Crítica: La chispa de la vida

CartelÁlex de la Iglesia de nuevo nos arrasa con su imagen de la realidad, descarnada y cruda. Crítica de la película “La chispa de la vida”.

Roberto (José Mota) es un hombre felizmente casado, su mujer (Salma Hayek) está profundamente enamorada de él, tiene dos hijos mayores sanos y libres, pero ahora además tiene problemas de trabajo. Hace un tiempo cosechó un enorme éxito con un eslogan que hizo para la Coca Cola, -el famoso “La chispa de la vida”-; de aquella luminosa conquista Roberto conserva muy buenas amistades, a las que recurre en este momento tan delicado en su carrera profesional. Muchos serán los disgustos que le darán sus amigos y muy poco apoyo… Roberto, solo y desolado, se dirige hacia una ilusión, una fantasía, pero por culpa de qué sé yo el publicista tiene un accidente y prácticamente aquí empieza la historia. Un hombre paralizado, una esposa desesperada y todo a su alrededor que se mueve con un tiovivo.

Partimos de que “La chispa de la vida” es una comedia negra y como tal se desarrolla. Con guion de Randy Feldman, música de Joan Valent y foto de Kiko de la Rica está nominada a dos Premios Goya de la Academia Española, a mejor actriz para Salma Hayek y a actor revelación José Mota.

Sólo una ojeada a esta propuesta cinematográfica nos basta para contextualizar el nuevo trabajo de Álex de la Iglesia y apreciar su carácter de vicisitud esperpéntica, en la que su tan presumido humor ácido e incisivo resulta quizás más explícito, más próximo. Un retrato de ironía, una radiografía de los errores de la sociedad.

Puede que en “La chispa de la vida” sea menos significativa la ambientación por la sencillez de los escenarios, -la película prácticamente está rodada en el mismo lugar-, y que esta película no destaque ni en vestuario ni en maquillajes, pero sí que el director vasco tira de licencia cinematográfica conduciendo una situación disparatada y controlando cada instante de este retrato reseco. Álex de la Iglesia sabe conferir la dosis necesaria de descaro, atacando a medios de comunicación y a la sociedad capitalista que nos asfixia, nos sitúa en la crisis, regalándonos personajes que insultan la moral, personajes bien definidos y acertados con perfiles auténticos e inconfundibles.

Sitúa en la pantalla, para gusto del espectador, todos los medios necesarios para la demonización del sistema, además de darnos, -como ya lo hizo abiertamente en su anterior trabajo “Balada triste de trompeta”-, un circo, en esta ocasión más metafórico y subliminal pero igual de palpable: el circo de nuestras vidas, de nuestras hipotecas, el paro, las desigualdades, los hijos, los medios de comunicación y, por último y no menos importante, la banca. Ese actor, que lo es, José Mota, metido en la piel de Roberto en un primer, primerísimo plano diciendo a los banqueros ese famoso insulto que muchos de nosotros quisiéramos haberles dicho en alguna ocasión, al oírlo te quedas fenomenal, sólo por esa escena ya merecería la pena la película. Os dejo aquí una entrevista a Álex de la Iglesia y José Mota .

Yo la recomiendo.

Crítica: Los descendientes

CartelDos fuerzas combaten a lo largo de la película. Viene cargada de buenas intenciones desde el humor, al tiempo que infunde fuerza la dramática situación de la trama. Una y otra totalmente opuestas, en este caso, combinan con un alto grado de armonía. Critica de la película “Los descendientes”.

Alexander Payne, junto con Nat Faxon y Jim Rash compone el guion de “Los descendientes”, basada en la novela de la escritora estadounidense Kaui Hart Hemmings.

Dirigida por Alexander Payne, empieza con la voz en off  de Matt King (George Clooney), un hombre casado y padre de dos niñas. En este momento está releyendo su pasado, se plantea reconsiderar el futuro en un momento en el que su esposa sufre un accidente en una embarcación a las afueras de Waikiki.  Matt King tiene miedo, pero su miedo tiene relación consigo mismo, con algo latente en su interior y no tanto con quienes le rodean. Nada puede saberse con certeza de los remordimientos que fabrica su mente pero se intuye la niebla que turba su espíritu. Matt  se arrepiente de haber tenido a su familia desatendida e intenta compensar el trato que tiene con su hija, Scottie (Amara Miller), de 10 años, y Alexandra, de 17 años (Shailene Woodley), al tiempo que toma la decisión de vender la tierra de sus antepasados. Sus primos y él son dueños de una parte de las últimas parcelas vírgenes de playa tropical de la isla, que fueron parte de un legado de la realeza hawaiana. Matt debe de replantearse totalmente su vida, sin dejar atrás el trato por la venta de los terrenos. Transformará recuerdos y sueños en pesadillas durante una semana. Acompañado por sus hijas a lo largo de su complicado camino, vivirá  encuentros distraídos, confusos y graves, pero este hombre fuerte, finalmente está en vía en la recuperación de su existencia y la de sus queridas  hijas.

La tendencia de Alexander Payne a fragmentar la narración y hacer paralelismo con ella, acercando acciones y momentos distintos entre sí, se aprecia en “Los descendientes” más que en cualquiera de otra de sus obras (Election, Entre copas, Paris je t’aime, entre otras). Todo se mueve cerca de la tormenta pero sin llegar a desencadenarse el vendaval, Payne disgrega sus posibilidades, entretiene con suficientes ingredientes para proponer un divertimento muy al gusto del espectador. Junto a esto el gran calado de construcción del guion. También cabe mencionar el magnífico trabajo de Phedon Papamichael al cuidado de la fotografía, sin olvidar la gran labor de producción que promueve ese diseño tan, tan… hawaiano, que puede ser incluso llamativo. Los personajes en manos de los actores se convierten en auténticos, donde todo es lo que parece y creemos lo que se nos cuenta. George Clooney pasea a Matt King de manera extraordinaria.

Resumiendo, una película entretenida donde el lado cómico, solapa, sin anular a la parte dramática de la historia.

Crítica: Le Havre

CartelNobleza de objetivos y solidaridad, razones que Aki Kaurismäki aborda con precisión y cautela; la inmigración, la interacción del estado y, sus doctrinas constituidas. Critica de la película “Le Havre”.

Desde las primeras imágenes esta película se levanta con la fuerza del cine con mayúsculas. Desde el primer momento transcurre sencilla sin pretensiones, al son de una cálida música que nos sitúa en Le Havre una ciudad portuaria de Francia, sitio tranquilo y sin prisas, donde Marcel Marx (André Wilms), escritor de poco éxito, se ha trasladado a vivir. Este hombre siente que está más en contacto con la personas, pues incluso ha dejado de lado su profesión de escritor y trabaja como limpiabotas. En Le Havre ha encontrado la tranquilidad y la seguridad que necesitaba, son momentos felices que disfruta con su esposa Arletty (Kati Outinen) y los muchos amigos que ha hecho en poco tiempo. Pero un día, mientras está descansando y mirando a la gente pasar; ve, como en un momento de redada un inmigrante ilegal escapa de la policía, el chico africano menor de edad, Idrissa (Blondin Miguel Guion). El joven, quiere llegar a Inglaterra por cuestiones sentimentales. Marcel se crea una responsabilidad tratando de proteger al chico, además Arletty, su esposa, de repente enferma y tiene que hospitalizarse, Marcel conocerá en su propia carne el insensible muro de la indiferencia humana, pero con el optimismo que le caracteriza, con su confianza y la solidaridad de los habitantes del barrio, crearán una defensa que se enfrentará a la maquinaria ciega de una ley intransigente.

Qué decir que no se haya dicho del cine de Aki Kaurismäki, tiene este director una inteligencia cinematográfica tan particular como deliciosa, tan consistente como intensa, y tan real y sensible, que por su hechizo, trama y estética, sin posibilidad de escapar, el espectador queda fijo hasta que salen los títulos de crédito. Es particularmente entrañable encontrarse cada vez con sus a veces excéntricos y otras elegantes personajes. Sus detractores critican siempre o casi siempre desde la ignorancia o la falta de conocimiento. Dicen que retrata miserias, en la mayoría de las ocasiones de su país, pero es que existen esas miserias y debe de haber gentes preparadas para comunicarlo con todo el arte que les caracteriza. Aki Kaurismäki en esta película retrata el tema de la inmigración y la falta de justicia, que están ahí, pero al mismo tiempo entrega un mensaje de solidaridad, de amor al prójimo, de amistad, dando un toque de atención de calado existencial. Una nota de realidad y absurdo impregna todo el metraje, moviendo su cámara pausadamente, sacando imágenes de una teatralidad imponente, que se ejemplifica en la actuación de André Wilms, y Kati Outinen formando esa entrañable pareja que reboza ternura, y esa enorme galería de segundarios que, en conjunto, nos dejan esa buena sensación. Todo resulta bonito y sentimental, sin apelar a lágrimas, pues Kaurismäki conjugando comedia y drama, siempre logra el toque mágico. En esta película muestra su habilidad narrativa, su forma de innovar cine, su particular estética colorista y su buen gusto para seleccionar la música.

Con esto digo, que me ha encantado, además de por todo, por su sencillez. Como veis, soy incondicional del realizador finlandés Aki Kaurismäki.

 

Crítica: Habemus papam

CartelMi comentario de cine de hoy lo dedico al actor, productor, guionista y director italiano Nanni Moretti y a su nuevo trabajo: Crítica de la película “Habemus papam”.

Aunque el polifacético Nanni Moretti ya demostró su talento en el año 1976 con “Soy autosuficiente”, una comedia contestataria y utópica, y en el año 1978 fuese nominado a la Palma de Oro por “Ecce bombo”, su consagración como representante del nuevo cine italiano vendría en el 1981 de la mano de su película “Sueños dorados”, la historia de un exitoso director de cine imitador, dominador y ególatra; con ella fue premiado en el Festival de cine de Venecia con el premio especial del jurado, se adentra más tarde en la profunda «Bianca», en 1984, y a partir de ahí toma fuerza y emprende una fecunda carrera cinematográfica brindando al mundo su punto de vista, salpicado de humor e ironía. Son dignas de recordar: “La misa ha terminado”, “Querido diario(Caro diario)”, “Abril”, “Vaselina roja”, “Caiman” y tantas más que nos sorprendieron de forma admirable.

Por su picado amenizado de muchas de las obsesiones humanas, por la madurez con que están trazados sus personajes, por su sentido autobiográfico y su egocentrismo habitual se dice que Nanni Moretti es Woody Allen a la italiana. Este director, y casi siempre actor de sus películas, llena la escena de socarronería inmoralidad y afecto, cuestionando realidades e implicando la política y la religión, que claramente se respira en todas sus obras, Moretti pasa por cada una de ellas trazando autopistas sin hallar para su lucha el sendero deseado.

Imagen de la películaAdoptando un sentido realista para adentrarse en el maremágnum de personajes con que al principio se enfrenta “Habemus Papam”, Nanni Moretti sabe apurar al máximo el misterio que puede extraer de sus elementos básicos, inyectando a continuación su característica picardía y estableciendo así el propio contraste. La historia comienza tras la muerte de un papa. Obispos y cardenales de todo el mundo se reúnen en la Capilla Sixtina para elegir a su sucesor, a continuación determinadas votaciones inútiles, que se anuncian con la salida de fumata negra, y al final la fumata blanca indica que «Habemus papam». Los creyentes se han agrupado en la Plaza de San Pedro esperando con aclamación y entusiasmo que el nuevo padre santo se asome al gran balcón de la plaza, todos esperan con inquietud, pero el nuevo papa no parece estar en situación de soportar el peso de tal compromiso.

El tema que implícitamente se señala constituye una experiencia audiovisual rica y provocativa, además de proporcionar una cómica pauta con innegables reminiscencias de lo que quisimos y no logramos alcanzar, tal como la seductora proyección que presenta el personaje de Michel Piccoli, retratando el enfrentamiento del hombre que no puede empujar a los demás sino que muy al contrario él necesita ser empujado. Michel Piccoli hace de su personaje un elemento fundamental y Nanni Moretti, como siempre, convierte la película en él mismo y sus reivindicaciones.

«Habemus papam» no es una crítica a la iglesia, es puramente otra parodia pulcra de Nanni Moretti, ávido representante y figura destacada de la cultura y el cine italiano.