Crítica: Hater

En el verano del año 2020, un verano bastante extraño y cargado de limitaciones nos adentramos en “Hater”, del director de cine polaco Jan Komasa. “Hater” es una película que ofrece una tragedia, en realidad varias lecturas de una tragedia y nefastas coincidencias. Y todo ello brindando todo su núcleo desde una perceptiva diferente muy agarrada a la vida real.

Narra las manipulaciones de Tomek (Maciej Musialowski) para conseguir el amor de Gabi (Vanessa Aleksander), una chica que está en un estatus social muy por encima del suyo. Tomek acaba de ser expulsado de sus estudios de derecho por plagio y en ese duro momento busca la compañía de un matrimonio de ricos: Robert Krasuckas (Jacek Koman) y Zofia Krasuckas (Danuta Stenka), padres de Gabi. Durante una reunión y tras un momento tenso, Tomek sale de la sala y deja su móvil con la intención de poder escuchar lo que hablan a sus espaldas, lo que escucha le afecta muchísimo. Su relación con esa familia se remonta a unos muy felices años pasados, cuando él estaba solo y ellos, tan bondadosos, le dieron mucho cariño.

En esta película de acertado título, “Hater”, la pasión, la soledad, la marginación no tiene nombre ni apellido, el amor es una contradicción, una íntima lucha de los distintos sentimientos del personaje principal. Tomek busca su hueco debatiéndose entre las pérdidas que su decisión le proporciona, un hombre joven que tiene la necesidad de descubrir miradas sin hacer preguntas, un hombre que añora pisar un territorio desconocido pero atávico y se lanza a él sin medir las consecuencias. Una idea que aparece lentamente. El deseo, su despoblado desierto le conduce tal vez a darle un valor fuera de lo común al amor y a encontrar una manera de designar con quién y cómo quiere compartir sus lágrimas, sus besos y su sudor. Ahí está ella, dentro del contexto de su pasado y de su presente…

Jan Komasa sigue a su personaje con la inmediatez de un detective: invisible, y le hace sufrir todo el dolor que causan los sentimientos. El director de “Corpus Christi” (2019), ganadora de numerosos festivales de cine, nos invita en esta ocasión con su nueva película “Hater” (2020), a una historia que se ha contado poco a pesar del aluvión de veces que se ha tocado el tema. Una narración sencilla, seca, fría y virtual que resulta más inquietante que cualquier sentimentalismo, la cámara simplemente es testigo de los hechos.

Afortunadamente, el guion de Mateusz Pacewicz esconde una trama compleja, novedosa e interesante. La música que acompaña a las imágenes la pone el músico polaco Michal Jacaszek. La fotografía del maestro en estas artes, el también polaco y ganador de muchos premios a su labor, Radosław Ładczuk. Baste decir que el actor Maciej Musialowski, personaje principal de “Hater” vive esta historia sin olvidar y demostrando sus raíces de buen actor. El resto del reparto, desde Vanessa Aleksander, Danuta Stenka, Jacek Koman, Agata Kulesza, Maciej Stuhr, Adam Gradowski, Piotr Biedron, Jedrzej Wielecki, Jan Hrynkiewicz, Martynika Kosnica, Wiktoria Filus, Iga Krefft, Viet Anh Do hasta Sebastian Szalaj, son inmejorables en esta película enormemente agridulce.

Una película que deja de lado las múltiples filigranas de los efectos especiales, amando la narración cinematográfica, con elegantes y actuales ideas. Estilista y macarra al tiempo, brillante y sorprendente. Amoral, ruidosa, furiosa y dinámica.

Véanla. Yo la visioné gracias a la plataforma Netflix. Es desconcertante, maravillosa e inolvidable.

Crítica: Cold War

Con “Cold War”, ha logrado el director polaco Pawel Pawlikowski una jugada redonda, en cuanto a prestigio y comercialidad, empeñado en retratar el amor como la máxima expresión de los mecanismos del ser humano. El guion es del propio Pawel Pawlikowski y de su paisano el dramaturgo, ensayista y escritor de novela y cuentos Janusz Glowacki.

Con la Guerra Fría como telón de fondo, Pawel Pawlikowski presenta “Cold War” con Zula (Joanna Kulig), una chica refugiada y aficionada al canto, y a Wikto (Tomasz Kot), compositor, profesor de canto y pianista. La película comienza en un lugar devastado de alguna parte de Polonia, en los bares, en las calles, en los trabajos la gente entona canciones populares y Wikto las va grabando en un magnetofón, esas canciones le van a ser muy útiles porque los mandatarios políticos de la zona quieren organizar un coro de chicos y chicas, noticia que es recibida con agrado por parte de Wikto, que a la vez acoge de buen grado a todos los jóvenes que le mandan. Entre todo el grupo está Zula, una chica muy bonita en la que Wikto pone los ojos desde la primera prueba que le hace. Poco a poco se enamoran perdidamente. Dos personas de diferente edad, origen y temperamento político, que se supone que son totalmente incompatibles, pero… ay, el amor y el destino no se pueden controlar…

Solo hacen falta gestos y un ritual costumbrista que se repite en cada uno de los actos del texto para definir las reglas del juego de este amor con final… ¿Feliz? ¿Infeliz?

La película de Pawlikowski “Cold War” es la muestra de la fuerza sin igual del cine, de belleza cinematográfica y de fábula. Aunque el director conserva en la trama las duras realidades que se viven, hace una película que es un estudio de temperamento, un film sobre la humanidad en unos años clave, tanto en el tiempo como en el espacio y, junto a esto, la necesidad de amarse. “Cold War” realmente es la madurez del cine a todo nivel, desde lo puramente técnico relacionado con la fotografía trabajada por Lukasz Zal, al montaje y vestuario, en cuyas fases alcanza casi la perfección. También cuenta “Cold War” con el prestigio musical que alberga, poéticamente constante, descubriendo además para la historia y el público el cántico tradicional polaco. Universo y detalles son colocados sobre escenas de identidades determinadas, sobresaliendo, como ejemplo de los mayores logros de la película.

El trabajo de la actriz y el actor polacos: Joanna Kulig y Tomasz Kot completa el conjunto amoroso, que se escenifica sin renunciar al tono más prescindible de la película y que es el corazón orquestador, mostrando la frescura de su presentación. A su lado, el resto del reparto: Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar, Adam Woronowicz, Adam Ferency y Adam Szyszkowski, sus armónicas interpretaciones son otro extraordinario surtido de posibilidades, sin la presencia de su elenco de actores y actrices a “Cold War” no hubiese funcionado tan maravillosamente.

Por este cúmulo de circunstancias, “Cold War” se mueve en un campo estético en el que la escala de valores rige para calibrar su perdurabilidad como la gran obra de arte cinematográfica del año 2018.