Crítica: Hijo de Caín

El hijo de CaínThriller psicológico basado en la novela de Ignacio García Valiño, “Querido Caín”. Ópera prima del director catalán Jesús Monllaó Plana. Crítica de la película “Hijo de Caín”.
Nico Albert(David Solans) es un adolescente de carácter muy peculiar, inteligencia excepcional y una única obsesión: el ajedrez. Sus padres: Coral (María Molins) y Carlos Albert (José Coronado) preocupados por la anómala actitud de su hijo, contratan al psicólogo infantil Julio Beltrán (Julio Manrique). A través de la terapia y de la afición común al ajedrez, Julio se adentrará en el inquietante mundo de Nico y en las complejas relaciones de esta familia aparentemente normal. Como no podía ser de otra manera, los problemas se cebarán con todos ellos.
El debut del director catalán con esta película responde a un patrón de intriga psicológica pero sin recursos fáciles ni abusos de factores que le den ventaja. Es lo suyo en “Hijo de Caín” el descubrimiento de la invención y dar a la escena toda la naturalidad, aplicando ideas propias y renovando. Todo un propósito de simplificación y depuración de medios.
Un escenario atractivo, espléndida decoración de la casa de la familia, su colorido cálido y su luz vibrante refuerzan el ambiente. El director sabe sacarle partido a todo: le otorga una sencilla y admirable atmósfera familiar y exprime su condición de thrillers lleno de rincones por descubrir. Otra de las bazas a su favor es la destreza de los guionistas Sergio Barrejón y David Victori para vincular la conexión del joven protagonista y sus sombras retorcidas con la total normalidad de la vida cotidiana.  Atractivo el diseño de las secuencias dramáticas en las que los actores pueden lucir su carisma artístico. No nos olvidemos de la música; fantástica banda sonora de Ethan Lewis Malby que por toda la geografía del film satura e impregna, de hecho es como una locomotora que tira suave y delicadamente sin dejar de lado la trama pero ocupando un lugar importante.

Imagen de El hijo de Caín

“Hijo de Caín” es una película de las que van directamente al sentimiento del espectador, tratando de mostrar nuestros convencionalismos petrificados y hacer que entendamos no hay medidas que puedan ponerle cadenas a la mente humana. Siempre estará ahí ese inmenso mecanismo que empuja a los humanos y a sus pasiones a hechos más allá de lo imaginable, pero no por sí mismo sino por una razón psicológica y vital. Ésta es la raíz del mensaje que nos traslada en su primera película Jesús Monllaó Plana.
Merece particular aprobación la elección de los actores, soberbios. Desde el primer momento, queda definida la posición interpretativa, quizás con más agudeza que en cualquier otra película: José Coronado, María Molins y Julio Manrique. David Solans, Mercè Rovira, Abril García, Helena de la Torre y Jack Taylor, aparecen de forma más circunstancial pero no por ello muestran aspectos menos poderosos.
Recomendable para cualquiera que disfrute con el mundo del cine de intriga y español.

 

Crítica: Efectos Secundarios

efectos secundariosUna mujer a la deriva y sin brújula en la que Steven Soderbergh contempla en su interior, plasmando sus gestos, su vida sin estrella y su revés. “Efectos secundarios” nos traslada al mundo de la psicofarmacología y su estudio de los efectos de las drogas en la mente humana.

Rooney Mara encarna el papel de Emily, una chica joven que depende del medicamento “Ablixa”, del que es una adicta y al que tiene acceso gracias a las recetas de su psiquiatra, interpretado por el actor Jude Law. Emily precisa ese medicamento para disminuir la ansiedad que le genera el volver a ver a su marido, Martin (Channing Tatum), que saldrá de la cárcel en breve.

Descubrimos a Steven Soderbergh en la gran pantalla en 1989 con “Sexo, mentiras, y cintas de vídeo”, su primera incursión en el cine le valió una candidatura a los Oscar por el guion de esta película. Hoy hablamos de la que esperamos sea su “penúltima” película, el famoso director ha dicho que se retira del cine después del estreno de “Efectos secundarios”, una decisión que esperamos sea reversible. Con este trabajo, Soderbergh nos muestra su habilidad para equilibrar el drama y el thriller, con la introspección social.

“Efectos secundarios” escenifica con franca naturalidad los territorios límite de la psiquiatría y el paso sencillo de la legalidad al incumplimiento de juramentos éticos. Curiosamente, en su discreta templanza, la película resulta más intuitiva  e inquietante que lo que en realidad muestra después de varios giros en su síntesis, en realidad en la primera media hora  promete caminos distintos a los que después nos brinda la resolución, pero todo puede ser a causa de que nuestra imaginación crea su propia pauta y el director, como es natural, ya tiene establecido el desarrollo de su película que, sin forzar jamás el registro emocional, mantiene el interés hasta el último minuto. Este maestro del séptimo arte ha dado piezas mucho más fuertes, pero también reconozco que en “Efectos secundarios” he permanecido inquieta durante todo el recorrido.

Tiene esta película  tono atrayente  y  planificación de armonía en el conjunto. La aplicación del título en esta película es la guinda de una historia aderezada con un especial efecto, girando en torno a una intriga, en definitiva, complaciente.

Imagen de Efectos SecundariosJude Law vuelve en su admirable madurez y veteranía a obsequiarnos con proezas interpretativas como hace en “Efectos secundarios”, Rooney Mara es una actriz capaz de salir adelante con el personaje que le pongan en las manos, tiene registros y ductilidad pero  aquí alcanza cúspides insustituibles y Channing Tatum cincela con vivacidad su personaje de corta representación. A Catherine Zeta-Jones se la nota suelta y como siempre sin acabar de encajar ni amarrar, el resto del reparto dan sobradamente la medida.

La música breve deposita ardid sosteniendo la trama de forma justa.

Crítica: La trama


Cartel de La tramaLa ambición es la peor de las enfermedades posibles, un mal crónico e hiriente incapaz de desechar su egoísmo. La ambición dormita en la retaguardia de los estamentos agazapada en la espalda del misterio. Nadie está a salvo de su mano negra, nadie está a salvo de su poder dictador y despreciable, ni siquiera aquellos que comparten sus ideologías.
“La trama”, de Allen Hughes, es la configuración de un segmento desvergonzado: la corrupción política. Tal real como la vida misma.

El argumento está situado en la ciudad de Nueva York. La película comienza con el policía Billy Taggart (Mark Wahlberg) que, después de abandonar la Policía por matar por venganza a un chaval que ha violado y matado a una chica, es obligado a retirarse del cuerpo. Pasan siete años y Taggart trabaja como detective privado. Un día recibe la llamada del alcalde Hosteler con el que llega a algunos acuerdos, el mayor y más sorprendente: que investigue a su propia mujer (Catherine Zeta-Jones), pues sospecha que le es infiel. Inmediatamente después de confirmar estas sospechas, el amante de la esposa del político es hallado muerto. Taggart, entonces, decide proseguir la investigación. La perseverancia del joven va despejando el camino de un caso que acaba siendo más complicado de lo que parecía

Los personajes y la historia que contiene “La trama” no son ajenos a las influencias del entorno, aunque diciendo la verdad, en este momento, la realidad supera a la ficción.

La película sigue paso a paso la dirección de Allen Hughes, -que por primera vez trabaja sin la colaboración de su hermano gemelo Robert Hughes-, logrando captar el aspecto roñoso de las grutas del poder político. Hombres injustos e insolidarios que cambian los designios del destino de otros. Al realizador no le interesa la vertiente espectacular y sórdida del género sino usar sus premisas como medio para subrayar o aislar reflexiones y emociones comunes.

Este nuevo trabajo del joven director americano no presenta ningún resquicio de innovación, habla sin embargo de un tema de rigurosa actualidad logrando una película que sin sorprender, nos entretiene salpicando su arte.

Basándose en el guion convencional de Brian Tucker, con instrucciones precisas para rodar escenas muy cortas, Hughes maneja correctamente las escenas tensión y menos hábilmente el desarrollo de personajes, no consiguiendo alcanzar la intensidad dramática que pretende y permitiéndose el error de esquivar lo que se espera de ella. Nos gustaría saber más de algunos de ellos, viven momentos cruciales en sus vidas pero no los conocemos por dentro. Aunque con todas sus debilidades si miramos el conjunto, la película logra salir airosa, lo que es un mérito, pues como ya he dicho no nos muestra nada nuevo. Simple pero eficaz. Si le añadimos una ambientación acertada y una banda sonora bastante buena de Joseph S. DeBiasi y Seanson Kent, el espectador queda conquistado a la espera del siguiente movimiento.

“La trama” cuenta con un reparto que maneja con criterio los elementos dentro del contexto del thriller. Mark Wahlberg interpreta al policía detective, dotando a su personaje de una dureza y sequedad realmente apabullantes y muestra su faceta actoral en todo su esplendor en su mejor interpretación. Russell Crowe y Catherine Zeta-Jones, en su papel de matrimonio mal avenido, no se dedican ni una sonrisa, hay tensión entre los dos, y a la hora de competir son una roca, sin una simple fractura ante la desdicha. Todos los actores realizan un formidable trabajo.

La que posiblemente sea la obra más indecisa en la filmografía de Hughes, sin embargo, deja entrever su habilidad para equilibrar la intriga, aunque él mismo haya dado piezas más contundentes en este registro.

Crítica: El vuelo

Cartel de El vueloDespués de que en 2009 con “Cuento de Navidad” sacara a la luz el lado tierno de la vida, esta humilde mujer que les escribe pensaba que Robert Zemeckis,  se había tomado un tiempo sabático, sin embargo aquí le  tenemos en 2013 con un discurso cerrado de denuncia social. Crítica de la película “El vuelo”.

Así nos muestra la sinopsis: Tras un aterrizaje de emergencia gracias al cual salvan la vida un centenar de pasajeros, el capitán Whip Whitaker (Denzel Washington), que pilotaba el avión, es agasajado como un héroe nacional. Sin embargo, cuando se pone en marcha la investigación para determinar las causas de la avería, se descubre que, probablemente, fue precisamente el piloto quien puso en peligro la vida de los pasajeros debido a su alcoholismo.

El punto de partida es inmejorable. Robert Zemeckis inserta con acierto durante los primeros minutos de la película unas sobrecogedoras dosis de acción escalofriante y después de los momentos más puramente representativos, la cinta eleva su nivel de drama e intriga para establecerse de esa manera hasta el final.

Mucho se ha dicho sobre si es preferible un buen personaje o una buena historia, pero en casos como “El Vuelo” se demuestra que poco puede hacer un buen personaje si se le introduce en medio de un guión, como el de John Gatins, flojo e incapaz de resolver los problemas con un mínimo de soltura. En esta ocasión, para nuestra suerte el realizador pone en imágenes una historia incómoda y absorbente y una intriga preñada de muerte y culpa, todo a bordo de un vuelo desventurado, con instantes que a ratos toman modos de cine de suspense pero con un personaje real de hoy o de cualquier día. Nos hablan de la culpa y  de la pérdida, pero también nos hablan del remordimiento, de la empatía y de la angustia. Imagen de El vuelo“El Vuelo” es una película dura pero rigurosa y sin aderezos sentimentaloides, nos muestra eso que está oculto, que se encubre pero no puede esconderse: el alcoholismo. Robert Zemeckis desnuda el núcleo de la historia y prescinde de elementos menores  pero a cambio conserva esa parte que hace de “El Vuelo” una película singular,  sin mostrar claramente las múltiples formas que puede adoptar una adicción.

Los aspectos técnicos son correctos, destacando la elegante fotografía. La ambientación, bastante conseguida. Zemeckis acude a tomas angulosas y primeros planos de Washington para conseguir unos fotogramas perfectos, la dirección es correcta, con una buena puesta en escena, un gran dominio de los encuadres y un gran trabajo de interpretación de  actores. El reparto supera, en términos generales, la corrección, consiguiendo hacer disfrutar con unas interpretaciones que se tornan igualadas, destacan entre éstos Denzel Washington, siempre brillante y natural en escena, Don Cheadle que compone un secundario mordaz e intenso, y Bruce Greenwood, sin correr ningún riesgo y situando su personaje donde debe estar.

En fin, película agradable, sincera, siempre teniendo en cuenta que ofrece lo que promete.