Crítica: El inocente

CartelBrad Furman se sirve de una trama compleja para proyectar su segundo título en la gran pantalla, una película contrastada y sutil. La crítica de “El Inocente” la realizamos comenzando por resaltar a Michael Connelly, un escritor estadounidense famoso por sus novelas de detectives y delincuencia. Uno de sus libros “El abogado del Lincoln” es el que ha servido de base a Furman en el guion de esta película. Cuestiones morales aparecen en la continuidad de los protagonistas que con acierto crea este desconocido escritor.

El argumento de la película “El inocente” permite, en su desarticulada medianía, sacar algunas conclusiones acerca de los vicios adquiridos en estos privilegiados trabajos, en los que “presuntamente” se puede manejar y deformar lo que al jurista de turno se le antoje.

En este caso, hablamos de Mickey Haller (Matthew McConaughey). Mickey es un abogado que se ha especializado en defender a criminales de poca monta procedentes de los barrios bajos, así pasan las fechas y no le va nada mal, pero un día se le presenta la oportunidad de defender a Louis Roulet (Ryan Phillippe, Franklyn), un rico heredero detenido por el intento de asesinato de una prostituta. Sus expectativas dan un enorme vuelco, pues defender al multimillonario significa percibir unos ingresos muy superiores a los que está acostumbrado. Sin embargo, aunque el caso es engañosamente sencillo, acabará por tener consecuencias inesperadas, y mucho más cuando su ex mujer Maggie McPherson (Marisa Tomei, Cyrus) es la fiscal del distrito más estricta de todo el condado.

“El inocente” tiene todo lo necesario para enganchar al espectador. Tiene mucho ritmo, acabando en un esclarecimiento con un significativo módulo justiciero que, aunque cabe imaginar, nunca llega a saber al dedillo. Furman prima los caminos más consabidos y más del agrado del espectador, buscando una conexión sentimental con el personaje de McConaughey, sobre el cual giran las circunstancias de la historia, y fácilmente, el actor consigue transmitir las objeciones de un protagonista que salta del fondo familiar al profesional, defendiendo además a un tipo cuyas acciones son difíciles de entender y aún menos de admitir. Esta contradicción, que sería la base principal del film a debatir, no lo es, pues la exhibición de fotografía, música, imagen y el regocijo taxativo en el desarrollo es tal que todo análisis o reflexión pasan a segundo lugar.

Además, “El inocente” es una película de actores. Tiene muy buenas interpretaciones, destaco principalmente a Matthew McConaughey, realmente sobresaliente en su afanoso papel, evidentemente por encima de todos, cumple aquí con uno de los mejores trabajos de su carrera, realizando una interpretación admirable, creo que junto con su trabajo en “Escalofrío” ésta es su mejor exégesis. Destacar también a Marisa Tomei, pocas veces ha estado tan estupenda como en “El inocente”, su naturalidad y puesta en escena es acertadísima. Y por supuesto, John Lucas (Legion, Como la vida misma), William H Macy, Laurence Manson, John Leguizano (Gamer), Michael Peña (Invasión a la tierra),… Al frente de todos ellos: Furman realiza una excelente dirección de actores y consigue que los personajes sean todos entrañables dentro de cada específico personaje.

Mejor no vean el tráiler.

Crítica: Cyrus

Cartel

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“The puffy chair” en 2005, “Baghead” en 2008, curiosa sucesión, sin duda del todo asumible; ahora, en 2010, “Cyrus” y todas ellas con dirección y guion de los hermanos Mark y Jay  Duplass, tienen una historia que contar y la cuentan seriamente, aportando por momentos algún toque de humor entremezclado con una gran proporción de gris emocional.

Antes de adentrarnos en la crítica de “Cyrus”, echemos un vistazo a su  argumento: John (John C. Reilly) está esperando unos minutos más, despertarse no significa forzosamente abrir los ojos, la luz entra por la ventana pero la calidez de las sábanas se opone testaruda a que John vuelva a probar el frío de su cuarto, de su casa y de su vida, en su cabeza el frío tiene una resistencia inusitada, el frío de su existencia es sólido, duro, extraño; por fin un golpe bronco le hace abrir los ojos, sin llamar a la puerta de su cuarto su ex mujer, Jamie (Catherine Keener) entra en la habitación. Siete años llevan divorciados, John no ha retomado su vida social, de hecho, su hundimiento es total y más con la noticia de que Jamie va a volver a casarse, ella le ayuda a salir adelante, le apena su tristeza, así, después de darle la noticia de su boda le convence para que asista a una fiesta.  Allí John conoce a Molly, (Marisa TomeiEl inocente) una chica agradable y seductora, enseguida surge entre ellos un especial feeling , inician una relación apasionada, pero Molly  preocupa a John con su actitud, un destello de desconfianza se abre paso dentro de su cabeza que tiene sabor a algo ya vivido muchos años antes. Ahora que él empieza a tener calor de nuevo, que la confianza vuelve a ser su amiga, ahora que ya no pierde el equilibrio, tiene miedo a lo que Molly le pueda ocultar y decide seguirla hasta su domicilio. John descubre que el secreto de Molly es su  hijo, Cyrus (Jonah Hill, Increíble pero falso) un chico de veintidós años.

“Cyrus” es un procaz ejercicio inteligente y sarcástico de las relaciones cotidianas del momento, ya que cuenta con unas posibilidades muy amplias, responde acertadamente a algunas de las manifestaciones de la complejidad de la convivencia. Los hermanos Duplass hacen una reflexión profunda y una exploración arriesgada de los mecanismos que nos mueven a la hora de tomar decisiones y  del miedo al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido. Los conceptos del relato y el discurso tienen el mismo propósito, utilizarlos como sistema para llegar a un juicio más fiel y completo por parte del espectador.

“Cyrus” a veces deprime, otras nos saca una sonrisa, pero nunca nos decepciona, Mark y Jay Duplass consiguen una película cargada de profundidad y sentimiento, historia de aventura humana, camino incómodo por el que muchos de nosotros andamos deambulando, sin posibilidades ni perspectivas.

En el reparto, el grupo de actores que adoptan las vidas de los personajes, están realmente acertados, destacando la interpretación cara a cara de John C Reilly y Jonah Hill, magníficos.

“Cyrus” es una obra de fácil análisis y de lectura ligera, pues todas sus propuestas implican situaciones de naturaleza elemental. Para mí es una película aceptable.