Crítica: Déjame entrar – (Let me in)

Cartel

“Déjame entrar (Let me in)”,  la nueva película de Matt Reevest, nos presenta la historia de un niño solitario. Sus padres  en trámites de divorcio y Owen (Kodi Smit-McPhee, La carretera) en el colegio está prácticamente marginado y  maltratado por sus compañeros de clase. Forzado a vivir en un barrio desolado y desértico, sin más compañía que la de su madre, algo cambia en la poco activa vida de Owen cuando conoce a una nueva y misteriosa vecina llamada Abby (Chloe Moretz), que acaba de mudarse al barrio junto a su taciturno padre (Richard Jenkins ). Ocupan la vivienda de debajo, el chico desde su ventana los ve entrar y salir, un día, provoca un encuentro con la niña y éste es el principio de una privada amistad.

“Déjame entrar (Let me in)” es un remake de la película del mismo título dirigida por Tomas Alfredson en el año 2008, adaptación que hizo del libro de John Ajuide Lindguist, producción sueca con la que este director obtuvo una enorme cantidad de premios. Enseguida fue considerada por los entendidos película de culto, así mismo en el público aparece todavía en la memoria de marera inmediata y precisa considerándola muchos espectadores como una de sus películas favoritas. Sabíamos que algún director americano copiaría la idea de inmediato. Ha sido Matt Reevest, que sigue el modelo de referencia en una memoria matemática y temática, pero con brochazos de unas circunstancias más bruscas, descarnadas y directas. El realismo en esta nueva versión se ve más explícito pero no por ello es más asequible. Reevest quiere sentar las bases de la novedad de la presentación haciendo el proyecto más suyo, más personal, pero se pierde por el camino ante un rosario de imágenes inconclusas. Si bien, si no existiera la original no se dejarían ver tanto, pero al comparar la singular y  garantizada de Alfredson con esta transcripción, añoramos el regusto de aquella composición de autoridad, sobriedad y minimalismo: aquel mapa de sentimientos inmerso en los ojos del espectador.

“Déjame entrar – (Let me in)” es el principio de una historia de amor y terror que lleva a los personajes más allá del lirismo adolescente y la ternura romántica, es una narración, un retrato de adolescencia atemorizada, cobarde, impotente en manos de un destino prefraguado y no lejos de las violentas emociones que sufren los enamorados ante la idea de que su amor es imposible, un amor que no tiene otra salida que saltarse las reglas y caminar hacia una especie de innegable anarquismo de por vida, subiéndose a un tren en marcha del que ya nunca se podrán bajar.

Michael Giacchino utilizando una mirada precisa a las escenas más enérgicas, consigue un extraño y fascinante equilibrio visual y sonoro, dándole al momento todo el poder y la fuerza permitida, este enorme director musical logra en cada trabajo dejar en el espectador el buen sabor de boca que permanece hasta el próximo encuentro. En la fotografía es necesario recordar que  Greig Fraser nos deja un trabajo perfecto, en cuanto a los actores, Kodi Smit-Mcphee, recrea con habilidad a este niño de doce años deseoso de cariño y ternura, Chloe Moretz le da un soplo de hechizo a un personaje tan delicado y a la vez tan dinámico, todos los demás actores se adaptan a las exigencias del director.

Como punto final, recapitulando el hilo con la dirección y guion, este remake no es la película aquélla traída a la actualidad, ésta que hoy nos ocupa, está regida por otras estampas que funcionan de acuerdo con los criterios que su director Matt Reevest ha estipulado.

Yo me quedo con la obra de Afredson.

Os dejo también el trailer de la película original.

Crítica: Stone

CartelAnimada por el trailer y el reparto he ido a ver “Stone” con ganas, supongo que John Curran ha tratado de infundir garra a la película dándole un hilo argumental, conductor de recorrido y personajes. La mayoría de las películas de intriga carcelaria sólo funcionan a un nivel, o bien el elemento intrigante devora a la otra parte, o por el contrario sirve como excusa para lanzar su mensaje dramático sentimental, en ”Stone” funcionan teóricamente ambos niveles.

“Stone” es un drama de  penitenciaría, dirigida por John Curran.  Gira en torno a un preso de una cárcel americana, y un asistente penitenciario, del que depende la revisión y la libertad condicional: Jack Mabry (Robert De Niro). Ya está saboreando su jubilación, ya ha llegado a su vida el momento pleno, vive feliz con su esposa, a los dos les gusta asistir a actos religiosos en  la iglesia, son muy devotos y fanáticos creyentes convencidos, cuando faltan pocos días para dejar el trabajo, Jack recibe la asignación de un caso que tiene que revisar, el caso de Gerald  Creeson (Edward  Norton) acusado de complicidad en la muerte de sus abuelos y el posterior incendio de la casa. Creeson pregona su inocencia, cree que puede recibir el indulto, para ello utilizará todos sus recursos, piensa que merece salir a la calle y  pone todo su empeño para que esto ocurra, la ayuda de su mujer Lucetta (Milla Jovovich), le dará buenas posibilidades.

En “Stone” la narración se centra sobre todo en la figura de Jack, encajando en el personaje contradicciones, dudas y miedo ante su incuestionable virtud. Una película más de trasfondo correctivo, interpretada por dos magos de la pantalla, Norton es un actor que se ha caracterizado  siempre por saber poner a sus personajes ese aire de rebelde oculto y hábil jugador, me encantó su papel en El Velo Pintado,  la anterior película de Curran, una magnífica y  dramática interpretación en una buenísima película; en El Ilusionista de Neil Burger estuvo genial, sin olvidar American History X, El Escándalo de Larry Flint, Las Dos Caras De la Verdad y cantidad  de películas más que vuelven a la memoria. Con De Niro tengo la misma opinión, un actor grande, en  Machete de Robert Rodríguez nos dejó helados, pero ante una carrera tan dilatada y exquisita como la suya se le perdona ese tropiezo. En “Stone” es el actor auténtico y memorable al que estamos acostumbrados, el mano a mano en la interpretación de los dos actores conquista, junto a ellos Milla Jovovich y Frances ConroyJovovich tiene un papel importante y lo realiza mejor de lo que se espera de ella y Conroy hace un pasable papel de ama de casa religiosa y cómoda, casi mema, esposa a la fuerza de Jack.

John Curran en esta ocasión nos altera con una película con fecha de consumo preferente, víctima de una existencia válida que se agota más tarde o más temprano. En “Stone” son los actores los que salvan a un film que peca de carencias de guión y gancho, una obra, salpicada de pocos toques de imaginación que camina por la cuerda floja entre la presión del reo y la punzante crónica moral.

Crítica: Amador

CartelSiempre he sentido admiración y respeto por el cine de Fernando León de Aranoa, viendo «Amador” comprendo perfectamente por qué combina un ajustado sentido artístico con el tratamiento particular de sus historias, administrándolas de forma trabada, y manteniendo a la vez un look  objetivo, apenas existente, digno de un cronista, es capaz de conjugar personajes en guiones excepcionales en torno a la familia, los chicos de barrio, los hombres que un día de la semana se quedan al sol o de princesas que sueñan con serlo. Sus narraciones son el fiel reflejo de la sociedad donde nos movemos, trasmitiendo un aliento épico y a la vez  trágico de este cotidiano sentir de un mundo cargado de contrastes. Su nueva película, que parece basada en un hecho de la actualidad, es una historia agridulce y efectiva.

Nos narra la historia de un hombre, Amador (Celso Bugallo) que se ha hecho mayor y los hijos no tienen suficiente capacidad para atenderle. Ahora es verano. Él está postrado en la cama sin poder moverse y su familia contrata a una trabajadora inmigrante para cuidarle, esa muchacha que salió de su país, con su cabeza llena de planes para enfrentarse al mundo, animada por la idea de empezar de nuevo y,  pensando con amargura que tal vez, su adiós sería para siempre es Marcela (Magaly Solier, La teta asustada) que debido de su necesidad de subsistencia se aferra a este trabajo como a una tabla de salvación. Surgirá una relación especial entre el anciano y Marcela, una convivencia humana y sencilla, en la que los jueves entrará otro personaje, Puri (Fanny de Castro) una prostituta, amiga de Amador, una señora entrañable que pondrá en sus vidas un toque de distracción y donosura.

«Amador» es una cinta lenta, sin apenas música, es una historia sobre temas fundamentales: la vejez, el desarraigo familiar, el nacimiento, la emigración, la familia, la amistad; la vida misma.

Tiene un toque sombrío, acompañado de un personaje añadido como es el silencio y la quietud que convive  con  Marcela y Amador.  Marcela con una luz de vida, y Amador sintiendo de la vida  un largo adiós como principio de realidad.

Puede que el tema suene demasiado tierno, pero no lo es de la mano de este maestro de la narración. Los dos actores escogidos, no desentonan en absoluto, más bien le ayudan a que su realizador saque en la pantalla con brillantez lo mejor de su trabajo, para Fernando León de Aranoa escoger a Celso Bugallo es un acierto total y entregarle un papel principal, muy apropiado, -recordamos que ya han trabajado juntos con muy buenos resultados-, la elección de la deliciosa Magaly Solier es increíble, esta delicada actriz peruana está esplendida en su papel, también debo reseñar a Fanny de Castro auténtica siempre, y como no, a su director un cosechador de premios merecidos, como documentalista, escritor o, como ahora, matriculando para el cine una historia probable.

En fin una película que recomiendo, hace que te sientas persona en la oscuridad de una sala de cine.

La cuestión no es como salvarse sino como vivir. Conrrad.

Crítica: Pan negro

Cartel“Pan negro” es una película ambientada a principios de los años cuarenta; su propósito, exponer los problemas de la posguerra, su marco es Cataluña y su centro un pueblo pequeño, en el que el tiempo se ha obstaculizado desde hace cuatro años por la cruel dictadura. La cinta de Agustí Villaronga nos describe la vida de una familia: Farriol (Roger Casamajor) y su esposa Florencia (Nora Navas), tienen un hijo de once años, Andreu (Francesc Colomer). La Guerra Civil terminó hace pocos años y todavía se arrastran las consecuencias de esa cosa terrible. Están deseosos de una vida nueva, libre de los terrores de la contienda. Estamos en el año 1944,  Farriol  que sigue fiel a sus ideales, es perseguido y acosado por las fuerzas de orden del pueblo, decide marcharse a Francia y así salvar la vida y poder alcanzar una anhelada paz, se despide de su esposa y de su hijo, al que manda a vivir a casa de su madre en una masía propiedad de los señores Manubens. En realidad toda la familia trabaja desde que terminó la guerra para estos señores, por culpa y como consecuencia de esto, los acontecimientos se precipitarán en contra de estos pobres perdedores de una guerra que no buscaron. La familia entera vivirá intensamente las crueldades de lo inhumano del ser humano, todos se verán abocados a enfrentarse con fantasmas del pasado, a intrigas silenciadas, a verdades ocultas, pero sobre todo lo padecerá Andreu este niño que será el testigo mudo de todo acto, patraña, escándalo y escarnio que irremediablemente se desarrollará delante de sus ojos, pues de forma paralela la trama llevará a este personaje, a una disyuntiva que le dejará  posada  en el lugar del corazón una dura piedra.

Agustí Villaronga hace una película correcta, con encuadres precisos, ambientación cuidada, localizaciones perfectas, la realización resulta impecable, narra una historia algo confusa, sustraída de un guion escrito por él mismo, basándose en la novela de Emili Teixidor. Muestra ambientes cerrados, escogidos adecuadamente con una sobriedad obligada a lo que el patrón exige,  enorme precisión en el ritmo narrativo, insensiblemente nos adentra,  no sólo en la denuncia de una exaltación sólo achacable al menos a gran parte de los vencedores, sino también en un  sistema en forma de dique y de la ruina de la persona como tal. Poco a poco nos regala metáforas: pájaros, alas, libertad, ideales, nos muestra lo que a veces es necesario que  inventemos, aquí me recuerda algo al “El  laberinto del fauno”, pero también hay algún instante que pienso en “La lengua de las mariposas”, y como no, en su película del año 2000 “El mar”, que también transita sobre este mismo tema. Pero “Pan negro” tiene el distintivo y la naturaleza particular de una novedosa nueva obra. “Pan negro” muestra un tema que aunque recurrente en el cine español, no resta interés ni conmoción al espectador.

Francesc Colomer, Marina Comas, Nora Navas, Roger Casamajor, Laia Marull (La herencia Valdemar), Eduard Fernández , Sergi López y Mercé Aránega, todos los miembros del reparto al unísono, actúan como si estuvieran encima del escenario de un gran teatro haciendo con sus personajes al espectador partícipe de su sufrimiento y sus miedos. Con esta película, en el pasado Festival de San Sebastián Nora Navas consiguió el premio a la mejor actriz. La música la pone con delicadeza José Manuel Pagán y el trabajo fotográfico con sus tonos muy ajustados corre a cargo de Antonio Riestra. Hace mucho tiempo que esperábamos una nueva película de Villaronga. Con cada nuevo trabajo nos demuestra su expresividad y su riqueza creando atmósferas que trasmiten pasión y veracidad.

Aunque pueda ser necesario enterrar historias, cerrar heridas, yo doy la bienvenida a todo lo que sea recordar a nuestros antepasados, no debemos de olvidar lo que es parte de nuestro pasado cercano, es posible que haya espectadores que vean en esta película un drama costumbrista, pero para otros muchos son recuerdos de cosas vividas o vivencias contadas por los mayores, todos sabemos de casos que ocurrieron en cientos de pueblos de España, en el mío, por un motivo u otro, en todas las familias había un drama que contar en aquellos años. Pasaron tantas cosas que se escapan a la razón…