Crítica: Piratas del Caribe 4

Piratas del CaribeEl nuevo encuentro corsario. Amigos lectores de esta crítica de “Piratas del Caribe 4”, casi no tiene sentido hablar del argumento pues sobradamente sabemos de su entramado. Rob Marshall despliega una  parte de su mística en esta cuarta entrega con este bonito nombre: “Mareas misteriosas”

La historia empieza en Cádiz donde Jack Sparrow (Johnny Depp) está prisionero, Jack se valdrá de todas sus mañas para escapar de esta penitenciaria. Después de pasar por distintos altercados se encuentra con Angélica (Penélope Cruz), una mujer a la que había conocido tiempo atrás. Ella sí que era mujer para un pirata. Guapa, fuerte y valiente,  sin sutilezas ni complejidades, sin el impedimento de las buenas maneras ni del miedo a navegar, y sin la delicada preocupación de lo que está bien o está mal. Angélica residía de novicia  en un convento y estaba casi a punto de coger los hábitos cuando conoció a Jack,  tuvieron  un inocente romance… ahora Jack descubre que ella, es una estafadora sin escrúpulos que junto con su padre Barbanegra (Ian McShane, Expediente 39),  ha urdido un plan  para encontrar la proverbial Fuente de la Juventud. Jack es apresado en el Reina Ana, barco que ellos lideran y  se ve obligado a unirse a su tripulación. Por esos mares se encontraran con Barbossa (Geoffrey Rush) y con alguna sirena ilusoria, Seriena (Astrid Berger-Frisbey,Bruch El desafío) y vivirán aventuras fantásticas de temeridades y osadías.

“Piratas del Caribe 4” es una buena producción y un intento digno y conseguido de seguir fieles a la hazaña de aventuras.

Marshall urbaniza fábulas encontradas mediante roles que tienen en común ofrecer lo que desea el gran público seguidor de la saga. Entre los distintos tipos de reglas de “Piratas del Caribe 4”, distinguimos la impuesta por Rob Marshall, que navega a través de situaciones complicadas por distintos ambientes, sin escudriñar en los tópicos ya consabidos. “Piratas del Caribe 4” es un desafío, un reto con el que el director se enfrenta y sistematiza su procedimiento, logra el privilegio de dar cinematográficamente hablando, una mirada experimental meritoria  y un tono visual extraordinario.

En el espíritu de “Piratas del Caribe 4”, cabriolas, saltos, sentido de la acción y del humor, el anhelo de desquite y lealtad como motor de su explicación, los duelos de barco y espada, y una historia de amor de devoción imaginaria. En cuanto al proceso de la película, es sólido, con un entramado espectáculo que no abruma ni abusa de los medios técnicos usuales. En la estética del film destaca la fotografía muy contrastada, la profundidad de campo en algunos momentos, los movimientos de cámara que resaltan el despliegue ampuloso de la acción y destaco los diálogos precisos, acertados y llenos de humor. Te quedas contrariada por la ausencia de Orlando Bloom y Keira Knightley, pero existe en “Piratas de Caribe 4”  otro ensueño amoroso muy lindo.

Me ha gustado como todas. Lo primero, Depp dando vida a ese trepidante, maravilloso y entrañable pirata; me gusta Penélope, sugestiva y atinada; muy interesante también la interpretación de Ian McShane como el maléfico Barbanegra; y cómo no, Geoffrey  Rush que se mete en el personaje de Barbossa, y la música, ti ti tiririiii tirii tiririi tiririi.

Crítica: El inocente

CartelBrad Furman se sirve de una trama compleja para proyectar su segundo título en la gran pantalla, una película contrastada y sutil. La crítica de “El Inocente” la realizamos comenzando por resaltar a Michael Connelly, un escritor estadounidense famoso por sus novelas de detectives y delincuencia. Uno de sus libros “El abogado del Lincoln” es el que ha servido de base a Furman en el guion de esta película. Cuestiones morales aparecen en la continuidad de los protagonistas que con acierto crea este desconocido escritor.

El argumento de la película “El inocente” permite, en su desarticulada medianía, sacar algunas conclusiones acerca de los vicios adquiridos en estos privilegiados trabajos, en los que “presuntamente” se puede manejar y deformar lo que al jurista de turno se le antoje.

En este caso, hablamos de Mickey Haller (Matthew McConaughey). Mickey es un abogado que se ha especializado en defender a criminales de poca monta procedentes de los barrios bajos, así pasan las fechas y no le va nada mal, pero un día se le presenta la oportunidad de defender a Louis Roulet (Ryan Phillippe, Franklyn), un rico heredero detenido por el intento de asesinato de una prostituta. Sus expectativas dan un enorme vuelco, pues defender al multimillonario significa percibir unos ingresos muy superiores a los que está acostumbrado. Sin embargo, aunque el caso es engañosamente sencillo, acabará por tener consecuencias inesperadas, y mucho más cuando su ex mujer Maggie McPherson (Marisa Tomei, Cyrus) es la fiscal del distrito más estricta de todo el condado.

“El inocente” tiene todo lo necesario para enganchar al espectador. Tiene mucho ritmo, acabando en un esclarecimiento con un significativo módulo justiciero que, aunque cabe imaginar, nunca llega a saber al dedillo. Furman prima los caminos más consabidos y más del agrado del espectador, buscando una conexión sentimental con el personaje de McConaughey, sobre el cual giran las circunstancias de la historia, y fácilmente, el actor consigue transmitir las objeciones de un protagonista que salta del fondo familiar al profesional, defendiendo además a un tipo cuyas acciones son difíciles de entender y aún menos de admitir. Esta contradicción, que sería la base principal del film a debatir, no lo es, pues la exhibición de fotografía, música, imagen y el regocijo taxativo en el desarrollo es tal que todo análisis o reflexión pasan a segundo lugar.

Además, “El inocente” es una película de actores. Tiene muy buenas interpretaciones, destaco principalmente a Matthew McConaughey, realmente sobresaliente en su afanoso papel, evidentemente por encima de todos, cumple aquí con uno de los mejores trabajos de su carrera, realizando una interpretación admirable, creo que junto con su trabajo en “Escalofrío” ésta es su mejor exégesis. Destacar también a Marisa Tomei, pocas veces ha estado tan estupenda como en “El inocente”, su naturalidad y puesta en escena es acertadísima. Y por supuesto, John Lucas (Legion, Como la vida misma), William H Macy, Laurence Manson, John Leguizano (Gamer), Michael Peña (Invasión a la tierra),… Al frente de todos ellos: Furman realiza una excelente dirección de actores y consigue que los personajes sean todos entrañables dentro de cada específico personaje.

Mejor no vean el tráiler.

Crítica: Sin identidad

CartelDos años después de “La huérfana”, Jaume Collet Serra vuelve a dirigir su mirada hacia la intriga, en esta ocasión ha escogido para llevar a la pantalla un  libro del escritor francés Didier van Cauwlaert. Hacemos crítica de la película “Sin identidad”.

El sugestivo punto de partida de este entretenido thriller, podía ser el de cualquier serial de espionaje, su argumento se mueve en parte de la vida de un americano que visita Europa con su mujer Elizabeth Harris (January Jones), y está a punto de hospedarse en un hotel de Berlín, el doctor Martin Harris (Liam Neeson). Por casualidad, sufre un accidente de tráfico y entra en un prolongado estado de coma. Cuando se despierta, comprueba alarmado que su esposa no le reconoce y otro hombre ha tomado su personalidad. Con la ayuda de la chica que el día del accidente le llevó en taxi, Gina (Diane Kruger, Las vidas posibles de Mr. Nobody), emprenderá una frenética investigación para averiguar la verdad de lo que está sucediendo.

“Sin identidad”  es un thriller que juega en todo momento con el espectador, pero no sólo eso, sino que a la vez se juega con los personajes, dándole ese tono genérico, no previsible, con algunos elementos algo novedosos que le dan al film ese correcto toque diferencial que le eleva por encima de la mediocridad  imperante.

La película tiene un gran laberinto y su título: “Sin identidad” encarna perfectamente lo que su director nos quiere  contar, manteniendo en todo momento el manejo de las situaciones que van confluyendo. Dos caminos tenemos para ir desgranando esta ficción política, por un lado el oscurantismo  del entorno y por otro el semblante de urgencia de su protagonista por saber de su pasado. El  director maneja la intriga como si fuera una partida de ajedrez que se jugase con algunas piezas invisibles. Algunos golpes de guión resultan excesivamente impostados pero desde el escepticismo que permite la distancia sobre los verigüetos de la trama, el film no sólo entretiene sino que atrapa.

Todo  apunta  hacia diferentes desenlaces de un final que se atisba en el horizonte y llega de forma inesperada.

Una de las sorpresas de este film, además de ver conducirse con arte a Liam Neeson, es ver actuar a Diane Kruger, compañera en el reparto y cómplice acompañante del doctor Harris en su largo camino de obstáculos.

No aporta nada espectacular ni tan siquiera notable al género pero sale muy airosa de su difícil apuesta.

Crítica: Código fuente

CartelAntes de iniciar la crítica de «Código fuente», quiero hablar de su director, Duncan Jones,  un joven director de cine nacido en Inglaterra en 1971. En 2002, dejando atrás su carrera de filosofía y recién terminados sus estudios en la London Film School, se lanza y realiza el magnífico cortometraje “Whistler” con Charlie Hicks, donde ensambla su trazo por la ciencia ficción, recreando atinadamente a un atípico padre de familia. A continuación, comenzó a trabajar en su siguiente película “Moon”, en la que Sam Rockwell realiza un magnífico papel, metiéndose en la piel de un astronauta aislado en una excavación minera de la Luna; esta película fue recibida con sorpresa por el público, aplaudida por la crítica y muy reconocida en los festivales en los que se exhibió, de los que posee gran número de premios. Animado por la buena acogida de sus anteriores trabajos y ansioso por responder a las exigencias de su público, nos presenta su nueva obra “Código fuente” y, en ella, el dilema de un hombre que adquiere un tremendo compromiso, con implicaciones que van más allá de lo imaginado y a través de lo intemporal.

El capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) es un soldado que sin saberlo ni comprenderlo, forma parte de un programa experimental del gobierno para investigar un atentado terrorista; cierto día, despierta en el cuerpo de un viajero del tiempo cuya misión es vivir una y otra vez el atentado hasta que consiga averiguar quién es el culpable. Conduce el proyecto la oficial de comunicaciones Colleen Goodwin (Vera Farmiga) que controlará a Steven en sus idas y venidas. En una de esas incursiones en el tren conoce a Derek Frost (Michelle Monaghan) con la que se simpatiza irremediablemente y con la que recorrerá este universo fantástico.

Jake Gyllenhaal da vida al personaje principal, ese chico que se alistó y marchó a la guerra de Afganistán, pero que no sabe cómo está ahí, pasando por estas distintas etapas emocionales y las diferentes situaciones peculiares. Justo ahí es cuando el contexto condiciona al personaje, para ir despegando vías probables y lograr más allá de lo exigido, Gyllenhaal lleva a cabo una de sus mejores actuaciones hasta el momento.

Jones, dirigiendo “Código fuente”, muestra un buen equilibrio y una excelente forma de aprovechar las ocasiones para dar un frenético movimiento a la acción. El tema está lejos de ser innovador pero, “Código fuente”, posee un serio guion, su forma de narrarlo y plasmarlo cobra, en las manos de Duncan Jones, numerosos matices totalmente inauditos, además de los acertados giros y variantes que mantienen la intriga y la sorpresa. Esta película hace que te encajes bruscamente en las teorías del tiempo y el espacio. La segunda realización de Duncan Jones contiene detalles admirables para mantenernos pegados al asiento, aunque no puede negarse que su feudo también tiene detalles negativos como la repetitividad, redundando casi en lo mismo cada pocos minutos, quizás sea demasiado el tiempo en el que estamos metidos en su bucle temporal.

El mismo ímpetu que da buen criterio a este largo no permite llevar a mejores cuotas una película en que la resolución se disfraza de pobreza, adornada con repiqueteo de acordes novelescos, dándole un toque romántico e innecesario y dejándose indudablemente algunos filos sin hilvanar.

“Código fuente” es una película muy recomendable para los aficionados a la ciencia ficción. El film es una aceptable propuesta y tiene un buen planteamiento para espectadores amantes del género. Yo he sacado de ella, el descontento inexorable con el terrorismo y la cara amable del ser humano.

Una curiosidad, el director de esta película es hijo de David Bowie.