Crítica: El lobo de Wall Street

El lobo de Wall StreetAun midiéndola con el rasero de sus generosas producciones anteriores, resulta excepcional. Una película de una inusitada carga amoral, con unas tremendas escenas de adicción, trampa y traición en un alegato excéntrico a la avaricia humana. Crítica de la película “El lobo de Wall Street”, la última obra de Martin Scorsese.

Terence Winter  crea el guion del libro escrito por Jordan Belfort sobre su vida: en la película, Leonardo DiCaprio encarna a este multimillonario corredor de bolsa al que le embrujaba la popularidad, el lujo y el dinero.  Jordan Belfort  llegó  a ser uno de los hombres más ricos del mundo.

“El lobo de Wall Street” es una  película de tres horas de duración, con el magnífico lenguaje del maestro Scorcese. El mundo que crea se va alejando más y más de la realidad objetiva, fruto en parte de la imaginación y la propia realidad, hasta formar un universo que invita a pensar hasta dónde estamos engañados.

Qué puedo decir de este cineasta que no se haya dicho, Scorsese ha demostrado ser uno de los talentos de la historia del cine actual, además de poseer una portentosa capacidad para despertar la inquietud y el interés del público como lo demuestra con cada nuevo trabajo.

Con esta película Martin Scorsese siente la necesidad imperiosa de plasmar la historia bajo su visión satírica, una visión que prima en todo momento sobre cualquier tipo de consideraciones; una actitud a la que sus detractores pueden atacar  pero que también le puede llenar de premios. Para algunos espectadores el carácter excéntrico y casi surrealista de la película  resultará irritante, pero la mayoría se sienten fascinados por sus imprecisiones, por su valentía y por la complejidad de su puesta en escena, que pretende no solo una obra de arte, sino congeniar con la innovación, a la par que proponer una fascinante morfología de proceso creativo.

Imagen de El lobo de Wall Street

“El lobo de Wall Street” constituye una de las experiencias audiovisuales más ricas y provocativas que ha dado el cine en mucho tiempo. Una vorágine de imágenes, música y locura para mostrar el poder del dinero.

En el reparto, Jonah Hill, Matthew McConaughey, Jean Dujardin, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Bernthal, Jon Favreau, Ethan Suplee, Margot Robbie,Cristin Milioti, Katarina Cas, Joanna Lumley, Spike Jonze, Chris Kerson, Shea Whigham, todos de un acierto interpretativo significativo, pero a quién  verdaderamente hay que ensalzar  es a Leonardo DiCaprio pues contribuye a comunicar de manera extraordinaria la personalidad que representa y el significado de la película. DiCaprio comprende muy bien el sentido que ha de darle a su actuación, lo cual constituye uno de los ingredientes esenciales para el éxito de esta película.

La música de Howar dShore y la fotografía de Rodrigo Prieto.

Una película que entrará a formar parte de las favoritas de muchos a pesar de no ser la mejor en la carrera del cineasta.

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Crítica: Sobran las palabras

Cartel Sobran las palabrasNació el 18 de septiembre de 1961 en New Jersey, Estados Unidos. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Rutgers de New Jersey y trabajó como camarero y gerente de un local de Manhattan. Sus comienzos como actor fueron en el teatro y, después de trabajar en varias obras en Broadway, debutó en el cine con Sidney Lumet en “Una Extraña Entre Nosotros”, en 1992. Más tarde llegó “Amor A Quemarropa”  y después vendrían muchas más, sin olvidar su magistral papel en «Los Soprano», hasta  que el verano del año pasado mientras disfrutaba de unas vacaciones en Roma le sorprendió la muerte. Murió a los 51 años, James Gandolfini. Ésta es la crítica de “Sobran las palabras”, su última película, dirigida por Nicole Holofcener.

La historia que nos cuenta Holofcener, autor también del guión, es una aventura sencilla y tierna la protagonista es Eva (Julia Louis-Dreyfus), una mujer divorciada que trabaja como masajista. El galán que la enamora es Albert (James Gandolfini), un hombre encantador y jovial que también es divorciado. Un día en una fiesta se conocen y casi se enamoran, o se enamoran después… Marianne (Catherine Keener), es una nueva clienta de Eva, podríamos decir que es la clienta que más vamos a ver, es guapísima, inteligente, cariñosa y poetisa. Eva le toma mucho afecto…

“Sobran las palabras” no es una gran película. No es ni siquiera una película notable. No ofrece nada nuevo ni especialmente destacable, ni en el plano en el que se firma, inscrito en una tradición muy asentada en el cine, ni en el temático, donde no pasa de ser una variedad más, de un tema recurrente y convencional en su apartado romántico de los problemas de pareja y la utilización de esta polémica, –aunque dentro del sentido humorístico-, en la cual están involucrados los protagonistas. En ese aspecto concreto, de hecho, roe y roe como un ratoncillo rosado.

Imagen de Sobran las palabrasPodría ser catalogada como comedia inteligente. Sin ahondar en un tema tan común en nuestra época y cuya responsabilidad ética y moral no se muestra muy abiertamente, -la familia y su alianza, solo unida por los lazos de los hijos y los problemas de éstos en la adolescencia-, muestra buenas hechuras y, sobre todo, mucho rigor en la construcción de vidas fantásticas. En los tiempos que corremos nos viene fenomenal un buen subidón de azúcar.

Frente al tema, lo mejor, unas interpretaciones en general notables, James Gandolfini un actor que se sumerge de manera brillante en su papel haciendo un personaje totalmente creíble. Aun con momentos de sobreactuación en la interpretación de Julia Louis-Dreyfus  su papel de Eva es entrañable. A Catherine Keener, mega veterana actriz le damos un diez, realiza un papel delicioso, los ojos de los tres actores se adueñan de la imagen y deslumbran. Toni Collette, Ben Falcone, Tavi Gevinson, Tracey Fairaway, Eve Hewson, Anjelah Joh, Grobet nson-Reyes,Toby Huss muy entregados en sus papeles respectivos. Música, Marcelo Zarvos . Fotografía Xavier Pérez.

Un acercamiento en el que todo sale bien, sin renuncias ni angustia, a la vida y al amor de estos tiempos .  Divertida, romántica e imposible.

Crítica: La gran belleza

Cartel de La gran belleza

Este abanico de texturas marcadas y diferentes se deja llevar solemnemente por una ciudad de ensueño, bajo la dirección de Paolo Sorrentino. Coreografías. Música. Confusión. Crítica de la película “La gran belleza”.

La película expone el proceso interior de un hombre en Roma. Jep Gambardella (Toni Servillo), un hombre atractivo y seductor irresistible, disfruta al máximo de la vida social de la ciudad y asiste a cenas y fiestas donde su inspiración y agradable compañía son siempre un éxito. Escritor que dejó de escribir después de su primer libro, es ahora periodista y  acaba de cumplir 65 años. En su juventud publicó una novela que le consiguió un premio literario y su reputación de escritor frustrado. Dominado por la indolencia y la decepción, asiste a este desfile de personajes poderosos, huecos y deprimentes.  Esconde su desencanto tras una actitud cínica que le lleva a ver el mundo con cierta lucidez amarga.

Con grandilocuencias, excesos y pretensiones, como su personalizado nombre “La gran belleza”, el director pinta un cuadro singular, donde se explora la ciudad de Roma profunda y bella, atravesada por la enajenación de una sociedad loca. Políticos, delincuentes de altas finanzas, reporteros, comediantes, nobles decadentes, prelados, peritos e intelectuales. Negociantes y jóvenes. Los no tan jóvenes y los devotos. El significado de la aventura del director italiano es un examen al tiempo, un espejo donde se reflejan todas las condiciones y miserias del espectro social y, ante ese entorno, las limitaciones de un mundo que amenaza con volverse ciego pero que aún, y después de muchas vueltas, es capaz de algunos restos de afecto.

No es ésta una película con crítica hacia la vida bohemia o libertina, más bien puede ser una reflexión. Jep Gambardella asume su incapacidad para reconocerse a sí mismo y a su situación, siempre aplazado en sus recuerdos y en su carrera literaria, un subterfugio contra el tiempo que finalmente le ha alcanzado y ante el que se niega a declinar.

Imagen de La gran bellezaSe puede decir que la grafía o la corriente es surrealista, sin embargo, lo particular es que este surrealismo no es del absurdo de la desarticulación del sentido, es como un sueño donde no nos llama la atención lo que vemos, todo nos parece natural porque el absurdo que nos muestra son vidas coloreadas que admitimos como reales, gentes perdidas, engañadas, estafadas. Por ello, cada fotograma de cortesía teatral de “La gran belleza” cautiva por su simbología.

La apuesta  en la que  el joven cineasta Paolo Sorrentino se prueba es difícil pero creo que sale victorioso. Los dilatados planos fijos, los silencios largos, la música, el color y todas las características narrativas del cine italiano se explotan aquí con frecuencia, aunque medidas de forma que parezcan novedosas. En esta historia de imaginación, hay soledad, alienación, destierro y desarraigo, pero sobre todas estas afecciones predomina el impulso dinámico de conocer lo que yace más allá del protagonista y de algunos de los peculiares personajes del film.

El guión es de Paolo Sorrentino y  Umberto Contarello, la música de Lele Marchitelli y la fotografía de Luca Bigazzi.

En el reparto:  Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Serena Grandi, Isabella Ferrari, Giulia Di Quilio, Luca Marinelli, Giorgio Pasotti, Massimo Popolizio.

«La gran belleza» desprende aroma a derrota, es una curiosidad sarcástica, desatinada y pasional. La  frase que se queda grabada: «termina todo en la vida pero antes hubo vida».

Crítica: Malavita

Cartel de Malavita“Malavita” es la adaptación del libro ‘Badfellas’, de Tonino Benacquista, con dirección de Luc Besson escritor, director de cine y guionista francés al que recordamos por películas como “El Profesional (León)”, de 1994, y “El quinto elemento”, de 1997, entre otras. El polifacético cineasta nos presenta en esta ocasión una comedia negra.

“Malavita” recrea la historia de una familia mafiosa americana que decide huir y trasladarse a la región francesa de Normandia. Escapan bajo un programa de protección de testigos del FBI acompañados por un agente. Aunque hacen lo posible para adaptarse a su nuevo estilo de vida, enseguida se verán obligados a utilizar los viejos métodos para solucionar los problemas que les proporcionan su nuevo domicilio, el instituto y el entorno.

 Luc Besson ha demostrado ser un cineasta bastante versátil dejando de una manera clara su huella en el cine y siempre con la marca del país donde nació.

Los primeros minutos de esta irregular pero excitante comedia negra son lo que se puede considerar la rúbrica de un pintor en un cuadro que le han encargado pero en el que quiere dejar su sello. A medida que van pasando los minutos va aumentando la entrega del espectador gracias a una humorística y concienzuda puesta en escena que lidera holgadamente el amplio repertorio de acción de esta película, el verdadero secreto de superación en la nueva obra de Besson. “Malavita” en ningún momento pretende imitar el espíritu único del cine de gánster, se restringe a recrearlo con toques de gracia gruesa. Podría destacar el particular roce humorístico, más que en los diálogos, en los fotogramas. La idea es dar una vuelta de tuerca a las películas sobre la mafia y la violencia extrema.

El director francés vuelve a demostrarnos que sabe hacer cine con mérito doble, pues también firma el guión junto a Michael Caleo,  un texto frágil pero divertido que en ocasiones resulta legítimo. Es difícil calificar el género de esta película, con momentos de comedia negra, drama y acción.

Imagen de MalavitaA lo largo de “Malavita” vemos pasar ante nuestros ojos un gran reparto encabezado por Robert De Niro, esta vez nos da una actuación más convincente, ya lo echábamos de menos. Los personajes bien retratados en la historia componen un conjunto de individuos cargados de personalidades violentas, llevados hasta la línea que separa la cordura de la locura y la bondad de la maldad. Michelle Pfeiffer, John D´leo, Tommy Lee Jones, Dianna Agron, Domenick Lombardozzi, Vincent Pastore, todos imprescindibles para el resultado de la película. La música de excelentes notas la puso Evgueni Galperine, y Sacha Galperine y una muy buena fotografía fue obra de Thierry Arbogast.

En definitiva, “Malavita” es una película que distrae sin sorprender, que entretiene pero no estimula, una producción acertada desde los parámetros comerciales alejando a su director de su postulado autoral. Una película para los que creen en el cine, en que las ideas y los sentimientos se desarrollan a prueba de balas y para quienes les apetezca pasar una tarde de invierno entretenida entre risas, sin desdoblar reflexiones.

Sarcástica, básica, muy divertida.