Crítica: Un dios salvaje

Cartel“Un dios salvaje”, adaptación de la obra teatral homónima de la autora francesa Yasmina Reza, es la última película del franco-polaco Roman Polansky, un director cuya obra, elaborada a lo largo de más de cuarenta años, posee tal diversidad y caudal de creación, que es considerado uno de los grandes cineastas de todos los tiempos. “Un dios salvaje” ha sido rodada en Francia, Polonia y Alemania, pero la historia se desarrolla en Nueva York, en el barrio de Brooklyn.

El film se centra en cuatro personas: Penélope (Jodie Foster), Nancy (Kete Winslet), Michael (John C. Reilly) y Alan (Christoph Wallz); dos matrimonios que se reúnen, en principio de manera civilizada, para hablar de la reciente pelea que han tenido sus hijos en un parque, y donde uno de ellos ha salido un poco perjudicado. Pero la reunión se enmarañará hasta límites sorprendentes.

Como cada vez que tenemos la suerte de ver una película de Roman Polansky, quedamos admirados de la destreza con que desdobla su extenso universo: desde lo técnico y visual, a  la manera dinámica con que mueve su cámara y su pulcra puesta en escena. Excelente su inquebrantable precisión milimétrica, atendiendo en todo momento a la lógica descompuesta de los personajes y creando un punto discordante de escenarios exteriores.

Roman Polansky, con este film nos brinda personajes definidos, en una comedia entretenida que aborda el lado oscuro del alma humana, con situaciones crispadas y altisonantes buscando una reflexión profunda y rompiendo el disfraz de la sociedad de buenas y educadas formas, -que a veces son previas a una ferocidad virulenta-, no obstante esa mirada caústica suele estar compensada, mediante el recurso a lo sarcástico.

“Un dios salvaje” destila naturalidad por los cuatro costados. En tan sólo unos minutos, te bañas en la energía que va incitando el metraje. La admirable propuesta de Roman Polansky, no en vano, escarba en las entrañas de sus protagonistas, convirtiendo la presentación de los personajes en un ejercicio de equilibrismo inteligente. Es curioso como personas desconocidas entre sí, en igualdad de situaciones puedan mostrarse simpáticos, cariñosos y efusivos, pero en cuanto salta la chispa del desacuerdo, la situación cambia y sus distintas naturalezas salen a flote desde el enigma de las frustraciones de cada cual. A medida que avanza en su entramado, los acontecimientos que tienen lugar incluyen: amabilidades, desengaños, disputas, descaros e incluso malentendidos matrimoniales.

 Jodie Foster borda su papel con una interpretación que pasa por desiguales etapas, mostrándonos el transcurso de un personaje en una situación crítica y a la vez divertida sin caer en el exceso; Kate Winslet tiene un papel riquísimo y agradecido; Christoph Wallz y John C. Reilly también están encantadores. La música leve, la pone Alexandre Desplat y la fotografía corre a cargo de Pawel Edelman.

La riqueza temática de la película, partiendo de un pulso de relaciones, y el trato de diversión que encierra, no hace sino dar más realce a la agudeza y acierto de Roman Polansky, que de forma erudita nos libra de las frecuentes diatribas de frases hechas y apologías recurrentes.

Recomendable. Hora y cuarto de cine, se hace corta.

Crítica: Cinco metros cuadrados

CartelEsta densa crítica de la película “Cinco metros cuadrados” es consecuencia de la profunda impresión que me ha producido la fórmula cinematográfica de Max Lemcke, yo, engañada por un elenco de actores que en su mayoría ocupan la comedia, me encuentro de repente con un drama social afanoso y atinado en una historia indiscutible.

“Cinco metros cuadrados” intercepta el periodo que nuestra sociedad está atravesando y acoge ideas sumamente reales. Cuando hoy se habla de una pareja joven y la compra de una vivienda, no podemos menos que admirar y dudar del sentido adquisitivo de estos chicos, los precios y las políticas inmobiliarias nos infunden un enorme recelo. Sin embargo, en la mayoría de las familias españolas, hay sin duda algún joven que se encuentra sumergido en una deuda por treinta o cuarenta años, por un pisito que apenas si cubre lo imprescindible.

Durante muchos años hemos aguantado la funesta lacra de la especulación: una maquinaria de favores y mafias, por la cual el beneficio privado se mantiene indestructible, pisando y destrozando las necesidades y derechos de toda una sociedad. Pues, señores, de eso va “Cinco metros cuadrados”: el constructor, (Emilio Gutiérrez Cava), el político poderoso que levanta la mano para que éste construya (Manuel Morón), y Álex (Fernando Tejero) y Virginia (Malena Alterio), una pareja ideal, muy enamorados, que pasan de los treinta y que piensan casarse en un año. Un día, en la boda de unos amigos, coinciden con un antiguo conocido, Nacho (Secun de la Rosa) que les habla con mucha seguridad y confianza de unos bonitos pisos en un lugar privilegiado. La pareja, encantados con lo que la constructora les ofrece sobre un plano, compran su piso, situado a una distancia de quince minutos en coche desde la ciudad, ¡¡¡pero cuando esté terminado va a ser un lugar precioso, apartado pero, ahí mismo, casi se ve el mar!!! Para la entrada entregan una fuerte cantidad, -todo lo que habían ahorrado en mucho tiempo- y el resto a pagar durante muchos años. Álex y Virginia más adelante conocerán a Carlos (Jorge Bosch), un futuro vecino, bueno… tendrán ocasión de conocer a cantidad de gente nueva, pero no serán exactamente muy alegres sus encuentros.

Max Lemcke, director español muy conocido por todos por su serie de televisión “Gran Reserva”, comenzó a trabajar en la pantalla grande hace años siendo ésta su cuarta obra, rodó su primer trabajo en el año 2003 “Mundo fantástico”, al que siguieron “Casual day”, en 2007, y la serie antes nombrada en 2010, seguida su trayectoria con interés por gran parte del público medio, ha sido “Cinco metros cuadrados” la película que le ha dado éxito y un gran reconocimiento en el pasado Festival de Málaga, alzándose con una buena cantidad de premios. Con esta cinta nos entrega un estado emocional a mitad de camino entre la ilusión, la rabia y la impotencia. Su idea de captar la atención del espectador con un señuelo fuerte e impactante, nos conduce sin darnos cuenta al verdadero corazón de la trama. La bien construida historia de Lemcke engancha desde los primeros minutos y, muy pronto y sin artificios, nos transporta a la vida de los personajes.

Por fin, después de años viendo registros cómicos de Fernando Tejero, esta película me da la oportunidad de verle en un papel dramático con todo el sentido que la palabra domina, ese personaje con el que nos ha emocionado, ese hombre desesperado que progresivamente vemos que se deteriora y daña, y que el actor muestra admirablemente bajo su prisma original. De la misma manera, Malena Alterio saca su registro teatral desenvolviendo su papel y dándole solvencia a su personaje. Los dos actores construyen una pareja, donde la calidez y el encanto están por encima de todas las trabas. Presten especial atención a la escena donde los dos se sientan derrotados en la escalera de la casa de sus padres: impresionante. El resto del completo y particular elenco consigue extremar los rasgos que representan.

El éxito comercial de esta película puede estar subordinado a diversas oscilaciones, pero la historia tan bien contada, tan clara y con tal presentación de inverosímiles, pero tristemente cotidianos, acontecimientos nunca se pasará de moda.

“Cinco metros cuadrados” muestra la vergüenza que le debemos al sistema económico conforme está constituido en la actualidad, avasallando todos nuestros derechos fundamentales. Una repugnante lacra en la vida del trabajador.

Crítica: Melancolía

CartelEn cualquiera de las obras de Lars Von Trier parece que hayan aparecido las hadas para inspirarle. De nuevo la visión incomparable y personalísima del director danés alumbra con luz propia, en esta ocasión nos arrastra a una meditación filosófica, un conmovedor y violento drama de sentimientos. Crítica de la película “Melancolía”.

Es evidente que “Melancolía” nos da muestra del profundo trabajo de Von Trier para entretejer varios temas dentro de un contexto, argumentos que van apareciendo después de diez minutos de imágenes documentales, esto es más o menos la sinopsis: Justine (Kirsten Dunst) y Michael (Alexander Skarsgard) se han casado y la celebración de su boda la hacen con toda su familia y amigos, con una lujosa fiesta en casa de su hermana Clarie (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado Juan (Kiefer Sutherland). El festejo es un accidentado pasaje de incidentes. Mientras, el planeta Melancolía parece que se dirige hacia la tierra, realidad que pasa inadvertida para todos los invitados. Sólo algunos miembros de la familia están al tanto, preocupados por el fenómeno.

Reconocida ya en diferentes festivales y favorita para los premios del cine europeo 2011 con ocho nominaciones, “Melancolía” brinda un estudio de personajes que emociona, reprimiendo todo tipo de felicidad. Te seduce el carácter melodramático de su trama, el empleo manipulador de la música, el atractivo acabado visual y la relación sentimental de las dos hermanas protagonistas, que representan Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg, que es espléndida dentro del núcleo de la historia, dos signos que encarnan la inseguridad y el sentimiento de “Melancolia”, además de los muy atractivos personajes secundarios que transitan alrededor, exponiendo el vínculo que les disgrega.

En “Melancolía” planea algo que va contra lo estable para situarnos en el lado negativo de lo humano, pero a la vez seImagen de la película percibe una búsqueda: la necesidad de un asidero donde aferrarse cuando todo está perdido. Entre imágenes que no dan lugar a esperanza Lars Von Trier construye una alegoría, una sima de conciencia, unión y amor, enterrando a un tiempo dudas y pensamientos equívocos.

Cuando el tiempo ha pasado, el espacio está cercado en música y al espectador le queda poco para abandonar la sala, justo ahí, se disfruta una forma limpia de estímulo de un final perfecto.

Crítica: Margin call

CartelSe piensa, con mucha razón, que el dinero es el sostén mágico de la vida y lo que gobierna nuestra sociedad: Crítica de la película “Margin Call”.

El debutante director de cine americano J.C. Chandor, dueño también del manuscrito del guion que da cuerpo a esta historia, nos acerca a la caída financiera del año 2008. Este film nos introduce en las profundidades de la invisible ambición como elemento esencial. La banca, juego de mercado de valores, juego neurótico donde siempre hay que ganar…

 J.C. Chandor muestra las oscuras armas con las que los de arriba, luchan para mantener su estatus, enfermando sus principios éticos y los sentimientos de las gentes que se mueven con ellos en el mundo de los negocios de acciones. El desconocido mundo bursátil con su insaciable e impúdica forma de vivir, con sus entresijos y encrucijadas, es el diario en la vida de ocho ejecutivos: San Rogers (Kevin Spacey), Will Emerson (Paul Bettany), Jhon Tuid (Jeremy Irons), Peter Sullivan (Zachary Quinto) Seth Bregman (Pen Badgley), Jared Cohen (Simon Baker), Sarah Robertson (Demi Moore) y Eric Dale (Stanley Tucci) trabajan en un poderoso banco de inversión. La clave del guion les sitúa las 36 horas anteriores al inicio del conflicto financiero: cuando Peter Sullivan, el programador con menos experiencia, revela información que prueba la irremediable desaparición de la empresa. Con ello se despliega un torrente de decisiones tanto morales como financieras que producen una conmoción en las vidas de los implicados en el inminente desastre.

J. C. Chandor en “Margin Call” lo traduce de manera perfecta. Ya sabemos que es una historia retrospectiva pero actual en su totalidad, en su planteamiento. Despidos, desprecio al trabajador medio, además de otras formas de marginación a tantísimos seres de nuestro maltratado planeta.

“Margin Call” contiene un signo fenomenal y profundo que aborda a sus personajes con hondura. Realismo patente acompañado por diálogos en esencia sensatos, los actores dotan de vida a esos personajes de dudosa moralidad y decencia de manera extraordinaria, transmitiéndonos toda su complejidad, a la vez que nos invita a juzgar sus sentimientos. Viendo “Margin Call” vives el cine pero de distinta forma porque sabes que estás viviendo dentro de la propia realidad que te daña. Coexiste una puesta en escena perfecta, colosal si la cámara se mueve y si se queda quieta, fantástico. Pero todas las acciones parecen invisibles al ojo del espectador. Todo está narrado con claridad y se mueve con rigor. El espectador deduce detalles escondidos basados en un ingenio presente en las interpretaciones y en la organización escénica, en las prudencias o en las señales. Un reparto de lujo para una película que lo merece.

Un film escalofriante sobre seres humanos depredadores, reyes de la codicia y el artificio de la sociedad moderna.