Crítica: En un mundo mejor

CartelTres años después de que Susanne Bier estrenara “Las cosas que perdimos en el fuego” y metiéndose en el tema de su predecesora sobre Afganistan, “Hermanos”, de 2004, hacemos la crítica de “En un mundo mejor”, su última película, una historia psicosocial, entre lo oscuro y lo profundo de las relaciones de la familia y los problemas entre padres e hijos, infundiéndole un nivel de coherencia que efectivamente persigue la línea sensata de su talante para tocar estos temas.

La película cuenta con un argumento concentrado, y Bier encaja en la trama, historias entrelazadas, formando semejanzas entre la civilización y el tercer mundo. Comienza su desarrollo con un sentido dramático, bastante reflexivo, centrado en Antón (Mikael Persbrandt), un médico danés que trabaja en un campo de refugiados en Sudan, África. Este lugar está en guerra y el doctor se aplica con dedicación absoluta a salvar las vidas de esa pobre gente. Su mujer Marian (Trine Dyrholm) y su hijo Elias (Markus Rygaard) viven solos en Dinamarca; el chaval, está condenado al ostracismo por sus compañeros de clase, no puede hablar con nadie, todos le insultan y maltratan, se siente enormemente aislado. Casi milagrosamente, cuando ya no puede más, llega al colegio Christian (Willian Johnk Nielsen), un chico al que se le ha muerto su madre trágicamente, Christian vive desdichado, con su padre, Claus (Ulrich Thomsen, Centurión). Él y Elías se compenetran y se hacen amigos, el inconveniente es que esa amistad se convierte en un resbaladizo juego de represalias y furia.

La nueva película de Susanne Bier, por la que obtuvo en 2011 un Globo de Oro y un Oscar a la mejor película de habla no inglesa, con su complejo tema, traza la línea de una naturaleza de comportamiento, hace preguntas clave y consigue respuestas interesantes, es una película llena de impacto; los mensajes de una directora que toma de la mano al espectador conduciéndolo justo al borde del siniestro, inscribiéndolo en la absorbente tragedia.

“En un mundo mejor” es, aun siendo una historia inventada, un reflejo de real contraste con la sociedad que vivimos actualmente, no quiero echar a perder el corazón dramático de la narración, sólo quiero decir que «En un mundo mejor» es una película útil, con buenas interpretaciones, buena dirección, magnífica fotografía y con un motor de violencia dramática que te devuelve a la calle, al centro del desorden, al que por desgracia cada día estamos más habituados.

Película para los que les guste el cine procesado y conmovedor de relaciones humanas. Para espectadores ocasionales, en cambio, puede ser demasiado desconcertante, pero para todos, debo decir que “En un mundo mejor” hay que valorarla como lo que es, la sugerencia de un camino hermanador entre padres, profesores y los niveles sociales supuestamente al servicio del menor.

En fin, le pongo un 8,5 bien merecido, pues nos regala una historia humana sin rodeos, desde un guion consciente y cumplidor, rezumando filosofía de la no violencia, amor, educación.

Crítica: Ispansi (Españoles)

CartelRecuerdos de tristezas y necesidad revivimos con la crítica de la película “Ispansi (Españoles)”, no es una simple película española más, es una obra de creación que suma las responsabilidades de director, guionista y actor de Carlos Iglesias, trabajando una obra diferente, donde los colores de las discordias se tornan coadjutores.

Poco después de estallar la Guerra Civil española, la República envió a 3.000 niños a Rusia para protegerlos. Los primeros en salir fueron los niños de los orfanatos, Beatriz (Esther Regina) hija de una acaudalada familia de derechas, cuyo padre y hermano eran falangistas, se quedó embarazada de un soldado ingles que se negó a casarse con ella, decidió ocultar a su hijo en un orfanato de Madrid, pero cuando se entera del viaje del niño a Rusia, roba los documentos de identidad de una mujer republicana muerta, y a partir de ahí se llama Paula. Se ofrece como voluntaria para cuidar a los niños en el país lejano, emprendiendo así un viaje terrible, con personas que tienen otra ideología política y a miles de kilómetros de su tierra y su holgada vida. En junio del 41, Hitler invade Rusia, la continua llegada de tropas de refresco para la defensa de Moscú entorpece una y otra vez el viaje de los exiliados españoles, teniendo excesivas interrupciones en la difícil travesía, en una de estas paradas se les une Álvaro (Carlos Iglesias) un comisario político del Partido Comunista de España.

La línea de la historia de “Ispansi (Españoles)”, comienza a partir de una idea interesante e histórica, “la salida de los niños de la guerra”, y el guion de Carlos Iglesias se mueve sin problemas entre ello, así podemos desarrollar un inicial grado de resultado personal , uno de los focos de interés de esta película es el de contraponer diferentes espacios: desde un desierto de nieve pasando por el campamento donde se refugian, en los que se mueven casi con complacencia los inocentes niños y sus cuidadores, pero eso sí, mayormente el paisaje que bordea todo el recorrido de “Ispansi (Españoles)”, es de tremendas extensiones de campo árido cubierto de espesa nieve.

Desamparo y desolación, las luces y las sombras; base y objetivo para mostrar, a través de ese escenario, a los personajes en medio de un equilibrio y a la vez de una perturbación, toda la fuerza de una imagen con tres arcos de intercepción: la política, el exilio y la relaciones que se construyen poco a poco, todas las escenas muestran alguna de estas vicisitudes.

Si hablamos de realización, la cámara de Carlos Iglesias no tiene sentido de la acción, no la necesita, ése es otro de los propósitos de su obra, luego está el factor humano, Iglesias es una buena elección como Álvaro, el comisario político del Partido Comunista, que ha sobrevivido a experiencias indescriptibles, pero que hace lo imposible por eso que es su deber. Todos los actores que interpretan bajo su dirección, son eficaces, quizás en esto Iglesias , sea un hombre particular, resistiéndose a la tentación de introducir en sus películas actores de primera fila, sin que pierda por ello la calidad, las presencias del elenco que le acompañan cumplen con las exigencias del guion sobradamente.

No es “Ispansi (Españoles)” la denuncia de una guerra y sus consecuencias, es un tratado lleno de fronteras, no geográficas, fronteras marcadas por principios e ideales.

¡¡Qué final!!

 

Crítica: Winter’s Bones

CartelAntes de iniciar la crítica de “Winter’s Bones”, creo que es bueno saber algo más de su directora. Debra Granik es una directora de cine americana, nacida en el año 1963, que se formó en ciencias políticas en la Universidad de Brandeis. Más tarde, su inquietud y amor al cine la llevaron a cursar estudios cinematográficos en la Universidad de Nueva York. Después de varios trabajos, con mediana repercusión, la verdadera dimensión de su talento se impone, al enhebrar el hilo de “Down to the Bone” (2004) de la mano de Anne Rossellini, su guionista, un éxito que estuvo avalado por las mejores críticas internacionales.

Cinco años después, Granik sale en busca de nuevos personajes, con “Winter´s Bones”, basada en la novela de David Woodrell, atrapando para su historia, a gente humilde que no es consciente de sus dramas, película que tiene carácter suficiente para sugerir la clase de hieratismo evidente que inspira.  En su entregado argumento, habita el personaje de una chica gastada de sufrir: la mañana que al principio parecía tan agradable, ha empezado a estar llena de terrores, Ree Dolly (Jennifer Lawrence) joven de 17 años, se ha despertado, aún con más problemas, no se oculta a ella misma el hecho, pero lo mantiene en secreto ante sus hermanos y su pobre madre, en realidad es un golpe duro, otro golpe más. Ella es quien ejerce de mamá con sus hermanos, el niño de doce años y la niña de seis, su madre enferma mental, su padre, en la cárcel, ya mucho tiempo, pronto saldrá el juicio. Ree tiene que hacerse cargo de su familia en circunstancias de extrema precariedad económica. Viviendo detrás de una línea divisoria. Al otro lado, habitan la juventud, la satisfacción y la felicidad, y ella, Ree, dentro de esa terrible supervivencia de rechazo a lo divertido.

Muy vinculada al cine independiente americano, Debra Granik, en “Winter´s Bones”, se afana, delicada, dibujando y mostrando símbolos. Revela, mejor que nada, la importancia estratégica de mostrar su desgarrador mensaje, libre, exponiendo paisajes desconsolados, árboles desnudos de hojas y frutas, y al perro como metáfora de fidelidad, necesidad de amor y protección del débil, dibujándolo en cada cuadro de este realismo áspero.

Debra Granik, en esta película, desarrolla capacidad de conexión y de compromiso con este presente (que aunque no se ve, existe) es motor de esta brusca muestra crítica: otra cara de las familias americanas, que no son las que el cine convencional acostumbra a mostrar, Granik nos da el modelo para que participemos en este concurso insólito y durísimo, que deja inactivos a quienes lo padecen; inevitables secuelas en gran parte del subconsciente de algún colectivo, y de la mala conciencia de la América dominante.

“Winter´s Bones” no es una película de grandes audiencias, su recompensa es su propia artesanía y su distinta visión de la marginalidad, podía haber sido una realización lacrimógena pero lo que nos muestra simplemente es una exploración de realidades de la vida, en un retrato de angustia humana, sin gota de extravagancia en la historia. Sólo la incorporación a la pantalla de la imagen de una casa necesitada y dejada, con una escasez absoluta, que despierta al público al sentido de austeridad de los que ahí habitan.

Jennifer Lawrence realiza una brillante actuación, aportando la dureza y el pragmatismo del personaje que pasea su calvario, haciendo al espectador cómplice de su dolor. Los demás actores, John Hawkes, Lauren Sweetser, Kevin Breznahan, Isaiah Stone, se comportan de acuerdo a las circunstancias que sus personajes exigen.

Esta película además de los premios ya obtenidos, tenía cuatro nominaciones a los Oscar.

Película que convence y vence, contagiándonos de su tarea de compromiso.

Crítica: Cisne negro

CartelUn prólogo frío y como sin ancla abre esta inquietante película “El cisne negro”, una mezcla, lograda, entre drama psicológico y thriller. El principio gravita tranquila y decisivamente por todo lo que en la película circula, es, unos minutos después cuando Darren Aronofsky le da ímpetu a una trama inteligente y brillante por momentos, compleja, de rivalidades y temores, entregándonos un personaje desposeído de toda confianza en su capacidad. Ella es Nina (Natalie Portman), una deslumbrante bailarina que forma parte de una compañía de ballet de Nueva York, vive con su madre, Erica (Barbara Hershey) que actúa sobre ella de forma totalmente castradora, también se dedicó al ballet cuando joven y ahora quiere salir de sus frustraciones, haciendo llegar a su hija donde ella no pudo. Nina vive absorbida por completo por la danza y sometida a la servidumbre de su profesión; no vive, deseando que llegue el día del estreno en la nueva temporada, de la obra “El lago de los cisnes”, donde ella va a ser elegida, sustituyendo a Beth (Winona Ryder, La vida privada de Pippa Lee). A medida que se acerca el día del estreno, se agudiza extraordinariamente el miedo a que el puesto soñado en la compañía no sea para ella, esta tensión lleva a Nina a un gran estrés, que le provoca pensamientos más indebidos que propios y una gran confusión mental, incapacitándola para distinguir entre realidad y ficción, sus días son un descenso a los infiernos en un delirio constante.

“El cisne negro” es un filme que se recrea en una estética impecable, envuelta en la excepcional música de Clint Mansell, con una fotografía clara y aceptable de Methew Libatique. Esta película constituye un verdadero pasatiempo visual, donde la explotación de los citados recursos se traduce a favor del carácter atrayente de las imágenes. Darren Aronofsky entrega un dosificado desarrollo del personaje de Portman, aparcando por un momento su reputación de hacer prevalecer lo varonil, elabora una de sus mejores películas. Adapta su técnica de planos iniciales, hasta los cada vez más bellos primeros planos de la protagonista, mostrándola con gran acierto y transmitiendo su casi perfección. Sus sistemas de comunicación no verbal a favor de la imagen favorecen una historia donde las cosas fluyen con naturalidad sin recrearse en el morbo, respetando el espíritu de un guion bien trabado, escrito por John MacLaughlin. Aronofski sigue la estricta cronología de los acontecimientos defendiendo su dirección a un alto nivel. Cuando la cámara gira y gira al compás de la partitura y aparece la cara del cisne negro con la imagen hipnóticamente hermosa de la protagonista, su expresión es completa. Su manera de mostrar a la joven bailarina, su angustia en ese acogedor escenario, la música, el desasosiego, la inquietud de una mujer dentro del tormento psicológico, del viaje de su mente al lado oscuro, y al final del túnel creado, hasta llegar a una escapada tanto amorosa como erótica, que a pesar de ello y como consecuencia, origina más amor desmedido por el arte, su locura.

En mi opinión, el trato que tiene este personaje y a la vez todo lo que la mujer representa en esta obra está mostrado desde una perspectiva que no existe y que no relaciono con lo que en la actualidad viven estos profesionales. “El cisne negro” no es película para absorberla literalmente y por eso tiene ciertos deslices que se le disculpan, jamás puedes separar lo real de lo imaginario y así cabe cualquier tipo de explicación y justificación.

Debo destacar, sin desvelar, el pulcro final (aunque todos sabemos qué va a ocurrir). Monumental Natalie Portman, como cisne blanco y como cisne negro, esta joven actriz tiene una calidad hipnótica interpretando este papel donde fusiona realidad y fantasía, viviendo continuamente en la exploración sombría y inquietante de lo paranoide. (Aquí podéis verla charlando sobre la película con el director)