Crítica: Biutiful

CartelBiutiful es la historia de Uxbal. Padre devoto. Amante atormentado. Hijo ofuscado. Hombre de negocios en el subterfugio. Amigo de los necesitados. Cazador de fantasmas. Sensible y espiritual. Un superviviente en los márgenes invisibles de la Barcelona de hoy. Uxbal, sintiendo el peligro de la muerte, intenta reconciliarse con su amor y salvar a sus hijos. La historia de Uxbal es simple: sólo es una de las complejas realidades en las que todos vivimos la vida. Esto es lo que nos traslada la sinopsis oficial de la película, en mi opinión, además contiene un discurso deliberadamente renegado sobre vidas añadidas que desconocemos pero que están ahí, en medio de un submundo de corrupción y miseria.

Apoyada por una dictatorial dirección de actores, hasta el mismo Bardem se pone firme delante de la cámara de Alejandro González Iñarritu y su montaje fragmentado, Biutiful es un ejemplo de cómo componer tensión oculta dentro del mundo de un personaje y dar testimonio de una realidad difícil de reproducir. Diluido entre las luces y las sombras de una gran ciudad como Barcelona, Uxbal  (Javier Bardem), es un ser sensible y de corazón tierno, que debido a una serie de situaciones deberá enfrentarse  a antiguos fantasmas que le persiguen, Uxbal tendrá que coger las amarras que le tienen sujeto al pasado y  borrar cualquier huella que le desnude, que le desarme frente a la vida.

En Biutiful vemos cómo en la pantalla han quedado esbozadas algunas de las constantes que ya conocíamos de Alejandro González Iñarritu, aunque detrás del guion no está su guionista de cabecera Guillermo Arriaga Jordán,  ausencia que aporta a la película una óptica desemejante. Pero este director conoce bien su oficio y dispone de recursos suficientes, todo gravita sobre sus hombros. Con ésta, son cuatro las obras de Alejandro González Iñarritu, que hace tiempo pasó a ser objeto de veneración con “Amores perros” y,  con “21 Gramos” y “Babel” más tarde. Prácticamente toda su carrera es un pulso del director por los temas sociales que tienen una presencia notable en la autoría de su obra.

Posiblemente estamos ante el personaje más arriesgado en la carrera de Javier Bardem. En Biutiful consigue un hierático registro aportando un plus de abatimiento y lobreguez, dejando que en las imágenes  aparezcan los imprescindibles claroscuros de ese hombre, por el que obtuvo el premio ex aequo al Mejor Actor en Cannes 2010. La química entre los demás actores combina con la dirección y añaden matices equilibrados.

Dramatización que ciñe un nudo tramposo y lo cuenta  fríamente. El universo de la historia que representa, llega; el  mensaje de soledad, llega; la exposición de los espacios fríos, su lentitud, su raíz, la subtrama, repito, simple pero contundente con buen lenguaje cinematográfico cargado de sentimiento, también. Biutiful es una película recomendable, por su realismo social es un fruto amargo que jamás dejará de estar rico para consumir.


Crítica: Tengo algo que deciros

Cartel

Premio Cine Europeo en 2010 a la mejor música, y algún galardón más, nos hallamos ante esta película, “Tengo algo que deciros”, comedia italiana  con tintes románticos, enclaustrada en un aurea de timbres de comedia italiana típica. En la dirección, el guionista y director italiano Ferzan Ozpetek, cineasta nacido en Turquía, pero que desarrolla su carrera en su querida Italia. Una de sus características principales es que  sus películas son rodadas casi siempre en Roma.

En “Tengo algo que deciros” sigue fielmente las prácticas herederas del costumbrismo burgués de los grandes maestros del cine de este país; así, el director, se sumerge en la vida de Alba (Nicole Grimando), una señora mayor que lleva mucho tiempo alimentando su vida de evocaciones antiguas, han pasado muchos años, ahora al subir a su cuarto, después de un paseo a través del campo, Alba encuentra cercano aquel  pasado que siempre ha sentido pero que nunca ha querido que aflore a la superficie, ella la matriarca de la familia Cantone.  Los Cantone famosos fabricantes de la mejor pasta italiana. Alba es una mujer fuerte y enjuta, siempre pendiente de su entorno familiar, siempre al tanto de su hijo Vicenzo (Ennio Fantastidini), la esposa Stefania (Lunetta Savino), y los hijos de estos, sus nietos. Su papel, dar consejos y prodigar gestos de amor sobre todo a Tommazo (Ricardo Scarmacio, Edén  al oeste) el más pequeño de los tres, el mayor es Antonio (Alejandro Preziosi) que pronto heredara la dirección del negocio familiar, y Elena la única niña, a los tres trata de guiar por encima de convencionalismos hacia una forma de vivir y pensar en la que nada les impida amar y vivir en libertad.

Es gratificante para mí hacer la crítica de esta película después del buen momento que acaba de proporcionarme, ríes, te emocionas y sonríes en el mismo instante pues Ferzan Ozpetek otorga un auténtico sentido vigente a todos sus personajes, a  la configuración de las distintas formas de mirar la vida y su unificación, y lo muestra con las características de cada uno de forma clara.

Trabajada con escuadra y cartabón, sobre una idea que se va apreciando a medida que avanza su recorrido. Desde el punto de partida es interesante.

“Tengo algo que deciros” tiene algo que la hace especial y creo que es, su presentación discreta, sin grandes parafernalias narrativas en el tiempo del trascurrir de cada personaje, te enseñan cosas habituales llevadas al límite para divertir, que por ofrecerlas de forma sutil algunas pueden pasar inadvertidas, pero que en realidad dentro llevan la denuncia de la falta de sinceridad, de la pesada incomunicación y la intransigencia dentro de la familia burguesa, pero ya, digo, con una enorme naturalidad expositiva.

La música de Pasquale Catalano, acompaña, y más que acompañar forma parte de los elementos básicos del filme, pone en él, si cabe, ese tono más folclórico loco de pluma, que divierte. Sin este toque la película pudiera tener otro sentido y otro resultado, también tengo que añadir que  la sinceridad que aportan Ricardo Scamarcio y Nicloe Grimando, en su interpretación,  es, junto con la música, ese punto de apoyo que aporta fuerza al conjunto.

Lo que cuenta Ferzan Ozpetek no es nada nuevo, lo que pretende sí lo consigue, si es entretener lo que quiere, me gusta.