Crítica: Todos tenemos un plan

CartelLas colmenas que abren el film constituyen sin duda alegorías visuales pero sirven también, por disparidad, para hacer supuestamente palpable la condición del bien y el mal que es el presente de la película. Su narrativa con anhelos discursivos se construye a partir del símbolo. Crítica de la película “Todos tenemos un plan”.

Ana Piterbarg, directora y guionista argentina, desde el año 1998 está mezclada intensamente en el mundo cinematográfico. Empezó como asistente de producción, después guionista y con el tiempo directora de cortos, documentales y series comedia para televisión. Actualmente, además de arriesgarse a dirigir su primer largo “Todos tenemos un plan”, es profesora en la Escuela TEA IMAGEN en Argentina. Por esta película obtuvo el V Premio de Guión Julio Alejandro.

La historia que nos presentan se desarrolla en Buenos Aires, Tigre, Delta del Paraná, entre unas aguas calmas, rodeadas de escarpada vegetación. En esta deliciosa orilla vive Pedro (Viggo Mortensen) separado desde hace años de su hermano gemelo Agustín (Viggo Mortensen), éste vive en la capital, está dichosamente casado y es médico de profesión. Su mujer (Soledad Villamil) vive un delicioso momento haciendo los trámites de la adopción de un bebe, sin embargo Agustín empieza a cuestionarse si la vida que mantiene tiene sentido para él. Por otro lado su hermano Pedro, muy enfermo, pronto vendrá a visitarle….

No hay grandes cosas para el deleite que pueda destacar de esta película, el desarrollo de personajes es flaco y se prolonga en una ebullición quizás novedosa pero no con la fuerza que hubiese reclamado un guión más riguroso; tiene la voluntad pero se pierde en confrontaciones contradictorias y en prácticas morales débilmente desplegadas, haciendo de ella una obra que tal vez para ser la primera de la joven directora Argentina merece un espacio de confianza pero desde luego no revela nada nuevo. Eso sí, se le reconoce un gran dominio del relato en el plano visual, buena fotografía y la imagen tranquila y sombría que asigna al espectador sensaciones de una intriga que en la realidad se pierde sin lograr dejarla bien encajada. Resta anotar la extrema fragilidad con que se narra, la orfandad de fuerza en el mensaje y la confusión de los discursos, además de los frentes que permanecen abiertos incluso terminada la película.

Nada que sobresalga, ya lo he dicho, ninguna cosa a destacar, solo las interpretaciones marcan en positivo las horas de un reloj que funciona quizás demasiado lento. Los poco complejos personajes caminan por sus limitaciones y es la suerte de la película, el plantel de actores. Viggo Mortensen trabaja con oficio, Soledad Villamil se luce en su breve actuación, Daniel Fanego, Javier Godino, y Sofia Gala dan el toque necesario a las interpretaciones.

A todo el conjunto le dedico un aprobado simple, más por la forma en que Piterbarg ambienta la escena que por la trama en sí.

 

Crítica: Elefante blanco

CartelRuido, heridas, ímpetu, tráfico, sangre, muerte…

La visión ficticia de Pablo Trapero en el medio urbano de este retrato de pobreza no puede ser más desalentadora por su fuerte tinte de realidad marginal. “Elefante blanco”, el último de sus trabajos, con la complicidad en el guion de Martin Mauregui, Alejandro Fadel, Santiago Mitre y la presencia en la música de Michael Nyman,nos muestra la parte más desagradable de todo un mundo marginal a través del examen religioso, frente a un desolado paisaje de derechos secuestrados.

“Tierra de nadie”, un asentamiento real, ha servido de marco para mostrar toda la crudeza posible en su veracidad visual, un lugar en el que dominan las mafias y al que incluso la policía tiene miedo de pasar.

Julián (Ricardo Darín), un sacerdote en una villa. Sus feligreses están muy confiados en él pero la jerarquía eclesiástica y las autoridades no le dejan hacer su obra en paz y con justicia. A su lado, su amigo Nicolás (Jéréme Renier), también sacerdote con el que empieza a vivir esta realidad salvaje. Julián trabaja este proyecto desde hace años. Es un poblado marginal de los alrededores de Buenos Aires. Los dos son sacerdotes católicos que decidieron dedicar su vida a los más pobres: Nicolás al principio marchó para un país tercermundista y Julián quedó entregado a Argentina. Mientras trabajan como héroes cotidianos, Nicolás se llena de dudas, piensa si la Iglesia es la institución adecuada para dar solución a tanta miseria. Julián, por su parte, decide que el mejor camino para cambiar las condiciones de vida es seguir con su lucha sin desviarse de la cruel realidad impuesta. Entre tanta desolación la guapa Luciana, (Martina Gusmán), una joven licenciada en derecho que entrega sus días a luchar por los necesitados y a incentivar las reformas sociales. Los tres buscarán su lugar. Unos rompiendo moldes, otros no se atreverán. Pero ninguno es débil o fuerte todo el tiempo. Son complementarios. Tres partes de una sola trenza.

Las imágenes acompañadas a veces por su educada música son de todo menos complacientes: drogas, niños marginados, mujeres viviendo su vejez desde la juventud, hombres sin el derecho a cobrar por su trabajo, miedo, sometimiento, escasez y la lluvia que no deja de caer, quizás por darle al decorado un toque de desánimo o tal vez como el símbolo de un llanto que no debe de parar al ser conscientes de que eso que ocurre en la pantalla lo tenemos detrás de la esquina. Solo la mirada de Trapero en medio de este caos, centrada en el objetivo de su cámara, alcanzando unos exactos primeros, primerísimos planos, unos íntegros planos largos y una novedosa configuración cámara al hombro que descubre ignorados perfiles en el director argentino. No es necesario que citemos sus películas fundamentales. De todos son sabidas y recordadas con admiración. Trapero impregna aptitud y personalidad en sus obras, matizando hasta lo recóndito su particular forma.

Pasamos por alto algún frente que se abre sin sentido y no queda cerrado, la tópica reunión de chavalillos drogándose, y destacamos la naturalidad con que fluyen al son todos los participantes, tanto actores profesionales, como secundarios y aficionados. Todos dan fluidez y credibilidad narrativa.

Después de ver “Elefante blanco” es imposible no pensar que la vida podría ser simple y agradable si no existieran ésos que siempre están dispuestos a trastocarla.

“Elefante blanco” está dedicada a la memoria de Carlos Mújica, sacerdote argentino asesinado por la dictadura peronista en el año 1974, hecho jamás esclarecido. Mújica, desde el año 1960, dedicó su vida a trabajar por los sectores más pobres de la sociedad. Fue un hombre con luz rodeado de seres en penumbra.

Crítica: Miss Bala

CartelDesde México con su nueva película Gerardo Naranjo recuerda al mundo del cine que no es imprescindible un plantel de actores de renombre, ni un abultado presupuesto para hacer buen cine. Crítica de la película “Miss Bala”.

Laura Gerrero (Stephanie Sigman) es una joven de Tijuana, México, menor de 20 años que aspira a ser una reina de la belleza. Está contenta de participar en el concurso de Miss Baja California pero el destino de Laura la conduce a una discoteca a la que acude para encontrarse con una amiga. Después de salir de ese baile ya nunca será la chica de antes. Laura se ve obligada a involucrarse en las redes del narcotráfico, poniéndose al servicio de una de las bandas que tienen aterrorizado al norte de México. Su experiencia como participante involuntaria en la violenta guerra de bandas que sacude México la hará tener aún más asco a eso terrible que ella nunca había elegido.

La primera impresión que me deja “Miss Bala” es que está puesta en pantalla con más seriedad y sobriedad que la mayoría de las película que he visto últimamente, con ello quiero dejar claro que no hay violencia gratuita, que no hay escenas que busquen la lágrima fácil, que sólo puede impactar al espectador por el contenido de su buen guion. Es una película realista y pertinente.

Gerardo Naranjo hace una notable contribución al cine mexicano. El director prescinde de grandes excesos visuales para contar de forma justa lo que quiere denunciar. “Miss Bala” tiene una real intensidad que se te mete en la piel, removiendo el alma con sus fines fatídicos, el tema es muy duro y el desarrollo totalmente creíble. La pequeña paradoja consiste en que los acontecimientos en la trama destacan un desgraciado cruce de caminos en una noche miserable, y no una forma implícita y habitual, como debe ser en la realidad lo que se nos cuenta. Aun así, y fuera de esto que sólo es una breve reseña aclaratoria, “Miss Bala” me parece una película contundente, lúcida en su exposición y con una gran carga de músculo dramático.

 “Miss Bala” nos muestra a Stephanie Sigman, con la cara más triste de toda su carrera y las lágrimas de frustración continuamente cayendo por sus mejillas. Está perfecta en su rol, una interpretación que sin duda recordaremos, detrás de esa expresión se oculta el miedo, la degradación, la humillación como mujer y todo ello revestido de un penoso terror al ser humano. Miguel Coutier, como Salomón Duarte, el general;, como Jessica Berlanga; Noé Hernández, en el papel de Lino Valdez, Gabriel Cabezas representando al agente Bell; James Russo como Jimmy; Jose Yenque como KiKe Cámara, y algunos actores más hacen un buen trabajo, en una obra sensata.

Árida, seca, provocadora y brutal: “MissBala”. La recomiendo.

Crítica: El gato desaparece

CartelCon énfasis en la intriga psicológica, esta película marca algunas diferencias con el cine que hasta ahora había ofrecido su director y guionista Carlos Sorín. Según la propia descripción del director, esta película está basada en una historia real similar a la que ofrece y saca para su cine a dos actores profesionales que son un gusto para el que los conoce y un placer descubrirlos para quien es la primera vez que los ve interpretar: Beatriz Spelzini y Luis Luque. Crítica de la película “El gato desaparece”.

Lo primero que aparece en la pantalla es el director de un centro psiquiátrico dándole el alta a un paciente, este señor explica leyéndolo de un papel que este hombre Luis (Luis Luque) ingresó por un brote de violencia durante el que agredió a un amigo. Según el enfermo, su amigo le había robado un valioso trabajo sobre filosofía de la historia en el que llevaba trabajando tres años. Luis, un renombrado catedrático de la universidad, ahora está en condiciones de volver a su trabajo y retomar su cátedra, esto dicen los especialistas, aunque debe seguir tomando su tratamiento. Su esposa Beatriz (Beatriz Spelzini) lo recibe con cariño y felices regresan a su hogar, una preciosa casa donde le espera su mascota, el gato Donatello.

El director argentino del que, en el año 2002, disfrutamos una bella subida a los destellos de la esperanza con su película “Historias mínimas”, dos años después, nos regalaba una gran pequeña delicia con “El perro”, para después en 2006 perdernos por calzadas de ternura en “El camino de San Diego”, y del que más tarde vimos “La ventana”, delicadísima pintura triste de vejez, reproduce en “El gato desaparece” una labor de estilo expectante de una pulcritud estricta. Todo el corazón de la trama interiorizado en el personaje de la mujer, Beatriz, y en sus miedos, se nos revela como una alusión a la que hace referencia su título. Ha de buscarse el contraste que existe entre los pensamientos de la mujer y la tranquila entereza del marido que soporta las fluctuaciones y las dudas de ella.

La simbología de debilidad poética con que Sorín trabaja esta obra está plagada de humildad y  está premeditada con precisión, dejando a un lado los moldes estrictamente comerciales; al principio nos guía sobre una esperanza excelente, después, llegamos a una inyección fabulosa en la que planos y planos primerísimos se asestan en la retina del espectador.

Imagen de la películaEn “El gato desaparece” todo está cimentado a base de pequeñas pinceladas tanto en el relato, como en el apartado técnico: una fotografía que juega con los rendimientos y las sombras de los personajes, favoreciendo a la insegura atmósfera del film, la programación de unos encuadres tan fieles como las piezas de un puzle, el generoso acoplamiento que los enlaza, la instauración de una disposición narrativa de ritmo desafiante y pausado y, por supuesto, el trazado que prepara todos los mecanismos que muestran filosófica y metafóricamente el mensaje que Sorín quiere plasmar.

La riqueza de la película hace realce de los actores que la interpretan y los actores de forma magistral hacen honores con sus interpretaciones a una película meritoria.