Crítica: Carancho

CartelEs insólito por no decir convulsivo, el hecho de que en las películas se denuncien infinidad de  asuntos de  gravedad que ocurren en un país y, que sigan sucediendo, sin que ni gobiernos, ni abogados, jueces o policías se den por aludidos y pongan el remedio para pararlo, ¿será que quieren que se siga sembrando el caos para que después venga un orden más justo?, ¿hasta cuándo?  En Argentina mueren al año en sucesos de circulación más de 8 mil personas, una media de veintidós por día; más de ciento veinte mil resultan heridas. Los últimos diez años, han dejado cien mil muertos. La cantidad de millones que necesitan las víctimas  para afrontar gastos médicos,  producen un gigantesco mercado, mantenido por las compensaciones de las aseguradoras, la mayoría de los fallecidos no superan los treinta y cinco años, detrás de todo esto existe un mercado tenebroso de mafias que se matan por llevar los casos  de los accidentados, con frutos sustanciosos para sus repletas cajas.

Una fuerte denuncia articula el planteamiento, nudo y desenlace de “Carancho”, desarrollada en argentina, une la base de los personajes, con la realidad urbana concebida como referencia, como en un hermoso tablero de juego de mesa, en  el  que un jugador rebelde hace trampa continuamente. Desde que su vida cambia, Sosa (Ricardo Darín) sólo ha hecho una cosa: engañar. Conoce los entresijos de la estafa en la que trabaja, un bufete de abogados y fiscales al que llaman La Fundación, que tiene comprados a hospitales y policías,  se dedican  a captar  víctimas de accidentes de tráfico. Las víctimas son ingenuas gentes de clase media o baja, que en este momento accidentado de su vida son fáciles de liar. Mientras la mayoría de los ciudadanos se hipotecan en los bancos, son exprimidos por los impuestos y hacen maravillas para llegar a fin de mes, Sosa cual ave carroñera sigue traicionando a todo el que se deja,  sin que la víctima se percate que la están engañando.  Hasta que entra en su vida  Lujan (Martina Gusmán). Lujan y Sosa se conocen justo en un incidente de circulación en una calle, ella trabaja en las urgencias del hospital San Justo, es una de las doctoras,  enseguida notan que hay algo fuerte que les atrae del otro. Sosa,  miserable, ingenuo, confundido y rodeado de dinero negro, se verá inmerso en el centro de un peligroso triángulo formado por la voracidad, la astucia  y la terquedad, y Lujan entrará en una relación muy peligrosa, pero inevitable.

Pablo Trapero, su director, con títulos como «El Bonaerense”, “Familia rodante” y “Leonera”, nos presenta  un thriller ácido, denso, narrado con la grandeza del clásico cine negro, que dispara dentro de un cauce de intriga un juego amoroso.  Se degusta  tranquilamente como si fuera una novela de John  Grissan, «Carancho” es una película realista y aporta una textura social valiente, es efectivamente un largo que está por encima de la media de lo que actualmente vemos en nuestras pantallas, pero no alcanza para que “Carancho” despegue su cualidad de testimonio de un tema tan complicado y vigente,  yo que esperaba más, había concebido otra idea de esta película.

El espléndido Ricardo Darin, consagrado en cantidad de películas, aquí  muy apropiadamente el protagonista, hace un papel creíble desde el minuto uno; Martina Gusmán, es un placer ver como desarrolla su personaje, compone una chica de hoy, profesional de la medicina  que como cualquier mujer cae rendida en los brazos del hombre que ama, aun sabiendo que esa relación no le conviene, actúa de forma colosal, dos grandes intérpretes.

“Carancho” es una película que hay que ver.  Puede que se transforme en el film más valorado de la temporada.

Crítica: Machete

CartelHe aquí dos cineastas, Robert Rodríguez y Ethan Maniquis, que estaban predestinados a dirigir juntos. Maniquis estaba impaciente y ansioso de celuloide, tanto como el director de “El Mariachi”, y ambos obsesionados por resaltar los mecanismos del cine al que últimamente nos tienen acostumbrados, con excesiva violencia y  sin una pizca de consideración ni de sensibilidad. Con «Machete», Robert Rodríguez nos aturde  de nuevo con sus delirantes excesos.

El título de la película es la historia. Todo gira en torno a  Machete (Danny Trejo), personaje creado por el director exclusivamente para este actor. Machete es un rudo hombre mexicano, tiene una hija, que es lo único que quiere, pero un día, un capo de la droga Torrez (Steven Seagal) la asesina delante de sus propios ojos. Se queda solo y toma la decisión de  cruzar la frontera para ganarse la vida. Pasan tres años… y es aquí donde empieza la película, que se desarrolla en la frontera de Estados Unidos y México. El tránsito de ilegales pasando la frontera es enorme pero las autoridades buscan la forma de pararlo. El secretario político Benz (Jeff Fahey) busca a Machete, que ahora es un mero jornalero carente de identidad,  le ofrece dinero para asesinar a McLaughlin (Robert De Niro), un senador corrupto. Machete es contratado, y a través de su tremenda cacería, se encontrará con la ayuda de Luz (Michelle Rodríguez, Invasión a la Tierra), una camarera de un bar de tacos; Padre (Cheech Marin) un sacerdote muy listo y precavido; y, April (Lindsay Lohan), una chica adinerada con gusto hacia las instrumentos que matan. Y todo ello, mientras soporta un seguimiento por Sartana (Jessica Alba, El demonio bajo la piel), una guapa oficial del ICE que tiene un personal desvelo por Machete.

“Machete” respira conspiración, entre imágenes amarronadas, a menudo empañadas por la sangre.  Está trufada de latigazos genuinamente absurdos, guiños que demuestran la firma de un director tan particular, al que no le gusta hacer perder el tiempo al espectador y, en ese sentido, es un film  del que tienen mucho que decir sus seguidores.

Robert Rodríguez mantiene intacta toda su chifladura al dirigir una película ultra violenta, no se propone ni pretende cambiar el mundo, ni siquiera creo que quiera guardar huella en el espectador, hace el cine que quiere y como quiere. Así, entre escenas que rozan el gore da una mirada prieta, subversiva y violenta, a las antiguas películas mejicanas. Básicamente el corazón de la narración se asemeja a aquéllas, entre golpes, cabezas cortadas, fuego y perfiles graves tostados en campos de batalla. Nos embute en la narcocultura, en los aspectos de la inmigración, -gentes que se juegan la vida buscando una oportunidad-, nos recrea también la envoltura de  corrupción política y policial.

En “Machete”, Robert Rodríguez se permite el lujo de esquivar lo que ya esperábamos de él, -algo de cordura-, y aborda una representación de acción desorbitada que acredita su altura como autor perpetuamente transformista. Pero para él la historia es invisible, su cine aquí y ahora es esto, una producción hecha desde la acción y para su público, con tanto muerto,  tanta mutilación y con la muestra escabrosa de las iconografías que ilustran los asesinatos.

De “Machete” se han dicho muchas cosas, entre otras, que es un desafío a la iglesia, pues utiliza a sus representantes muy inconvenientemente, mi opinión es que toda ella es una provocación, esperemos que este buen director de cine deje de reírse de nosotros.

De las actuaciones casi ni debería hablar pues exceptuando a Danny Trejo, los demás actores están para arañarse la cara y no parar, incluso Robert de Niro.  Don Johnson tiene un personaje de morirte de la pena y si comentamos el papel de la actrices femeninas, diré que no esperen recibir premio por este impersonal trabajo, no pueden ser más planos sus papeles, son en conjunto una mera exhibición de lo femenino, otra provocación más de su director.

Aquí se mata el mito del contador de historias, dando a cambio, la retorcida de una paranoia.

Sales de la sala, enfrente las taquillas, niños que juegan, gente que ríe, huele a palomitas, el aire me da un abrazo de atardecer tranquilo, respiro. Estaba aturdida, vaya con Robert De Niro.

Gigante 2009

Gigante 2009

Adrián Biniez, director argentino radicado en Uruguay, nos trae  esta película, producida por Control-Z Films, que ha sido ganadora de un Oso de Plata en Berlín y de un premio Alfred Baver como mejor ópera prima.

Horacio Carmandule,  interpreta a Jara, un hombre de treinta y cinco años , con poca vida social, muy tímido e introvertido, que trabaja como guarda de seguridad en un hipermercado de Montevideo, controlando las cámaras de protección. Su vida no tiene sentido, su única actividad para divertirse son los crucigramas y escuchar música pero un día se fija en una chica que trabaja de limpiadora, Julia, a la que da vida Leonor Suarcas.

Desde ese momento, la contempla a través de las cámaras por todos los lugares del establecimiento, luego  en la calle la sigue por todo Montevideo, si pasea, si va a la playa, siempre detrás de ella pero no se atreve a decirle nada.

Y así discurre esta lenta película , cuento triste de un hombre grande, cándido, y solitario.

La lentitud es enorme, los diálogos escuetos, delicados, prudentes y bastante neutros. Con un gran toque de pinceladas vouyeristas.

Está catalogada como comedia, yo, la veo como drama y además añadiría drama  profundo.

Carmandule borda este papel, sin este actor, la película no sería la misma.

Es una película para los amantes de cine de autor.

El secreto de sus ojos

secreto

Juan José Campanella, director de cine argentino, acompañado por actores magníficos, nos presenta esta película, adaptación de la novela “La pregunta de sus ojos”, de Eduardo Sacheri, que además ha trabajado el guión.

Historia donde conjugan, amistad, drama, envidias, lealtad, justicia e injusticia, narración que mantiene la tensión argumental durante todo el trazado. No tiene ni un minuto plano y es una perfecta reconstrucción de los años 70, con personajes idealmente perfilados y un ritmo narrativo imprevisible e intrigante.

Ricardo Darín y Soledad Villamil nos vuelven a demostrar que son una pareja excelente en el cine. Darin es Benjamín Esposito, empleado como secretario en un juzgado penal, que acaba de jubilarse y valorando su tiempo libre se decide a escribir una novela, sacada de sus recuerdos sobre un caso en  que fue testigo y parte de la investigación  en el año 1974. La excusa de la novela le da pie para volver a los mismos lugares que, aunque han pasado los años, siguen vivos en su memoria. Soledad Villamil es Irene, también trabaja en el juzgado y es superior de Esposito. Estos dos actores también trabajaron juntos en “El mismo amor la misma lluvia”.

Son una pareja que enamora.

Haremos una mención especial a Guillermo Francella, pues el personaje que representa es simplemente genial, divertido a la vez que sombrío. Muy bueno.

Hay películas que son perfectas y ésta es una de ellas, los personajes se relacionan con tanto calor y cercanía que parece la vida misma, es drama fuerte pero al mismo tiempo lo sientes  jovial, una mezcla agridulce impecable.  Aunque ya sabía de la destreza cinematográfica de Campanella, me ha sorprendido gratamente, como saliéndose de su línea habitual nos narra de forma solazada, un hecho tan dramático. Se nota su pulso y habilidad, sin duda este hombre tiene talento.

Bueno… hay que ir a verla. Se estrenó el viernes 25 y creo que tiene todos los ingredientes  necesarios  para  viajar a  los premios Oscar  y llevarse uno a la mejor película de habla no inglesa.