Crítica: La voz dormida

CartelMás allá de su aportación artística, el principal objetivo de Benito Zambrano en esta película pasa por despertar pertinentemente “La voz dormida”. De entrada, para recobrar memorias que al cabo de los años se van perdiendo y cubriéndose de nubes que difuminan su autenticidad. La nueva obra de Zambrano, basada en una exitosa novela de Dulce Chacón, cargada de fuerza, simbolismo e ideales, nos mantiene en el filo de la hoja a medida que avanza la película. Su condición nos obliga a ver la injusticia a través de sus ojos. La cinta es a veces estricta, a veces atrevida y a veces incluso de invención en un relato verdadero. ¿Obstáculo?, para nada, lo que tiene de verdad es tan real, tan verosímil, que el recuento de los hechos que acontecieron en aquellos años superaría con superabundancia a la capacidad de denuncia de “La voz dormida”. La historia se basa en emociones fuertes: crimen político, asesinatos injustos, encarcelamientos de inocentes… La evidencia de los hechos en una ley víctima del abuso y el rencor. Gran parte de “La voz dormida” se desarrolla en una cárcel de mujeres, en el año 1941, un marco fluido y transparente. Sus martirios son un capítulo de la historia de aquella perversa posguerra.

Zambrano cuenta así en la sinopsis: Pepita (María León), una joven cordobesa de origen rural, viaja a Madrid, en plena postguerra, para estar cerca de su hermana Hortensia (Inma Cuesta) que está embarazada y en prisión. Pepita conoce a Paulino (Marc Clotet), un valenciano de familia burguesa, que lucha junto a su cuñado en la sierra de Madrid. A pesar de la dificultad de su relación, se enamoran apasionadamente. Hortensia es juzgada y condenada a muerte. La ejecución no se llevará a cabo hasta después del parto. Pepita intenta por todos los medios y en todas las instancias que condonen la ejecución. Va todos los días a la prisión con el objetivo de que le entreguen el futuro hijo de Hortensia, suplicando que no lo den en adopción o lo internen en un orfanato.

Ambientada en el Madrid aquél, representante de una nación tenebrosa y amenazante, que equilibraba y huía de su propio apocalipsis con esa prebenda de régimen represivo y clerical.

Carátula Película y manifiesto, eso nos muestra el director de “La voz dormida”. Se puede decir y se dirá que Benito Zambrano en la película no pone tachas, que no muestra errores en las gentes de la izquierda, pero es que “La voz dormida” recrea España dos años después de que terminara la contienda. Entonces todo estaba reducido a un régimen autoritario e intransigente que firmando sentencias eliminó a las libertades más elementales y a la marginalidad, a los que no comulgaban con sus creencias.

La música, la fotografía, la dirección de actores, los diálogos sin afianzar el amparo con la pasión y, sobre todo, el poder narrativo de las imágenes. En cuanto al reparto escénico todos hacen unos personajes totalmente creíbles pero a María León te la comerías a besos por lo bueno de su actuación. ¡¡Premios para ella señores del cine!!

Crítica: Another Year

Cartel“Another year” es una insólita peripecia de familia y amistad. Alegría y tristeza. Esperanza y desánimo. Soledad y amor. Narrada con una inusual elegancia por el veterano director Mike Leigh, con un sentido de la elipsis al cual el cine actual nos tiene poco acostumbrados, con unos personajes de asfixiante cercanía y soberanamente interpretados por todos los omnipresentes actores, en especial la conmovedora Lesley Manville, así es “Another year”, y ésta es su crítica.

La temática son las personas y la vida cotidiana , y así lo presenta: Gerri (Ruth Sheen), médico psicólogo , y Tom (Jim Broadbent), geólogo, están felizmente casados y viven en el norte de Londres, les intranquiliza que su hijo Joe (Oliver Maltman), que es abogado, permanezca soltero habiendo pasado de los treinta. Esta preocupación les impide darse cuenta de hasta qué punto María (Lesley Manville), una frágil compañera de trabajo de Gerri, depende completamente de su amistad.

Mike Leigh en “Another year” nos introduce en un realismo adverso lleno de verdades duras. Su ojo agudo se posa sobre las situaciones con un estudiado trabajo de personajes ocupados, desde una cercanía emocional y una textura tonal adyacente a los mensajes más digeribles. Mike Leigh, como siempre, hábil para trazar el relato social.

“Another year” no suena a comedia, es demasiado honesta para arribar a la risa, lo aquí mostrado no es un problema, no es una solución, sino simplemente un registro punzante de la vida. En el recorrido se deja constancia de la legitimidad solidaria de la obra… limpia y depurada. El público sólo tiene que disfrutar de esta balada en movimiento realista. Después de la experiencia que me proporcionó “Secretos y mentiras” (1996), ya no pude aislarme de este estupendo director inglés de cine y teatro, en sus imágenes borda la maestría natural de su forma, y en la intención, la crudeza de las realidades y las lecciones que puede enseñar la dulzura de la madurez. Si la intención de Mike Leigh ha sido hacer surgir un gran efecto en el espectador, conmigo lo ha logrado. Empatía. Deseo que este buen director siga haciendo películas así durante mucho tiempo. Si queréis saber qué es lo que dice el propio Leigh sobre la película podéis leerlo aquí.

Otro buen ejemplo de cine europeo.

Esta película nos la recomendó Pedro Cifuentes, asiduo al blog. Toda la razón, gracias.

Crítica: Nader y Simin, una separación

CartelSegún el árbol genealógico de su propia carrera cinematográfica, Asghar Farhadi nos traslada el realismo, ese espíritu que transita en su cine y se instala cómodo en su arte, abriendo brechas con las que sacar a flote igualdad y dignidad  para todo ser humano. Es el caso de la película que ocupa la crítica de hoy “Nader y Simin, una separación”.

Nos introduce en la existencia de Simin (Leila Hatami)y Nader(Peyman Monadi), un matrimonio con una hija que decide abandonar Irán en busca de una vida mejor. Sin embargo, en el último momento él se echa atrás debido a que a su padre le han diagnosticado Alzheimer y no quiere abandonarlo. Ella pide entonces el divorcio y, al no serle concedido, se muda a vivir con sus padres. Él, que se queda con la niña, decide contratar a una mujer que le ayude a cuidar a su padre. Pero un día, al llegar a casa, encuentra algo que no le parece bien, a partir de ese momento, tanto su vida como la de su hija, se complicarán bastante.

Asghar Farhadi, con su nueva película “Nader y Simin, una separación”, organiza multitud de imágenes alrededor de unos buenos y desconocidos actores. Esta visión sumaria transmite una constatación espeluznante de las tradiciones  y costumbres de un país, chocando con otras culturas a través del conflicto de dos familias. El mapa de relaciones y sus experiencias que se unifican en el escenario la hacen merecedora de los premios recibidos (Oso de Oro en Berlín 2011) y de los que quedan por llegar.

Un rápido resumen de este film podría hacerse con una frase: cuadro animado de una vida. Lo de los cuadros nace de la forma en que el director propone explicar su historia, “Nader y Simin, una separación” está integrada por fragmentos de vivencias que comienzan con un acuerdo pero que no puedes imaginar cómo acaban.

Leila Hatami y Peyman Monadi, junto con los niños, son imprescindibles para la forma en que está tratada la historia. Esta película no es un drama en el sentido melodramático de la palabra “Nader y Simin, una separación” está sacada de historias reales sin pretender provocar la lágrima, sino mostrar vidas que son rutina en todos los días de un país deprimente.

“Nader y Simin, una separación” puede gustar a todos, pese a su larga duración y la retórica de su denuncia.

La recomiendo.

Crítica: El árbol de la vida

CartelTerrence Malick se mueve en medio de una fantasía. Una poética elegía en imágenes, con el propósito de ilustrar una exclusividad en la pantalla en lugar de una historia de cine. Critica de la película “El árbol de la vida”.

El film narra la evolución de Jack (Hunter McCracken), un niño que vive con sus hermanos y sus padres. Su madre, la señora O´Brien (Jessica Chastain), encarna el amor y la bondad, mientras que su padre el señor O´Brien (Brad Pitt), representa la severidad. Éste es el encargado de enseñarles a sus hijos a enfrentarse a un mundo hostil. Sean Penn interpreta a Jack en la edad adulta.

La descripción velada que conforma esta familia se percibe raspando bajo un solo personaje, sus contrariedades, manías y preocupaciones. Su pasado, su presente, su presente y su pasado. Emociones, miradas, sigilos…

“El árbol de la vida” trata del amor, la rigidez, la pérdida, la vida y la muerte, todo ello mostrado con algunas dualidades e intersecciones de ideales religiosos, “El árbol de la vida”, está enfocada desde la ciencia, la creación, los orígenes… y en mi opinión, es excesivo el tiempo en que se nos deja disfrutar de ellos y de la fantástica banda sonora de Alexandre Desplat. Sin duda en términos técnicos y estilo visual es una obra de gran alcance pero es abrumador su nivel de complejidad. Hay en esta solemne, excesiva y pasmosa película, imágenes magníficas colmadas de belleza, una historia compleja y pocos diálogos.

Quizás con esta obra, su autor, Terrence Malick, haya querido reafirmar su solidez en el mundo cinematográfico con un gran esfuerzo experimental, olvidándose de esa comercialidad que casi siempre se persigue. Ahora bien, para mí es algo excesivo el abandono en el que se deja al espectador sin pistas ni guía. En “El árbol de la vida” se nos desafía. Desde el minuto uno, sentimos la necesidad de esclarecimientos, de caminos que nos lleven por en medio de esas agitadas bellezas visuales hacia la costra de la historia. Simbólica, fascinante, estilizada, metafórica y subliminal, pero irremediablemente te hallas perdido tratando de reunir las piezas y colocarlas en un lugar cabal para construir el puzle que rige la ficción.

“El árbol de la vida” es una experiencia cinematográfica de alta tecnología y buena presentación de intenciones, sin iluminar con igual importancia imagen e hilo argumental. Lo simbólico asfixia a esta película bajo el compromiso de diversos trazos alegóricos

Ustedes dirán…