Crítica: Siete psicópatas

Cartel de Siete PsicópatasTrabajo peculiar que trata un tema curioso desde una perspectiva cargada de sarcasmo e imaginación. El guión, lleno de guiños cinéfilos, -Coen &Tarantino-, mezclados en efectivo convenio, escrito por Martin McDonagh,  esconde verdadero cine, entre mucho humor violento. Crítica de la película “Siete psicópatas”.

El guionista  Marty (Colin Farrell) busca inspiración para su próximo trabajo, al mismo tiempo que dos excéntricos amigos, Billy (Sam Rockwell)  y  Hans (Christopher Walken) planean secuestrar a un perro para pedir un rescate. El asunto se complica cuando el animal es de un mafioso algo chulo y con un amor desmedido por su mascota, y se enredan y enredan y se vuelven a enredar y  la cosa se pone fea.

Una película independiente desde su concepción. Un retrato excéntrico, insensible y brutal que se centra plenamente en la relación del escritor raro que consulta su firme creatividad con su amigo del alma a la hora de hacer su guión. “Siete psicópatas” es interesante, desde su título; la creación de un guión fatal y siniestro que vuelve locos a los personajes.

“Siete psicópatas” es puro cine de misterio pues consigue mantenerte con la atención y los cinco sentidos perfectamente agudizados durante toda la narración, Martin McDonagh  consigue con la película su mejor dirección y saca lo mejor de su propio concepto. Muy preparado también por los planos que ofrece mostrando cada detalle con corrección. Desde el punto de vista del estilo, reaparece aquí su gusto por la equivalencia que enriquece humorísticamente las peripecias. “Siete psicópatas” es un cambalache psicológico de los dos personajes protagonistas para que cada uno llegue victorioso a su meta.

Conforme el film avanza McDonagh usa todo un ciclo de pequeñas y grandes degradaciones mediante un filtro ligero que embarga cualquier atisbo  dramático, a la vez que parece plantear un progreso lógico de las imágenes violentas  haciendo hincapié en lograrle algo de humanidad a cada personaje, cada vez que la sangre aparece germina algo para que podamos distinguir lo amable de lo cruel. En cualquier caso, la película emplea un perfume de fanatismo y locura que las imágenes no alcanzan a desmentir. A ratos embruja, a ratos alucina, a ratos  espanta.  Pero me quedo con algún que otro momento brillante: la intención de ridiculizar hechos, digamos, normales con su vehemente violencia.

Te tienes que reír por fuerza porque de no ser así te levantas y te marchas del cine.

“Siete psicópatas”, es una comedia negra donde todos los personajes evolucionan a lo largo de la historia bajo distintas luces, pues han sido aplicadamente trabajados para que así ocurra. Tanto en la construcción psicológica como en las interpretaciones los actores están fenomenales. Estamos, sin duda, ante una película de personajes aborrecibles que Sam Rockwell, Christopher Walken y Woody Harrelson bordan y es un placer verles. Entre el elenco, otros como Michael Stuhlbarg y Abbie Cornish completan la historia.

Una película distinta, ingeniosa y particular.

Alguien me dijo que  es una loca y mortal diversión.

Para mí, por las razones ya expuestas, es una buena película muy violenta en la que te ríes por necesidad.

Crítica: La chispa de la vida

CartelÁlex de la Iglesia de nuevo nos arrasa con su imagen de la realidad, descarnada y cruda. Crítica de la película “La chispa de la vida”.

Roberto (José Mota) es un hombre felizmente casado, su mujer (Salma Hayek) está profundamente enamorada de él, tiene dos hijos mayores sanos y libres, pero ahora además tiene problemas de trabajo. Hace un tiempo cosechó un enorme éxito con un eslogan que hizo para la Coca Cola, -el famoso “La chispa de la vida”-; de aquella luminosa conquista Roberto conserva muy buenas amistades, a las que recurre en este momento tan delicado en su carrera profesional. Muchos serán los disgustos que le darán sus amigos y muy poco apoyo… Roberto, solo y desolado, se dirige hacia una ilusión, una fantasía, pero por culpa de qué sé yo el publicista tiene un accidente y prácticamente aquí empieza la historia. Un hombre paralizado, una esposa desesperada y todo a su alrededor que se mueve con un tiovivo.

Partimos de que “La chispa de la vida” es una comedia negra y como tal se desarrolla. Con guion de Randy Feldman, música de Joan Valent y foto de Kiko de la Rica está nominada a dos Premios Goya de la Academia Española, a mejor actriz para Salma Hayek y a actor revelación José Mota.

Sólo una ojeada a esta propuesta cinematográfica nos basta para contextualizar el nuevo trabajo de Álex de la Iglesia y apreciar su carácter de vicisitud esperpéntica, en la que su tan presumido humor ácido e incisivo resulta quizás más explícito, más próximo. Un retrato de ironía, una radiografía de los errores de la sociedad.

Puede que en “La chispa de la vida” sea menos significativa la ambientación por la sencillez de los escenarios, -la película prácticamente está rodada en el mismo lugar-, y que esta película no destaque ni en vestuario ni en maquillajes, pero sí que el director vasco tira de licencia cinematográfica conduciendo una situación disparatada y controlando cada instante de este retrato reseco. Álex de la Iglesia sabe conferir la dosis necesaria de descaro, atacando a medios de comunicación y a la sociedad capitalista que nos asfixia, nos sitúa en la crisis, regalándonos personajes que insultan la moral, personajes bien definidos y acertados con perfiles auténticos e inconfundibles.

Sitúa en la pantalla, para gusto del espectador, todos los medios necesarios para la demonización del sistema, además de darnos, -como ya lo hizo abiertamente en su anterior trabajo “Balada triste de trompeta”-, un circo, en esta ocasión más metafórico y subliminal pero igual de palpable: el circo de nuestras vidas, de nuestras hipotecas, el paro, las desigualdades, los hijos, los medios de comunicación y, por último y no menos importante, la banca. Ese actor, que lo es, José Mota, metido en la piel de Roberto en un primer, primerísimo plano diciendo a los banqueros ese famoso insulto que muchos de nosotros quisiéramos haberles dicho en alguna ocasión, al oírlo te quedas fenomenal, sólo por esa escena ya merecería la pena la película. Os dejo aquí una entrevista a Álex de la Iglesia y José Mota .

Yo la recomiendo.

Crítica: Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos

Cuando las raíces de la incomprensión nos arrastran a los más profundos abismos, ¿qué estamos dispuestos a pagar para alcanzar el equilibrio?… Nuestro tiempo aprovechado en la crítica de la película “Una mujer, una pistola, y una tienda de fideos chinos”, el guión está basado en la primera película que dirigieron los hermanos Cohen “Sangre fácil” (1988), y la dirige: Zhang Yimou.

Escribir sobre la filmografía de Zhang Yimou es hablar del cine con mayúsculas, este director magistral, con su estética oriental, ha dado al mundo del celuloide verdaderas obras imprescindibles, un símbolo en la jerarquía de cineastas chinos, como muestra y para recordar: “La semilla del crisantemo”, “La linterna roja”, “Vivir”, “Camino a casa”, “Ni uno menos”, “La casa de las dagas voladoras”, y tantas y tantas historias embriagadas y ensalmadas de su hechizo mágico.

El signo más característico de Zhang Yimou, sin lugar a dudas, es el drama rural chino y para ello adapta del original, dándole al argumento una enorme importancia y concediéndole su individualidad.

La productora presenta esta sinopsis: Wang es un hombre pesimista, astuto y avaricioso, dueño de una tienda en la que se sirven fideos chinos en una ciudad situada en un paraje desértico de China. No hace caso de su esposa, una mujer de lengua viperina, que tiene una aventura amorosa con Li, uno de los empleados de Wang. Li es un hombre tímido que, muy a pesar suyo, acaba guardando la pistola que su amante ha comprado para matar a su marido. Pero Wang está al tanto de todo lo que hacen. Soborna al agente de policía Zhang para matar a la pareja. Visto así, el plan es perfecto: todo se solucionará gracias a un final sangriento y cruel perfectamente satisfactorio para él. O al menos, eso piensa. Pero el malévolo Zhang tiene otra idea en la cabeza. Y según se complica la trama, correrá más sangre y la violencia será cada vez mayor.

Zhang Yimou nos demuestra en “Una mujer una pistola y una tienda de fideos chinos” que la misma historia se puede escribir en diferentes lenguajes y dibujar con diferentes colores. Los suyos, sus colores, son aquellos que después de ver una de sus películas aún persisten comprimidos en la retina del espectador. Con un blasón valedor de un gran ascenso trágico, presenta personajes como estereotipos sociales de acciones concretas, inclinándose en esta película por una concepción más teatral del relato, y buscando la tensión a través de la prosperidad dramática, eso no quiere decir que se niegue el valor de la comicidad en la obra, pues realmente comedia negra, es lo que es, “Una mujer una pistola y una tienda de fideos chinos”.

Espacios y tiempos, atmósfera densa, paisaje artesanal, infidelidad y maltrato, y un director reinventando, Zhang Yimou, caricaturiza a los personajes forjándolos burlescos. Para esta repetición violenta que deja transparentarse al cineasta que la realiza, su virtuosismo estético, la preciosista puesta en escena, su particular paleta de colores. En fin, una película verdaderamente definida… también en honor a la verdad, debo decir que no llega donde llegaron otras. “Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos” es un título menor en la brillante carrera de este gran director.

Los actores: Honglei Sun, Xiao Shen, Ni-Yau, Dahong Ni, Mao Mao, Ye Cheng.

Una mirada diferente de una misma representación.