Crítica: Los colores de la montaña

CartelExtraordinaria iniciación en la gran pantalla la del director colombiano Carlos César Arbeláez. Un placer hacer la crítica de la película “Los colores de la montaña”.

Una pradera del campo de Colombia entre una gran cadena de montañas, la cordillera más hermosa e importante del continente americano. Antioquia, tierra soberana en agua, de granjas fértiles, de cielos benignos. Como una esmeralda verde en medio de tanta majestuosidad de anchos espacios se va abriendo el bello macizo, dicha piedra preciosa es un oasis enredado de las problemáticas políticas que padecen los que allí habitan. Manuel (Hernan Mauricio Ocampo), un niño de nueve años, vive en una de las granjas humildes que distribuidas tratan de sobrevivir a los desastres que provocan la guerrilla y las fuerzas militares. Manuel, que juega al fútbol todos los días en un campo improvisado con una vieja pelota, sueña con llegar a ser un gran guardameta. Su alegría es enorme cuando en su cumpleaños, su padre le regala un reluciente balón, Manuel no cabe en sí de contento y comparte su alegría con sus amigos Julián (Luis Nolverto Sánchez) y Poca Luz (Genaro Aristizabal). Su pasión por este deporte los lleva a algún peligro imprevisto, pero ajenos a cualquier eventualidad, juegan alegres y felices, aventuras por las praderas e inocentes travesuras infantiles. Después de mucho tiempo sin clases, asisten al colegio, la profesora Carmen es muy simpática: dicen los niños satisfechos. Cada día al llegar se puede leer el nombre del cole “escuela rural la pradera” y cuarenta centímetros debajo de este cartel oficial, un escrito irregular en letras negras “guerrillero ponte tu uniforme o muere como civil”. Por los alrededores, ese peligro armado, oscuro, casi escondido, desorganizando vidas.

“Los colores de la montaña” es el afecto, la amistad, amigos de verdad de una misma edad, poesía, y sin notarlo día a día los peldaños de sus escaleras de inocencia arrancados uno a uno. Manuel y su grupo: los mejores conquistadores del universo, con toda convicción: siempre los niños son grandes exploradores de sentimientos, sencillamente, la limpieza de sus miradas y la autenticidad de sus almas no tiene hueco para maldades.

No hacen falta prismáticos para adivinar que esta película está basada en los hechos que acontecen, y desde luego su director y guionista resuelve con brillantez cada mensaje, mostrando las primicias de su personalidad cinematográfica y lo que quiere que veamos de su país. Consciente de esta violencia, Carlos Cesar Arbeláez lucha con su primario cine para que “Los colores de la montaña” sea admirada como reflejo del cine social colombiano. Este novel director asume esta embajada con abnegada profesionalidad, como antes he dicho, el guion es perfecto y está plagado de meandros humanos, mecánicamente orientado a sacar la solidaridad del espectador. Su ácido mensaje relata una tormentosa historia donde los personajes evolucionan a través de ella, pues han sido concienzudamente elaborados por el director tanto en el guion como en la puesta en escena, lo que sucede es que no todos evolucionan al mismo tiempo, su dibujo varía, puede decirse que irregularmente a medida que se desarrollan los acontecimientos, no creo necesario decir que todos absolutamente, resultan creíbles. Poner este proyecto en marcha le ha costado a su director enormes sacrificios, pero siempre en todo, existe un golpe de suerte y digamos que Arbeláez lo tuvo, que sumado a la profesionalidad de este hombre, ha logrado por ejemplo, que “Los colores de la montaña” sea la película mejor recibida y más aplaudida en el último festival de San Sebastián.

Para mí, es una película de íntima turbación, que me hace orillar desesperada sobre el lienzo de mis sentimientos.

El Cristo de la iglesia, el conflicto, la pradera, las minas, los caminos, la imagen sagrada delante de un hogar quemado, la huida, las gafas, la bicicleta, los animales, los niños… y el balón como metáfora.

No quiero que a ningún niño del mundo le falte un balón con o sin simbolismo y que nunca tenga que tachar amigos de su cuaderno de apuntes.

 

Crítica: The Company Men

CartelCon absorbentes interpretaciones se desarrolla “The Company Men”, película en el ojo de la crítica de hoy, dirigida por el debutante John Wells, un desconocido director de cine en la gran pantalla, aunque popular por sus series de televisión.

En esta su opera prima presenta a Maggie (Rosemarie de Witt) y Bobby Walker (Ben Affleck, The Town Ciudad de ladrones, Que les pasa a los hombres). Son matrimonio y está viviendo el sueño americano: tienen un gran trabajo, una familia estupenda, una espectacular mansión y todo lo necesario para permitirse una gran serie de lujos, lo que adoran, sobre todo Bobby, es su coche lujosísimo y sus partidas al golf. Sin embargo, cuando la compañía para la que trabaja decide reducir plantilla, tanto él como sus compañeros Phil Woodward (Chris Cooper, Recuérdame) y Gene McClary (Tommy Lee Jones, En el centro de la tormenta), se quedan en el paro. Desde ese momento, los tres tendrán que replantearse sus vidas y sus funciones como maridos y padres. Jack Dolan (Kevin Costner, La otra hija) hermano de Maggie, les dará un apoyo, pero les esperan etapas de malestar por la subsistencia, se comprende que aunque ganan muchísimo dinero no han ahorrado nada para esta eventualidad.

Seguramente no exista una práctica más triste y complicada para el ser humano que estar en el paro por mucho tiempo y necesitar un puesto de trabajo urgentemente. Sin embargo, el universo del cine en general no se ha ocupado de esta contrariedad con la asiduidad que merece. Son muchos millones de personas en nuestro país en esa situación, España y una gran parte del mundo está pasando ahora mismo por una crisis financiera como nunca. Esta crisis capitalista, como todas, trae consigo las consecuencias de siempre para las víctimas de siempre, empresas que cierran o reducen plantilla y con ello la reacción en cadena que hace años llevamos padeciendo, personas que pierden la confianza en sí mismos y que no recuperan la autoestima porque verdaderamente son las víctimas humanas del momento.

En esta película John Wells parte de una base común a la de cualquier película de crítica social, y elabora un esquema poco usual dentro del cine americano, inspirado en la popularidad que el tema tiene en estos momentos. “The Company Men” tiene un buen argumento donde poder mostrar subliminalmente los entresijos de la conciencia que corresponde a cualquier nivel de compromiso político, bien trabajada hubiese sido una película de didáctica y etología, pero Wells no toca la raíz de las políticas de estado que son las que han llevado la miseria a los trabajadores, se columpia escribiendo un guion inclinado hacia el lado del alto nivel de los superejecutivos. Las diferencias deImagen de la película
estos codiciosos empleados de sueldos descomunales, con los, digamos, trabajadores normales, son abismales, con lo cual no encuentras paralelismo, no te identificas con los personajes, y me molesta mucho. El espectador medio se identifica más con películas como “Tocando al viento”, “Los lunes al sol” o la inolvidable “Full monty” pero gracias a los grandes actores que forman el conjunto de la representación, sacan adelante “The Company Men”, un film que podía haber sido el punto de referencia del nuevo cine norteamericano.

Tiene John Wells la extravagancia de la perfección cincelada y, como siempre pasa en este tipo de películas aparentes, en “The Company Men” se adorna todo. Y llega el final, propio de cualquier otra película americana.

En fin, con todo lo dicho, “The Company Men” es una película que se deja ver.

Crítica: Ispansi (Españoles)

CartelRecuerdos de tristezas y necesidad revivimos con la crítica de la película “Ispansi (Españoles)”, no es una simple película española más, es una obra de creación que suma las responsabilidades de director, guionista y actor de Carlos Iglesias, trabajando una obra diferente, donde los colores de las discordias se tornan coadjutores.

Poco después de estallar la Guerra Civil española, la República envió a 3.000 niños a Rusia para protegerlos. Los primeros en salir fueron los niños de los orfanatos, Beatriz (Esther Regina) hija de una acaudalada familia de derechas, cuyo padre y hermano eran falangistas, se quedó embarazada de un soldado ingles que se negó a casarse con ella, decidió ocultar a su hijo en un orfanato de Madrid, pero cuando se entera del viaje del niño a Rusia, roba los documentos de identidad de una mujer republicana muerta, y a partir de ahí se llama Paula. Se ofrece como voluntaria para cuidar a los niños en el país lejano, emprendiendo así un viaje terrible, con personas que tienen otra ideología política y a miles de kilómetros de su tierra y su holgada vida. En junio del 41, Hitler invade Rusia, la continua llegada de tropas de refresco para la defensa de Moscú entorpece una y otra vez el viaje de los exiliados españoles, teniendo excesivas interrupciones en la difícil travesía, en una de estas paradas se les une Álvaro (Carlos Iglesias) un comisario político del Partido Comunista de España.

La línea de la historia de “Ispansi (Españoles)”, comienza a partir de una idea interesante e histórica, “la salida de los niños de la guerra”, y el guion de Carlos Iglesias se mueve sin problemas entre ello, así podemos desarrollar un inicial grado de resultado personal , uno de los focos de interés de esta película es el de contraponer diferentes espacios: desde un desierto de nieve pasando por el campamento donde se refugian, en los que se mueven casi con complacencia los inocentes niños y sus cuidadores, pero eso sí, mayormente el paisaje que bordea todo el recorrido de “Ispansi (Españoles)”, es de tremendas extensiones de campo árido cubierto de espesa nieve.

Desamparo y desolación, las luces y las sombras; base y objetivo para mostrar, a través de ese escenario, a los personajes en medio de un equilibrio y a la vez de una perturbación, toda la fuerza de una imagen con tres arcos de intercepción: la política, el exilio y la relaciones que se construyen poco a poco, todas las escenas muestran alguna de estas vicisitudes.

Si hablamos de realización, la cámara de Carlos Iglesias no tiene sentido de la acción, no la necesita, ése es otro de los propósitos de su obra, luego está el factor humano, Iglesias es una buena elección como Álvaro, el comisario político del Partido Comunista, que ha sobrevivido a experiencias indescriptibles, pero que hace lo imposible por eso que es su deber. Todos los actores que interpretan bajo su dirección, son eficaces, quizás en esto Iglesias , sea un hombre particular, resistiéndose a la tentación de introducir en sus películas actores de primera fila, sin que pierda por ello la calidad, las presencias del elenco que le acompañan cumplen con las exigencias del guion sobradamente.

No es “Ispansi (Españoles)” la denuncia de una guerra y sus consecuencias, es un tratado lleno de fronteras, no geográficas, fronteras marcadas por principios e ideales.

¡¡Qué final!!

 

Crítica: Sin retorno

Cartel«Sin retorno». Film templado, adusto, directo; debate ético con combate, injusticia, culpa, venganza y perdón, guerra devastadora por culpa de la cobardía y de los dilemas morales.

Ópera prima de Miguel Cohan, que debuta con “Sin retorno”, una propuesta que modestamente concebida y con un marcado carácter personal narra las circunstancias difíciles en las vidas de unos personajes que hasta ahora habían sido felices.

La ágil mente de Pablo Machetti (Agustín Vázquez) pasa a otra cuestión,( deja atrás su salón de tatuajes) mientras va en bicicleta camino de su casa, le espera su padre Víctor Machetti (Federico Luppi). Algo le hace detenerse y hacer un alto en el camino, situándose justo casi en el centro de la calzada, ahí va a conocer a Federico Samaniego(Leonardo Sbaraglia), tendrán un encontronazo y alguna que otra palabra mal sonante, Federico está casado con Natalia (Barbara Goneaga) y tienen una preciosa niña, es ventrículo y humorista y vive una vida plena y feliz. Por ese mismo lugar, minutos más tarde tiene que pasar Matías Justiniano (Martin Slipak) un chico joven, estudiante de arquitectura, hijo de un renombrado arquitecto y de una dentista de notoriedad, con los que vive junto a una hermana menor que él. Matías viene demasiado bebido y veloz. Lo que ocurre en el momento en que sus destinos se encuentran, va a condicionar para siempre el futuro de los tres personajes.

“Sin retorno” no es una película de intriga porque en ella no se produce ninguna revelación, sobreviene la base del drama y  ya camina abierta y progresivamente desplegando su trama, sea como sea Miguel Cohan la presenta como un enigma, una película del género dramático social, de forma desesperada seca y demoledora, enseña agentes de seguros corruptos, policías cómodos en su poltrona, medios de comunicación blandiendo falsedades y personas con miedo, con distintos miedos.

Miguel Cohan es un director que, pese a su condición de primerizo, su estilo se aprecia ya abiertamente en esta película, da lo mejor de sí mismo con una dirección elegante y seriamente ingeniosa, tanto en la sordidez del relato como en la verídica ambientación y escenografía que muestra. Diálogos interesantes y retrato de personajes bien trazados, “Sin retorno”, permite, en su inocua acusación, sacar algunas conclusiones acerca de las inmoralidades adquiridas por culpa de esta presunta sociedad que nos asfixia con sus caracteres de falsa humanidad.

Miguel Cohan sin efectismo ni apelaciones al lagrimeo, nos da una película de ficción pero con un enorme periplo de realidad,  preciso, ilustrando hasta qué punto un hombre se hunde  por culpa de los malos impulsos que mueven el egoísmo humano en este mundo creador de monstruos, pero realmente el mensaje más importante de esta película reside, no tanto en su argumento o en los múltiples vericuetos morales a que éste puede prestarse, sino en su resolución final, donde verdaderamente se ve al hombre como tal.

“Sin retorno” no anhela nada que no consiga, incluso el magnífico elenco de actores que la mueven materializan una historia realmente creíble y espeluznante.

Lo que demuestra que debe ser vista.