Crítica: Sin límites

CartelLa crítica de la película “Sin límites” aclarará algo, este tour de perspectiva visual, que dirige Neil Bueguer trabajando a partir del libro de escritor Alan Glyme. Su argumento nos presenta a Eddie Morra (Bradley Cooper), un escritor que sufre una crisis de creatividad, y deprimido  y abandonado  vaga por las calles de la ciudad. Sin esperarlo, se encuentra con un antiguo amigo que le anima a cambiar su fracaso por éxitos. Le hace caso, y  prueba una nueva droga, una pastillita que se llama CST; este fármaco, lo pone en condiciones de usar al máximo todas sus facultades mentales. Es una especie de píldora inteligente gracias a la cual consigue triunfar en la ciudad de Nueva York, en campos tan dispares como la literatura y la bolsa. Recupera a su antigua novia Lindy (Abbie Cornish), todo gracias a la pastillita, pero tanto éxito y derroche siembra curiosidades entre la gente que le conoce e incluso en algún desconocido, como un poderoso financiero de Wall Street, Carl Van Loon (Robert De Niro) que tiene unas descomunales ganas por averiguar qué se esconde detrás de la vida y éxitos de Eddie Morra.

El hecho de que Neil Bueguer use la derivación de la película como título, además de conjeturar que en la película se removerá mas allá de lo esperado por el espectador, sirve también de recordatorio irónico de que las películas no sólo crean una perspectiva ilusoria, sino que el proceso de publicidad de las mismas, a menudo tiene poco que ver con lo que vemos en la pantalla. Las meditadas connotaciones de su título, “Sin límites”, ofrecen un indicio de cuáles son las ambiciones de su director.

Bueguer inicia el recorrido de “Sin límites” con una trama ofrecida como premisa, con un potencial desde el argumento, brindando un fondo clásico con unas enormes telarañas contemporáneas. En lo visual se vuelca regalando imágenes atrayentes, gracias a un gran trabajo de cámaras. Ingeniosas tomas efectuadas para que, desde la imagen, la interactuación salga a pedir de boca. Hasta ahí todo perfecto, pero tras unas breves secuencias de apertura y a medida que avanza, Bueguer se pone a sembrar limitaciones, no siendo capaz de sacar todo el jugo  y hacer que funcione…. y se va perdiendo por los senderos del quiero y no puedo, disipando el ritmo de la historia a la vez que también se esfuma el  interés del espectador.

“Sin límites” es una película que aborda ni más ni menos la influencia de los estímulos artificiales en el desarrollo intelectual de las personas, y ciertamente, esperas  algo innovador,  un poco de inspiración que cincele la historia, pero en el mundo que crea Neil Bueguer no hay audacias brillantes, se aleja de lo verosímil, hasta que “Sin límites” se transforma en un cosmos sombrío e infinito, con situaciones caóticas y desoladoras, el desarrollo se estanca quedando en estado latente, sin avances y sin fructificar como se esperaba, su elipsis y la pérdida de simetría hacen débil a un director que no puede plasmar con gancho el descenso de un hombre a los infiernos, un hombre  de sabiduría intermitente y una utilizada mente infectada por su sed de poder.

A favor, la interpretación de Bradley Cooper que se mete maravillosamente en la piel del escritor, con certeza al reproducirlo. A Robert De Niro nos gustaría verlo en los aquellos papeles en que encantaba con su interpretación, últimamente no veo ni una película en la que pueda alabarlo. ¡Señor De Niro adopte mejores guiones, por favor!, el resto del elenco hace un trabajo aceptable.

Yo esperaba que “Sin límites” fuese una reflexión sobre la adiciones a los fármacos, pero no, aquí está todo explícitamente adiestrado, ni soñando puede leerse algo entre líneas. Ni una liviana reflexión sobre lo complejo de una situación, donde el hombre deja de serlo para convertirse en un muñeco de trapo en las manos de las malditas drogas.

Sin límites, caótica, absurda.

Ver “Sin límites” como un film solvente es equivocado.

Crítica: En el centro de la tormenta

cartelEmpezamos la crítica de “En el centro de la tormenta” pensando en el cine negro, pero suspendidos en una ligera fragancia a telefilm; en esta película que llega a nuestros cines con un retraso considerable, se percibe apenas, la pericia cinematográfica de Bertrand Tavernier, y mucho menos su cine crítico de la sociedad francesa contemporánea, como sí ocurre en muchas otras magníficas obras suyas. Soy una fiel seguidora de este director. A Bertrand Tavernier le descubrí hace muchos años, en  una enorme película que protagonizaban Romy Shneider y Harvey Keytel, su título, La muerte en directo, me pareció tan aguda y tan rompedora que seguí Las huellas al cineasta… y vinieron nuevos trabajos: Nuestros días felices, 1990; L.627, 1992; La carnaza, 1995; Hoy empieza todo, 1999; y, tantas otras, nunca me decepcionaron. Ésta que hoy nos ocupa es la primera que hace en Estados Unidos y la primera que no me hace admirar y disfrutar con la fascinación a la que me tiene acostumbrada.

Bertrand Tavernier en el argumento y la trama de “En el centro de la tormenta” nos presenta a Bootsie (Mary Steenburgen), un ama de casa aparentemente feliz, casada con  Dave Robicheaux (Tommy Lee Jones The Company Men), un detective de Nueva Orleans. Actualmente están instalados en el estado de Louisiana y él  anda tras la pista de un asesino en serie responsable de la muerte de chicas jóvenes en Nueva Iberia, en el brutal asesinato de la última víctima, Robicheaux se acerca a la escena del crimen, coincidiendo un momento con un actor de cine de Hollywood, Elrod T. Sykes, (Peter Sarsgaard) que casualmente se encuentra rodando en el lugar de los hechos. Este hombre bebe hasta perder la razón por eso al detective le cuesta trabajo creerle cuando Elrod le confiesa que ha visto, lo que pueden ser, restos de un hombre, entre la maleza a orillas de un pantano cercano. Da la casualidad de que este descubrimiento trae a la memoria del detective intensas evocaciones de un sumario antiguo y Robicheaux empieza a sospechar que los dos casos están indiscutible interconectados. En ese lugar viven dos tipos que a nuestro detective no le gustan nada, Julie Baldoni (John Goodman) y Twinky Lemoyne (Ned Beatty) pero tendrá que lidiar con ellos.

A pesar de estar dirigida por Tavernier, basada en el libro “In the electric Mist with confedérate Dead”, de James Lee Burke no está a la altura (se dice también que es secuela de otra película del año 1995 que protagonizó Alec Baldwin, dirigida por Phil Joanou, cuyo título es Prisioneros del cielo, a mí me parece que puede ser más una continuación,  pues, hace años que vi aquélla, y recuerdo, que lo que ocurre , es anterior a lo que nos muestran “En el centro de la tormenta”). La película que nos ocupa es una película de autor sólo en sus toques genuinos, de lo que de verdad podemos tildar a la última película de Bertrand Tavenier, es de americanizar su estilo, manipulando narrativas que interfieren en su credibilidad como director exclusivo.

Este largo, contiene en efecto una historia creíble, lo que esperamos de un cineasta que gravita en las ideas del cine social y en los extremos de culturas contrapuestas. Las magníficas localizaciones verdes acuosas hacen que la pantalla dé sensación de humedad, esa plétora calma, la serenidad de su ritmo narrativo, las imágenes del pantano que inmejorablemente hacen que casi se pueda oler el fuerte olor a cieno de su fondo, la fotografía, o sea todo su continente perfecto, pero el contenido que envuelve la historia, las peculiares estructuras que maneja, suponen un reto forzado, simplemente por la indisciplinada fusión de la narración, el problema no está en la trama, ni en el fondo de la historia, ni en los actores, ni en casi las dos horas de su recorrido, sino en lo enormemente imprecisa que puede llegar a ser cuando ves que se va perdiendo lo interesante e inquietante, por la forma en que el director utiliza los lazos para unir todos los campos abiertos, pero lo dispuesto, hecho está, claro que lo que se ha hecho no es quizás, lo que pudiera haber sido.

Después de ser una coproducción franco-americana, en América no se ha estrenado en cines directamente pasó al DVD.

Me da mucha rabia, pero no la recomiendo. Es éste un relato de Bertrand Tavernier sin ningún atisbo de su impronta personal.

Crítica: Destino Oculto

CartelQuienes hayan seguido de cerca la trayectoria de George Nolfi, saben que es un magnifico guionista de cine, en “Destino oculto”, película a la que ofrezco mi crítica, además del guion toma la dirección. El libreto está sacado de un relato corto de Philip K. Dick, conocido escritor de novelas de ciencia ficción.

George Nolfi en el argumento de “Destino oculto”, su ópera prima, intenta una reconquista de lo fantástico, el gusto por la aventura imaginativa, lo etéreo de la acción y el sobrevuelo del amor puro.

“Destino oculto” se nos presenta así: En el gran hotel se oía estruendo de conversaciones y risas, era una fiesta un tanto adversa  al aire libre, todo el mundo se lo pasaba fenomenal porque esperaban a su ídolo. El sofocante aire nocturno agrupaba los olores de la noche. De vez en cuando un soplo de aire fresco acariciaba la piel de los que allí estaban, todos esperando que saliera David Norris (Matt Damon) a dar su discurso. David, un congresista joven, hombre elegante y guapo, tiene el rostro   sereno y unos ojos pequeños, pero azules y cariñosos, su infancia trascurrió de humilde y trágica forma, con siete años perdió a su padre y antes de cumplir diez años ya habían fallecido su madre y su hermano, ahora  está próximo a conseguir el puesto de miembro del senado de los Estados Unidos, pero en este instante, aparece, como salida de una caja de música, ella, Elice Selles, (Emily Blunt) linda y delicada, la piel de sus mejillas parecía  suave como la flor del algodón, su cabello sedoso caía a horcajadas sobre sus hombros, su vestido de seda azulado adornado con un corpiño negro, los labios  ligeramente entreabiertos como entregados al diálogo, sus pies descalzos, y unos hermosos  ojos de un color verde cenagoso. Había algo en ella que a David le traspasa como un cuchillo.

George Nolfi presenta en “Destino oculto” un cine de géneros quizás permeables, la ciencia ficción como reclamo, pero por encima de los hechos sobrevuela la extraña fascinación de los dos personajes principales con sentimientos  de los más terrenal, la intensa expectación creada a lo largo del relato, el enrarecido clima de secretos y confesiones que se crea y la resolución final, subrayan paralelismos con otras de sus obras escritas, por ejemplo: “El ultimátum de Bourne”, también protagonizada por Matt Damon. En lo referente a la exposición y el desarrollo hegemónico de la película, está hilvanada de forma desigual y no consigue sacar lo esperado de un buen guion.

Comercialmente, “Destino oculto” es una película que puede pegar, por la atracción que los dos  actores principales ejercen en el espectador.

La banda sonora retrata con admirable sencillez cada espacio del film y contagia del esmero que pone el maestro Thomas Newman en cada uno de sus trabajos, la dirección de fotografía de John Toll, de forma consciente y formal regala imágenes perfectas de escenarios que ya hemos visitado muchas veces, en este caso recordamos otras películas que hace tiempo nos gustaron tanto. En cuanto a los actores, la singular expresión e interpretación que Matt Damon hace de su personaje, supone otro acierto en su carrera, ¡qué sonrisa tan bonita tiene este chico!, Emily  Blunt, consigue quedar bien en este papel de bailarina de ballet contemporáneo, por el que debió perder diez kilos de su peso habitual; Anthony Mackie, Terence Stamp, Daniel Kim, John Stattey, Shohreh Aghdoshloo, todos realizan un trabajo serio.

Al final debo decir que “Destino oculto” puede gustar al gran público, sobre todo a aquellos que les seduzcan el romance, pues básicamente es un thriller romántico con tintes de ciencia ficción.

Crítica: Winter’s Bones

CartelAntes de iniciar la crítica de “Winter’s Bones”, creo que es bueno saber algo más de su directora. Debra Granik es una directora de cine americana, nacida en el año 1963, que se formó en ciencias políticas en la Universidad de Brandeis. Más tarde, su inquietud y amor al cine la llevaron a cursar estudios cinematográficos en la Universidad de Nueva York. Después de varios trabajos, con mediana repercusión, la verdadera dimensión de su talento se impone, al enhebrar el hilo de “Down to the Bone” (2004) de la mano de Anne Rossellini, su guionista, un éxito que estuvo avalado por las mejores críticas internacionales.

Cinco años después, Granik sale en busca de nuevos personajes, con “Winter´s Bones”, basada en la novela de David Woodrell, atrapando para su historia, a gente humilde que no es consciente de sus dramas, película que tiene carácter suficiente para sugerir la clase de hieratismo evidente que inspira.  En su entregado argumento, habita el personaje de una chica gastada de sufrir: la mañana que al principio parecía tan agradable, ha empezado a estar llena de terrores, Ree Dolly (Jennifer Lawrence) joven de 17 años, se ha despertado, aún con más problemas, no se oculta a ella misma el hecho, pero lo mantiene en secreto ante sus hermanos y su pobre madre, en realidad es un golpe duro, otro golpe más. Ella es quien ejerce de mamá con sus hermanos, el niño de doce años y la niña de seis, su madre enferma mental, su padre, en la cárcel, ya mucho tiempo, pronto saldrá el juicio. Ree tiene que hacerse cargo de su familia en circunstancias de extrema precariedad económica. Viviendo detrás de una línea divisoria. Al otro lado, habitan la juventud, la satisfacción y la felicidad, y ella, Ree, dentro de esa terrible supervivencia de rechazo a lo divertido.

Muy vinculada al cine independiente americano, Debra Granik, en “Winter´s Bones”, se afana, delicada, dibujando y mostrando símbolos. Revela, mejor que nada, la importancia estratégica de mostrar su desgarrador mensaje, libre, exponiendo paisajes desconsolados, árboles desnudos de hojas y frutas, y al perro como metáfora de fidelidad, necesidad de amor y protección del débil, dibujándolo en cada cuadro de este realismo áspero.

Debra Granik, en esta película, desarrolla capacidad de conexión y de compromiso con este presente (que aunque no se ve, existe) es motor de esta brusca muestra crítica: otra cara de las familias americanas, que no son las que el cine convencional acostumbra a mostrar, Granik nos da el modelo para que participemos en este concurso insólito y durísimo, que deja inactivos a quienes lo padecen; inevitables secuelas en gran parte del subconsciente de algún colectivo, y de la mala conciencia de la América dominante.

“Winter´s Bones” no es una película de grandes audiencias, su recompensa es su propia artesanía y su distinta visión de la marginalidad, podía haber sido una realización lacrimógena pero lo que nos muestra simplemente es una exploración de realidades de la vida, en un retrato de angustia humana, sin gota de extravagancia en la historia. Sólo la incorporación a la pantalla de la imagen de una casa necesitada y dejada, con una escasez absoluta, que despierta al público al sentido de austeridad de los que ahí habitan.

Jennifer Lawrence realiza una brillante actuación, aportando la dureza y el pragmatismo del personaje que pasea su calvario, haciendo al espectador cómplice de su dolor. Los demás actores, John Hawkes, Lauren Sweetser, Kevin Breznahan, Isaiah Stone, se comportan de acuerdo a las circunstancias que sus personajes exigen.

Esta película además de los premios ya obtenidos, tenía cuatro nominaciones a los Oscar.

Película que convence y vence, contagiándonos de su tarea de compromiso.