Two Lovers

Su paso es largo, aunque no  camina apresuradamente. Le pone nervioso que no es una calle cualquiera: es un puente, un lugar donde su mente se dispara. Hay en este chico una mezcla de tedio y cansancio. Poco a poco avanza golpeando los adoquines del suelo con su firme pisar, a la vez que arrastra distraídamente las ropas que en la tintorería le pusieron en la percha, teme llegar al centro del caudal que circula bajo sus pies. Irremediablemente ha llegado. Mira para abajo como esperando que las aguas con su poder le devuelvan lo que tanta falta le hace y que tan imposible le resulta recuperar, de repente, una atracción enorme e inevitable le hace saltar al vacío y sumergirse en las profundidades. Se llama Leonard (Joaquin Phoenix). A este joven de equilibrio emocional frágil, su novia lo ha dejado y vuelve al hogar de su infancia en Brighton Beach, Brooklyn, donde lo está pasando realmente mal. Trata de recuperarse junto a sus preocupados padres que sufren todo lo que a su hijo le ocurre y allí va a conocer a dos chicas maravillosas. Michelle (Gwyneth Paltrow), una voluptuosa vecina con un halo de misterio que atrae, además de poseer una extraordinaria belleza y una dulzura muy especial, y la encantadora y sencilla Sandra (Vinessa Shaw), hija del nuevo socio de su padre. Los sentimientos de Leonard se debatirán entre la compleja y susceptible Michelle y Sandra, la chica que sus padres siempre han deseado como la perfecta esposa de Leonard.

Con este punto de partida y desarrollo transcurre esta película, con la que James Gray basándose en la novela “Noches Blancas” de Fiodor Dostoievski construye la historia más romántica de su carrera cinematográfica. Gray otra vez nos retrata a la familia, en las cuatro películas que lleva en su recorrido como director siempre el fondo del mensaje estriba entorno a la afectividad de un hogar. Sus historias pueden ser de mafias (las anteriores) o como en esta ocasión de drama amoroso, pero circulando todo fiel a su tendencia. Con “Two Lovers” nos ofrece la cara menos amable de las relaciones cegadas de amor.

Exquisita dirección de actores. La fotografía destaca por sus tonos fríos bien contrastados. El ritmo narrativo posee un equilibrio frágil, de ejecución serena que dan al relato uno de los motivos de su interés.

El pilar del buen resultado final se basa, además de en su sólido guión, en el prodigio que Joaquin Phoenix es en la escena. Creo no haber visto ni una sola película en la que no me haya gustado, Gwyneth Paltrow también merece un reconocimiento pues siguiendo su línea saca un personaje hermosamente triste y verosímil.

Esta película que acabo de ver, la voy a definir como trascendente y significativa, no es la historia que esperaba, por eso quizás, me ha prendido más, es un simple relato, pero con una fuerza formidable de sabor agridulce, es una romántica película con una salvaje violencia de sentimientos.

La crónica de una víctima del amor.

Un ciudadano ejemplar

Kurt Wimmer, a veces guionista y en otras ocasiones director de películas tales como la inolvidable «Equilibriun” dirigida en el 2002, en esta ocasión ha escrito el guión para  F. Gary Gray, del que también recordamos con cariño a Edwad Norton y Charlize Theron en “The Italian Job”, de 2003. Unidos los dos, escritor y director, nos dan «Un ciudadano ejemplar» una historia que  genera un alto grado de interés desde el primer minuto, contando este relato con un guión brillante y una idea totalmente inquietante.

Clyde Shelton (Gerard Butler) está sentado en su casa hablando con su hija y su esposa. Esperan que termine de cocinarse la comida para sentarse a la mesa. Están bromeando sobre lo bien que huele la comida y sobre los trabajos manuales de la niña, cuando suena el timbre de la puerta, Clyde la abre, y recibe un golpe que lo tumba en el suelo, después otro y otro. Los visitantes  son unos ladrones que han venido a robarle pero no se conforman sólo con eso. Horriblemente  matan a su esposa e hija delante de sus propios ojos, él lo ve todo hasta que el dolor le hace perder el conocimiento. Los criminales asesinos son detenidos, pero el fiscal Rice (Jamie Foxx) le propone un pacto a uno de los implicados para que declare en contra de su compañero a cambio de rebajar su tiempo en prisión. Pasan diez años, y Clyde no se ha recuperado de la pérdida de su familia, es más,  su atormentada cabeza le dicta arreglar de una vez por todas el sistema judicial que tan erróneamente se pronunció en su caso y miles de casos más.

Gerard Butler, desborda emoción en «Un ciudadano ejemplar», sus ojos azules, muy abiertos y brillantes, como necesitando  en todo momento que un río de lagrimas inunde todo su espacio. Inmediatamente los relaja con una cierta expresión de dolor. De repente, mira al frente con desafío, con un gesto con el que parece entrar en un misterioso proceso de osmosis hacia una salida que su personaje necesita, un hombre que él brillantemente  representa. Éste es el actor que yo quería ver, Butler es el intérprete del que más películas le he comentado en este blog, y hasta ahora no le había tratado positivamente. Me parece que hace bien su trabajo pero no ha tenido la suerte de participar en películas de calidad. Con “Un ciudadano ejemplar” se  luce como actor y, en el mano a mano con Jamie Foxx los dos salen beneficiados dominando a los respectivos  personajes y haciendo fluir con absoluta corrección la narración.

Toda la película gira entorno al sistema judicial americano dejando al desnudo todas sus miserias. Contiene una estupenda atmósfera con aroma a vulneración y a locura causal. El resultado es el de un producto que nada tiene que envidiar a otras producciones de intriga con exitosa repercusión en taquilla y en los medios de comunicación.

Es un thriller intenso con el que se pasa sin darte cuenta la hora y cuarenta minutos que te ha ocupado y que desarrolla una historia, no de venganza, sino de justicia aunque no debamos  admitirlo. Yo la recomiendo para los amantes de la intriga y los sustos desprevenidos.

Antes de terminar reseñar que todo el conjunto actoral están de diez

Ciudad de Vida y Muerte

En clave de alegato antibelicista, Lu Chuan nos transporta a su propio país, nos centra en la antigua capital de la República China, Nakin, en la segunda guerra chino-japonesa 1937-1938. El ejército imperial japonés, aliado con la Alemania nazi, provoca una gran masacre a la que se conoce como la masacre de Nakin. En poco más de un mes, se aniquilaron masivamente a cientos de miles de prisioneros entre soldados y civiles, además de la violación y tortura de más de veinte mil mujeres

La película nos encaja en la vida de varios personajes, unos reales y otros de ficción: un soldado japonés, un maestro y Joh  Rabe, un hombre de negocios al que en la actualidad se le recuerda como el “buen hombre alemán” o el “Schindler de China”.

Lu Chuan, responsable de la dirección y el guión, hace una entrega impactante, que suma drama, historia, biografía y guerra. La dirige dando a las escenas gran realismo y una crudeza totalmente escalofriante, algunas escenas realmente hielan la sangre. Hace uso de sus mejores armas de dirección para conmover y estremecer. El sistema de rodaje es justo el apropiado, rodada en blanco y negro, de forma soberbia y sobrecogedora y sin alterar el espacio fílmico, con trucos cinematográficos que la hacen atractiva sin separarse de la realidad que lo mueve, haciendo que el espectador se estremezca hasta lo indecible. Todo en este relato y en cualquiera de sus aspectos ha sido pensado y reflexionado con la idea de ofrecer un bello homenaje y un recuerdo a lo que aconteció en aquellos fatídicos días

La ciudad de la muerte, comienza bañada con un descorazonamiento en el ambiente que puede ser cualquier cosa menos tranquilizador, da paso al desconcierto y más tarde al pánico más inequívoco. En el mundo del cine bélico, las películas procuran hacer creíble un mundo de posibilidades infinitas; aquí, en esta película, los hechos hablan.

Esta historia es ante todo la tragedia de un pueblo arbitrado por fuerzas de ocupación incompetentes y asesinas. El mensaje que trasmite no morirá nunca, cuando la película se muestra a nuestros ojos revestida de grandeza, es porque todos los elementos han funcionado y su excelencia nos llega al corazón. Después de unas décadas, es extraordinario que películas así lleguen al público, que no cueste a la humanidad un precio en concreto, como es que la historia esté contada por los vencedores, y los vencidos se queden en un esqueleto, o en una mera cuestión administrativa.

Yo, como espectadora no puedo quedar al margen de la gran carga de sentimientos que conlleva esta película, desde “La lista de Schindler” no había visto una denuncia en el cine tan difícil de asimilar. En un momento he tenido que cerrar los ojos, para no ver algo que no voy a olvidar jamás y que se extenderá como una epidemia en mis sueños y en mis insomnios.

Excelente fotografía la de Yu Cao con un alto nivel de detalles que plasman inconmensurablemente su trabajo. La música de Tong Liu acompaña adecuadamente en los puntos altos del drama de forma certera.

“Ciudad de vida y muerte” es poseedora de la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián a la mejor película, en el año 2009. También ganadora de un premio Signi, a la mejor fotografía

Relato duro y necesario. Homenaje a las víctimas de Nakin hecho por un hijo de su misma tierra.

Pájaros muertos

Érase una vez unas familias privilegiadas que Vivian en una zona de lujo que se llamaba Urbanización Los Pájaros, era un lugar perfecto para vivir, el máximo que puede desear una persona en cuanto a naturaleza y tranquilidad; allí vive mucha gente adinerada pero nosotros nos vamos a centrar en dos familias, estos dos núcleos familiares están llenos de monotonía y aburrimiento, sólo se desviven por aparentar lo que no son. Un día aparece un pájaro muerto en medio de una calle y se «lía parda», el pijerío se desata y la ñoñería del súper euro entra en un trance, apenas cae una avecilla, se desmayan o se ponen histéricas como posesas. Estas pobres gentes ricas llevan una vida malísima…

Dirigida por Guillermo y Jorge Sempere, «Pájaros muertos» cuenta en el reparto con Silvia Marsó («Amor, curiosidad, prozak y dudas»), Eduardo Blanco («El hijo de la novia, «Luna de Avellaneda»), Alberto Jiménez («El Bola»)  y Claudia Fontán («El hijo de la novia»).

Lo que los Sempere disponen alrededor de los personajes es una excusa, una trampa sin doble fondo, traca sin pólvora para darle más valor a un mediocre relato. Aquí no hay ni historia ni interés, sólo un temporal juego de apariencias en donde reside todo el atractivo de la película que nos da menos de lo que promete, en definitiva nos da la posibilidad de querer y no poder descubrir de que va todo esto. Por último, la relación entre los vecinos tampoco convence, ni tiene ningún momento destacable, así como tampoco cuadra la materialización de los personajes que pasean su representación con un inexpresivo, ingenuo y calamitoso posado.

La verdad, me ha parecido una cinta muy poco creíble, pues me he cansado de ver sólo en pantalla a gente más pija de lo normal, si es que hay algo de normalidad en ser de esa condición. Tampoco me gustó que el recurso de los directores sea que todo el entorno aparezca repleto de colores asfixiantes. Creo que muchos coincidirán conmigo en que el filme tiene un guión muy poco creíble desde el sentido común, al mismo le falta la lucidez necesaria para poder plasmar con efectividad los objetivos que podría reflejar en pantalla.

Película que marca un jalón por inverosímil y por su frío argumento.