Crítica: La ruta irlandesa

CartelEl impacto sicológico de la guerra. Crítica de la película “La ruta irlandesa”.

La seguridad en el director y la comprometida realización de esta película, una obra esperada por su entidad, en la fértil carrera del cineasta inglés, es lo que atrae, además de la coherencia controvertida, el buen hacer cinematográfico de Ken Loach y su guionista talismán, Paul Laberty.

Drama ambientado en Liverpool, Inglaterra, naciendo la trama de donde brota su título, “La ruta irlandesa”, la carretera que va del aeropuerto de Bagdad a la zona verde internacional en Iraq , hasta allí viajaron dos amigos Frankie (John Bishop) y Fergus (Mark Womack) a trabajar como mercenarios. Frankie muere misteriosamente por lo que su amigo Fergus se traslada a Liverpool para el funeral y se encuentra que la empresa que les contrató sólo quiere olvidarse del hecho, restándole toda la importancia política que pueda tener. Abusando del poder engañan a la familia, pero Fergus está convencido de que la empresa miente y sin miedo ni meta, se pone a investigar de forma obsesiva. La esposa de Frankie, Rachel (Andrea Lowe) le ayudará en la medida que pueda.

Dentro del canon kenlochiano, “La ruta irlandesa” tiene una excepción, pues no sólo permite que el espectador elucubre sobre lo que sucede hasta el final de la misma sino que, además, nos concede la facilidad de pensar qué habrías hecho tú ante esa situación. No es una historia que se perciba como ficción, es una historia de las muchas sucedidas a lo largo de la guerras que los gobiernos nos obligan a sufrir, hechos de los que cada día estamos acostumbrados a ver en los informativos de la televisión.

“La ruta irlandesa”, narrada mediante flashbacks a partir de los protagonistas, no deja escapar ni la mas mínima oportunidad de hacer ondear bien alto la denuncia de las malas artes de las empresas americanas en Iraq desde los primeros minutos de la película hasta los minutos finales, cuando todo se apacigua y a la vez se torna más crudo y trágico.

La maestría de Loach a la hora de diseñar complejas historias de problemas sociales, en la que los personajes se ven sometidos a tensiones y lazos sentimentales, el soberbio sentido de la responsabilidad que inserta a Frankie, su tremenda desintegración moral, su diligencia por llevar su narración al límite, la puesta en escena, en la que no parpadea ni una falla y su moderación narrativa, ocupan un lugar preponderante en esta obra.

“La ruta irlandesa” es diferente (pero no tanto), al resto de la filmografía de Ken Loach, y digo que no es muy distinta porque la visión de su forma queda patente en el mensaje, por lo que hay quien le reclama que no se centra tanto en la guerra de Iraq como en el drama que vive Fergus, y desde luego que el énfasis como siempre está en las penas de sus personajes pero, amigos, desde donde la miremos “La ruta irlandesa” es en un claro estandarte contra la guerra.

Crítica: Le Havre

CartelNobleza de objetivos y solidaridad, razones que Aki Kaurismäki aborda con precisión y cautela; la inmigración, la interacción del estado y, sus doctrinas constituidas. Critica de la película “Le Havre”.

Desde las primeras imágenes esta película se levanta con la fuerza del cine con mayúsculas. Desde el primer momento transcurre sencilla sin pretensiones, al son de una cálida música que nos sitúa en Le Havre una ciudad portuaria de Francia, sitio tranquilo y sin prisas, donde Marcel Marx (André Wilms), escritor de poco éxito, se ha trasladado a vivir. Este hombre siente que está más en contacto con la personas, pues incluso ha dejado de lado su profesión de escritor y trabaja como limpiabotas. En Le Havre ha encontrado la tranquilidad y la seguridad que necesitaba, son momentos felices que disfruta con su esposa Arletty (Kati Outinen) y los muchos amigos que ha hecho en poco tiempo. Pero un día, mientras está descansando y mirando a la gente pasar; ve, como en un momento de redada un inmigrante ilegal escapa de la policía, el chico africano menor de edad, Idrissa (Blondin Miguel Guion). El joven, quiere llegar a Inglaterra por cuestiones sentimentales. Marcel se crea una responsabilidad tratando de proteger al chico, además Arletty, su esposa, de repente enferma y tiene que hospitalizarse, Marcel conocerá en su propia carne el insensible muro de la indiferencia humana, pero con el optimismo que le caracteriza, con su confianza y la solidaridad de los habitantes del barrio, crearán una defensa que se enfrentará a la maquinaria ciega de una ley intransigente.

Qué decir que no se haya dicho del cine de Aki Kaurismäki, tiene este director una inteligencia cinematográfica tan particular como deliciosa, tan consistente como intensa, y tan real y sensible, que por su hechizo, trama y estética, sin posibilidad de escapar, el espectador queda fijo hasta que salen los títulos de crédito. Es particularmente entrañable encontrarse cada vez con sus a veces excéntricos y otras elegantes personajes. Sus detractores critican siempre o casi siempre desde la ignorancia o la falta de conocimiento. Dicen que retrata miserias, en la mayoría de las ocasiones de su país, pero es que existen esas miserias y debe de haber gentes preparadas para comunicarlo con todo el arte que les caracteriza. Aki Kaurismäki en esta película retrata el tema de la inmigración y la falta de justicia, que están ahí, pero al mismo tiempo entrega un mensaje de solidaridad, de amor al prójimo, de amistad, dando un toque de atención de calado existencial. Una nota de realidad y absurdo impregna todo el metraje, moviendo su cámara pausadamente, sacando imágenes de una teatralidad imponente, que se ejemplifica en la actuación de André Wilms, y Kati Outinen formando esa entrañable pareja que reboza ternura, y esa enorme galería de segundarios que, en conjunto, nos dejan esa buena sensación. Todo resulta bonito y sentimental, sin apelar a lágrimas, pues Kaurismäki conjugando comedia y drama, siempre logra el toque mágico. En esta película muestra su habilidad narrativa, su forma de innovar cine, su particular estética colorista y su buen gusto para seleccionar la música.

Con esto digo, que me ha encantado, además de por todo, por su sencillez. Como veis, soy incondicional del realizador finlandés Aki Kaurismäki.

 

Crítica: La fuente de las mujeres

Cartel“La fuente de las mujeres” es el título de la nueva película de Rau Mihaileanu, con esta resuelta denuncia tan típica suya, el director rumano, residente en Paris, consigue ajustarse en la obra sentida que lleva preparando mucho tiempo, manifiesto muestrario de costumbres ancladas en una anacrónica cultura.

La historia se despliega en un pueblo que podría estar en cualquier lugar del Magreb, donde se origina un conflicto a nivel enfrentamiento mujeres – hombres. En esa remota aldea en mitad de un campo, sin transporte, sin contacto con el exterior, lejos de ríos o lagos, las mujeres tienen como obligación desplazarse a lo alto de una montaña para traer agua a sus casas, ellas no saben lo que ocurre más allá del umbral de sus casas, manteniendo una participación servil de la mujer hacia el hombre, formas arcaicas de una sociedad, paralelas a lo que está instituido aún en la actualidad. Agua, para cubrir las necesidades de la familia, aunque en ello vayan sacrificios, penalidades, y duelos. Pero una mujer joven, Leila (Leila Bezhti, “El profeta”) llama la atención de toda la comunidad femenina, Leila sabe leer y escribir y conoce otras formas de vida más dignas. Una a una van sumándose al coraje de Leila y a la reivindicación, la mayoría de mujeres casadas; fácil es imaginarse la reacción de los hombres, esto es un peso aplastante para el conjunto de mujeres, pero siguen dispuestas a agotar sus posibilidades. La única arma con que cuentan es el amor, el sexo, todas están de acuerdo en no satisfacer los anhelos amorosos de sus maridos, hasta que ellos no logren canalizar el agua al poblado.

Llama la atención que una película con un tema tan serio y quejoso como el que contiene “La fuente de las mujeres”, esté catalogada como comedia, tengo que decir que en ningún momento tuve un impulso de risa, me parece una obra llena de buenas intenciones, mostrando la fuerza de las mujeres ante la intolerancia, “revolución feminista islámica” podríamos indicar, hermoso cuento que optimiza con inteligencia y elegancia su gran fondo de marginalidad. “La fuente de las mujeres” parte de un argumento maravillosamente realista. El control compositivo del director sobre la disposición y el montaje, la descubren magistralmente rodada, durante todo el recorrido Mihaileanu ajusta la cámara y se niega a jugar con ficciones, abandonando cualquier tipo de secuencia artificial; Mihaileanu dibuja la realidad apoyado considerablemente en Lisistrata de Aristófenes, bebe de esa fuente, trasladando el corazón del relato a tierras musulmanas.

“La fuente de las mujeres” se asimila desde la trama fácil y desde todo un orden de subtramas que son un vehículo verdadero de este seudodocumental. A medida que las circunstancias en que se hallan las protagonistas se van aproximando a una pesadilla, la película se hace débil en su lado realista, para adoptar ciertas formas, digamos, más previsibles en la ficción. Hubiera sido más convincente que la lógica de los acontecimientos siguiera su curso natural y condujera a un final más fiel a la situación real. No quiero decir con esto que la película no merezca todo mi respeto y admiración, sólo que a “La fuente de las mujeres” le falta la calidez emocionante de “El concierto” y la fuerza sentimental y honesta de “El tren de la vida” para definir la propiedad de su signo.

Como espectadora entro en esta fábula elegante, como vecina del pueblo y los anhelos de esas mujeres son mis anhelos. Gracias a una imagen natural y cuidada, a la interpretación de las actrices que componen el conjunto, a la música y a los sonidos que amenizan, haciendo de todo ello un apogeo concluyente de sinfonía reivindicativa.

Crítica: La conspiración

CartelNueva película de Robet Redford, “La Conspiración”, critica cordial a una película que desde su claro guion, narra los hechos de manera formidable. Todo cuanto aparece en pantalla es atrayente y meritorio, un excelente documento histórico. Todo un ejercicio maestro sobre cómo explicar un hecho desde el punto de vista de un determinado personaje. Digamos que éste es el abogado defensor Frederick Aiken (James McAvoy) que después de haber luchado en la guerra de secesión para el Norte, después del asesinato de Abraham Lincoln en abril de 1865, tiene el encargo de defender a una mujer acusada de conspirar para matar al presidente y a dos políticos más. Ella, Mary Surrat (Robin Wright), una persona civil, juzgada por un tribunal militar, sin posibilidad de ser calificada por un jurado popular como amparaba la constitución, y su abogado un hombre integro que lucha contra todos los que quieren sólo cerrar bocas, aunque esto cueste el sacrificio a seres humanos inocentes.

“La Conspiración” no es película precisamente para cerrar heridas Norte y Sur. Trabajando sus hilos en una continuación de veracidad, Robet Redford crea un auténtico modelo de la época. El correcto modo de aplicar la “injusticia” estrictamente reflejada por su hábil unificación del material de archivo, mantiene un estado de ánimo descubridor de drama, de cómo fue aquella guerra y sus devastadoras consecuencias.

Robet Redford establece en “La Conspiración” un alto estándar de denuncia, como ya lo hiciera en “Leones por Corderos”, 2007, aunque el conflicto con que se enfrentan Mary Surrat y su defensor Frederick Aiken supera ampliamente las dimensiones de anteriores dramas de este director. El punto fuerte de “La Conspiración” habita en el hecho de que la política quede desterrada a un segundo plano frente al grado de tragedia humana que se está narrando, siendo la política la madre de todos los males y el principal factor del argumento.

“La Conspiración” cuenta con interpretaciones muy conseguidas, en su intento de dar un cauce dramático adecuado. Todos los actores cuentan con actuaciones meritorias.

El resultado final, es una buena película, que nunca podrá llegar a catalogarse acudiendo a algún esbozado simplista.

Por cierto, en el año que se acerca 2012, Robet Redford  tiene un nuevo trabajo, se estrena –creo que en octubre- “The company you”, con un tremendo elenco de primerísimas y veteranas figuras del cine.