Crítica: En la casa

Cartel

En la casa

La capacidad subyugadora de narrar una historia para el cine de François Ozon empieza a ser visible en el año 1998 con su primera película “Sitcom”. Somos muchos los que  nos atrevemos a calificar a este director como uno de los directores más importantes del cine francés, algunas de sus películas que más me impresionaron fueron “Gotas de agua sobre piedras calientes”, “Bajo la arena”, “El tiempo que no queda” y “Mi refugio”, es evidente que en su corta carrera nos ha deleitado con obras de gran envergadura cinematográfica y la que nos ocupa es una de sus mejores películas. Ozon va directo a por la intensidad de la historia y con potentes personajes secundarios y una implícita esencia dramática, le extrae todo su potencial singular, desgarrador y humorístico. Con esta nueva película, “En la casa”, de nuevo el director francés regala  al público una historia interesante, atrayente y reflexiva.

Cuenta como un profesor de literatura francesa, Germain (Fabrice Luchini), amante de las palabras y el lenguaje, desanimado y aburrido por las vacías y torpes redacciones de sus nuevos alumnos, descubre entusiasmado que, por el contrario, el chico que se sienta al fondo de la clase, Claude (Erust Muhauser) muestra en sus trabajos un agudo y sutil sentido de la observación. Este chico, que se siente extrañamente fascinado por la familia de Rapha (Bastien Ughetto), uno de sus compañeros, escribirá, animado por el profesor, vivencias sobre esa familia y las compartirá con él en una relación literaria asidua. Todo esto pasa desapercibido a los ojos de los demás ya que solo se produce entre ellos dos, alumno y maestro inmiscuidos en su relación excluyente, permanecen hermetizados en el salpicado revoltijo gramatical que desarrollan a la limón hasta convertirlo en algo literariamente aceptable. De ahí, sus inquietudes adquieren un significado especial abriéndose entre ellos y la vida algo que ya no es su propia vida sino el territorio en el pretenden insertarse, una obsesión a la que conquistan con un amor consumido, que les suministra, no precisamente la sal de la vida…

Espléndida y muy efectiva esta película basada en la obra teatral “El chico de la última fila” de Juan Mayorga, 2006. A medida que avanza el metraje se va haciendo más interesante y literario, las palabras en el papel se transforman en una válvula de escape a la vez que en un universo de emociones, las tácticas gramaticales y las condiciones son tan dinámicas que la trama va adquiriendo una tremenda credibilidad, su desarrollo abstrae y el conjunto emociona. Todo unido al trabajo actoral en el que cada personaje está bien resuelto: los

Parte del elenco de la película

Claude con la familia de Rapha

alumnos, el personal docente, la familia y la esposa, pero sin dudarlo Fabrice Luchini y Erust Muhauser, son quienes dan resplandor a la película. El hermoso formulismo de su puesta en escena, la lucidez narrativa, sus giros y su mensaje, nos agrupa en un mundo de ficción y realidad, y nos alecciona medio en broma medio en serio, exponiendo en el enunciado que somos meras piezas de un juego en el que más tarde o más temprano residiremos atrapados.

Es imposible no unirse a un homenaje como el de esta historia, que dignifica el trabajo del profesor, paseando por renglones conocidos, y sobrevolando citas de distintos autores literarios, para al final colocar al personaje en el centro del núcleo de lo enigmático.

Pocas veces podremos asistir a una relación de fondo y forma tan armónica, “En la casa” es una película altamente recomendable, un todo inalterable, una obra que atrapa en cada escena, diálogo y ejercicio, y cómo no, en cada entrega del pliego donde habita una ilusión: un final esperanzador con la palabra, continuará…

Crítica: El nombre

Cartel“El nombre” es una construcción seria y divertida del encuentro de cinco amigos para celebrar algo importante… Entramos en una habitación amplia y confortable, tan acogedora y funcional como cualquiera de los salones de nuestra casa y, sin embargo, no totalmente llena de confort, ya que el ambiente que muestra se reduce a un sofá, dos sillones y una mesa. Un velador antiguo da  un respiro a la atmosfera de sobriedad somera. También hay libros, todos apretujados en librerías de pasillo construidas con gran ingenio, de forma que encajase todo el escenario a la perfección. Éste es el marco donde se desarrolla la película “El nombre”, un espacio sencillo: hogar imaginario de Pierre (Charles Berloong) y Elizabeth (Valerie Benguigui). Ambos son profesores, él de la Sorbona y ella de un instituto de secundaria. Esta noche reciben en su casa a Claude (Guillaume de Tonquédec), un joven músico en la radio estatal y  un buen amigo del matrimonio, a Vicent (Patrick Bruel), hermano de Elizabeth, y a su embarazada esposa Anna (Judith El Zein). Anna tarda en llegar a la cita, mientras tanto los cuatro amigos darán rienda suelta a una conversación porfiada y algo incómoda…

E l conjunto de la historia que nos presentan Alexander de la Patelliére y Matthieu Delaporte, es una invitación al cine francés de nuestros días, crisol sin duda de instauración cinematográfica,  nuevos brillos  que nos acercan a autores frescos y competitivos moviendo la  comedia social con un nivel muy por encima de cualquier otro país de Europa.

“El nombre” es cine francés con fuerza renovada con el que nos aproximan al ácido sentido del humor, a miradas alerta en torno al amor y la convivencia,  al tiempo que a condiciones y cuestiones tradicionales.  Desde su arranque, mucho antes de que la historia que compone “El nombre”  nos  enganche, la factura narrativa y la magnífica escenificación ya nos ha tumbado sin derecho a réplica, no es tan solo el realismo de lo que muestra o, por supuesto, lo impecable de unos personajes pergeñados de naturalidad en que los actores vuelven a superarse, -y pienso que con una nota muy alta-; también es el humor dinámico del film, el ritmo, los arquetipos sociales que viven dentro de todos y cada uno de los actores. Son chispas inagotables de entretenimiento que viven a lo largo y ancho del metraje. Pero, además, en el balance final es donde esta película gana enteros dándole un giro humorístico con un tremendo empaque lleno de seriedad y sensibilidad.

 Patelliére y  Delaporte: En el teatro o en la pantalla. Estos jóvenes autores galos construyen un relato irreprochable y cautivador de gestas personales y gestos humanos. Puede haber alguna semejanza, recuerdo o reminiscencia en el esquema escénico de “Un dios salvaje”, las dos películas comparten el mismo poso dramático, pero directores y actores vencen cualquier reticencia del espectador por el contrapunto, todos están esplendidos en una película en la que nada resulta artificioso y nunca se es complaciente, ni con los personajes ni con el espectador. A ellos y a nosotros lo que nos queda después de visionarla es un regusto extraordinario a trabajo bien hecho.

“El nombre” no es más ni menos que otra comedia francesa entretenida y excelente.

Crítica: La delicadeza

CartelUna película que a pesar de ser un drama no pretende serlo, acercándose más bien a una fábula romántica en forma de comedia para analizar la conducta de una relación. Crítica de la película “La delicadeza”

A lo largo de su corta trayectoria como contador de historias, David Foenkinos ha disfrutado de un éxito espectacular. Siempre en sus libros encierra relaciones de pareja tratados con ternura y con una romántica diligencia de humor. Su excepción la dedicó a su ídolo, John Lennon, del que realizó una biografía imaginaria sobre la vida y la obra del músico. Posiblemente este libro haya tenido mucho que ver con que Foenkinos sea conocido y admirado internacionalmente. El caso es que, sin llegar a extremos de que su literatura sea de escándalo, sus libros tienen una gran repercusión. Para sus lectores, este autor traspasa la barrera del convencionalismo novelesco, colocándose al lado de lo absurdo y delicado. La agradable sensación que me produce la literatura del joven escritor francés y la presencia dulce y encantadora de Audrey Tautou me llevó ayer a ver esta película.

Es la historia sencilla de Nathalie (Audrey Tautou) y Francois(Pio Marmaï). Son una pareja muy enamorada. Tienen una relación, se casan y son tremendamente felices. Ella, guapísima, él más guapo aún. Tienen todo cuanto necesitan, sus días son maravillosos en ese entorno delicioso de las calles de París. Pero un día Francois muere en un accidente y Nathalie se sume en un tremendo dolor. Pasada la etapa de duelo, casi tres años, el amor llama de nuevo a su puerta de la mano de Markus (Francois Damiens), un compañero de trabajo poco agraciado, pero que rebosa ternura.

“La delicadeza” está dirigida por el propio autor de la novela, David Foenkinos y por su hermano Stéphane. David, también autor del guion. Los hermanos Foenkinos desarrollan con “La delicadeza” su primera incursión en la gran pantalla.

La película no nos entrega nada nuevo, no te inquieta ni te cautiva, quizás incluso el relato adolezca de una importante carencia de diálogos. “La delicadeza” es ante todo un canto a la dignidad del ser humano y a la necesidad de que seamos aceptados como somos, sin que se base nuestra vida en la apariencia exterior, un despertar al amor y a la imaginación que acoge el sentido pedagógico de la desigualdad física, tan cuidadosamente calculado como su estudio de los dos primeros personajes que fluyen tranquilos a través de su ritmo pausado y su mirada sobria y contenida.

Todos los actores están en un alto nivel acorde con lo que requiere el guion. Los hermanos Foenkinos convierten una pequeña historia en un agradable fruto visual, con una fusión de estilos entre el drama, la comedia y el romanticismo. Los pequeños guiños con la música de la compositora francesa Émilie Simon, y la fotografía de Rémy Chevrin, todo estudiado al milímetro encajando a la perfección.

Audrey Tautou excelente, sus ojos interpretan más allá de lo imaginable,  ¿Qué decir del soberbio actor Francois Damiens? Pues que está genial, la película es perfecta en cuanto a interpretación. Mención especial para Bruno Todeschini, Melanie Bernier, Josephine de Meaux y Monique Chaumette.

“La delicadeza” fue nominada a mejor opera prima y mejor guion adaptado en los últimos Premios Cesar.

Crítica: Las chicas de la sexta planta

Cartel“Las chicas de la sexta planta” narra en clave de comedia la historia de un grupo de españolas que en los años sesenta emigraron a Francia para trabajar como criadas en casas de familias acomodadas. Philippe Le Guay, director, y Jérôme Tonnerense, coparticipando en el guion, describen la distancia entre la clase obrera y la burguesía y la frágil línea de esos mundos paralelos jerárquicamente separados.

Jean-louis Jouber, corredor de bolsa, es un rico hombre francés felizmente casado con Suzanne una burguesita elegante y dulce con la que tiene dos hijos varones. Éste es el momento en que su criada de toda la vida, -que ya lo fue de su mamá-, cansada de que no se haga en la casa lo que ella ordena, pide la cuenta y se marcha. La familia Jouber entra en un tremendo drama: no pueden vivir sin criada. Pero tras un momento de confusión y miedo al desorden descubren a “Las chicas de la sexta planta”.

Philippe Le Guay muestra nuestra vergüenza, una vergüenza que no tenía que haberse producido: la emigración. En este marco se encuadran metáforas que van más allá, aniquilando todo perjuicio sobre la simbología clasista, en un recital de analogías, la más importante la encierra su título: todos saben que existe una sexta planta, pero nadie prueba a llegar a ella.

Las voces de los interlocutores van afirmándose como seres perfectamente articulados, atrapados en los infiernos de la impotencia contra lo establecido e impuesto. En esta película es fundamental el estudio de personajes siendo fuente de su ritmo y entretenimiento, se alcanzan muchos momentos de verdad gracias además al potencial expresivo del reparto, exquisito el duelo interpretativo entre Natalia Verbeke y Fabrice Luchini. Hay que recordar, además, que Carmen Maura por este papel consiguió el premio a Mejor Actriz Secundaria en los Premios Cesar 2011, pero de igual forma, Lola Dueñas, Berta Ojea, Nuria Solé, Concha Galán, están desmedidas; plausible sin duda personaje e interpretación de Sandrine Kiberlain.

“Las chicas de la sexta planta” es un compendio estilizado de comedia social, un fino mecanismo que incluye multitud de variantes, desde la tradicional comedia de enredo hasta la más pura comedia romántica. La visión que el cineasta francés ofrece es ejemplar: ambiente parisino, burguesía que amenaza su propio fin, el suspiro español en el exilio y ese barniz de realismo que impregna cada segundo del film. Un tono que en ningún momento se rompe en su sobredosis de entretenimiento. Destaco la rapidez con que se envía al personaje principal a la solidaridad español-obrera, cuando a los quince minutos de proyección ya empieza en su cerebro a sonar la guitarra española. La mezcla de la música francesa y los acordes de lo español, emocionan, divierten y conmueven. Lo discordante, el único fraude que puede llevar este film es el doblaje, desentona y hace que desconozcas en cierta media a una actriz que la tienes tan cercana como es el caso de Lola Dueñas, por cierto, personaje indispensable.

Debajo de la denuncia cómica late la pasión de Philippe Le Guay siente y nosotros por él, desde ese sentimiento a escrito y realizado este homenaje, como una llamada a la esperanza de la coalición entre países hermanos dejando atrás las frustraciones del pasado. El cineasta rueda una nueva producción para el 2013, seguro que de nuevo nos agradará su ecléctica forma.