Crítica: Beast

El director británico Michael Pearce ya había trabajado esporádicamente el tema de la intriga pero es con esta película con la que abre su presencia en la gran pantalla, ocupándose además del guion, para demostrar la primacía inteligente sobre el obscurantismo de la personalidad humana manteniendo al espectador expectante a lo largo de toda la historia: “Beast”.

Se abre la película con personas que buscan algo o escalan un monte. A continuación, en otro lugar, un coro de chicas que canta, la profesora (Geraldine James) es madre de una de ellas: Moll (Jessie Buckley), la chica es historiadora y se dedica a hacer de guía para los turistas que llegan a la isla de Jersey. Moll no es una chica muy guapa pero sí distinta, especial; su melena es rizada y su pelo rojo, su forma de vestir junto con su imagen la hacen peculiar y sus problemas de convivencia en casa marcan su carácter. Con la imposición de cuidar de su padre, Fletcher (Tim Woodward), que padece Alzheimer durante su tiempo libre, su mirada sumisa y descontenta completan a una joven escurridiza y aislada de la comunidad. La intriga comenzará en su fiesta de cumpleaños con todo el jardín y la casa llena de invitados, Moll decide coger su bolsito de mano y salir a bailar. Baila muchísimo con un chico muy majo y simpático, Leigh (Charley Palmer Rothwell), y esa situación la lleva a conocer a Pascal (Johnny Flynn), un chico guapísimo que vive solo y del que Moll queda prendada, Pascal también se fija en Moll y ambos tiran para adelante queriéndose como nadie. Todo parece normal, después la cosa poco a poco se va poniendo bien fea.

“Beast” es una historia de crímenes, crisis emocionales, de clases sociales y celos que supuestamente ocurrió en los años setenta en la isla de Jersey, Gran Bretaña.

No es fácil explicar por qué me ha gustado tanto esta película de Michael Pearce. “Beast” es una enfermiza película que tiene la extraña capacidad de satisfacer gustos posiblemente opuestos. En este film de intriga, la maldad no nace en ningún lugar, en ninguna parte, es algo inevitable que surge como estrofa cruel del paisaje… Es algo que puede sentirse, que percibes cómo emana como un aliento pesado que llega de cada ser.

Pearce, con enorme potencial, trabaja esta película sin una red que proteja del desastre absoluto a sus personajes, con un sugerente subtexto, no tan original como bien trazado, con puntos de interés dentro de una familia bien, que de repente se ven envueltos en la zarpa y la génesis de los traumas acunados. Pero en realidad la historia se va desgranando con muchos momentos de sencillez y ternura, y hace de esa apabullante ingenuidad la mejor de sus cualidades para trazar, desde una aparente lejanía, el retrato de unas manos de hierro con guantes de terciopelo, que deciden sobre la vida y la muerte. “Beast” es un drama psicológico con asfixiante tensión y atmósfera densísima a medida que se acerca un final inesperado e irremediable.

Cuenta con música de Jim Williams y la fotografía de Benjamin Kracun. En el reparto, la actriz irlandesa Jessie Buckley , hace muy buen trabajo interpretativo, no la conocía y me ha encantado. Sin duda también me ha parecido magnífica la actuación del músico y actor sudafricano, Johnny Flynn. Lo cierto es que todo el reparto siguen perfectamente los dictados del director: Geraldine James, Charley Palmer Rothwell, Hattie Gotobed, Shannon Tarbet, Trystan Gravelle, Emily Taaffe, Tim Woodward, Olwen Fouere, Amanda Smith, Richard Laing, Oliver Maltman, Barry Aird, Joanna Croll, Joshua Squire, Sam Dale, Maria de Lima, Claire Ashton, Djalenga Scott, Lance Hill, Melissa Gotobed, con el buen hacer de todos sale victoriosa una película que aunque no sea una obra maestra viaja por el cine con mucho oficio y eficacia.

Véanla

Crítica: Aniara

Hugo Lilja y Pella Kagerman escriben y dirigen “Aniara”, un drama de ciencia ficción basado en la gran epopeya lírica del sueco Harry Martinson, cuyos poemas fueron escritos en el año 1956. Ambos consiguen que el cine sueco camine un paso más allá. “Aniara” es el ecuménico viaje que ilustra el arduo y viscoso proceso que podríamos estar vislumbrando nosotros mismos.

La película da comienzo con imágenes extrañas y familiares, y un pase de títulos de crédito, un principio que es a la vez el fin. Enseguida nos muestran a la Mimaroben (Amelie Jonsson) una mujer de unos treinta años que sube en el elevador hacia Aniara, un vehículo espacial que une la tierra con el planeta Marte. Mimaroben es la responsable de la sala de animación tecno-sicológica llamada Mima. Son muchos pasajeros los que conforman la totalidad del viaje que se dice será de tres semanas, pero todo se complica y el capitán Chefone (Arvin Kananian) tiene que dirigirse al pasaje para tranquilizarles y comunicarles las posibilidades que se les plantean, avalado por la astrónoma (Anneli Martini) y la piloto Isagel (Bianca Cruzeiro). La nave a Marte se desvía de su rumbo…

Hugo Lilja y Pella Kagerman trabajan en “Aniara” una escritura casi transparente prescindiendo del más mínimo matiz superfluo para lograr con su película la mayor condensación de sentido. En la escena, automatismos y desolación, como minuciosa crónica de sucesos que hace de los desequilibrios algo apasionante, bebiendo de todos los recursos formales del cine actual.

“Aniara” forma parte de esa ciencia ficción que busca escenarios futuros para plantarnos cara a cara con males cotidianos, es ciencia ficción en estado puro y sigue un patrón que bebe del drama histórico y social. He encontrado en esta película respuestas a debates éticos y políticos del pasado, el presente y el mañana. Respuestas y muchas preguntas. Perfecta la puesta en escena, solo por eso ya merecen sus directores todo nuestro respeto. Pero hay más: hay un vivir ordinario contado sin florituras, el discurso, la reflexión, las simbologías, la gran ansiedad que irremediable percibe el espectador. Una película atemporal, atrayente e inquietante.

Con “Aniara” nos hallamos ante un caso especial, ya que pertenece a autores jóvenes que han convertido su obra en un talentoso film dentro del género. Hugo Lilja y Pella Kagerman muestran respeto por sus personajes más allá de sus desesperanzas y de los recursos. Sin espectáculo, su mensaje subliminal podría llevarnos a la más endiablada reflexión, como si fuera una parábola del discurrir de nuestra civilización. La película es una historia prominente, tensa y delatora, dotada de una dolorosa clarividencia.

Los actores y actrices son la pirueta y el conducto necesario para servirnos en bandeja un abismo: Emelie Jonsson, Arvin Kananian, Bianca Cruzeiro, Jennie Silfverhjelm , Emma Broomé , Jamil Drissi , Leon Jiber, Peter Carlberg , Juan Rodríguez, Dakota Trancher, Otis Castillo, Dante Westergårdh, Elin Lilleman y Agnes Lundgren, entre otros. En la fotografía, Sophie Winqvist. En la música, Alexander Berg.

Hay ocasiones en que la frialdad es la única manera de abordar lo que se quiere decir, sobre todo cuando el material en bruto es tan brutal.

Véanla.

Crítica: La buena esposa

Con dirección del director sueco Björn Runge, “La buena esposa” es una película centrada en la vida de una mujer que sacrifica todo por el hombre al que ama, piensa que ella, por el hecho de ser mujer nunca podrá seguir la carrera literaria con el éxito que un hombre lo puede hacer. Cuenta con guion de Jane Anderson, basado en la novela “La buena esposa” de la escritora estadunidense Meg Wolitzer. Un relato lleno de crudeza, amor y fantasmas como migajas que esperan su momento.

“La buena esposa” es Joan Castleman (Glenn Close), con su vida perfectamente ordenada, sus hijos, su hermoso matrimonio y su hermosa posición social, está en un momento malo de su vida. Ahora le parecía increíble que hubiera formado parte de todo aquello. Joan es una buena esposa, ahora madura, perfecta esposa y madre. Pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con el escritor Joe Castleman (Jonathan Pryce). En este momento ya no puede más. La entrega del Premio Nobel de Literatura a su marido, precipita todo lo negativo acumulado, Joan decide desvelar su secreto mejor guardado. Le hubiera sido difícil recordar algo que le agradara de sus vidas en común, ellos habían sido siempre seres de mundos distintos, él tan conquistador, ella tan sumisa… y ambos tan enamorados…

La lección es un drama con la ambición de trasmitir ideas y sentimientos sobre la matería abordada que no es otra que la del mundo de hombres que no favorece a la mujer en sus sentimientos, en sus anhelos, en sus frustraciones  e incluso en su normalidad. “La buena esposa” habla de personajes casi reales y cercanos a los que les ocurren cosas corrientes, es decir una película de costumbres, con personajes en los que aflora el mundo frío y competitivo de la literatura, los éxitos, las trampas, la competición, los premios…

Con una estructura enormemente sencilla, que incluye algunos flashbacks explicativos, una progresión de secuencias en paralelo y la sugestiva forma de trabajar de Björn Runge, la película derrocha inteligencia, elegancia y se esmera en momentos casi teatrales, con diálogos de una brillantez inusitada y con una cuidada dirección de actores de Claire Campbell en la que no falta nada para el buen funcionamiento de la película. Björn Runge pone un naturalismo en la escena que se apoya en los actores y actrices y en la precisión exacta del texto practicando un cine inquieto sin denuncia social aparente pero al que nadie le puede negar ni su voluntad de discurso, ni su valentía.

Naturalmente, la música de Jocelyn Pook: violista, pianista y compositora inglesa resuelve con maestría todos los momentos clave del film, música para describir acciones y movimientos en un tema básico de diversas variaciones, siempre expresivas, acertadas y subrayando las secuencias como el tictac de un reloj. En la parte visual, el camarógrafo sueco Ulf Brantas desarrolla una fecunda precisión visual, factor imprescindible para la identificación con el espectador en todo el recorrido de la trama.

En el reparto, Glenn Close, con su estilo brillante, nítido y refinado, sutilmente favorecido por el personaje, permite a la cámara que la ame y la eleve, su poder de fidelidad a la mujer que representa hace sublime su actuación. El actor Jonathan Pryce, perfecto. Christian Slater, Max Irons, Harry Lloyd, Elizabeth McGovern, Annie Starke, Alix Wilton Regan, Karin Franz Körlof, Morgane Polanski y Johan Widerberg, todos con trabajos interpretativos muy bien realizados.

Una idea la sostiene. Véanla.

 

Crítica: La favorita

Yorgos Lanthimos, presenta su nuevo film en un contexto nuevo, distinto a lo que nos tiene acostumbrados. Con “La Favorita” escoge Europa con una historia de época para seguir remando la ironía que iniciara en su día y de la que destacamos Langosta”, en 2015. Para el guion ha contado con la escritora Deborah Davis y el guionista de cine Tony McNamara.

Ambientada en la corte de Inglaterra, a principios del siglo XVIII.  Una época en la que se mantiene una  guerra contra Francia y con algunos sitios más. Nos encontramos con una reina que sufre, Ana Estuardo. Anne (Olivia Colman) ocupa el trono y satisface a todos los seres que tiene alrededor mientras que su amiga Lady Sarah (Rachel Weisz) gobierna en la práctica el país en su lugar debido a sus engaños y al precario estado de salud de la monarca. Estamos en el momento en el que llega a palacio una nueva sirvienta, Abigail (Emma Stone). Tras no ser muy bien recibida, su encanto, su trabajo y su inteligencia seducen a Sarah que es prima suya. Abigail ve una oportunidad para regresar a sus raíces aristocráticas y aprovecha la ocasión. Abigail empieza a acompañar con más frecuencia a la reina y poco a poco se hace dueña del aprecio de la pobre mujer rica.

Tan hábil en la construcción de historias de ficción, Yorgos Lanthimos coge de la historia una vida perfectamente documentada y una puesta en escena completamente eficaz, un irreductible baluarte de cine que no da palos al aire. El film está dentro de un tema con múltiples y espinosas vertientes que Lanthimos recuerda: la realeza, las intrigas palaciegas, las mentiras y las traiciones, todo, pero el énfasis de la película cae sobre tres mujeres, dos que quieren proteger sus intereses y la tercera y principal, una mujer utilizada, sola y desdichada, con más taras biológicas de las que se puedan conocer. Lanthimos, fascinado por ese mundo de memorias que es “La favorita”, más que seguir la crónica, a ratos acrónica, candencia de un recuerdo a través de las usanzas y miserias de la corte, acaba demostrando ironía ante lo analizado, el director ama tanto la ficción que supedita los hechos a la forma; liberación de corsés y doctrinas aunque notemos cierta extravagancia mientras construye capacidades, destruye, conspira o simplemente hace cine.

En el aspecto de actitud y tendencia, “La favorita” es uno de los pocos trabajos que este año se atreven con la ironía (en ausencia de Woody Allen), aunque no tire de la absoluta ficción, en un registro completamente alejado de la relectura de la trayectoria director. “La favorita” no es un film desmitificador ni abstracto. Es un ejercicio  arriesgado. Punteado por momentos claves.

 “La Favorita” es una cruda inmersión en la realidad de mujeres, a partir del centro que la constituye. Un film bastante truculento, mostrado como quien no ha pretendido otra cosa que divertir al espectador. Nada más que objetar sino decir que si se muestra la historia como ciertamente fue, también hubiera sido una película de mujeres, pero denunciando, no haciendo comicidad de sus problemas.

Estupenda fotografía de Robbie Ryan, como estupendas son las interpretaciones de las tres actrices protagonistas, Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz, un trabajo interpretativo muy logrado. El resto del elenco: Nicholas Hoult, Joe Alwyn, James Smith, Mark Gatiss, Jenny Rainsford, Tim Ingall, Basil Eidenbenz, Timothy Innes, Jack Veal, James Melville, Hannah Morley y John Locke, actuaciones brillantes y por momentos imaginativas.

El próximo, señor Yorgos Lanthimos.