Crítica: Sólo una noche

CartelUna corta filmografía hecha a contramano. Hasta este momento escritora de guiones y en la actualidad valiente al saltar al cine grande, Massy Tadjedin con su película, “Solo una noche”, permite que esta crítica resulte flexible.

Película de intrigas amorosas y susceptibilidades, es lo que presenta en su opera prima esta cineasta iraní con residencia en los Ángeles.

En su argumento: Un matrimonio de Nueva York tiene que separarse, durante una noche por causa de un viaje de negocios que el esposo Michael (Sam Worthington) debe realizar con una atractiva compañera de trabajo, Laura (Eva Mendes). Mientras tanto, su esposa Janna (Keira Knightley) paseando por la calle, se reencuentra con Alex (Guillaume Canet), un amor de hace tiempo…  Resumiendo su entramado, un matrimonio está en la cuerda floja y va sujetando su relación por la parte más débil de los hilos que la envuelve, como es de esperar salta la chispa y pasan cosas. El resto tendréis que descubrirlo vosotros

Massy Tadjedin con su impulso se desmarca de lo que le conocíamos como guionista, (recordemos la apasionante The Jacket) tomando un camino a favor de los gustos dominantes y de la comercialidad de algunos géneros.

Con ese sello individual elabora esta producción. “Sólo una noche”, con cuatro actores de renombre y su guion sencillito, como si se tratara de un juguete de cuerda, es una película que pasa lenta, recreando imágenes y diálogos, y un gran puñado de imágenes de Nueva York – Manhattan-, en un mismo espacio el carácter y la declaración, no difieren ni fragmentan su armonía.

 Tadjedin construye pacientemente un drama romántico, con una observación directa a una realidad cada día más acomodada entre la sociedad, con conciencia artística esta directora ha conseguido en la realización, trasladar una hegemonía especial en cada fotograma, la combinación es muy llana, pero la intriga amorosa le da un carisma que empieza fenomenal y no decae en todo el metraje, además, fijémonos en los cuatro actores que encabezan el reparto y que son el alma de la película, este nexo sugiere tanto como el planteamiento que ya he apuntado del entramado.

Tiene el encanto de la actualidad, que no quiere decir que sea lo más auténtico ni lo mas real, ni siquiera lo más verosímil. De forma velada la película deja entrever lo inseguros que estamos de nosotros mismos y lo que esto perjudica en nuestras relaciones.

En mi opinión “Sólo una noche” es una salsa suave que no necesita ningún aderezo, se degusta, se disfruta… y ya.

Crítica: Pequeñas mentiras sin importancia

CartelGuillaume Canet enriquece mi crítica de su cuarta película “Pequeñas mentiras sin importancia”, quizás bajo este argumento y esta glosa, podamos entender mejor los notables hallazgos diferenciales que contiene la obra cinematográfica del director francés. Hallaremos en “Pequeñas mentiras sin importancia” los distintos aspectos que subyacen bajo determinadas formas con las que Canet nos introduce en la aventura humana.

Me gusta esta película. Confidencias y secretos al estilo francés. El argumento es a primera vista simple pero resulta enormemente atractivo: un grupo de amigos que se conocen desde siempre se reencuentran, Max Cantar (François Cluzet, París), el propietario de un restaurante de éxito, y Vero (Balerie Bomenton), su linda mujer, los invitan todos los años a su bonita casa al lado de la playa para celebrar el comienzo de sus vacaciones. Pero este año, justo cuando iban a abandonar París, su amigo Ludo (Jean Dujardin) sufre un tremendo accidente, todos van al hospital destrozados por la penalidad que siente su amigo, pero deciden no romper esta tradición, se marchan de vacaciones con su amigo convaleciente en el centro hospitalario. Ya en la playa, sus contradicciones afloran y su amistad se pone a prueba. Juntos se verán obligados a convivir con esas pequeñas mentiras sin importancia que se dicen cada día.

Analizada, “Pequeñas mentiras sin importancia”, podía pasar por un inesperado viaje a la narratividad emprendido por un director maravillosamente instalado en los aposentos del cine dramático-cómico, sin embargo nos hallamos ante la película menos discursiva de su autor. Sus evocaciones cinéfilas buscan hacer partícipe de las emociones de sus comediantes al espectador, haciendo que las interiorice y formen ineludiblemente parte de su ánimo, así pues, lo importante de esta película no son las realidades materiales que afloran a la superficie, sino la emotividad latente bajo cada una de las personalidades que en ella se van desplegando, ese secreto sentimentalismo es el que dispara el enunciado de la historia conduciéndola por verigüetos de fondos casi inquietantes desde el punto de vista psicológico. Al tiempo que comedia “Pequeñas mentiras sin importancia” es como un poema social sobre la convivencia, junto con una visión sobre lo que cada uno de nosotros guardamos dentro de nuestra cajita íntima y particular, aun así, Guillaume Canet, hace que la película se mantenga fiel a ese agradecible tono ligero que tiene desde el principio. La perspectiva de que las relaciones cordiales se amplían más si cabe, sin perder en ningún momento esa cordialidad, muchas veces indebida por la supuesta amenaza de las situaciones narradas. La única pega, si es que podemos llamarla así, es que Canet, sumido en su contemplación de rostros, abole en parte la dimensión de la historia y construye un tiempo cinematográfico, cuya sutil arquitectura, no resurge del todo rotunda. Ni mucho menos esto quiere decir nada negativo y mucho menos quiero quitarle la importancia que a mi parecer tiene este film, que me parece excelente.

Entre los actores: Marion Cotillard, Benoit Margimer, Pascale Arbillot, Guilles Lellouche (Adele y el secreto de la momia, Paris). Los actores, profesionales y magníficos, se adaptan a la perfección a esta atrayente película.