Crítica: Eva


CartelKike Maillo
, con su primer largo, “EVA” nos sirve una realidad precursora para hablar de utopías, su paseo por la identificación de lo irreal de la ciencia ficción nos aproxima a un cine en proceso. Crítica de “EVA”, idea de brotes verdes concebida entre paisajes idílicos.

Hasta diez años más tarde de su partida no ha comparecido Alex Garel (Daniel Brühl), un reputado ingeniero cibernético en Santa Irene, un bonito pueblo  de algún lugar del planeta. Estamos por el año 2041.En ese sitio los robots y las personas se relacionan de forma natural. Alex vuelve para realizar un encargo de la Facultad de Robótica: la creación de un niño robot. Le recibe con mucha alegría su hermano David (Alberto Ammann) y Lana (Marta Etura), su pareja, que viven en medio de la inmensidad de aquellos bosques y nieves junto a su hija Eva (Claudia Vega). Esta preciosa muchachita es avispada y sorprendente. Alex y Eva desde el momento que se tropiezan por primera vez encuentran en su relación un punto de complicidad, así sucede, que sin darse cuenta los dos tienen el ánimo de sacar un buen proyecto adelante, pero las cosas no siempre salen como deseamos y aquí para la niña y el ingeniero las cosas se pueden complicar, más de lo esperado.

De la trama no voy a explicar nada más de lo dicho, excepto señalar que merece la pena considerar su sentido de lo imprevisto, su misterio, su acción y su lado sensible. Las muchas virtudes de “EVA” no han de buscarse tan sólo en la destreza de su director, en la tranquilidad de interpretación de Daniel Brühl, Marta Etura, Alberto Amman, Anne Canovas , Lluis Homar o la niña protagonista interpretada de forma fascinante por Claudia Vega, sino también en la vehemente banda sonora de Sacha y Eugueni Galperine, en la suntuosidad de fotografía (exteriores rodados en Barcelona, Suiza y el Pirineo Aragonés) de Arman Valls Colomer y en los colosales efectos visuales -que son una fuerte partida- realizados por Lluis Castells y Javier García, ambos se recrean luciendo su destreza, todo ello apoyado en el guion compartido por Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca y Aintza Serra. Por todo esto y más, es una película que además de gustar a los amantes del cine de ciencia ficción gustará a todos por su relato sentimental, por lo que lo envuelve y por los conceptos reflexivos que proyecta con motivo de la humanización de las máquinas.

Kike Maillo empieza bien su carrera en la gran pantalla.

¿Qué ves cuando cierras los ojos?

Sin sobrevalorarla, tengo que decir que “EVA” es un buen entretenimiento para pasar una tarde otoñal, de cine…

Crítica: La voz dormida

CartelMás allá de su aportación artística, el principal objetivo de Benito Zambrano en esta película pasa por despertar pertinentemente “La voz dormida”. De entrada, para recobrar memorias que al cabo de los años se van perdiendo y cubriéndose de nubes que difuminan su autenticidad. La nueva obra de Zambrano, basada en una exitosa novela de Dulce Chacón, cargada de fuerza, simbolismo e ideales, nos mantiene en el filo de la hoja a medida que avanza la película. Su condición nos obliga a ver la injusticia a través de sus ojos. La cinta es a veces estricta, a veces atrevida y a veces incluso de invención en un relato verdadero. ¿Obstáculo?, para nada, lo que tiene de verdad es tan real, tan verosímil, que el recuento de los hechos que acontecieron en aquellos años superaría con superabundancia a la capacidad de denuncia de “La voz dormida”. La historia se basa en emociones fuertes: crimen político, asesinatos injustos, encarcelamientos de inocentes… La evidencia de los hechos en una ley víctima del abuso y el rencor. Gran parte de “La voz dormida” se desarrolla en una cárcel de mujeres, en el año 1941, un marco fluido y transparente. Sus martirios son un capítulo de la historia de aquella perversa posguerra.

Zambrano cuenta así en la sinopsis: Pepita (María León), una joven cordobesa de origen rural, viaja a Madrid, en plena postguerra, para estar cerca de su hermana Hortensia (Inma Cuesta) que está embarazada y en prisión. Pepita conoce a Paulino (Marc Clotet), un valenciano de familia burguesa, que lucha junto a su cuñado en la sierra de Madrid. A pesar de la dificultad de su relación, se enamoran apasionadamente. Hortensia es juzgada y condenada a muerte. La ejecución no se llevará a cabo hasta después del parto. Pepita intenta por todos los medios y en todas las instancias que condonen la ejecución. Va todos los días a la prisión con el objetivo de que le entreguen el futuro hijo de Hortensia, suplicando que no lo den en adopción o lo internen en un orfanato.

Ambientada en el Madrid aquél, representante de una nación tenebrosa y amenazante, que equilibraba y huía de su propio apocalipsis con esa prebenda de régimen represivo y clerical.

Carátula Película y manifiesto, eso nos muestra el director de “La voz dormida”. Se puede decir y se dirá que Benito Zambrano en la película no pone tachas, que no muestra errores en las gentes de la izquierda, pero es que “La voz dormida” recrea España dos años después de que terminara la contienda. Entonces todo estaba reducido a un régimen autoritario e intransigente que firmando sentencias eliminó a las libertades más elementales y a la marginalidad, a los que no comulgaban con sus creencias.

La música, la fotografía, la dirección de actores, los diálogos sin afianzar el amparo con la pasión y, sobre todo, el poder narrativo de las imágenes. En cuanto al reparto escénico todos hacen unos personajes totalmente creíbles pero a María León te la comerías a besos por lo bueno de su actuación. ¡¡Premios para ella señores del cine!!

Crítica: No habrá paz para los malvados

cartelEnrique Urbizu después de años de ausencia de la pantalla, con “No habrá paz para los malvados”  nos da la pauta de cómo renovar el género sin ser ridiculizado. Lo que recrea esta película está muy lejos de ser un tema aislado, por lo que el director español se juega su paleta cinematográfica y su notoriedad como director de cine; el experto del cuadro arcaico de las pasiones, renueva su confianza empeñada con el  actor español José Coronado, en su voluntad de que la unión alcance el éxito como en anteriores trabajos, Caja 507 (2002), La vida mancha (2003).

Coronado encarna la justicia tranquila y fuera de la ley, metiéndose en la piel del inspector de policía Santos Trinidad, un hombre amargado por distintos motivos, que se conduce y se rige de modo arbitrario pasando por encima de cualquier consideración o mandamiento. Dentro de la historia, también la juez Chacón, (Elena Miguel), el buen policía, Leiva (Juanjo Artero), y el compañero paciente, de Santos Trinidad, Rodolfo (Rodolfo Sancho)

La trama, sin ser del todo única, atrae y prende por momentos, gracias al hecho de que todo se enmaraña de manera espantosa para el personaje principal, haciéndote partícipe del drama que vas a presenciar. “No habrá paz para los malvados” no adolece de nada. Todo su tiempo es un continuo ir y venir de sensaciones de sobra populares, como el odio, la violencia, la soledad y la muerte.

La película es perfecta en todo su universo, con un actor, Coronado, metido en su papel, un policía a ratos justo, a ratos pasional, efectos producidos por el mundo que le rodea y el escondido mundo que nos acecha, enterrado en el sufrimiento y la suciedad.

Así como en “No habrá paz para los malvados” hay un ligero humo de thriller americano, que comprime su buen ritmo de película española actual, otro acierto de su director Enrique Urbizu. Para mí es una película importante y el actor principal digno del más merecido Goya.

Que cada uno haga su eco particular.

Crítica: La piel que habito

CartelClaustrofóbica y contraída película, sobre los lazos del amor y las dobleces que lo desgajan. Crítica de la película “La piel que habito”, un helado escalpelo rastreador de las miserias humanas.

El  director de cine español, Pedro Almodóvar, con dieciocho películas en su ya larga carrera cinematográfica, para este nuevo trabajo se ha rodeado de un fabuloso elenco de expertos actores españoles. Basando su obra en la novela “Tarántula” del escritor francés Thierry Jonquet, cumple el objetivo de realizar una expresión diferente,  haciendo fluir corrientes  distintas y  fragmentando modalidades, dentro de una trama totalmente distinta a lo que hasta ahora nos tiene acostumbrados. A pesar de eso, roza en todo el metraje sus recursos o señas de identidad consabidos.

Nos muestra la historia de un hombre que, desde que su mujer sufriera quemaduras en todo el cuerpo en un accidente de coche, se encierra en su oscuridad, brotando en él el anhelo, la premura;  Robert Ledgard (Antonio Banderas), eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvar a su esposa. Años después de su viudedad, consigue cultivarla en su propio laboratorio, una piel sensible a las caricias, pero una auténtica armadura contra todas las agresiones, tanto externas como internas. Para lograrlo ha utilizado todas las posibilidades que proporciona la terapia celular y tras  años de prácticas y ensayo,  empieza a experimentar en la práctica, trasladando a su casa,  a alguien que le sirve de conejillo de indias, todo esto con la ayuda de un coautor, Marilia, (Marisa Paredes) la mujer que se ocupó de él desde el día que nació y que le adora, aún sin querer. Ella se ocupa correctamente de su huésped, Vera-Cruz (Elena Anaya).

No sé si podrá sorprender ver como dedico el primer renglón de mi opinión a la música de Alberto Iglesias con justa entrega, y a los fenómenos sonoros de “La piel que habito”. Sería inexacto en esta película poner la música como enunciado aparte o en una escueta dilatación accesoria, cuando su fantasía ha contribuido profundamente tanto a la riqueza estética como a la intriga  psicológica.

Pedro Almodóvar hace una magnifica dirección de actores y los actores se mueven divinamente en la piel que habitan. Impecable el juego de escena, cambiando los ángulos en una contigüidad significativa. Me fascinan esos primeros planos, tienen un poder absoluto para su significado psicológico y dramático, este juego constituye una de las bazas mejor logradas.

Junto a los dos excelentes protagonistas, lucen por sus magníficos trabajos Marisa Paredes, Jan Cornet, Susi Sánchez, Bárbara Lennie, Roberto Álamo, Blanca Suárez, Ana Mena, Fernando Cayo, José Luis Goméz, Eduard Fernández y Carmen Machi.

No sé si el motor, el espíritu y la finalidad de la historia sirven para justificar las supuestas locuras de los personajes, reacciones brutales que pueden ser válidas; sin embargo, el giro final desbanca las hipótesis pactadas hasta ese momento por los espectadores, despertando en segundos al estilo más almodavariano si es que en algún momento estuvo dormido.

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