Crítica: Mis tardes con Margueritte

Cartel“Mis tardes con Margueritte” es un relato con tantos aspectos emotivos, que a medida que transcurre y madura su narración, te has llegado a colocar tan dentro de su centro, que al terminar la película te sientes como si te sacaran de la pantalla, dejando atrás a tus entrañables amigos Germanin y Margueritte. De antemano ya esperaba una película emotivamente intensa, quizás por la conjunción de director y guionista, Jean Becker, escritora, Marie-Sabine Roger, y los actores, Gerad Depardieu y Giselé Casadesus.

Germanin (Gerad Depardieu) y Margueritte (Giselé Casadesus), se conocen en el parque, justo en una placita que forma el jardín, bordeado con algunos bancos de piedra, y en cuyo centro las palomas se recrean comiendo las migas que los viandantes les regalan…, pero antes de introducirnos en la relación de estos dos personajes, dediquemos unas palabras para explicar la trayectoria de la existencia de Germanin, ya que su vida representa y posibilita la realización de este viaje de ternura, él es hijo de madre soltera, con adicción al alcohol, desde muy pequeñito maltratado física y psicológicamente, discriminado en el colegio, siendo el centro de las burlas del profesor y sus amigos, que, aún siendo sus amigos, lo ridiculizan en la menor ocasión, por gordo, por bocazas y, sobre todo, por analfabeto. Las únicas que no se burlan de él son su novia, Annette  (Sophine Guillemin) y las palomas del parque, a las que Germanin todos los días pasa a hacer una visita. Y así es como conoce a Margueritte, una culta mujer mayor, que también diariamente se acerca al parque para leer tranquilamente. Desde el primer momento se hacen amigos, ella posee el arte de leer y él tiene todo el encanto de saber escuchar, leyendo uno y escuchando y aprendiendo el otro, discurre esta historia cargada de amargura pero con la magia, la sencillez y la fuerza del mejor melodrama que hayamos visto.

Jean Becker trabaja esta historia, templándola poco a poco, acercándote detalles que te hacen participar en ella y cuando su temperatura alcanza el máximo, tú, ya la tienes colocada cerca del corazón.

“Mis tardes con Margueritte”, para mí es una preciosa película, que habla de amistad, ternura, amor, solidaridad, y del encuentro posible del cariño y el afecto que nunca tuvimos la suerte de disfrutar, pero que nunca es tarde para encontrarlo.

Extraordinario el dúo protagonista, la relación de los dos proporciona momentos de auténtico cine, el siempre flamante Depardieu, extraordinario en su papel, pero también con una Giselé Casadesus, impresionante. Sus actuaciones dan muestra de lo que es estar a la altura, dentro del personaje que han construido. Es imposible no caer fascinada, con este dibujo de personajes, está claro que Jean Becker cuida a sus actores y les saca sus más lujosos perfiles.

Hacía tiempo que una película no me conmovía de esta manera.

Crítica: Phillip Morris, ¡te quiero!

CartelEn esta nueva crítica quiero avisar de que poca comedia van a encontrar los que vayan al cine esperando reír con la nueva película de Jim Carrey, “Phillip Morris, ¡te quiero¡”, un actor que en muchas ocasiones nos ha llevado a la carcajada pero que, debido a su gran polaridad de registros, sabe bien como realizar un personaje dramático, y lo ha sabido demostrar. El nuevo trabajo, que hace para los directores Glenn Ficarra y John Regua, (ellos también son los autores del guión, en ésta su primera película)  Carrey nos hace admirar una vez más su interpretación. Este estupendo actor encarna con sorprendente acierto a un personaje provocador, trágico, violento, dulce…

No,  no es un hombre convencional, cualquiera puede comprobarlo a la primera mirada, pero no es su forma de vestir lo que le delata, Steven Russell (Jim Carrey) va mejor vestido y más masculino que cualquiera de sus colegas y vecinos, trajes impecables, zapatos cómodos de llevar, corbatas,… no, no es su vestimenta, lo que lo delata, es el modo de llevarla, no está cómodo, no se encuentra a sí mismo, hay algo más, su despreocupación habitual. Steven es un individuo de rostro delgado y triangular, ojos grises de expresión grave, pelo moreno, su boca ancha y sus labios finos, tal vez sean sus ojos generalmente llenos de una alegre burla, que pueden cambiar en segundos y pasar de la sonrisa a la sorna. Toda su vida giraba en torno a la cobardía. Era muy pequeño cuando su madre lo abandonó. A su madre adoptiva no la apreciaba nada. Superó todas las trabas, y ya mayor se casó, después, fue padre, siempre procuró llevar una vida saludable, trabajó de policía con toda la dedicación necesaria. Ahora tras un accidente de tráfico, algo le hace ver que tiene que hablar, que tiene que decir la verdad escondida tanto tiempo, que tiene que salir del armario, que ser homosexual no es un delito. Steven va a empezar una vida nueva, quizás menos cómoda  y más arriesgada pero más digna consigo mismo, y quizás también, el amor, el verdadero amor, un amor sin falsedad llegue a su vapuleada vida.

Desde donde la miremos, «Phillip Morris, ¡ te quiero¡” es un drama, historia bien contada, basada en la realidad, relato de personas que esconden una parte muy importante de su yo por culpa de su tendencia sexual. Esta película por momentos nos hace recordar a Tom Hanks y a Antonio Banderas en “Filadelfia” y, en algunas escenas también se recuerda el “Beso de la mujer araña”, en todas ellas los personajes tienen que luchar duro por sacar adelante esta casi prohibida parte de su vida.

Uno de los aspectos a reseñar es su banda sonora, con temas pegadizos y sentimentales que hacen que el dramatismo de la narración llegue al espectador con más  fuerza. La música la pone Nick Urata.

La fotografía excelente, del director de fotografía Xavier Pérez Grobet.

Esta historia trágica, es entretenida, a veces inquietante, con alguna escena un poco fuerte y algún toque de mal gusto, pero en su mayoría llena de ternura, inocencia, desesperación.

El reparto bien elegido, Jim Carrey, fenomenal, Ewan McGregor, con un papel bonito, -este hombre siempre borda lo que hace-, Leslie Mann, Rodrigo Santoro, Nicolas Alexander y Michael Beasley, todos aceptables.

Película que de nuevo pone en tela de juicio el sistema judicial y penal americano.

Crítica: Mamá está en la peluquería

Cartel“Mama está en la peluquería” es una obra canadiense escrita por Isabelle Herbert y dirigida por Lea Pool, directora de cine nacida en Ginebra y residente en Canadá. Esta cineasta siempre nos hace contemplar películas prodigiosas en cuanto a sutileza y a su agradable cohesión de conjunto, ésta, cuya crítica y análisis nos ocupa, es una muestra más de su forma de hacer cine

Elice pasea con sus amigos por el bosque, un lugar en el que haces de luz vibrante de briznas doradas, atraviesan el templo de espesura veraniega, más allá y más cerca, cimbreantes flores de diversos colores se lanzan a recoger el elixir de los delicados pimpollos de una masa de campanillas que cuelgan como un manto difuminado. Elice, sus hermanos y un grupo de chicos de las casas vecinas, realizan diferentes actividades: baños en el río, paseos en bicicleta y alguna travesura propia de su edad y de los días divertidos de vacaciones. Estamos a mediados de los años sesenta y, hace unos días, Elice regresaba del colegio feliz en su último día escolar, pasadas dos semanas, todo fue distinto, su madre se marchó de casa, convirtiendo unas prometedoras vacaciones en un infierno de desilusión, dejó a todos rotos de dolor, la situación en que se sumieron, su padre y sus hermanos, le duele más que la suya propia. Ahora ella, una niña de once años, no puede esperar instrucciones de su padre, su pobre padre no sólo está hecho polvo por la ausencia de la esposa sino que además la situación de ver a sus hijos psicológicamente perdidos lo tiene al margen de llevar adelante una familia. Sus hermanos, Coco y Benoit, necesitan a alguien que sustituya los cuidados de una madre y ese alguien va a ser ella, Elice. Sus amigos serán una escolta que la guiarán, para atravesar una situación que es una inmensa exposición de sudarios.

Lea Pool y su cine de corte costumbrista, un cine que te involucra en la historia, en el tiempo y en el mensaje, te contagia de su alegría, de su tristeza o su gravedad. Para mí, lo más destacable de esta directora es la construcción de personajes, pretendiendo en todo momento destacar a través de ellos, los personajes, su arte en la narración, utilizándoles como  vehículos para conseguirlo.

En su  línea, como cada vez que asoma a las pantallas, Pool, en esta ocasión, cuenta  con un guión hinchado de sentimentalismo, pero no por eso la película resulta incómoda, “Mama esta en la peluquería”,  tiene una gran belleza plástico- estética, contiene una enorme serenidad en el tono y timbre narrativo y, todo ello, nos lo sirve envuelto en melodías sesenteras que adornan el recorrido de cada fotograma.

Un  viaje entorno a los hijos abandonados hacia un futuro incierto, drama que seduce desde la sobriedad expositiva y que hace una llamada a los padres sobre los traumas que este problema crea.

Los actores tienen con esta película una buena ocasión para que su representación sea lucida, destaco entre otros a, Celine Bonnier, Laurent Lucas, Gabriel Arcand, Hugo St– Onge-Paquin y, sobre todos ellos, a  Marianne Fortier, que hace un papel totalmente entrañable y delicado, dando vida a esta niña cautivadora.

Me encanta el cine hecho de miradas y silencios.

Crítica: London River

CartelMi análisis de hoy es para la película «London River», de Rachid Bouchareb, director de cine franco argelino. En esta ocasión y continuando su misión de compromiso humano, dentro del cine que ofrece, recrea una acción antiterrorista con contundencia, con una gran nobleza de mensaje. Dos historias paralelas muy dolorosas, sorprendentemente precisas, exhaustivas y exactas.
Así nos lo muestra: Su viaje se había prolongado mas de lo esperado, apenas si recordaba los caminos recorridos hasta llegar, solo percibía, que lo había hecho nerviosa, dejando atrás su hogar, después de tomar la decisión de ir a Londres a buscar a su hija. Los sangrientos atentados terroristas del 7 de julio de 2005 en Londres, ocurrieron, y desde entonces ya no había tenido noticias de ella, la señora Summers (Brenda Blethyn) está destrozada por el dolor, no sabe nada de su querida hija, ella dentro de su dolor infinito busca y busca en el mar de confusión que ahora habita en esta ciudad, su angustioso transitar por comisarías, por hospitales, la introduce en el caos de la indefinición y la desesperanza. Un día, coincide con Ali Ousmane (Sotigui Kouyate) un hombre de procedencia africana, ha llegado a Londres con la misma finalidad, no sabe nada de su hijo y lo busca desesperadamente. La señora Summers y Ousmane, tienen diferencias culturales, étnicas, religiosas y sociales, pero en el corazón de los dos, late un mismo pálpito, encontrar a sus hijos, vivos. El dolor los hará más cercanos y semejantes.

Tengo que reconocer que me ha sorprendido, no esperaba tanto de ella. Nada de recursos técnicos, nada convencional, sólo la personificación de una historia letal de la vida cotidiana, en un momento trágicamente real. Aquí no ves nada de lo que aparece en la mayoría de las películas, todo pasa desapercibido, no interesa, pues los dos personajes están captando toda tu atención con situaciones que te llevan a un inevitable estado de shock. En esta película eliminamos preceptos, tecnicismos y simulaciones del cine comercial. Ante nosotros, sólo una historia de vida real puntualmente encarada, con imágenes reales del hecho criminal, con movimientos de cámaras que tratan de hacer más verídicas las situaciones representadas, estupendos primeros planos BoucharebJerome Almeras. Con una nostálgica música de Armand Amar, plagada de notas melancólicas, con menudas entonaciones que puntean este transitar vital, este viaje terminal.
«London River»
deja en su mensaje una reflexión intencional, en los ochenta y siete minutos de su recorrido (los justos para quedar perfecta) nos hace ver ciertas formas de sentir, de recibir un dolor manifiesto y dañino.
Gran trabajo de interpretación de Brenda Blethyn, que ya nos deleitó con sus maneras en el “Jardin de la alegria” y ”Secretos y mentiras” y no menos de Sotiqui Kouyate. Los dos, le dan un marco de realismo y convicción a un drama basado en los hechos tristemente acontecidos. Los dos actores han sido premiados por esta película en diferentes festivales de cine.
Sotigui Kouyate falleció el pasado mes de abril y deja atrás una trayectoria brillante dentro de las artes del cine, el teatro y las letras.
Película sincera, emotiva, no sensiblera. Muy dura.