Crítica: Money Monster

Money MonsterDrama social que Jodie Foster elabora lenta y minuciosamente, con esa actitud complaciente a que nos tiene acostumbrados a sus seguidores. Crítica de la película “Money Monster”.

Cuando las imágenes comienzan a llegar a nuestro encuentro, y a medida que vemos cómo la trama muestra una situación imperante y común al resto del mundo, dibujando las ambiciones en las finanzas superiores a las ya establecidas y consentidas, perfilando la mezquindad y la inmoralidad de los poderosos, pensamos que esta película llega demasiado tarde. Todo comienza cuando Lee Gates (George Clooney), un famoso presentador de televisión que es también uno de los principales gurús de Wall Street, está transmitiendo su programa y Kyle Budwell (Jack O’Connell) asalta el plató pistola en mano. Budwell ha perdido sus ahorros por hacer caso de los fantasiosos consejos del gran Gates. Arruinado y desesperado pretende hacer algo de justicia a través de ese medio de comunicación mal utilizado.

Ciertamente tan arriesgado itinerario atraviesa sus altibajos. Hay momentos más afortunados y escenas que provocan un rebote. No obstante “Money Monster” no admite tonos intermedios, o bien admites como lógico lo que Foster te muestra y lo disfrutas como una de las mejores denuncias que se han podido hacer de un tema tan grave como es éste, o en sentido contrario piensas que estamos sometidos a una guerra interdisciplinaria, con frentes diplomáticos , financieros y de inteligencia, pero que nunca se menciona al frente mediático y de entretenimiento y, que la directora americana Jodie Foster lo hace con un sentido poco crítico, o mejor, para suavizar mi expresión, que “Money Monster” podía haber sido una película más comprometida.

La estructura de la película muchas veces vista en los tres últimos años, se sostiene gracias al esplendoroso reparto, un buen puñado de estrellas. Jack O’Connell y George Clooney consiguen con sus personajes una vida y un vigor sorprendentes. Imagen de Money MonsterLa cámara de Foster siempre alerta, recoge en todo momento los gestos significativos y los detalles intencionados de los dos actores en sus papeles. Julia Roberts se identifica admirablemente con su personaje, le presta carácter, vitalidad y entrega, logrando recubrir la imagen de realidad. El resto del reparto, Caitriona Balfe, Dominic West, Giancarlo Esposito, Dennis Boutsikaris, Darri Ingolfsson, Christopher Denham,Anthony DeSando, Jennifer Dong, Ivan Martin, Cliff Moylan, Vernon Campbell, Joseph Oliveira y Chris Bauer, trabajan con gran talento y habilidad sus personajes. La música es de Dominic Lewis, la fotografía de Matthew Libatique y el guión de Alan DiFiore, Jim Kouf, Jamie Linden.

Me gusta el punto final y lo que después queda, un agudo broche acerca de la ingenuidad y de su equívoco papel en nuestro mundo. El choque entre la sociedad confiada y la feroz y despiadada clase capitalista, que de modo casi inadvertido, en un duelo entre cruel y protector tienden sus telas de araña… y nosotros, prisioneros y víctimas.

La recomiendo, no es la mejor obra de su directora, pero merece las reflexiones que logra establecer.

Crítica: Un dios salvaje

Cartel“Un dios salvaje”, adaptación de la obra teatral homónima de la autora francesa Yasmina Reza, es la última película del franco-polaco Roman Polansky, un director cuya obra, elaborada a lo largo de más de cuarenta años, posee tal diversidad y caudal de creación, que es considerado uno de los grandes cineastas de todos los tiempos. “Un dios salvaje” ha sido rodada en Francia, Polonia y Alemania, pero la historia se desarrolla en Nueva York, en el barrio de Brooklyn.

El film se centra en cuatro personas: Penélope (Jodie Foster), Nancy (Kete Winslet), Michael (John C. Reilly) y Alan (Christoph Wallz); dos matrimonios que se reúnen, en principio de manera civilizada, para hablar de la reciente pelea que han tenido sus hijos en un parque, y donde uno de ellos ha salido un poco perjudicado. Pero la reunión se enmarañará hasta límites sorprendentes.

Como cada vez que tenemos la suerte de ver una película de Roman Polansky, quedamos admirados de la destreza con que desdobla su extenso universo: desde lo técnico y visual, a  la manera dinámica con que mueve su cámara y su pulcra puesta en escena. Excelente su inquebrantable precisión milimétrica, atendiendo en todo momento a la lógica descompuesta de los personajes y creando un punto discordante de escenarios exteriores.

Roman Polansky, con este film nos brinda personajes definidos, en una comedia entretenida que aborda el lado oscuro del alma humana, con situaciones crispadas y altisonantes buscando una reflexión profunda y rompiendo el disfraz de la sociedad de buenas y educadas formas, -que a veces son previas a una ferocidad virulenta-, no obstante esa mirada caústica suele estar compensada, mediante el recurso a lo sarcástico.

“Un dios salvaje” destila naturalidad por los cuatro costados. En tan sólo unos minutos, te bañas en la energía que va incitando el metraje. La admirable propuesta de Roman Polansky, no en vano, escarba en las entrañas de sus protagonistas, convirtiendo la presentación de los personajes en un ejercicio de equilibrismo inteligente. Es curioso como personas desconocidas entre sí, en igualdad de situaciones puedan mostrarse simpáticos, cariñosos y efusivos, pero en cuanto salta la chispa del desacuerdo, la situación cambia y sus distintas naturalezas salen a flote desde el enigma de las frustraciones de cada cual. A medida que avanza en su entramado, los acontecimientos que tienen lugar incluyen: amabilidades, desengaños, disputas, descaros e incluso malentendidos matrimoniales.

 Jodie Foster borda su papel con una interpretación que pasa por desiguales etapas, mostrándonos el transcurso de un personaje en una situación crítica y a la vez divertida sin caer en el exceso; Kate Winslet tiene un papel riquísimo y agradecido; Christoph Wallz y John C. Reilly también están encantadores. La música leve, la pone Alexandre Desplat y la fotografía corre a cargo de Pawel Edelman.

La riqueza temática de la película, partiendo de un pulso de relaciones, y el trato de diversión que encierra, no hace sino dar más realce a la agudeza y acierto de Roman Polansky, que de forma erudita nos libra de las frecuentes diatribas de frases hechas y apologías recurrentes.

Recomendable. Hora y cuarto de cine, se hace corta.

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