Crítica: Joven y bonita

Joven y BonitaUna nueva obra del cineasta francés François Ozon. Crítica de la película “Joven y bonita”.

La película da comienzo mostrándonos la imagen a través de un anteojo. Una chica en la playa, perteneciente a una familia adinerada, Isabelle (Marine Vatch). Tiene 17, y pasa el verano en la casa de vacaciones de su familia. Isabelle ha conocido Félix (Lucas Prisor). Isabelle parece tener todo lo que puede desear, pero un viaje de autodescubrimiento sexual la embarca en una doble vida.

Cabe preguntarse si lo que hace François Ozon es realismo, pues reflexionando sobre su nueva obra solo se percibe el potencial estético del contexto. La manifestación más extrema y engañosa del agrado sexual de una adolescente, aunque el talento de François Ozon tras la cámara quedó plenamente confirmado en su última película “La casa” y no tiene que demostrar nada a estas alturas, hay que reconocer que en “Joven y bonita”, a pesar de su presentable factura de historia también juvenil, -en este caso, una niña que se está haciendo mujer-, no se ha dulcificado la transición del personaje, es más, puede ser casi un ataque al despertar sexual de la mujer. La película, bajo influencias de otras que tenemos en la memoria, se convierte en un drama psicológico adornado en el fondo con una chica “joven y bonita”, como su propio título indica. Un tema tan interesante en la base de un guión bien escrito, pero no lo suficientemente atractivo para que un Ozon en plena forma hubiera conseguido logros mayores.
El amor, la pasión, el peligro, actos todos que solo son fruto de la inocencia y en los que la protagonista se va sumergiendo de forma alarmante. Todo un largo proceso que es exclusivamente el caso de una muchacha que se pierde en las desiertas veredas del sexo sin poder tomar en conciencia un camino bien asfaltado, una extraña situación apurada y cruel que para mí no sirve para apoyar ninguna psicología ni filosofía social en el tema que se trata.

Imagen de Joven y BonitaUna película corta, solo dura 95 minutos, que para muchos espectadores puede ser un tratado de candidez y erotismo, un espectáculo de escenario con mucho juego.

La actriz principal. Marine Vacth nos regala un auténtico recital interpretativo que es con diferencia lo mejor de la función, capaz de transmitir definiendo un personaje contradictorio y complejo de forma magistral. Géraldine Pailhas, Frédéric Pierrot, Charlotte Rampling, Johan Leysen, Fantin Ravat, Nathalie Richard, Laurent Delbecque, Akéla Sari y Lucas Prisor, todos, hacen personajes que interpretados con naturalidad son uno de los logros individuales de “Joven y bonita”. También es digno de mención el meritorio trabajo de Philippe Rombin en la sutil y elegante partitura, que tiñe toda la película de belleza. La fotografía de Pascal Marti, perfecta, más allá de lo esperado.

Cuatro estaciones de destrucción. No estamos tan lejos de “Mi refugio” (2009), Ozon sabe construir personajes potentes, es hábil a la hora de edificar atmósferas malsanas, a menudo en la irrupción del elemento masculino, pero tiende a perder un poco el norte cuando se trata de resolver problemas femeninos. No es menos cierto que el film presenta unas hechuras y sobre todo un rigor estético y visual que lo hacen perfectamente aceptable. Es lo que yo he sentido; bella en la superficie y equívoca en el contenido.

Crítica: Philomena

PhilomenaEmoción y convicción, movido posiblemente por el homenaje que rinde. Stephen Frears recrea en su nuevo trabajo los sentimientos puros y las bajezas humanas. La historia está inspirada en hechos reales y se basa en el libro con el que el propio Martin Sixsmith dio testimonio en el año 2009 del tormentoso drama. Crítica de la película “Philomena”.

Cuando Martin Sixsmith (Steve Coogan), un periodista que actualmente trabajaba como jefe de prensa en la BBC en las noticias de las diez, se queda sin trabajo, la vida se le viene encima, tiene miedo del camino que ahora puede tomar su carrera. Pero entonces, en una fiesta conoce a una mujer que le habla del caso de una señora que lleva casi cincuenta años sin ver al hijo que le arrebataron. Le cuenta que Philomena (Judi Dench), que así se llama la pobre madre, solo tenía 15 años cuando quedó embarazada. En la sociedad de entonces, – años cincuenta y tantos-, los irlandeses consideraban deshonrada a la chica a la que le ocurría eso. La encerraban en un convento hasta el día del nacimiento del bebe y después de dar a luz, durante tres años se ocupaban del niño y hacían trabajos disciplinados para las monjas, hasta que ellas, – las monjitas-, lo daban en adopción. Lo habitual es que esos niños fueran adoptados por matrimonios americanos de buena posición. Philomena después formó una familia y este doloroso y desgraciado episodio de su vida lo mantuvo oculto pero nunca se dio por vencida y mantuvo firme el sueño de encontrarlo. Martin y Philomena juntos intentarán sacar a la luz los secretos que las monjas tan bien guardaron.

Bondad, maldad, amor, inocencia, crueldad. La película recrea la esencia de los casos de niños robados, en fechas anteriores a lo que ocurrió en España pero de igual forma los niños fueron arrancados de sus legítimas madres. Sin dejar de lado la semejanza, la historia tiene una vuelta de tuerca para que sea aún más parelela a lo ocurrido en nuestro país y es que hay como único testigo una monja muy mayor. A veces la realidad es más cruda y cruel que la peor pesadilla y aquí lo es, estremece ver el tacto, la simplicidad y la sutileza con que refleja los sentimientos Stephen Frears, en ellos nos vemos, cada plano nos interesa porque vivimos la historia. “Philomena” nos transmite todas sus conmociones en cada mirada, hay escenas que sobrecogen, alcanzan narrarnos de forma inteligente y maravillosa desde las manos y los ojos del personaje principal, Philomena, íntima, católica y pacífica pero desgarrada por haberle sido arrebatado su hijo.

Imagen de Philomena Frears demuestra como siempre maestría en los aspectos técnicos cinematográficos y en el manejo de actores. Con fotografía de Robbie Ryan, desarrolla una narración visual emocionante, creando imágenes de gran belleza con una marcada inclinación por los contraluces. La maravillosa banda sonora de Alexandre Desplat invade de emociones todo el metraje incluyendo composiciones instrumentales intimistas de una sutilidad y una armonía celestial, como cada vez y más. El guión adaptado por Steve Coogan y Jeff Pope define y matiza bien la figura de los dos protagonistas para el cine, los diálogos inteligentes, fluidos y claros. El reparto también colabora con su profesionalidad a lucir una obra sobresaliente: Judi Dench, Steve Coogan, Charlie Murphy, Simone Lahbib, Anna Maxwell Martin,Neve Gachev, Sophie Kennedy Clark, Charlotte Rickard, Nichola Fynn. Deliciosa Judi Dench.

El cine consiste en contar historias y hacerlo bien. Hacía tiempo que no sentía tanta emoción en el cine, hacía tiempo que no daba tantas alas a mis reflexiones después de ver una película. Esto, últimamente me ocurre a menudo y estoy contenta porque cuando se consigue, es que el cineasta responsable se ha ocupado con respeto y profesionalidad de contar su historia. Estamos de enhorabuena.

Crítica: Nebraska

NebraskaGuionista productor y director americano, nacido en Nebraska, Alexander Payne consiguió el Globo de oro al mejor director por su película “A propósito de Schmidt”. Nominaciones en muchos y diferentes festivales mundiales, y reconocimientos y homenajes a su gran maestría cinematografía avalan al cineasta Alexander Payne, nada se puede decir que no se haya dicho y dijéramos lo que dijéramos siempre nos quedaríamos cortos. Su nuevo trabajo hace honor a la tierra que le vio nacer. Crítica de la película “Nebraska”.

Woody Grant (Bruce Dern) y su esposa Naggy (June Squibb) son dos ancianos que viven alejados de su pueblo natal. Él presenta síntomas de demencia y un día es encontrado a la orilla de una carretera de Montana. Woody revela a su familia su plan para caminar a Lincoln, Nebraska, para reclamar un premio de lotería de un millón de dólares que le ha sido notificado por correo. Woody ignora los consejos de su hijo David (Will Forte) de no emprender un viaje de esas características para ir a cobrarlo pero él insiste en que se va a Lincoln.

La película está rodada sin utilizar el color y creo que esta decisión es perfecta para una historia en la que sólo deben hablar los tonos blancos y los negros. No creo que haya modulaciones que la pudieran definir mejor. Foto, color y ritmo. Sosegado quietismo. Personajes y su decadencia. Ancianos y paisaje. La ambientación, la recreación del espacio- tiempo siempre buscando el arte en el calco de lo real, es impresionante. La realidad más pura con infinitas caras y diferentes focos para mirarla.
Imagen de Nebraska“Nebraska”, sin decir nada nuevo, atrae como novedosa. En su sencillez es un espectáculo visual tímido, la trama encierra una interesante cuestión que se debate con elegancia, afecto y profundidad en un melodrama desbordante de matices, sin excederse, pues no abusa el director en ningún momento de tomas lacrimógenas ni se place en las emociones y la afectividad. No olvidemos además que el excelente nivel de detalles que se logra en esta película es el camino para poder palpar tan ilimitado trabajo.
Sentimientos y reflexión, con un excelente reparto rodeado de unos extras magníficos y un aderezo perfecto que nos hará sentir realmente que lo que estamos viendo puede ser real.

Las actuaciones sencillamente son fuera de serie. Con unos protagónicos que sobresalen. Stacy Keach, Bob Odenkirk, June Squibb, Missy Doty,Kevin Kunkel, Angela McEwan, Melinda Simonsen, excelentes. Creo que es necesario destacar algunas actuaciones: la del protagonista Bruce Dern del que hay que reconocer que es genial, pero sin duda la que más destacaría es la actuación de un actor que cada vez que le veo en pantalla me gusta y me convence más: Will Forte, y en este caso no es solo su forma de interpretar sino también el diseño de su personaje lo que hay que subrayar. Tan él como otros de los actores nos presentan situaciones que van desde la desesperación hasta la sutil comedia.
El guión es de Bob Nelson, la banda sonora de Mark Orton y la fotografía de Phedon Papamichael,
todos hacen un trabajo genial junto con Alexander Payne. Para mí la mejor obra de este director.

“Nebraska” es un potente caudal dolorosamente dulce y tierno. Perfecta en forma y fondo.

Crítica: La segunda mujer

La segunda mujerUmut Dag es un joven director de cine nacido en Viena de padres turcos. Fue asistente de producción en varias películas mientras cursaba estudios en la escuela de negocios de la capital austriaca. En 2006 empezó a estudiar dirección en la Academia de Cine de Michael Haneke y, después de dirigir algún corto y varios videos musicales, nos presenta su ópera prima en la gran pantalla. Crítica de la película “La segunda mujer”.

Cuando Ayse (Begüm Akkaya) tiene diecinueve años celebra su boda en el pueblo de Turquía en el que vive, todos creen que se ha casado con Hasan (Murathan Muslu), un joven poco mayor que ella. Pero, en realidad, Ayse abandona Turquía para convertirse en la segunda esposa de Mustafá (Vedat Erincin), el padre de Hasan. Al llegar a su nuevo hogar en Viena, algunos de los hijos mayores le dan la espalda; en cambio Fatma (Nihal G. Koldas), la primera esposa de Mustafá la acoge afectuosamente porque ve en ella a su sucesora, la mujer que cuidará a la familia cuando ella ya no esté. Entre las dos mujeres surge una amistad muy especial basada en una confianza total. Esta relación se verá cuestionada cuando la familia tenga que enfrentarse a un duro golpe del destino.

Con guión de Petra Ladinigg y Umut Dag, entramos en esta cruda historia que nos presentan sin ningún tipo de reservas, de una manera frontal y cuyo núcleo central es la familia. No se satisface su director con pintar un fresco vistoso y simple, muy al contrario, explora con una sonda invisible lo más inquietante y particular de cada personaje. No se limita a narrar sin más una historia más o menos superficial de una mujer, no, bucea en su interior, en sus sentidos más profundos, con la técnica de la cámara siguiendo en todo momento al personaje, permitiendo una mirada más personal, más íntima, que nos impregna de su halo social y moral.

Imagen de La segunda mujer“La segunda mujer” es cine enraizado en una realidad cotidiana. Cine de vidas con presiones, de miedos, de pasiones, de tradición, de sacrificio, de contradicciones y de vacíos. Juega con los fondos, bien estudiados. Nada es casual. Ni la casa de Turquía ni el piso de Viena, ni las camas, ni el sofá ni la cocina. El director reconoce la importancia de los elementos externos y con ellos da lugar a un clima envolvente que baña de forma uniforme los sentidos del espectador, los tonos, las luces y sombras que resaltan u oscurecen. La también joven y experta fotografía a cargo de Carsten Thiele, es un testigo ocular más, que va trazando una compleja radiografía de lo que se ve con los ojos y se siente con el alma.

Esta película tiene todo para gustar y en cambio a mí solo me ha causado molestia y no he conseguido seguirla con cariño, pues me falta empatía con ese sistema de vida, con las costumbres y la forma. No digo que sea una mala película, ni mucho menos, el guión es buenísimo, la interpretación de los actores es soberbia y está dirigida de forma genial pero me ha sucedido que he visto cosas que no quería ver. Es una buena película pero yo estoy demasiado sensibilizada con ciertos temas y no deseaba esa historia.

“La segunda mujer” es un producto que hará las delicias de los amantes del cine costumbrista y de la cultura musulmana.

La banda sonora en la película la realiza la compositora austriaca Iva Zabkar, sus acordes hacen sentir una realidad más cruda, más asfixiante, más desolada y desgraciadamente más inhumana para las mujeres.