Kirsten Dunst

Foto: Georges Biard

Kirsten Dunst (Kirsten Caroline Dunst) nació en Point Pleasant, Nueva Jersey, en Estados Unidos, el 30 de abril de 1982.

Ficha en Imdb: https://www.imdb.com/name/nm0000379/

Sus películas en Comentamos Cine:

Crítica: El poder del perro (2021)

Crítica: La seducción (2017)

Crítica: Las dos caras de enero (2014)

Crítica: Melancolía (2011)

Crítica: El poder del perro

Con guion y dirección de la directora neozelandesa Jane Campion, basado en la novela El poder del perro del autor estadounidense Thomas Savage, nos llega la película del mismo nombre. Jane Campion, a partir de unas excelentes porciones literarias, establece para el cine un juego de relaciones tan acertadas como curiosas. Un reto a la memoria del cine.

Estamos en Montana, en 1925. Los acaudalados hermanos Phil (Benedict Cumberbatch) y George Burbank (Jesse Plemons) van con su ganado y sus formas de acá para allá, ellos son las dos caras de la misma moneda. Phil es impetuoso y cruel, mientras George es impasible y amable. Juntos son copropietarios de un enorme rancho donde tienen reses. Cuando George se casa con una viuda del pueblo, Rose (Kirsten Dunst), Phil comienza a despreciar a su nueva cuñada, que se instala en el rancho junto a su hijo, el joven Peter (Kodi Smit-McPhee). Su estabilidad, ya de por si mala, se romperá del todo en este desierto de tierra.

Un rancho, mucho ganado, un matrimonio, dos hermanos completamente distintos, un chaval joven e intérpretes con mucho talento, el nuevo largometraje de Jane Campion, imparte lecciones magistrales sobre la vida y sobre la superación, pero contiene metáforas mayores y muy de actualidad. En esta película hay que atender irónicamente a su título para comprender en toda su dimensión la grandeza del film. Vista como si una fábula fuera, la película se toma su tiempo para contar la historia y lo hace de forma fenomenal, dejando ver a las claras sus intenciones, su mirada y su inteligencia.

En “El poder del perro”, de forma preclara surge toda una historia, pero también surge la moral y el enigma. Y golpea como puño en el pecho recordándonos que podemos estar viendo y más, pensando, en la oscuridad, aunque lo concibamos como lección de hondo humanismo. Para mí es uno de las mejores películas de este año, si no la mejor. De una cineasta que cuenta sus títulos como obras casi siempre duraderas. Es una directora repleta de afán y profesión para configurar un perfecto retrato de claroscuros.

La música es del joven compositor inglés Jonny Greenwood y la fotografía la australiana directora de foto Ari Wegner.

El reparto surge como una medida eficaz y entrañable que viaja por cada fotograma con oficio, elegancia y sensibilidad : Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee, Thomasin McKenzie, Frances Conroy, Keith Carradine, Geneviève Lemon, Peter Carroll, Adam Beach, Karl Willetts, Yvette Parsons, Tatum Warren-Ngata, Maeson Stone Skuggedal, Ramontay McConnell, Daniel Cleary, Ella Hope-Higginson, Ken Radley, Sean Keenan, George Mason, David Dennis, Cohen Holloway, Eddie Campbell, Alice Englert, Bryony Skillington, Jacque Drew, Richard Falkner, Alice May Connolly, Stephen Lovatt, Stephen Bain, Edith Poor, Vadim Ledogorov, Julie Forsyth, Alison Bruce e Ian Harcourt.

Creo que entre las películas que más me gustaron siempre están las de la Jane Campion, se me vienen a la cabeza muchos de buenos trabajos pero recuerdo con mucho cariño, tal vez por cercana “Bright Star”, una película tierna y sentimental del año 2009.

Crítica: La seducción

Tras haber entrado en el mundo del cine por la puerta grande con el deslumbrante film “Las vírgenes suicidas” en 1999, la ingeniosa y profunda “Lost in Translation”, en 2003, y “María Antonieta” en 2006 junto a alguna película más, Sofia Coppola pone su mirada en realizar un remake. “La seducción”, con guion y dirección Coppola, adapta la novela de Thomas Cullinan y supone una revisión de «El seductor«, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood en el año 1971.

La película abre centrándonos en el final del siglo XIX, en 1864, en plena Guerra de Secesión americana. En Baton Rouge, Luisiana, paseamos por un poblado bosque y allí nos detenemos. Abre la mañana y como de costumbre Amy (Oona Laurence) sale a recoger setas, ha dejado tras de sí el internado para señoritas que regenta la señorita Martha (Nicole Kidman) siguiendo el largo camino que la lleva hasta la espesura más húmeda de la arboleda. Un ratito pasa recogiendo los tubérculos y tarareando una cancioncilla feliz, cuando a su derecha oye un ruido, mira, es un hombre herido. Le habla y pide ayuda y ella se ofrece de apoyo para levantarle. Es un hombre joven, de buena presencia. Dice que es soldado norteamericano con alta graduación, McBurney (Colin Farrell) ha desertado y se encuentra mal de salud. La niña como puede lo agarra y lo lleva al internado. El hombre es recibido con recelo, pues hace mucho que solo pasan por allí los cazadores de soldados enemigos. No están acostumbradas a meter un desconocido en casa, pensando que es una buena acción se encomiendan a dios y le curan las heridas. McBurney se queda en el internado y a partir de ahí se liará… Pero todo no lo cuento. Hay que ver la película. Aunque muchos ya recordamos la de Don Siegel con Clint Eastwood. Esta nueva versión es lo mismo pero distinta.

Éste era un proyecto de alto riesgo: dar vida y cuerpo a una película de tan pronunciada personalidad como es su precedente, la obra de Siegel; es casi una temeridad. Cuántos directores se estrellan en envergaduras semejantes, cayendo en la caricatura. Sofia Coppola, sin lograr sortear algunos escollos, ha conseguido sin embargo una obra seria. Una película que ha hecho suya. Un remake apasionado y casi siempre cargado de tensión. A mí me ha parecido que la directora pone demasiada atención en la puesta en escena, en la recreación y en la imagen, inyectando menos ímpetu en los no pocos momentos espléndidos que atesora la película. Por lo demás, para quien no haya visto el film madre, este tampoco lo desdice ni mucho menos, es igual que aquel; un discurso perverso de insana honestidad. Al final, aunque no tenga el fuerte extracto de la de Don Siegel, deja no obstante suficientes detalles en el aire como para que tengamos que elegir entre ambas o quedarnos con las dos.

“La seducción”, una película de época vista desde el ahora con el simple gancho de unir en un círculo reducido a un machote y cinco mujeres reprimidas, ya desde un principio tiene tintes demenciales. En trama y puesta en escena, en esta ocasión, llegamos a la conclusión de que nos hallamos ante un producto al que se le ha querido dar personalidad propia, para entendernos mejor diré lo que más me llama la atención: una gran sucesión de momentos cumbre en los cuales lo más importante es la escena, lo narrativo que hay en la naturaleza, utilizado por encima de la fuerza de un desarrollo dramático absoluto. Aquellos conocedores de esta ficción, disfrutarán seguro con esta nueva versión que a poco que se preste rezuma singularidad.

Si a todo lo demás le sumamos unos bien dirigidos buenos actores: Colin Farrell, Elle Fanning, Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Angourie Rice, Oona Laurence, Addison Riecke, Wayne Pére, Emma Howard, Matt Story y Rod J.Pierce, tendremos una obra que puede avanzar. En la música, Phoenix, y la fotografía del maestro Philippe Le Sourd.

Para cerrar, una pregunta… ¿Era necesario en estos tiempos plantear de nuevo esta historia?

Crítica: Las dos caras de enero

Cartel de Las dos caras de eneroAnthony Minghella con “El talento de Mr. Ripley”, René Clément con “A pleno sol” o Alfred Hitchcock con “Extraños en un tren”, la escritora Patricia Highsmith ha sido elegida por diversos directores de cine y teatro para crear historias basadas en sus novelas. En esta ocasión el guionista iraní afincado en Inglaterra, Hossein Amini es el que a la vez que hace su primera incursión como director de cine homenajea a la escritora basando su guión en uno de sus títulos. Crítica de la película “Las dos caras de enero”.
La película transcurre a comienzos de la década de los sesenta, en Atenas, Creta y Estambul pero es a Atenas donde llegan desde América Chester MacFarland (Viggo Mortensen) y Colette MacFarland (Kirsten Dunst) a pasar unas vacaciones. En una visita a la Acrópolis conocen a Rydal (Oscar Isaac), un joven estadounidense que se gana la vida trabajando como guía turístico. Rydal fascinado por Colette y deslumbrado por el dinero que parece tener la pareja acepta encantado una invitación. Lo siguiente, un cuadrilátero de intriga.

“Las dos caras de enero” es un retrato dinámico, bien edificado, cuidado y abonado fiel a la novela en la que se basa el guion de Hossein Amini. El rodaje ha requerido un trabajo de representación, composición y un alto grado de dramatización. Amini coge las identidades inventadas y hace que los personajes no se limiten a estar, a posar durante un tiempo. Podemos decir que el estilo de Hossein Amini dirigiendo es de la vieja escuela, es singularmente poco llamativo, y además, o por lo menos a simple vista, nada fácil de distinguir su diferencia con otros directores antiguos. Creo evidente y fuera de toda duda que Amini es autor de cine. Imagen de Las dos caras de eneroSi ya tiene un estilo propio a la hora de escribir un guion, igualmente como director trabaja un peculiar estilo, tanto en el empleo del espacio y el tiempo como en las pinceladas estéticas, siempre agasajando el cine de otros tiempos. Por eso en muchas ocasiones durante el visionado rememoraremos otros títulos del cine de intriga: lentas películas, inquietantes en ritmo, narración y música. Aunque tiene mucho prestigio como guionista y ha ganado muchos premios por su labor, me atrevo a decir que este guión es uno de los más sutiles que ha realizado, aquí juega con varios factores sin ninguna amenaza de desequilibrarse. La elipsis, la reincidencia, los diálogos, la cumbre, la curva descendente y la resolución. Todo un conjunto perfecto.

Viggo Mortensen nos ofrece una de las mejores interpretaciones de su ya larga y excelente carrera, se alza como la estrella indiscutible de la cinta y logra embutirse en la piel de un hombre sumergido en una espiral de problemas. Un hombre de formas absolutamente negativas pero atractivo al espectador, Hossein Amini lo forma para que no resulte antipático, no quiere un personaje perverso, lo crea por definición atrayente y algo simpático, y lo hace fenomenal. Kirsten Dunst a la que recordamos por “Melancolia” de Lars Von Trier, da lo más amplio de su registro y lo más rico de sus matices tanto físicos como verbales. Con el guatemalteco Oscar Isaac al que también recordamos por su papel en la película “Guerrilla”, la segunda parte de “Che Guevara” y en A propósito de Llewyn Davisde Joel Coen y Ethan Coen, donde dio sobradas muestras de buen intérprete, aquí no sorprende, sobresale. Un buen chico americano, un poquitín pillo, presa de las malas influencias, que pasea su papel de víctima magistralmente.

Lo cierto es que no es una obra maestra pero nos hará disfrutar del momento.

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