Crítica: Dogman

Esta estupenda película parece hecha a medida de un actor y este es quien aguanta todo el peso de la función, es lo que Caleb Landry Jones hace en “Dogman”, y Luc Besson, que es su director, acentúa el joven talento, dando suelta a lo que inquieta. Besson define uno de sus semblantes más interesantes, la doble deliberación que exige al personaje.

Finalmente, vi “Dogman”, aunque no me apetecía, no esperaba que me gustara. Me encontré con una historia muy interesante, que me hizo sentir curiosidad por el destino final de su protagonista, ese personaje que se desarrolla a lo largo de la historia y no se queda estancado en una situación determinada.

“Dogman” cuenta la vida de un padre (Clemens Schick) y sus dos hijos (Christopher Denham y Caleb Landry Jones). Al pequeño no le quiere nada de nada y no digo más, porque prefiero que descubran los detalles ustedes mismos.

Lo que más me gusta de esta película es la capacidad de sus diálogos de ser significativos y acordes con la realidad de la vida.

Luc Besson es uno de los directores másfantásticos del cine. Probablemente la única voz activa y popular del cine francés actual. Sus anteriores trabajos nos confirman su coherencia y humanidad al trabajar. Su mirada cree en el género, no se encorseta en los filtros icónicos, ni en las distancias posmodernas para articular su poética. La coherencia de “Dogman”, en un relato sobrio, te eriza la piel; su fondo y condición en el argumento y la cohesión de sus códigos, son bazas de Besson. Los antihéroes de este director acaban llegando a un acuerdo con la miseria humana, sustentándola.

Los actores y actrices de esta buena película: Caleb Landry Jones, un actor brillante que puede interpretar cualquier papel que le toque; Christopher Denham, Jojo T. Gibbs, Clemens Schick, Marisa Berenson y más… trabajan fenomenal el viaje alucinante por la capacidad humana.

“Dogman” sabe muy bien separar las fronteras que dividen la realidad y la ficción, mirar la realidad posible, sintiendo transmitir un millón de corazones en ese corazón de la urbe que los acoge. Esta película atesora la capacidad de todos para hacerla creíble sin renunciar a nada y es, a la vez, una fragmentación en la que cada uno se queda con su idea de lo que sucede, según lo percibe. El camino desemboca en un clímax final vitaminado, enriquecido con la presencia de Caleb Landry Jones, que es mucho.

El compositor francés que pone música a esta obra es Eric Serra. La fotografía es del maravilloso fotógrafo también francés Colin Wandersman.

Véanla, da algo de respeto pero es muy buena en todos los sentidos.

Crítica: Lucy

LucyLos grandes éxitos en la gran pantalla del director de cine Luc Besson le han granjeado una fama que le sitúa entre los primeros y más creativos maestros del cine europeo. Fama que no decae como lo demuestra el hecho de que sus películas estén vigentes en todo momento. Cada película de Besson, mantiene atento el interés del espectador desde los primeros minutos. La eficacia de las películas del director francés reside, en la mayoría de los casos, en la acción y la ciencia ficción, en las imágenes espectaculares que se suceden. De ahí que gusten tanto a sus seguidores como al gran público. Entre sus numerosas obras destacan: “El quinto elemento” y “El profesional (Leon)”. Con idéntica materia prima, de nuevo marca estilo, con “Lucy”, su nuevo trabajo y la que hoy nos ocupa, es una buena muestra de lo que consigue en el género. Aquí las continuas complicaciones de la protagonista, el riesgo, la audacia, hacen que el espectador no se aburra en ningún momento, y dentro de un complicado juego, el dato científico, que hace las veces de instructivo sobre unos escenarios a cuál más alucinante.

Lucy (Scarlett Johansson) da vida a una estudiante obligada a transportar una bolsa de droga. En el traslado, adquiere poderes sobrenaturales cuando la bolsa se rompe y las electrizantes partes desmenuzadas entran en contacto con su cuerpo. Se convierte en una súper mujer luchadora. Su memoria se desarrolla y como tiene solo veinticuatro horas de vida, las pasa creando mensajes impresionantes y desmedidos de su cerebro que dejan boquiabierto a un científico, el profesor Norman (Morgan Freeman).

Imagen de LucyUna película muy ágil y efervescente. De pequeños y grandes detalles que la hacen muy entretenida. Lucy no tiene tiempo, corre y corre con todas sus fuerzas, por su propio bien, por el del conocimiento. Mientras ves los detalles de acción que van cambiando según transita, intentas adivinar qué podrá pasar, pero se hace imposible, porque cada fotograma descubre algo nuevo. A lo mejor alguien podrá decir que durante el film lo único que se ve es a una mujer corriendo sin parar, notoriamente angustiada por la presión a la que se encuentra sometida, pero es ese agobio el que marca en muchas partes el desarrollo técnico de la película. También oí decir que es un absurdo y yo me pregunto si buscan una lógica equivocada en una propuesta de ciencia ficción. Para mí técnicamente no tiene ningún error, es perfecta la dirección, el montaje y los efectos son sorprendentes, con un ritmo excelente, que le da atractiva atmósfera, intriga, divertimento y algo de reflexiones científicas, además el trato temporal que posee me resulta muy interesante.

Todos los actores renunciando a su personalidad se introducen en sus personajes guías, casi un pretexto, por los que el espectador viaja a través de las imágenes: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt, Pilou Asbæk, Analeigh Tipton, Nicolas Phongpheth, Luca Angeletti, Loïc Brabant, Pierre Grammont, Pierre Poirot,Bertrand Quoniam, Pascal Loison, Pierre Gérard, Isabelle Cagnat y Frédéric Chau. La música es de Eric Serra y la fotografía de Thierry Arbogast.
Se podría decir que “Lucy” es como la vida, porque también podemos decir que las frívolas variaciones que nos surjan nos pueden hacer que la vida gire completamente, o que “el tiempo pase ligero y no se note que pasó”, como la protagonista dice en una frase. Si ven la película lo comprenderán.

 

 

Crítica: Malavita

Cartel de Malavita“Malavita” es la adaptación del libro ‘Badfellas’, de Tonino Benacquista, con dirección de Luc Besson escritor, director de cine y guionista francés al que recordamos por películas como “El Profesional (León)”, de 1994, y “El quinto elemento”, de 1997, entre otras. El polifacético cineasta nos presenta en esta ocasión una comedia negra.

“Malavita” recrea la historia de una familia mafiosa americana que decide huir y trasladarse a la región francesa de Normandia. Escapan bajo un programa de protección de testigos del FBI acompañados por un agente. Aunque hacen lo posible para adaptarse a su nuevo estilo de vida, enseguida se verán obligados a utilizar los viejos métodos para solucionar los problemas que les proporcionan su nuevo domicilio, el instituto y el entorno.

 Luc Besson ha demostrado ser un cineasta bastante versátil dejando de una manera clara su huella en el cine y siempre con la marca del país donde nació.

Los primeros minutos de esta irregular pero excitante comedia negra son lo que se puede considerar la rúbrica de un pintor en un cuadro que le han encargado pero en el que quiere dejar su sello. A medida que van pasando los minutos va aumentando la entrega del espectador gracias a una humorística y concienzuda puesta en escena que lidera holgadamente el amplio repertorio de acción de esta película, el verdadero secreto de superación en la nueva obra de Besson. “Malavita” en ningún momento pretende imitar el espíritu único del cine de gánster, se restringe a recrearlo con toques de gracia gruesa. Podría destacar el particular roce humorístico, más que en los diálogos, en los fotogramas. La idea es dar una vuelta de tuerca a las películas sobre la mafia y la violencia extrema.

El director francés vuelve a demostrarnos que sabe hacer cine con mérito doble, pues también firma el guión junto a Michael Caleo,  un texto frágil pero divertido que en ocasiones resulta legítimo. Es difícil calificar el género de esta película, con momentos de comedia negra, drama y acción.

Imagen de MalavitaA lo largo de “Malavita” vemos pasar ante nuestros ojos un gran reparto encabezado por Robert De Niro, esta vez nos da una actuación más convincente, ya lo echábamos de menos. Los personajes bien retratados en la historia componen un conjunto de individuos cargados de personalidades violentas, llevados hasta la línea que separa la cordura de la locura y la bondad de la maldad. Michelle Pfeiffer, John D´leo, Tommy Lee Jones, Dianna Agron, Domenick Lombardozzi, Vincent Pastore, todos imprescindibles para el resultado de la película. La música de excelentes notas la puso Evgueni Galperine, y Sacha Galperine y una muy buena fotografía fue obra de Thierry Arbogast.

En definitiva, “Malavita” es una película que distrae sin sorprender, que entretiene pero no estimula, una producción acertada desde los parámetros comerciales alejando a su director de su postulado autoral. Una película para los que creen en el cine, en que las ideas y los sentimientos se desarrollan a prueba de balas y para quienes les apetezca pasar una tarde de invierno entretenida entre risas, sin desdoblar reflexiones.

Sarcástica, básica, muy divertida.

Crítica: Adéle y el misterio de la momia

Cartel“Las extraordinarias aventuras de Adéle Blac-sec” es un comic del magnífico historietista francés Jacques Tardi. Luc Besson, director de cine del país vecino, que diera en el pasado tantos y tan buenos ejemplos de cine, –”Juana de Arco”, “El quinto Elemento”, “León el profesional”, cine inteligente y cómplice con el espectador-, nos  recrea en la pantalla grande su mirada del comic, sin conseguir hacer con esta película su mejor singladura. El asunto es que “Adéle y el misterio de la momia” no tiene el peso como para formar un conjunto logrado desde lo estético, lo técnico y lo visual.

La  historia más o menos es esto: corre el año 1912, Adéle Blan-sec,  una intrépida y joven reportera, asumirá todos los retos para lograr lo que se propone, incluyendo el de navegar por Egipto para investigar momias de todos tipos y tamaños. Mientras tanto, en París están conmocionados, ha nacido un pterodáctilo de un huevo que tiene más de 136 millones de años, dicho huevo se encontraba expuesto en el Museo de Historia Natural, el recién nacido y enorme animal sobrevuela París cuando quiere, sobre todo cuando le aprieta el hambre y los ciudadanos parisinos están que se mueren del miedo, esto es a groso modo el pie de la narración.

El problema de esta película es que cuando entras al cine no sabes que está trabada en clave infantil; al principio de su recorrido lo verificas, pero a medida que la vas viendo encuentras que la temática y su desarrollo no son para este sector del público, es difícil saber a quién va dirigida, es demasiado surrealista y punteada para los niños, y demasiado boba para los mayores. Sin embargo, si se entras en su juego, haciendo un buen propósito, disfrutas de una magnífica reconstrucción del París de principios del siglo XIX, los bonitos paisajes desde la Torre Eiffel al Louvre, son divinos, quizás con cierto tono de tarjeta postal, pero al menos mejoran un poco una película insuficientemente enlazada y realizada con una incomprensible inapetencia creativa.

“Adéle y el misterio de la momia” podía haber sido una idea pasable para una comedia absurda, pero está demasiado estirada por el lado ficticio y se rompe, dando como resultado un producto que pasa la prueba  porque te ríes de la pura entablonada fantasiosa.

Los actores representan unos personajes histriónicos y bizarros; no se sabe si su deficiente interpretación es culpa del personaje o si por el contrario no han sido capaces de introducirse en la farsa que encarnan. Louise Bourgoin, la guapísima actriz, se luce en su papel, a veces un poquito  sobreactuado, pero en general saca adelante su papel de aventurera valiente.

“ Adéle y el misterio de la momia” es una película que va más allá de la alineación de un determinado género, para rematar, cuando llega la resolución le introducen un nuevo matiz insensato y delirante.

Por suerte hemos ido a verla en grupo, palomitas, refresco y nos hemos reído bastante. Al salir Inma  me ha mirado y ha dicho: “una tontería divertida”. Con ese calificativo me quedo.