). El festejo es un accidentado pasaje de incidentes. Mientras, el planeta Melancolía parece que se dirige hacia la tierra, realidad que pasa inadvertida para todos los invitados. Sólo algunos miembros de la familia están al tanto, preocupados por el fenómeno.

Reconocida ya en diferentes festivales y favorita para los premios del cine europeo 2011 con ocho nominaciones, “Melancolía” brinda un estudio de personajes que emociona, reprimiendo todo tipo de felicidad. Te seduce el carácter melodramático de su trama, el empleo manipulador de la música, el atractivo acabado visual y la relación sentimental de las dos hermanas protagonistas, que representan Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg, que es espléndida dentro del núcleo de la historia, dos signos que encarnan la inseguridad y el sentimiento de “Melancolia”, además de los muy atractivos personajes secundarios que transitan alrededor, exponiendo el vínculo que les disgrega.

En “Melancolía” planea algo que va contra lo estable para situarnos en el lado negativo de lo humano, pero a la vez seImagen de la película percibe una búsqueda: la necesidad de un asidero donde aferrarse cuando todo está perdido. Entre imágenes que no dan lugar a esperanza Lars Von Trier construye una alegoría, una sima de conciencia, unión y amor, enterrando a un tiempo dudas y pensamientos equívocos.

Cuando el tiempo ha pasado, el espacio está cercado en música y al espectador le queda poco para abandonar la sala, justo ahí, se disfruta una forma limpia de estímulo de un final perfecto.