Crítica: Una cuestión de tiempo

Cartel de  Una cuestión de tiempoCon dirección de Richard Curtis, en este otoño incierto nos llega una comedia al más puro estilo romántico. Crítica de la película “Una cuestión de tiempo”.

Tim Lake (Domhnall Gleeson) es un joven de 21 años que descubre que puede viajar en el tiempo. Su padre (Bill Nighy) le cuenta que todos los hombres de la familia han tenido desde siempre ese don, el de regresar en el tiempo a un momento determinado, una y otra vez, hasta conseguir hacer «lo correcto». Así pues, Tim decide volver al pasado para intentar conquistar a Mary (Rachel McAdams), la chica de sus sueños.

Desde el primer momento esta película, dirigida a la más elemental de las emociones, pone en marcha todo un proceso en que confluyen: la música de Laird-Clowes, el guion de Richard Curtis, la fotografía de John Guleserian , la interpretación , el montaje, el hecho de mostrar la magia de los viajes temporales y como no la dirección Richard Curtis. El director organiza toda la parafernalia para crear una historia donde la base está en el guiño cómplice que dirige a los espectadores, de los que quiere que entren en connivencia con sus criaturas, la historia que nos brindan es un puro artificio y a medida que transcurre se va volviendo una delicia. Todo está encaminado a potenciar un pretendido amor verdadero que sobreviva al tiempo y a los problemas. Imagen de Una cuestión de tiempo

Partiendo de una base sencilla, amena, gracias al ingenio del conjunto, la elegancia y la magia de la trama fabrican una película con una estructura complicada y divertida, con momentos que arrancan sonrisas y detalles encantadores. Es perfecta en cuanto a disposición y curva dramática, ya que a pesar de que sabemos lo que ocurre y que ya no queda mucho por ver, Curtis le saca el jugo a todas las situaciones. Podríamos decir, en cierta medida, que se trata de una película llena de ternura que no agota las posibilidades de la idea principal. La evolución va traspasando al personaje central, desfila por todas las fases posibles que le permite su confianza, solo mediante la sensatez y la superación consigue avanzar y pasar a una nueva etapa.

En las interpretaciones podemos disfrutar de Domhnall Gleeson, Rachel McAdams, Bill Nighy, Tom Hollander, Margot Robbie,Rowena Diamond, Vanessa Kirby, Lindsay Duncan, Matt Butcher, Lee Asquith-Coe. Un encanto de coordinación.

“Una cuestión de tiempo” tiene un gran mérito: mantenernos pegados a la pantalla durante todo su recorrido.

Crítica: A Roma con amor

CartelWoody Allen nos adentra en historias metafóricas dignas del mejor cuentista, descritas con cómicas  pinceladas de fantasía. CrÍtica de la película “A Roma con amor”.

Son sus mejores ingredientes, los giros surrealistas en las cuatro historias independientes, historia paralelas en distintos lapsos del día y en diferentes horarios. En la primera, un matrimonio americano Jerry (Woody Allen)  y Phyllis (Judy Davis) viajan a Italia para conocer a la familia del prometido de su hija Hayley (Alison Pill). En la segunda, un italiano Leopoldo (Roberto Benigni), se hace famoso sin motivo de la noche a la mañana. En la tercera, un arquitecto californiano John (Alec Baldwin), visita Roma con sus amigos donde conoce a un estudiante, Jack (Jesse Eisenberg). Y, en la cuarta, una recién casada Milly (Alessandra Mastronardi), se pierde en la capital italiana, a la que ha ido a visitar a los familiares de su marido, Antonio (Alessandro Tiberi),  éste, solo en el hotel,  conoce a una guapa y resplandeciente joven, Anna (Penélope Cruz), con la que pasará por divertidos y complicados momentos

“A Roma con amor” se puede ver como una simple comedia o como una frenética locura social, y es precisamente eso lo que la convierte en una composición sólida. Allen lleva a los personajes a situaciones exageradas, como siempre, indagando en su interior y poniéndolos bajo su prisma cómico: bromas con la fragilidad del amor, con los cazadores de talentos y con el miedo a la vejez; Allen distribuye estos temas en diferentes actos que tienen un caudal perfecto en la exposición, la expresión y el entorno.

“A Roma con amor” es algo más excéntrica que su anterior obra, Media noche en París, y menos poética y literaria; y, aunque guarda cierta similitud podemos situarla un escalón más abajo sin que esto suponga que es una obra menor como hay quien la ha calificado. En los últimos años ha habido una evidente ausencia de fatalismo y cinismo en las películas del director neoyorkino lo que ha servido para despertar desencuentros con los más críticos de sus seguidores. En un largo etcétera de películas, el maestro ha afinado dando otra particularidad a su trabajo, sin embargo nada de eso debe acarrear una queja, pues su todo permanece por encima de cualquier polémica a través de su código personal. Un autor con tan notables recursos narrativos está siempre en la vigencia y la contemporaneidad. Su fórmula para las bromas y su capacidad para aplicarlas le permiten llegar cada año a los cines y obsequiarnos con una comedia seria, quien se quede con los momentos divertidos y surrealistas sin ir más allá saboreará las ocurrencias del viejo director, y sus incondicionales, los que son constantes en captar su matiz, degustarán con gusto esta comedia.

Roma protagonista: sus monumentos, sus plazas y  sus calles ceñidas a músicas melódicas; la fotografía de Darius Khondji, se ampara en una excelente puesta en escena, de un ritmo penetrante, del uso de colores intensos y del guión del maestro Woody Allen, que construye una película con inteligencia y corrección. Sobresalen las acertadas interpretaciones de un reparto espléndido, bien desarrolladas, con el carácter y la fuerza adecuada.

Woody Allen y su película “A Roma con amor” te regalan 102 minutos de divertido cine, no te lo pierdas te lo mereces.

Crítica: La delicadeza

CartelUna película que a pesar de ser un drama no pretende serlo, acercándose más bien a una fábula romántica en forma de comedia para analizar la conducta de una relación. Crítica de la película “La delicadeza”

A lo largo de su corta trayectoria como contador de historias, David Foenkinos ha disfrutado de un éxito espectacular. Siempre en sus libros encierra relaciones de pareja tratados con ternura y con una romántica diligencia de humor. Su excepción la dedicó a su ídolo, John Lennon, del que realizó una biografía imaginaria sobre la vida y la obra del músico. Posiblemente este libro haya tenido mucho que ver con que Foenkinos sea conocido y admirado internacionalmente. El caso es que, sin llegar a extremos de que su literatura sea de escándalo, sus libros tienen una gran repercusión. Para sus lectores, este autor traspasa la barrera del convencionalismo novelesco, colocándose al lado de lo absurdo y delicado. La agradable sensación que me produce la literatura del joven escritor francés y la presencia dulce y encantadora de Audrey Tautou me llevó ayer a ver esta película.

Es la historia sencilla de Nathalie (Audrey Tautou) y Francois(Pio Marmaï). Son una pareja muy enamorada. Tienen una relación, se casan y son tremendamente felices. Ella, guapísima, él más guapo aún. Tienen todo cuanto necesitan, sus días son maravillosos en ese entorno delicioso de las calles de París. Pero un día Francois muere en un accidente y Nathalie se sume en un tremendo dolor. Pasada la etapa de duelo, casi tres años, el amor llama de nuevo a su puerta de la mano de Markus (Francois Damiens), un compañero de trabajo poco agraciado, pero que rebosa ternura.

“La delicadeza” está dirigida por el propio autor de la novela, David Foenkinos y por su hermano Stéphane. David, también autor del guion. Los hermanos Foenkinos desarrollan con “La delicadeza” su primera incursión en la gran pantalla.

La película no nos entrega nada nuevo, no te inquieta ni te cautiva, quizás incluso el relato adolezca de una importante carencia de diálogos. “La delicadeza” es ante todo un canto a la dignidad del ser humano y a la necesidad de que seamos aceptados como somos, sin que se base nuestra vida en la apariencia exterior, un despertar al amor y a la imaginación que acoge el sentido pedagógico de la desigualdad física, tan cuidadosamente calculado como su estudio de los dos primeros personajes que fluyen tranquilos a través de su ritmo pausado y su mirada sobria y contenida.

Todos los actores están en un alto nivel acorde con lo que requiere el guion. Los hermanos Foenkinos convierten una pequeña historia en un agradable fruto visual, con una fusión de estilos entre el drama, la comedia y el romanticismo. Los pequeños guiños con la música de la compositora francesa Émilie Simon, y la fotografía de Rémy Chevrin, todo estudiado al milímetro encajando a la perfección.

Audrey Tautou excelente, sus ojos interpretan más allá de lo imaginable,  ¿Qué decir del soberbio actor Francois Damiens? Pues que está genial, la película es perfecta en cuanto a interpretación. Mención especial para Bruno Todeschini, Melanie Bernier, Josephine de Meaux y Monique Chaumette.

“La delicadeza” fue nominada a mejor opera prima y mejor guion adaptado en los últimos Premios Cesar.

Crítica: La pesca del salmón en Yemen

CartelEmily Blunt y Ewan McGregor, juntos, protagonizando la nueva película de Lasse Hallström. Crítica de la película “La pesca del salmón en Yemen”.

Un joven jeque árabe, Shikh Muhammed, (Amr Waked), que pasa temporadas en Escocia es aficionado a la pesca del salmón, como es súper-supermillonario se da ciertos caprichos, en este caso quiere utilizar 50 millones de libras para crear un hábitat que logre la cría y la pesca con mosca de los salmones en Yemen, (ahí queda eso). Por medio de su asesora Harriet (Emily Blunt) se pone en contacto con el doctor Alfred Jones (Ewan McGregor), miembro del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura, un reputado pionero en la reproducción de los moluscos, al principio el doctor Jones rechaza la propuesta rotundamente porque ignora que detrás del proyecto hay tantísimo dinero. Pero ete aquí, que el disparatado proyecto capta la atención de la secretaria del primer ministro, que ve en él una sublime ocasión para reparar el prestigio del Reino Unido en Oriente Medio, en cuanto a intereses económicos y políticos. El proyecto se inicia en la práctica y el doctor Jones se ve llevado a reflexionar sobre su opinión inicial y a colaborar con la joven y atractiva representante del jeque, juntos verán los peces de colores…

“La pesca del salmón en Yemen”, película del director Lasse Hallström, según el guion de Simon Beaufoy, basado libremente, en la novela de Paul Torday, nos propone una trama básica trabada entre la guerra de Afganistán, la política inglesa y una incipiente relación de amor. Sobre estos temas y su núcleo narrativo, se volverá una y otra vez, sin ahondar en ninguno de ellos, sin extraer el jugo en una componenda afín y bien ejecutada. Si en un principio el espectador piensa que en este film puede haber algo serio y elegante, enseguida descubrirá como poco a poco se va desperdiciando en una historia de amor recurrente y sostenida.

En general, la dirección, fotografía, producción, actores, todo se desempeña de forma inmejorable, la historia que quieren contarnos es la que no funciona. Trato de pensar en esta situación en la vida real y, bueno, no he visto ni imaginado algo tan anormal y mucho menos en los tiempos que estamos, ¡¡gastarse el dinero en poner ríos en el desierto y llevar los peces para que los remonte!! Un pelín fuera de lógica…

Viendo “La pesca del salmón en Yemen” se añoran otras películas de Lasse Hallström, por ejemplo “Las Normas de la Casa de la Sidra”.

No tengo calificación, pero si recomendación: para un sábado por la tarde en la televisión, si está lloviendo.