Crítica: Wall Street: el dinero nunca duerme

Cartel“ Wall Street: el dinero nunca duerme”, a simple vista podía parecer  la versión más fiel de cómo se maneja el dinero de la economía mundial, su argumento, centrado en el guión de Stephen Schiff y Allan Loeb, se basa en un mundo inmerso en la crisis financiera y Oliver Stone nos lo explica, así: Jake Moore (Shia Labeouf) es un agente consejero y asesor de una empresa de las finanzas, tiene una vida acomodada y una forma de vivir a base de mucho dinero. Las personas para las que trabaja son despiadados acaudalados corporativos que se traicionan y destruyen unos a otros sin piedad, Jake está en medio de todo el tumulto de la burbuja financiera, es tocado y casi hundido. Cuando toda la economía cae, el gobierno niega un plan de rescate económico, la cosa está complicada para el mundo del dinero. Un día, Jake acude a la presentación de un libro del feroz ex financiero Gordon Gekko (Michael Douglas). Gekko salió hace un tiempo de prisión, tiene una hija Winnie (Carey Mulligan) lleva tiempo sin relacionarse con ella, y desea recupérarla, resulta que Winnie es novia de Jake. El joven entabla amistad  con  Gekko y le promete que propiciará un encuentro con su hija,  a cambio Gekko también le proporcionara algún privilegio, y Jake sin darse cuenta se está metiendo en una zona de arenas movedizas.

Oliver Stone, en “Wall street: el dinero nunca duerme”, su nueva película, pretende (más allá de su aportación de una nueva obra para el mundo del cine) recuperar un personaje y resucitar el tema del mundo de las finanzas. Le confiere un trazo más dilatado y ligero que en su antecesora, crecidamente abstracta y  menos osada, centrándose en la caída del símbolo del capitalismo salvaje pero dándole un toque sentimental que envuelve todo el metraje.

Stone nos presenta de nuevo el  tema de la burbuja financiera,  secuela, creo que algo tardía de la ya famosa Wall Street, que hiciera con gran acierto en el año 1987, la factura técnica y estética es meritoria y desde la efectividad podríamos decir que puede ser interesante, pero aun así y siguiendo exclusivamente de mi gusto personal, me resulta simplista y no sé si mas oportunista que oportuna. Su antecesora poseía un ritmo delirante de tensión continua que en ésta está ausente, la energía de los personajes antiguos aquí no aparece, la fascinante maldad que brotaba en el ambiente de aquélla no mana en ninguno de sus puntos más altos. Oliver Stone es maestro contando la historia y la cuenta fenomenal, pero de un modo  inofensivo, inocuo, sin poner magnetismo en sus variantes, a pesar de su diversidad temática no te engancha con su encantamiento, además se echa mucho de menos al Stone crítico  del sistema  político de los Estados Unidos, queda totalmente ausente ese toque característico de mordacidad soslayada a la que nos tiene acostumbrados.

Si hablamos de actores en este aspecto es justo destacar a Josh Brolin que enfatiza su trabajo en su personaje, creando en él la sensación de normalidad bajo la cual se oculta la turbulencia de un hombre sumamente ambicioso; Shia Labeouf desarrolla un papel protagonista siguiendo los parámetros marcados pero sin relieve en su representación; Michael Douglas exhibe una interpretación un poco estática aunque siempre sus ojos muestran magistralmente lo que el personaje necesita trasmitir; Susan Sarandon aparece muy poco y, bueno su personaje es necesario pero transparente absolutamente; en cuanto a Carey Mulligan, una actriz por la que siento predilección, hace un papel visible desde el principio sin cambiar su registro  habitual.

Crítica: Carancho

CartelEs insólito por no decir convulsivo, el hecho de que en las películas se denuncien infinidad de  asuntos de  gravedad que ocurren en un país y, que sigan sucediendo, sin que ni gobiernos, ni abogados, jueces o policías se den por aludidos y pongan el remedio para pararlo, ¿será que quieren que se siga sembrando el caos para que después venga un orden más justo?, ¿hasta cuándo?  En Argentina mueren al año en sucesos de circulación más de 8 mil personas, una media de veintidós por día; más de ciento veinte mil resultan heridas. Los últimos diez años, han dejado cien mil muertos. La cantidad de millones que necesitan las víctimas  para afrontar gastos médicos,  producen un gigantesco mercado, mantenido por las compensaciones de las aseguradoras, la mayoría de los fallecidos no superan los treinta y cinco años, detrás de todo esto existe un mercado tenebroso de mafias que se matan por llevar los casos  de los accidentados, con frutos sustanciosos para sus repletas cajas.

Una fuerte denuncia articula el planteamiento, nudo y desenlace de “Carancho”, desarrollada en argentina, une la base de los personajes, con la realidad urbana concebida como referencia, como en un hermoso tablero de juego de mesa, en  el  que un jugador rebelde hace trampa continuamente. Desde que su vida cambia, Sosa (Ricardo Darín) sólo ha hecho una cosa: engañar. Conoce los entresijos de la estafa en la que trabaja, un bufete de abogados y fiscales al que llaman La Fundación, que tiene comprados a hospitales y policías,  se dedican  a captar  víctimas de accidentes de tráfico. Las víctimas son ingenuas gentes de clase media o baja, que en este momento accidentado de su vida son fáciles de liar. Mientras la mayoría de los ciudadanos se hipotecan en los bancos, son exprimidos por los impuestos y hacen maravillas para llegar a fin de mes, Sosa cual ave carroñera sigue traicionando a todo el que se deja,  sin que la víctima se percate que la están engañando.  Hasta que entra en su vida  Lujan (Martina Gusmán). Lujan y Sosa se conocen justo en un incidente de circulación en una calle, ella trabaja en las urgencias del hospital San Justo, es una de las doctoras,  enseguida notan que hay algo fuerte que les atrae del otro. Sosa,  miserable, ingenuo, confundido y rodeado de dinero negro, se verá inmerso en el centro de un peligroso triángulo formado por la voracidad, la astucia  y la terquedad, y Lujan entrará en una relación muy peligrosa, pero inevitable.

Pablo Trapero, su director, con títulos como «El Bonaerense”, “Familia rodante” y “Leonera”, nos presenta  un thriller ácido, denso, narrado con la grandeza del clásico cine negro, que dispara dentro de un cauce de intriga un juego amoroso.  Se degusta  tranquilamente como si fuera una novela de John  Grissan, «Carancho” es una película realista y aporta una textura social valiente, es efectivamente un largo que está por encima de la media de lo que actualmente vemos en nuestras pantallas, pero no alcanza para que “Carancho” despegue su cualidad de testimonio de un tema tan complicado y vigente,  yo que esperaba más, había concebido otra idea de esta película.

El espléndido Ricardo Darin, consagrado en cantidad de películas, aquí  muy apropiadamente el protagonista, hace un papel creíble desde el minuto uno; Martina Gusmán, es un placer ver como desarrolla su personaje, compone una chica de hoy, profesional de la medicina  que como cualquier mujer cae rendida en los brazos del hombre que ama, aun sabiendo que esa relación no le conviene, actúa de forma colosal, dos grandes intérpretes.

“Carancho” es una película que hay que ver.  Puede que se transforme en el film más valorado de la temporada.

Crítica: Buried (Enterrado)

Cartel

Rodrigo Cortés dirige este complejo filme, con un elaborada simbología. Película viva y redonda, cuenta en el reparto con Ryan Reynolds, actor que hace en “Buried (Enterrado)” la mejor interpretación de su carrera; del guión se encarga Chris Sparling , bien escrito y repleto de detalles que no dan tregua en ningún momento.

Cuando empieza la sesión salen los títulos de crédito, a continuación la pantalla se oscurece, no hay sonido no se ve nada, silencio, silencio, el numeroso público que puebla la sala, espera aguantando la respiración que ocurra algo…poco a poco se va intuyendo un aliento…es un hombre, Paul Conroy (Ryan Reynolds). Es un hombre americano, casado y con un hijo, que por tener un sueldo mayor se marchó a trabajar de transportista a Irak, ahora  lo han capturado en un asalto y lo han  secuestrado, cuando despierta se encuentra enterrado vivo en una caja de madera, tiene en su poder únicamente un teléfono móvil y un mechero. El móvil tiene menos de la mitad de batería, pero es el único medio para tratar de escapar de su terrible alucinación. La cobertura inestable y la insuficiente batería son sus letales enemigos en una carrera a vida o muerte contra el tiempo: sólo dispone de un mínimo tiempo, dos horas para lograr su rescate.

Rodrigo Cortés presenta una puesta en escena minúscula, pero tremendamente efectiva, trabaja el escenario como si se tratara de un  gigantesco espacio, todo está medido, en él nos adentra en su  sitio reducido, con un ambiente opresivo, un desierto sin nombre, la soledad del encierro de un hombre comprimido intentando vislumbrar algo entre las tinieblas de  su prisión.

“Buried (Enterrado)» sorprende por lo bien hecha y contada que está, su guión y su presentación conducen inexorablemente al espectador hacia el final, esperando y deseando que se pare esa carrera que lleva al personaje al deterioro físico y psicológico, pues su limitaciones cada vez son más y sus recursos cada vez son menos La dirección de Cortés hace que vaya a ser inequívocamente la mejor película del otoño, también con mucho, el guión, que afila el recorrido, con su carga de profundidad sobre la base de un argumento sencillo juega fundamentalmente con los sentimientos, la desesperación y el desamparo. La banda sonora de Víctor Reyes encumbra los contrastes despuntando las situaciones más opresoras que jamás hemos vivido en una película española.

El discurso político es la premisa, en definitiva un cine de denuncia que intenta que el espectador tome conciencia de la funesta repercusión y los daños colaterales del ataque americano a Irak. Además, esta película tiene un puente conceptual por el que admite tantas lecturas como se le quiera dar, queda libre la interpretación del espectador, se puede ver sólo lo que muestra la pantalla: un hombre luchando por salvarse, por mantener su entereza, un ser que pasa del desconcierto inicial a una tremenda y avasalladora desesperación final, pero también podemos ver al hombre fuera de ese contexto y le vemos enterrado en vida como metáfora de la degradación del mismo hombre, y contemplamos a las sociedades a las que pide ayuda descolgadas de lo humano. Hay mucho espacio para desplegar tu propio juicio.

Por todo lo que he comentado yo recomiendo esta película sobrecogedora, creo que pretende una reflexión moral.

Crítica: Contracorriente

Cartel“Contracorriente” es la ópera prima del director peruano Javier Fuentes-León. Con su flamante película nos pasea por el pacífico peruano, con deliciosas localizaciones, y nos da el privilegio  de dispersarnos en su realismo fantástico. La sinopsis, sobre el argumento, que ofrece la productora dice: Miguel (Cristian Mercado) un joven pescador de Cabo Blanco, un pequeño pueblo de pescadores en la costa norte del Perú, donde existen tradiciones muy arraigadas con respecto a la muerte. Miguel está casado con Mariela (Tatiana Astengo) quien se encuentra embarazada del primer hijo de ambos. Pero Miguel mantiene un romance secreto con otro hombre, Santiago (Manolo Cardona), un pintor de la capital que vive en el pueblo desde hace un año y que es rechazado por los pueblerinos por ser agnóstico y abierto acerca de su homosexualidad.

Antes de dar mi opinión en la crítica, quiero decir que no esperaba que esta película me resultase tan espléndida… Ése es el calificativo que  deseo darle. «Contracorriente” es pasión interior, amor prohibido, exposición de sentimientos encontrados, mérito de la dignidad y aceptación de uno mismo. Javier Fuentes León, con su propio arte, maneja el tiempo narrativo, mostrándonos como rigurosamente definitivo el aspecto visual, el perfil poético cobra para el progreso, y en especial para el surrealismo, un talante sensato, con valientes nudos argumentales, abriendo puertas de tradiciones, religión y superstición.

“Contracorriente” es un drama triangular, con el revestimiento de formas de la sociedad que puebla el Perú, con sus costumbres arrastradas desde lo más lejano de sus ancestros; Fuentes León se adentra en la procelosa selva de lo mágico, sacando de lo humano su propia esencia, su discurso muestra lo cotidiano, situaciones de gente humilde, pobre, trabajadora, que están sujetos a su modo de continuar, sin modificaciones ni alteraciones novedosas el resto de su existencia. Toda la exposición del relato está llevada sutilmente hasta el punto final, puede que en algún momento te haga recordar a la fantástica “Brokeback Mountain”, de Ang Lee, realmente es un amor a tres como en la oscarizada película, la intención de Fuentes León es otra, sus personajes son de incomparables y distintos signos, y  su discurso es más vehemente. La obra de Lee, para mí, es más fría, viendo “Contracorriente” puedes hacer también comparaciones con “Philadelphia”de Jonathan Demme, “Phillip Morris, te quiero” de Ficarra y Regua, o “ Bent” de Sean Mathias pero, tampoco se la equipara, en cualquiera de las enumeradas, el hombre lucha contra la justicia, contra el sistema, contra la sociedad, en  esta película, el hombre lucha contra el hombre, contra él mismo, para dejar de navegar a “Contracorriente”. Desde hace años que vi  “Maurice”, de James Ivory no había sentido tanto afecto por los personajes  de una película de este género.

“Contracorriente” ha obtenido premios en una enorme cantidad de festivales: San Sebastián, Miami, Cartagena de Indias, Montreal, Chicago, Lima, Madrid, Sundance y en muchos más certámenes  que no detallo. Una película digna, con mérito reconocido.

Me gusta que el cine de hoy exponga los personajes gay, sin ninguna gesticularidad ni apariencia femenina.

Efectiva película, al terminar de verla sales con el valor de elegir con autonomía.