Crítica: En el centro de la tormenta

cartelEmpezamos la crítica de “En el centro de la tormenta” pensando en el cine negro, pero suspendidos en una ligera fragancia a telefilm; en esta película que llega a nuestros cines con un retraso considerable, se percibe apenas, la pericia cinematográfica de Bertrand Tavernier, y mucho menos su cine crítico de la sociedad francesa contemporánea, como sí ocurre en muchas otras magníficas obras suyas. Soy una fiel seguidora de este director. A Bertrand Tavernier le descubrí hace muchos años, en  una enorme película que protagonizaban Romy Shneider y Harvey Keytel, su título, La muerte en directo, me pareció tan aguda y tan rompedora que seguí Las huellas al cineasta… y vinieron nuevos trabajos: Nuestros días felices, 1990; L.627, 1992; La carnaza, 1995; Hoy empieza todo, 1999; y, tantas otras, nunca me decepcionaron. Ésta que hoy nos ocupa es la primera que hace en Estados Unidos y la primera que no me hace admirar y disfrutar con la fascinación a la que me tiene acostumbrada.

Bertrand Tavernier en el argumento y la trama de “En el centro de la tormenta” nos presenta a Bootsie (Mary Steenburgen), un ama de casa aparentemente feliz, casada con  Dave Robicheaux (Tommy Lee Jones The Company Men), un detective de Nueva Orleans. Actualmente están instalados en el estado de Louisiana y él  anda tras la pista de un asesino en serie responsable de la muerte de chicas jóvenes en Nueva Iberia, en el brutal asesinato de la última víctima, Robicheaux se acerca a la escena del crimen, coincidiendo un momento con un actor de cine de Hollywood, Elrod T. Sykes, (Peter Sarsgaard) que casualmente se encuentra rodando en el lugar de los hechos. Este hombre bebe hasta perder la razón por eso al detective le cuesta trabajo creerle cuando Elrod le confiesa que ha visto, lo que pueden ser, restos de un hombre, entre la maleza a orillas de un pantano cercano. Da la casualidad de que este descubrimiento trae a la memoria del detective intensas evocaciones de un sumario antiguo y Robicheaux empieza a sospechar que los dos casos están indiscutible interconectados. En ese lugar viven dos tipos que a nuestro detective no le gustan nada, Julie Baldoni (John Goodman) y Twinky Lemoyne (Ned Beatty) pero tendrá que lidiar con ellos.

A pesar de estar dirigida por Tavernier, basada en el libro “In the electric Mist with confedérate Dead”, de James Lee Burke no está a la altura (se dice también que es secuela de otra película del año 1995 que protagonizó Alec Baldwin, dirigida por Phil Joanou, cuyo título es Prisioneros del cielo, a mí me parece que puede ser más una continuación,  pues, hace años que vi aquélla, y recuerdo, que lo que ocurre , es anterior a lo que nos muestran “En el centro de la tormenta”). La película que nos ocupa es una película de autor sólo en sus toques genuinos, de lo que de verdad podemos tildar a la última película de Bertrand Tavenier, es de americanizar su estilo, manipulando narrativas que interfieren en su credibilidad como director exclusivo.

Este largo, contiene en efecto una historia creíble, lo que esperamos de un cineasta que gravita en las ideas del cine social y en los extremos de culturas contrapuestas. Las magníficas localizaciones verdes acuosas hacen que la pantalla dé sensación de humedad, esa plétora calma, la serenidad de su ritmo narrativo, las imágenes del pantano que inmejorablemente hacen que casi se pueda oler el fuerte olor a cieno de su fondo, la fotografía, o sea todo su continente perfecto, pero el contenido que envuelve la historia, las peculiares estructuras que maneja, suponen un reto forzado, simplemente por la indisciplinada fusión de la narración, el problema no está en la trama, ni en el fondo de la historia, ni en los actores, ni en casi las dos horas de su recorrido, sino en lo enormemente imprecisa que puede llegar a ser cuando ves que se va perdiendo lo interesante e inquietante, por la forma en que el director utiliza los lazos para unir todos los campos abiertos, pero lo dispuesto, hecho está, claro que lo que se ha hecho no es quizás, lo que pudiera haber sido.

Después de ser una coproducción franco-americana, en América no se ha estrenado en cines directamente pasó al DVD.

Me da mucha rabia, pero no la recomiendo. Es éste un relato de Bertrand Tavernier sin ningún atisbo de su impronta personal.

Crítica: Torrente 4 – Crisis letal

CartelEn la presente critica de “Torrente 4 – Crisis letal” no sólo vamos a analizar la obra, también hurgaremos un pelín en el talento pendular de Santiago Segura, con El brazo tonto de la ley, Misión Marbella y El protector. Con la primera, Segura, sin pasión, lirismo ni piedad, crea ese personaje grosero y maleducado que cautiva a la masa de espectadores, con la segunda no alcanza las expectativas de la primera pero los incondicionales ahí siguen para verla y repetirla, la tercera contiene una regularidad con resultado más malogrado para los muy aficionados, pero igualmente imprescindible… y aquí estamos con “Torrente 4 – Crisis letal”.

Vaya por delante que cada día que asistimos al cine, en total en la sala, no habrá más de veinte personas, a veces ni seis, a no ser, que sea un estreno con mucho marketing, pues señores: el viernes en los cines que acostumbro, se habían habilitado cuatro salas para el evento que se estrenaba: “Torrente 4 – Crisis letal”. Hace tiempo que no veía en ese sitio tanta gente.

Un público variopinto, pero generalmente jóvenes, con ganas de pasar el rato de cachondeo, pues esto es lo que atrae de esta película, nuevamente, lo irrazonable, lo incorrecto y los antiestético están a la orden del día en esta divertida e irreverente película, la cual vuelve a gozar del talante caricaturesco de un inteligente Santiago Segura que explota ya por cuarta vez unos recursos que son fuente de dividendos.

Santiago Segura, en el papel de Torrente, el policía ahora detective, sucio, facha, intolerante y seguidor del Atleti, a quien le asignan otra peligrosa misión, en cuyas redes caerá como un pajarito. Después, su único sentido en el transitar por su indecente y intransigente vida, es desenmascarar a solapados facinerosos que le han trucado la existencia, y hacer alarde de lo bueno que es en su profesión, quizás ya no sea tan novedoso el ver a Santiago Segura hecho un verdadero asqueroso grosero mugriento pero eso es lo que te da su saga y lo que se espera de sus trabajos, dar asco, la clave del éxito de todas sus entregas.

Esta continuación es igual de indomable y expedita que las anteriores vistas. Es más, hasta me parece que es más escatológica aún, será quizás por el 3D.

Los amigos que componen el reparto, no es que estén más acertados o menos, lo que ocurre es que al ser caras muy conocidas y no habituales en el cine, cuando la cámara los capta, el espectador se sorprende, automáticamente se suelta el chiste adecuado y por ello, la risa es incontrolable. En fin, que no la recomiendo porque sólo es película para incondicionales (que son muchísimossssssss). Entre los cameos, Cesc Fábregas, David Bisbal, Belén Esteban, “El Langui”, Kiko Rivera, Andreu Buenafuente o Ana Obregón.

Eso sí, de nuevo hago hincapié en el gran talento comercial de este hombre Santiago Segura, no hace cine de escuela nacional, no hace cine costumbrista, no hace cine de parodia: no hace cine… pero arrasa en taquilla.

 

Crítica: Bienvenidos al Sur

CartelTres años después vuelve la trama y el argumento de “Bienvenidos al norte”, ahora el título del remake es: “Bienvenidos al sur”, mi crítica es para esta película de Luca Minero. Con este film el espectador es cazado en una especie de ejercicio pasivo para finalmente asistir a la muestra de una repetición con diferencias acertadas.

Alberto (Claudio Bisio) trabaja en la oficina de Correos de una pequeña ciudad del Norte de Italia, está casado con Silvia (Ángela Finocchiaro), pero no está conforme con su trabajo, está dispuesto a todo con tal de conseguir el traslado a una oficina de correos de Milán, incluido fingir discapacidad; pero, cuando el truco es descubierto, lo sancionan mandándolo a un pueblecito del sur, lo cual para un italiano del norte es una auténtica contrariedad. Solo y lleno de prejuicios, se traslada a la que considera la tierra de la disputa, su sorpresa será enorme cuando descubra, un lugar fascinante y unos compañeros cariñosísimos, vecinos muy amables y, sobre todo, un gran amigo, el cartero Mattia (Valentino Lodovini). ¿Cómo podrá Alberto ingeniárselas para contarle lo bien que se encuentra en el sur, a su familia?

Bueno, la verdad, es que la original a mí me gustó mucho, por eso quizás me atraía a la vez que recelaba de ver esta copia, me parecía una película innecesaria, no comprendo el empecinamiento en volver a repetir historias, ahora, ya después de haberla disfrutado, para manifestarme, descifrarla y analizarla, con acierto tendría que distinguir a los que vieron “Bienvenidos al norte” y a los que no. Para los que la vieran, esta copia les parecerá impávida y faltando a la fidelidad del humor francés de aquélla, y al contrario de convencerles: incomodados con los atajos del humor italiano; a los que no tuvieron la suerte de verla, quizás “Bienvenidos al sur”, divertida comedia italiana, les hará quedarse con muchos de sus momentos fantásticos, pues tiene cuerpo, textura y espíritu de originalidad, tal vez sea precisamente, el toque italiano.

En “Bienvenidos al sur” da gusto encontrarse con gente normal con vivencias sencillas.

La película, sin excesos, carencias, ni ardides cinematográficos, muestra personajes, a los que el director no intenta cambiar en modelos de comportamiento, sino en personas con vicios, con debilidades, con sensibilidad bien tratada.

Una película entretenidamente simple que muestra los resortes de sus personajes de forma sincera y campechana, mostrándonos un viejo mensaje: la felicidad y el hogar, pueden encontrarse en cualquier parte del planeta, si te sientes cobijado por personas que te amen.

En fin, yo, debo ser sincera; me gustó más la versión original francesa. Aunque en la versión italiana también se transita por territorios atinados, plasmando la necesidad de mostrar lo acogedor del mundo, si lo sabemos descubrir.

Crítica: The Mechanic

CartelThe mechanic (El mecánico), la nueva película de Simon West empieza siendo un retrato ácido y violento, profundamente enraizado en la protagonizada por Charles Bronson en 1972, sin demasiado aire de continuidad. En mi crítica de The Mechanic (El mecánico) no puedo menos que mostrar mi opinión de que es una de tantas secuelas que no debieran de haberse hecho.

Esta película presenta una trama que posee ritmo en su narración, presentándonos el día a día de un hombre joven y veterano en su oficio, acostumbrado a navegar entre la inmunda basura. Ese día, Arthur Bishop (Jason Statham) había estado brillante, acaba de quitarse de encima a otro hombre vivo que le pesaba, estaba entusiasmado, es un asesino experto, con un matemático carácter y una aptitud única para prescindir cómodamente de aquel que le toca caer en sus manos. Horas después agotado por lo duro que el día ha sido, se sienta delante del ordenador y recibe un nuevo encargo, éste no le hace pestañear. Al día siguiente su amigo y mentor Harry (Donald Sutherland) muere, trabajando con él había llegado a respetarlo y admirarlo, pero ¿le debía algo? Junto a él siempre se sintió fuerte, su muerte le obligará a modificar sus técnicas, sobre todo cuando Steve (Ben Foster), el hijo de Harry, le dice que quiere entrar en la profesión, Bishop empieza a entrenarle y a enseñarle sus nocivas artes. Juntos aterrizarán en cada homicidio, en cada crimen, sin sentimientos ni debilidades.

The Mechanic (El mecánico) es claramente minimalista en pretensiones, posee una acción fría y discordante, y una ruda vena amoral; una historia que empieza limpia pero poco a poco deriva en una fiesta de actos agresivos y cruentos. Desde el fondo de la historia contemplamos el solitario vivir del protagonista, cerrado en su mundo apartado, donde no existen la vida social, ni el sentido de la amistad o la convivencia que un ser humano debe disfrutar.

Simon West pone en The Mechanic (El mecánico) una especie de retrato del hombre duro, haciendo de la película un producto, con demasiadas ganas de epatar y un absoluto desconcierto a la hora de graduar el sentido de un mínimo de debilidad del individuo. Además de cierto regodeo en ello, en cada escena, con lo que el resultado es una obra pobre en los sentidos básicos que conmueven al espectador, que se siente perdido en un laberinto de asesinatos sin explicación, ni orden, ni concierto.

Capítulo aparte merecen los actores pues su desarrollo de personajes es perfecto, contienen una gran profundidad, en su proceso descriptivo. Jason Statham tiene una buena participación metiéndose en la piel de un asesino a sueldo y entretejiendo elementos positivos de cara al espectador, Ben Foster se afianza en su buena interpretación y Donald Sutherland, en su corta aparición, nos deja un buen sabor de boca

En fin, una película más, que no recomiendo pero que quizás a los seguidores de los actores les merezca la pena ver por su actuación.