Crítica: El mundo según Barney

CartelPremiada en los Globos de Oro, al mejor actor de comedia para Paul Giamatti; nominada a los Óscar, al mejor maquillaje; premio a mejor actriz secundaria en los Satellite Awards; y nominada al León de Oro en Venecia, entre otros, “El mundo según Barney” está basada en la novela “Versión Barney”, del escritor canadiense Mordecai Richler, al que muchos llamaron en su país “la estrella resplandeciente de su generación literaria”. “El mundo según Barney”, de Richard J. Lewis, apoyado en el guion de Michael Konyves, nos sumerge en una historia de aventura personal, la de Barney Panofsky (Paul Giamatti), un famoso productor de telenovelas en la televisión de Montreal, con un considerable hábito al consumo exagerado de alcohol. Seguidor incondicional y apasionado del hockey, pasa sus días llevando una subsistencia interesante, a veces, entre la ambigüedad plena de su ego, y otras transigiendo una realidad poco amable. No se comprende, con su físico y sus adicciones, pero se casa tres veces con mujeres espectaculares: la primera, Clara (Rachelle Lefevre), una linda mujer desahogadamente libre con la que Barney comparte muy poco tiempo. En Montreal, conoce a su segunda esposa Mrs.P (Minnie Driver), una adinerada mujer judía inconsciente, excéntrica y avispada con la que no fue feliz; a continuación, llega Miriam Grand (Rosamund Pike), una belleza tenue con una voz melodiosa y dulce, y una paciencia admirable, su tercera esposa, el gran amor de su vida. Barney tiene un padre al que admira, es un tipo singular, llamativo y verboso en su reducido repertorio de conductas, fue policía en Montreal ahora retirado del servicio, Izzy Panofsky (Dustin Hoffman), y además un amigo de quien se ocupa en los momentos bajos, Boogie (Scott Speedman).

Desde hace años las obras literarias donde la imaginación es base del argumento, intentan en el cine mostrar una imagen nítida, allí donde la literatura se conforma con sugerir; en la pantalla, “El mundo según Barney” explícitamente goza de elementos visuales tan interesantes como lo es el hecho de que la exposición de personajes tenga casi tanta importancia como el guion. Esta película aguanta a la perfección su visionado sin precipicios de interés ni desfallecimientos rítmicos. La capacidad de Lewis para crear imágenes remachadas a su estilo, trazando paralelismos que sobrevuelan en cada fotograma y que a veces recuerdan a una representación teatral, hacen de “El mundo según Barney” una obra trufada de latigazos genuinamente acertados y de guiños extraordinarios de expresión narrativa. Lewis parece tan impaciente como obsesionado por retratar el amor en la pareja, como la máxima expresión de los mecanismos de poder humano,  La película nos vuelve a encariñar con la comedia dramática, un film por el que Richard J. Lewis anda a sus anchas, abordando la filosofía en clave de comedia y jugando con el espectador a trasformar sentimientos, pretendiendo siempre una sonrisa con la misma intensidad, que el inevitable escalofrió.

Lewis con esta película se consolida como un director metido de lleno en el nuevo cine, su mirada, el efecto y la inspiración, son tan amorosamente modulados, que nos preguntamos si alguien lo podrá hacer mejor que él, sin duda, parece preparado para sentar cátedra, claro que dispone de Paul Guiamatti, (uno de los placeres de esta película) cada vez más especializado, brindando un trabajo preciso, rodeado de registros que golpean con emoción, con una naturalidad absoluta demuestra, como ha hecho en tantas películas, que es un extraordinario actor transmitiendo emociones, expresa de forma magistral la manera de ser del personaje, regalando al espectador, desde la más espontánea carcajada, hasta la más dulce lágrima. Su buenísima interpretación da mucha fuerza a una película que sumando la dirección de Lewis y las magníficas actuaciones del resto del reparto se convierte en una más que aceptable obra del cine de hoy.

Para completar el acabado de “El mundo según Barney” se necesita tiempo, Lewis lo maneja y dosifica, cuenta una historia completa en el periodo de tiempo necesario, la primera mitad se filtra maravillosamente y la segunda aún mejor que eso; Lewis abre un cuadro que emociona, un tránsito que va directamente al corazón, un mensaje de conexión, nos dice que todo es inevitable, pero si nada funciona, si todo se ha ido, nos queda la familia.

Crítica: HappyThankYouMorePlease

Cartel“HappyThankYouMorePlease” es la crítica de hoy.  Película de Josh Radnor, al que conocíamos por un trabajo estelar como actor, este joven intérprete ha protagonizado ya una decena de películas y también subió  a los escenarios para  la versión teatral de “El Graduado”, en el papel protagónico, con Kathelen Turner y Alicia Silverstone. En este trabajo asume la responsabilidad de ser el guionista, director y actor, y hace una buena demostración de su cualidad al tocar la comedia romántica.

Sam Wexler (Josh Radnor), un joven aspirante a escritor, tiene un día pésimo: debe acudir a una importante cita con el director de una prestigiosa editorial de Nueva York. La noche pasada ha sido de fiesta y se despierta tarde, ágilmente se viste y sale corriendo hacia la primera parada del metro, dentro del vagón donde se acomoda, ve como los acompañantes de un niño,  Rasheen (Michael Agieri),   se bajan y el pequeño se queda solo. No puede hacer nada, el pequeño no le habla, está completamente perdido y desorientado. Sam decide entonces, llevarlo consigo a la editorial, sale corriendo, pues ahora sí que es tarde. En la editorial le recibe Paul Gertenanian (Richard Jenkins ), este hombre convencerá a Sam de que su libro no tiene ninguna proyección de éxito, deprimido y cabreado sale del edificio, pensando en su mala suerte y en su vida sentimental que no va mucho mejor que su carrera. Pasa de una relación a otra, evitando cualquier tipo de compromiso, piensa que tiene muchas amistades, sobre todo la de Annie (Malin Akerman), su mejor amiga, Melisssa (Marna Kohn), Catherine (Zoe Cazan, No es tan fácil), y  Spenser (Bran Barouh) y gracias a ellos sobrellevará su fracaso literario. Además, hoy no será un día del todo negativo, va a conocer a Mississippi (Kate Mara, 127 Horas), una hermosa camarera,  también cantante. Guapísima.

Como he dicho antes, Josh Radnor se convierte en director y guionista para esta película, moviéndose con convicción en la silla de dirigir, hace su debut sabiendo lo que elige, una película globalizadora, que triunfante demuestra que a pesar de los tiempos que atravesamos el amor está por encima de nosotros.

“HappyThankYouMorePlase” tiene pequeños instantes que forman parte de nuestra conciencia colectiva y que nunca perderemos. Las escenas de vida cotidiana están rodadas de forma muy realista, una segmentación que sirve a modo de insignia, mostrando la destreza del protagonista, atrapado en la realidad mundana de la cómoda vida con  amigos, y lo que le exige, la imaginación y el corazón.

Las amistades que tiene el personaje protagonista proporcionan la visión de un afecto hondo y desenfadado, muy habitual actualmente, en los grupos de chicos de esa edad, pero Radnor también pone de relieve cómo nacen las obsesiones del joven, ya, adulto, 27 -30 años, a partir de querer disfrutar de una profesión remunerada, formar pareja y tener hijos.

Radnor comprende a la perfección el enfoque que tiene que dar a su actuación y resiste la tentación de excederse en sus expresiones, lo cual constituye uno de los ingredientes esenciales de una película en que la principal fuente manifiesta se encuentra en su cotidianidad; el resto del abundante reparto hace un magnífico trabajo de autenticidad absoluta.

“HappyThankYouMorePlase, una concepción del cine poco usual.


Crítica: Sin compromiso

CartelEs difícil trazar con tacto en la crítica de “Sin compromiso” unas notas que aclaren ciertas preguntas que los espectadores pueden plantearse al ver esta película. La nueva cinta se Ivan Reitman nos hace distinguirla de sus creaciones anteriores, rechazando muchos conceptos de esta última propuesta.

La historia nos presenta a Emma (Natalie Portman) y Adam (Ashton Kutcher). Son amigos desde jovencitos, viven en distintas ciudades, pero en uno de esos encuentros en los que coinciden por casualidad, tienen una noche de sexo; desde ese momento deciden estar libres de compromiso, preservando su amistad por encima de todo aunque tengan relaciones íntimas. El tiempo les quitará la razón, pues muy a pesar suyo, descubrirán que es muy difícil mantener una relación rigurosamente física sin que poco a poco se convierta en algo así como amor.

En “Sin compromiso”, el argumento aparece cargado de unos previsibles y facilones clichés, narrado de forma bastante convencional pero pretendiendo poner de manifiesto dos modelos de comportamiento, uno guiado por el ímpetu y el otro guiado por los sentimientos, incandescencia frente a razonamiento. Natalie Portman frente a Ashton Kutcher; la actividad frenética de la juventud de sus personajes, el escudo impuesto por algo a lo que los dos temían y la irremediable entrega. La relación de los protagonistas se presenta envuelta de una sensualidad intensa que en ocasiones casi se percibe una falsilla erótica, pero su director, Ivan Reitman procura mayor atención a los momentos de tensión y dificultad que afectan a la relación amorosa, vadeando ocurrentemente, momentos de felicidad y tranquilidad de sentimientos.

Lo cierto es que la película no tiene ningún trazo que concrete hacia donde apunta.

Si la protagonista de Cisne Negro, era concienzuda en su peculiar escenificación dando vida a la bailarina, aquí en “Sin compromiso”, reduce los meticulosos recursos de trabajo, dibujando un nuevo paisaje a sus registros y trazando una nueva línea que deja muy claro su abonado territorio; el nuevo espacio interpretativo de Portman, acepta las reglas como están establecidas pero indudablemente le queda pequeña esta película. Asthon Kutcher, con el mismo entusiasmo de siempre, pronto exhibe su capacidad, pasándose por distritos ya explorados en su carrera, sin que ninguna astucia le saque alguna señal diferente, su trabajo me ha recordado muchos otros de su repertorio, seguramente no haya tenido confianza en el proyecto. Por su parte, Kevin Kline desarrolla su personaje de manera precisa.

Aun contando con estos famosísimos actores, “Sin compromiso” es una película inconsistente, no está mal como idea, al mostrar ciertas cosas del amor con humor, sobre todo si esa idea es la de hacer pasar el rato.

No es original y es irregular. Una pieza de imperfección, narrando aventuras sexuales y románticas.

Crítica: Torrente 4 – Crisis letal

CartelEn la presente critica de “Torrente 4 – Crisis letal” no sólo vamos a analizar la obra, también hurgaremos un pelín en el talento pendular de Santiago Segura, con El brazo tonto de la ley, Misión Marbella y El protector. Con la primera, Segura, sin pasión, lirismo ni piedad, crea ese personaje grosero y maleducado que cautiva a la masa de espectadores, con la segunda no alcanza las expectativas de la primera pero los incondicionales ahí siguen para verla y repetirla, la tercera contiene una regularidad con resultado más malogrado para los muy aficionados, pero igualmente imprescindible… y aquí estamos con “Torrente 4 – Crisis letal”.

Vaya por delante que cada día que asistimos al cine, en total en la sala, no habrá más de veinte personas, a veces ni seis, a no ser, que sea un estreno con mucho marketing, pues señores: el viernes en los cines que acostumbro, se habían habilitado cuatro salas para el evento que se estrenaba: “Torrente 4 – Crisis letal”. Hace tiempo que no veía en ese sitio tanta gente.

Un público variopinto, pero generalmente jóvenes, con ganas de pasar el rato de cachondeo, pues esto es lo que atrae de esta película, nuevamente, lo irrazonable, lo incorrecto y los antiestético están a la orden del día en esta divertida e irreverente película, la cual vuelve a gozar del talante caricaturesco de un inteligente Santiago Segura que explota ya por cuarta vez unos recursos que son fuente de dividendos.

Santiago Segura, en el papel de Torrente, el policía ahora detective, sucio, facha, intolerante y seguidor del Atleti, a quien le asignan otra peligrosa misión, en cuyas redes caerá como un pajarito. Después, su único sentido en el transitar por su indecente y intransigente vida, es desenmascarar a solapados facinerosos que le han trucado la existencia, y hacer alarde de lo bueno que es en su profesión, quizás ya no sea tan novedoso el ver a Santiago Segura hecho un verdadero asqueroso grosero mugriento pero eso es lo que te da su saga y lo que se espera de sus trabajos, dar asco, la clave del éxito de todas sus entregas.

Esta continuación es igual de indomable y expedita que las anteriores vistas. Es más, hasta me parece que es más escatológica aún, será quizás por el 3D.

Los amigos que componen el reparto, no es que estén más acertados o menos, lo que ocurre es que al ser caras muy conocidas y no habituales en el cine, cuando la cámara los capta, el espectador se sorprende, automáticamente se suelta el chiste adecuado y por ello, la risa es incontrolable. En fin, que no la recomiendo porque sólo es película para incondicionales (que son muchísimossssssss). Entre los cameos, Cesc Fábregas, David Bisbal, Belén Esteban, “El Langui”, Kiko Rivera, Andreu Buenafuente o Ana Obregón.

Eso sí, de nuevo hago hincapié en el gran talento comercial de este hombre Santiago Segura, no hace cine de escuela nacional, no hace cine costumbrista, no hace cine de parodia: no hace cine… pero arrasa en taquilla.