Crítica: Caperucita Roja, ¿a quién tienes miedo?

CartelInicio la crítica de “Caperucita roja, ¿a quién tienes miedo?” tras haber descubierto a Catherine Hardwicke, directora de cine americana, en su primer trabajo, “Thirteen” por el que acumuló valiosos premios y haber podido disfrutar de algo más en su cinematografía y pasado por la experiencia de una desbordante película como fue “Crepúsculo”, que batió records en taquilla y en el corazón de los adolescentes. Aquí la tenemos de nuevo con una historia basada en el cuento de los hermanos Grimm, Caperucita Roja.

Esta versión del cuento de Caperucita Roja nos relata la historia de una muchacha que reside en una villa medieval, Valerie (Amanda Seyfreid).  Es joven y guapa, y ese bonito lugar en el que vive se llama Daggerhorn. Desde muy pequeña, está enamorada del leñador más guapo del universo Peter (Shiloh Fernandez), pero sus padres Césaire (Billy Burke, La saga crepúsculo- Eclipse) y Suzette (Virginia Madsen) no están conformes con esta relación y la han comprometido con un rico heredero, hijo de Adrian Lazar (Michael Shanks). Aún en contra de su voluntad, Valerie se casará con Enrique (Max Irons). Cuando pretende un huir con su verdadero amor, el lobo ataca el pueblo y asesina a la hermana de Valerie. Los propósitos de los jóvenes se frenan. El padre Solomon (Gary Oldman, El libro de Elí ) se pone al frente de la caza del maligno animal, a la vez que explica a todos lo extraño de los mordidos y asesinatos del animal durante la semana de Luna de sangre. Mientras todo esto ocurre, la abuela de la caperucita está sola en el bosque, pobrecita, y Valerie teme que le ocurra algo.

¿Irá Valerie a visitar a su abuelita?

Combinando de forma difusa la nostalgia por los tiempos pasados y la visión determinista de la raigambre romántica, Catherine Hardwicke maneja con enfoque relajado e improvisado la cinta. Aborda la realización de una película que refleja sus pretensiones: el carácter cordial y rudo, y los sentimientos que brillan en saturada plenitud. No se esfuerza la directora por mostrar choques entre personalidades opuestas o rivales, ni tiene inquietud por dar al ritmo un tono más acorde con una historia de casi terror, aquí no existe nada frenético. A pesar de poseer una trama bien enmarañada y a la que se le hubiera sacado mucho, Caperucita roja, ¿a quién tienes miedo?” se centra en el lacónico eufemismo del miedo al lobo pero como base de lo que quiere contar. Y lo cuenta, cuenta una historia de amor, de amor improbable, utilizando para ello a una buena y bella actriz, unos maravillosos galanes y unos segundarios que adornan y dan algo de relieve a la película.

La objeción que presenta Caperucita roja, ¿a quién tienes miedo?”, (además de otras), es obvia, no tiene capacidad para sorprender, la historia que nos cuenta la sabemos al dedillo, intuimos prácticamente todo lo que ocurre, y en cuanto a la realización, lo que para algunos puede ser delicadeza y sentimentalismo, a otros muchos nos puede parecer, bobería e insuficiencia de tácticas cinematográficas. Llama mucho la atención del espectador la insuficiente caracterización de los personajes, pues teniendo en cuenta que este cuento sucede hace cientos de años, los galanes van de lo más arregladitos a la moda actual, peinado, ropa, depilación,…

Su ritmo solemne y pausado y algunos otros detalles, como que recuerdan a otra película… pudiera ser.


Crítica: HappyThankYouMorePlease

Cartel“HappyThankYouMorePlease” es la crítica de hoy.  Película de Josh Radnor, al que conocíamos por un trabajo estelar como actor, este joven intérprete ha protagonizado ya una decena de películas y también subió  a los escenarios para  la versión teatral de “El Graduado”, en el papel protagónico, con Kathelen Turner y Alicia Silverstone. En este trabajo asume la responsabilidad de ser el guionista, director y actor, y hace una buena demostración de su cualidad al tocar la comedia romántica.

Sam Wexler (Josh Radnor), un joven aspirante a escritor, tiene un día pésimo: debe acudir a una importante cita con el director de una prestigiosa editorial de Nueva York. La noche pasada ha sido de fiesta y se despierta tarde, ágilmente se viste y sale corriendo hacia la primera parada del metro, dentro del vagón donde se acomoda, ve como los acompañantes de un niño,  Rasheen (Michael Agieri),   se bajan y el pequeño se queda solo. No puede hacer nada, el pequeño no le habla, está completamente perdido y desorientado. Sam decide entonces, llevarlo consigo a la editorial, sale corriendo, pues ahora sí que es tarde. En la editorial le recibe Paul Gertenanian (Richard Jenkins ), este hombre convencerá a Sam de que su libro no tiene ninguna proyección de éxito, deprimido y cabreado sale del edificio, pensando en su mala suerte y en su vida sentimental que no va mucho mejor que su carrera. Pasa de una relación a otra, evitando cualquier tipo de compromiso, piensa que tiene muchas amistades, sobre todo la de Annie (Malin Akerman), su mejor amiga, Melisssa (Marna Kohn), Catherine (Zoe Cazan, No es tan fácil), y  Spenser (Bran Barouh) y gracias a ellos sobrellevará su fracaso literario. Además, hoy no será un día del todo negativo, va a conocer a Mississippi (Kate Mara, 127 Horas), una hermosa camarera,  también cantante. Guapísima.

Como he dicho antes, Josh Radnor se convierte en director y guionista para esta película, moviéndose con convicción en la silla de dirigir, hace su debut sabiendo lo que elige, una película globalizadora, que triunfante demuestra que a pesar de los tiempos que atravesamos el amor está por encima de nosotros.

“HappyThankYouMorePlase” tiene pequeños instantes que forman parte de nuestra conciencia colectiva y que nunca perderemos. Las escenas de vida cotidiana están rodadas de forma muy realista, una segmentación que sirve a modo de insignia, mostrando la destreza del protagonista, atrapado en la realidad mundana de la cómoda vida con  amigos, y lo que le exige, la imaginación y el corazón.

Las amistades que tiene el personaje protagonista proporcionan la visión de un afecto hondo y desenfadado, muy habitual actualmente, en los grupos de chicos de esa edad, pero Radnor también pone de relieve cómo nacen las obsesiones del joven, ya, adulto, 27 -30 años, a partir de querer disfrutar de una profesión remunerada, formar pareja y tener hijos.

Radnor comprende a la perfección el enfoque que tiene que dar a su actuación y resiste la tentación de excederse en sus expresiones, lo cual constituye uno de los ingredientes esenciales de una película en que la principal fuente manifiesta se encuentra en su cotidianidad; el resto del abundante reparto hace un magnífico trabajo de autenticidad absoluta.

“HappyThankYouMorePlase, una concepción del cine poco usual.


Crítica: Sin límites

CartelLa crítica de la película “Sin límites” aclarará algo, este tour de perspectiva visual, que dirige Neil Bueguer trabajando a partir del libro de escritor Alan Glyme. Su argumento nos presenta a Eddie Morra (Bradley Cooper), un escritor que sufre una crisis de creatividad, y deprimido  y abandonado  vaga por las calles de la ciudad. Sin esperarlo, se encuentra con un antiguo amigo que le anima a cambiar su fracaso por éxitos. Le hace caso, y  prueba una nueva droga, una pastillita que se llama CST; este fármaco, lo pone en condiciones de usar al máximo todas sus facultades mentales. Es una especie de píldora inteligente gracias a la cual consigue triunfar en la ciudad de Nueva York, en campos tan dispares como la literatura y la bolsa. Recupera a su antigua novia Lindy (Abbie Cornish), todo gracias a la pastillita, pero tanto éxito y derroche siembra curiosidades entre la gente que le conoce e incluso en algún desconocido, como un poderoso financiero de Wall Street, Carl Van Loon (Robert De Niro) que tiene unas descomunales ganas por averiguar qué se esconde detrás de la vida y éxitos de Eddie Morra.

El hecho de que Neil Bueguer use la derivación de la película como título, además de conjeturar que en la película se removerá mas allá de lo esperado por el espectador, sirve también de recordatorio irónico de que las películas no sólo crean una perspectiva ilusoria, sino que el proceso de publicidad de las mismas, a menudo tiene poco que ver con lo que vemos en la pantalla. Las meditadas connotaciones de su título, “Sin límites”, ofrecen un indicio de cuáles son las ambiciones de su director.

Bueguer inicia el recorrido de “Sin límites” con una trama ofrecida como premisa, con un potencial desde el argumento, brindando un fondo clásico con unas enormes telarañas contemporáneas. En lo visual se vuelca regalando imágenes atrayentes, gracias a un gran trabajo de cámaras. Ingeniosas tomas efectuadas para que, desde la imagen, la interactuación salga a pedir de boca. Hasta ahí todo perfecto, pero tras unas breves secuencias de apertura y a medida que avanza, Bueguer se pone a sembrar limitaciones, no siendo capaz de sacar todo el jugo  y hacer que funcione…. y se va perdiendo por los senderos del quiero y no puedo, disipando el ritmo de la historia a la vez que también se esfuma el  interés del espectador.

“Sin límites” es una película que aborda ni más ni menos la influencia de los estímulos artificiales en el desarrollo intelectual de las personas, y ciertamente, esperas  algo innovador,  un poco de inspiración que cincele la historia, pero en el mundo que crea Neil Bueguer no hay audacias brillantes, se aleja de lo verosímil, hasta que “Sin límites” se transforma en un cosmos sombrío e infinito, con situaciones caóticas y desoladoras, el desarrollo se estanca quedando en estado latente, sin avances y sin fructificar como se esperaba, su elipsis y la pérdida de simetría hacen débil a un director que no puede plasmar con gancho el descenso de un hombre a los infiernos, un hombre  de sabiduría intermitente y una utilizada mente infectada por su sed de poder.

A favor, la interpretación de Bradley Cooper que se mete maravillosamente en la piel del escritor, con certeza al reproducirlo. A Robert De Niro nos gustaría verlo en los aquellos papeles en que encantaba con su interpretación, últimamente no veo ni una película en la que pueda alabarlo. ¡Señor De Niro adopte mejores guiones, por favor!, el resto del elenco hace un trabajo aceptable.

Yo esperaba que “Sin límites” fuese una reflexión sobre la adiciones a los fármacos, pero no, aquí está todo explícitamente adiestrado, ni soñando puede leerse algo entre líneas. Ni una liviana reflexión sobre lo complejo de una situación, donde el hombre deja de serlo para convertirse en un muñeco de trapo en las manos de las malditas drogas.

Sin límites, caótica, absurda.

Ver “Sin límites” como un film solvente es equivocado.

Crítica: Mademoiselle Chambon

CartelSiguiendo el procedimiento característico de Eric Holder, el autor de la novela en que se basa la película que hoy situamos en el ojo de la crítica, “Mademoiselle Chambon”, dirigida y adaptada por Stéphané Brizé,  contrapone lo irremediable de una pasión indomable a la desaforada responsabilidad del hombre y la mujer, en una época ya experimentada de la vida, en que la cordura le plantea reto al corazón.

Es  dolorosamente consciente de lo que sucede y, en silencio y a escondidas, se pregunta desesperado, qué actitud adoptar, qué hacer, qué camino seguir, pero también sabe que es pronto, que necesitaba más tiempo.  El hombre que así padece se llama, Jean (Vincent Lindon), es un obrero de la construcción, casado y con un hijo. Un día que el niño necesitaba que su padre  pasase por el colegio a consultar un tema con su profesora Veronique Chambon (Sandrine Kiberlain) surge una pequeña simpatía entre Jean y la dulce maestra. Después, encuentros fortuitos o provocados van acrecentando una relación de amor y de dolor, que pasa y pasa por sus corazones con toda la fuerza de un río caudaloso pero subterráneo y contenido.

Aunque “Mademoiselle Chambon” no es la primera película que muestra que cuando el amor duele es que es verdadero amor, seguramente sí que es la primera en que Vincent Lindo adorna en una interpretación lo sugerente tan francamente bien, haciendo de sus silencios la principal muestra de su dolor, queriendo, amando, con esa brutal sencillez, sin apenas pronunciar palabras, sin mirar siquiera la esencia de sus desvelos. Todo  conseguido a la perfección, tanto por parte del actor como por la actriz protagonista Sandrine Kiberlain. Para mí,  con esto, ya tiene un aprobado esta película.

La persistente vigencia del tema que Stéfhané Brizé nos presenta, capta perfectamente el eterno conflicto que surge, cuando las inquietudes amorosas  de una de las partes de un matrimonio, le hacen embarcarse en un angustioso proceso de autodefinición, tratando de buscar valores propios que le descubran una justificación. Por otro lado, esa íntima angustia que transmiten las interpretaciones (como ya he dicho antes) persigue un acabado rebosante  de autenticidad, por más que la película no se distinga en el argumento de otras producciones vistas con anterioridad.

Stéfhané Brizé pone un toque  humano y característico, un retrato de la complejidad de unos modelos establecidos en la sociedad, que se hacen más manifiestos cuando están a punto de hacerse añicos.

Me gusta su música de piano y violín, a cargo de Auge Ghinozzí, me gusta su guion sólido y me gusta sobre todo que sea distinta.

Es posible con una imagen decir tanto…