Crítica: La red avispa

Del director y guionista francés, Olivier Assayas, “La red avispa” se nos presenta como un thriller de espionaje con un buen tono narrativo, -como el maestro nos tiene acostumbrados-, fundamentado en hechos reales y basado en el libro The Last Soldiers of the Cold War, del escritor brasileño Fernando Morais.

La película comienza en los primeros años de los 90. Estamos en La Habana, desde cerca de allí René González (Édgar Ramírez), piloto de las líneas aéreas de Cuba abandona su casa, su país, a su esposa Olga (Penélope Cruz) y a su hija Irma (Carolina Peraza Matamoros). Huye a Miami en un avión que no es suyo. René se une a un grupo de exiliados cubanos opositores a Fidel Castro, llamado Hermanos al Rescate, quienes operan desde Florida e intentan descomponer la próspera industria de turismo en Cuba. En esta carretera de dimensiones incalculables conoceremos a Gerardo Hernández (Gael García Bernal), a Ana Margarita Martínez (Ana de Armas), a Juan Pablo Roque (Wagner Moura) y otros personajes más como José Sabueto (Leonardo Sbaraglia)…

“La red avispa” es una película de complot costumbrista, rociada por el perfume de las imágenes de la Cuba de los años aquellos, donde todo lo que se veía desde fuera era la progresión de su política con respecto al turismo internacional. Amparándose nada menos que en eso, la urgencia verterá maldades sobre hombres, mujeres y niños que ninguna culpa tienen.

Con el documento en la mente. el director demuestra poseer gran talento para evocar con capacidad el manejo de imágenes ficticias desde un perspectiva emocional pero no sentimentalista. El director francés Olivier Assayas repite las jugadas retratando el caudal de su valioso material histórico a través de un valiente y airado capital de archivo. Las filmaciones que respetan puntualmente en los años que se basan te hacen venerar el retrato, aunque ya conozcamos los hechos. Una odisea transcontinental que aspira a reflejar el dolor de los pueblos.

ConLa Red Avispa” no cabe duda de que estamos ante momentos reales que ya no se ven, o por lo menos, de los que aún no nos enteramos, aquí la influencia del cine y el discurso cinematográfico, más propio de una serie que de un gran espectáculo, personajes , momentos, se encuentran en una posición tan ordenada, rígida y didáctica que sus criaturas están ahí, hablan, beben , traman, lloran y ríen, mientras una cámara levanta acta del miserabilismo político que envuelve a las vidas más grises, una cámara nerviosa a veces y de la que nadie deja de sentir su impacto.

En el reparto, Penélope Cruz brilla, defendiendo su papel de mujer cubana, como esposa y como madre amorosa, recordaré con gran cariño durante mucho tiempo sus besos a su niñita, son besos de verdad, de esos que se dan rogando y conteniendo el sollozo. Penélope Cruz perfila estupendamente un universo singular en el que el mundo la devora. Magnífica. Edgar Ramírez es la justa constatación de un ejemplo. Estupendo también. Wagner Moura, Gael García Bernal, Ana de Armas, Leonardo Sbaraglia,  Harlys Becerra, Julian Flynn, Steve Howard, Michael Vitovich, Gisela Chipe, Brannon Cross, Stephen W. Tenner, Johanna Sol,  Eric Goode, Thomas Dubyna, Ruairi Rhodes, Julio Gabay Y Adria Carey Perez sirven con absoluta justeza a sus difíciles roles. En la fotografía, el gran director de fotografía francés Denis Lenoir recuerda una serie de crónicas visuales codiciadas y valiosas.

Aunque conozcan el caso, o quizá mejor por eso, pues eso quiere decir que les interesa, véanla.

 

Crítica: Trash

TrashStephen Daldry y su nueva obra que arranca y se mueve en su contenido con la misma doctrina que el director británico mostró en obras como “Billy Eliot”, de 2000, “Las horas”, en 2002, “Tan fuerte, tan cerca” de 2011, entre otras. Crítica de la película “Trash”.

Con guion de Richard Curtis, basado en la novela de Andy Mulligan, cuenta el cuento o la fábula de tres niños de las favelas de Río de Janeiro: Rafael, Gardo y Rata. Un día se encuentran una cartera en el vertedero donde rebuscan a diario sin imaginar que este hallazgo puede cambiar sus vidas. Cuando la policía local aparece para ofrecerles una generosa recompensa por la cartera, Rafael y Gardo, comprenden que han encontrado algo importante. Deciden recurrir a su amigo Rata y los tres se lanzan a una extraordinaria aventura para intentar quedarse con la cartera y descubrir el secreto que esconde.

Hay un cine realista y duro que narra la vida sin necesidad de maquillarla y refleja muchos de los problemas que existen entre las clases sociales menos favorecidas, los de la gente humilde. “Trash” nos sumerge con su estética absorbente, sin concesiones y con gran ritmo, en los más oscuros rincones de una favela, en las más violentas y ruines situaciones. La diferencia es que la forma de narración, coincidencias de guión y giros quiméricos, hacen que el espectador lo asimile de manera más dulce. Los chavales son unos supervivientes, a los que la ruleta del destino ha puesto en esa encrucijada, en una historia punteada de humor y fantasía que se intercala con un conjunto de particularidades, la estrella resplandeciente Imagen de Trashque guía a los chiquillos, la torpeza de quienes hacen el mal, casualidades varias, algún fantasmilla y un infinito surrealista que se funde con lo real, pero nunca desviando ambos nimbos, sino que es reserva y esencia de su realismo casi mágico.

Con todo ello, y a través de una sólida interpretación coral, de André Ramiro un actor joven pero ya consagrado y de los jovencitos actores Rickson Tevez y Gabriel Weinstein, así como del resto del equipo a la par Rooney Mara, Martin Sheen, Wagner Moura, Selton Mello, André Ramiro, Jesuita Barbosa, Daniel Zettel, José Dumont, Gisele Fróes, Maria Eduarda, Nelson Xavier y Stepan Nercessian. Todos extraordinarios. La música que adorna el cuadro la pone el compositor Antonio Pinto y la estupenda fotografía Adriano Goldman, un auténtico ramo de profesionales para que Stephen Daldry firme una historia, de sutileza y reflexión indiscutible y contundente, que cala en el espectador y al final se queda dibujado en una comedia social sólida y esperanzadora.

La recomiendo para todos los que saben de la voluntad del mal y creen en la soberanía del bien y para todos aquellos a los que les apetezca salir con una tierna sonrisa de una sala de cine en invierno.